Presentamos el texto “Declaración en vista del XVI Congreso del Partido Comunista de la URSS” (12 de abril 1930) escrito por Christian Rakovsky y traducido al español por Eric Simonetti para IzquierdaWeb. (24 de febrero de 2021).

Rakovsky fue el líder bolchevique de Ucrania durante la Guerra Civil, Presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo de Ucrania y el principal líder de la Oposición de Izquierda después del exilio de Trotsky. En 1928 fue exiliado a Astrakán en durísimas condiciones.

En el mismo se realiza una profunda crítica al curso político que la burocracia stalinista estaba llevando a la URSS, que estaría pasando de ser un “Estado obrero con deformaciones burocráticos, según la definición de Lenin, a un Estado burocrático con restos proletarios”.

El artículo fue traducido al español del francés, de la traducción del ruso realizada por Pierre Broué. Hay tres tipos de notas al pie: las de Broué (PB), las de la traducción al español (NTE) y sólo una hecha por Rakovsky.

El texto también es firmado por destacados dirigentes de la Oposición de Izquierda y otros adherentes.

Declaración en vista del XVI Congreso del Partido Comunista de la URSS.1 (12 de abril 1930)

Firman:
Khristian G. Rakovsky, Vladimir V. Kossior, Nikolai I. Mouralov, Veronika S. Kasparova

Adhieren:

Otto Kh. Aussem2, Karl E. Grunstein

En su declaración al Comité Central y a la Comisión Central de Control del 4 de octubre del año pasado3, la oposición bolchevique-leninista protestó contra las medidas administrativas extraordinarias en el campo, porque conllevan consecuencias políticas negativas.

También protestamos contra la nefasta teoría de la posibilidad de la construcción de una sociedad socialista en un solo país, teoría que sólo podía nacer de la imaginación de la burocracia convencida de la omnipotencia del aparato, la teoría proyectada por Stalin y Bujarin después de la muerte de Lenin. Hemos escrito que esta teoría genera ilusiones muy peligrosas, conduce a la subestimación de las enormes dificultades que surgen en el camino de la construcción del socialismo y deja al partido y al proletariado sin preparación para superarlas. En nuestra declaración, también hemos indicado que las tesis, correctas en principio, de la 16° conferencia del partido sobre la industrialización y colectivización, llevará, bajo dirección burocrática, es decir, cuando la clase es reemplazada por los funcionarios que se han convertido en una casta gobernante separada, no al desarrollo, sino a la paralización de la construcción socialista.

Hemos señalado que el restablecimiento y el fortalecimiento de la democracia del partido y de la democracia obrera son la primera condición para remover la rapacidad, la irresponsabilidad, el despotismo del aparato, cuyo reverso es la brutalización, la humillación y la privación de los derechos de las clases trabajadoras.

La veracidad de esta línea, comprobada por la experiencia pasada, ha encontrado una nueva confirmación en la crisis económica y política, cuyas consecuencias aún están por venir, y que fue provocada por la política de colectivización integral4 y su lamentable y estrepitoso colapso. Por el artículo de Stalin del 2 de marzo [de 1930, NTE], por su apelación del 15 de marzo, el mismo C.C. refrendó nuestras críticas.5 La tentativa de rechazar la responsabilidad por el fracaso de la colectivización integral sobre la ausencia de principio y la indigencia política del aparato, es también la admisión del fracaso de la propia dirección, en la medida en que sobre ella recae la responsabilidad de la calidad del aparato. De esto surge una pregunta: ¿por qué el C.C., en su resolución de noviembre [de 1929, NTE], no pronunció una palabra para condenar el uso de la violencia contra los campesinos medios y pobres? ¿Por qué no lo hizo después, cuando estos escándalos y violencias fueron denunciados por todos lados, y por qué esperó a la ya visible quiebra de las siembras para condenarlos?

El C. C. acusa al aparato de haber construido comunas y no artels6, de haber colectivizado todos los medios de producción y no solo los relacionados con la producción de pan y trigo. ¿Por qué, entonces, el CC, en su resolución de noviembre, no dio esta directiva, sino que exigió la construcción de koljoses gigantes contra los cuales protesta hoy el Comisariado de Agricultura, y por qué sugirió que era necesario construir comunas? Lo que no fue más que una alusión en la resolución de C.C. se transformó en una clara directiva en el primer estatuto de los koljoses. De esto hay que deducir que, si hubiera tenido éxito la colectivización integral, ¡no habría existido ni el artículo del 3 de marzo, ni el recurso de apelación del 15 de marzo! Tiene razón este intérprete que declara: «Hemos ejecutado correctamente las directivas del partido y no es culpa nuestra que haya cambiado de rumbo» (Krasny Altai, 31 de marzo de 1930).

Todo lo que se acaba de decir se relaciona con la cuestión de la responsabilidad formal del C. C. Pero el C. C. también tiene una responsabilidad política. Dio una directiva que es, en sí, una grosera desviación del socialismo. La consigna de colectivización integral, ya sea en un período de quince años, como se decía al principio, o de un año, como dijimos después, es en sí misma un perfecto absurdo económico. Somos marxistas y sabemos que una nueva forma de propiedad puede nacer sobre la base de nuevas relaciones de producción. Pero estas nuevas relaciones de producción aún no existen.

En toda la Unión solo hay 50.000 tractores, por no hablar de otras máquinas. La mayoría de los tractores son propiedad de los koljoses y, en conjunto, no pueden cubrir ni el 5% de la superficie cultivada. Sin la creación de una base técnica desarrollada, incluso los koljoses organizados principalmente con fondos estatales, a pesar de su carácter de clase bedniak7 desarrollada, están condenados a la fragmentación. También es un absurdo económico decretar la liquidación del kulak8 como clase y el fin de la NEP. Los koljoses, en su forma más desarrollada (las comunas), siguen siendo, sin embargo, una forma de transición entre la economía individual y el socialismo. Desde el koljoz se puede elevar más, hacia la forma socialista. Pero también desde el koljoz, podemos, al contrario, descender, como suele suceder, hacia una forma de economía individual. Ningún estatuto o decreto es capaz de suprimir las contradicciones que sobreviven en forma de factores económicos, como supervivencias del comportamiento que rodea a los koljoses o que penetra en ellos. El desconocimiento de esta verdad económica ha llevado a 1) utilizar la violencia, 2) fracasar en la construcción de koljoses. La convocatoria del C.C. del 15 de marzo es la derrota del campesino pobre y del obrero agrícola, la derrota de la construcción socialista, la derrota del partido y del comunismo. Ni el Partido ni el Comunismo tienen la responsabilidad, porque la colectivización integral se llevó a cabo violando el programa del partido, desafiando las advertencias más básicas de Lenin sobre las cuestiones de la colectivización, los campesinos medios y la NEP. Sin embargo, el resultado del ultraizquierdismo centrista ha infligido una lección muy severa al Partido y al comunismo.

La siguiente cuestión se le plantea al partido: ¿qué hacer para que la retirada no se convierta en una fuga desordenada, en una catástrofe? La gravedad de la situación está alcanzando un nivel no visto desde el final de la guerra civil. Cada miembro del partido lo siente, pero la dirección lo niega. La prensa del partido lo adormece con un optimismo perfectamente injustificado. El enorme peligro contra el que advertimos al partido es que la dirección, para encubrir los errores que se han cometido, haga de las elecciones al congreso del partido y al congreso mismo el habitual desfile burocrático. ¿El congreso sólo debería servir para fortalecer el liderazgo, y las decisiones sobre los problemas más serios se tomarán por los métodos que Lenin llamó «reservados, comitardes9 y necios»? Esto significa que, para borrar los errores pasados, cometeremos otros nuevos. El partido ya no debe admitir que se lo mantenga al margen de la solución de las cuestiones que afectan al desarrollo de la propia dictadura proletaria. Es hora de acabar con la política del «secreto». El partido debe exigir que todas las cuestiones de programa sean sometidas a discusión.

Sólo queda un camino, el de la movilización del partido, la clase obrera y los campesinos pobres en torno a una línea leninista precisa. El aparato no está en condiciones de controlar a los elementos pequeñoburgueses que crecen como una avalancha. La pequeña burguesía campesina tiene en sus manos los medios para reaccionar contra la dirección del partido, como en la reducción de las plantaciones, que encuentra una justificación objetiva en el hecho de que la mitad de los animales de tiro han perecido. Como siempre, el aparato estará a la rastra de los acontecimientos y, como siempre, conducirá a la Dirección del partido detrás de él.

Es inconcebible movilizar al partido sin que él conozca las causas que han provocado la crisis actual. Necesita conocer con precisión la parte de responsabilidad de la crisis que recae en la Dirección actual y la parte que recae en el bloque de centro derecha. La dirección centrista está tratando de fabricar lo que en terminología judicial se llama una coartada. En su discurso a los marxistas del campo10, Stalin afirma que la política defendida por los bolcheviques-leninistas también resultaría en la liquidación de los kulaks como clase, pero sin las precauciones tomadas por la dirección centrista. Esto está totalmente mal. En esta cuestión como en las demás, las diferencias entre nosotros son de orden estratégico. Luchando por la limitación de la explotación de los kulaks con la ayuda de un sindicato de campesinos pobres, la Oposición bolchevique-leninista a simultáneamente luchado no menos victoriosamente contra la teoría burocrática oportunista de la posibilidad de construir la sociedad socialista en un solo país. Esta teoría contenía en germen la idea de colectivización integral.

Desde que apareció en la prensa la información sobre la colectivización integral, los bolcheviques-leninistas, incluido L. D. Trotsky, desde diciembre de 1928 a enero de 1929, mostramos el carácter podrido y dañino de esta orientación. Todo lo que vimos en ella fue un salto ultraizquierdista al pantano de la derecha. En esto también, los acontecimientos justificaron nuestras previsiones, más rápido de lo que esperábamos.

¿Cómo llegó la dirección centrista a la aventura ultraizquierdista de la colectivización integral? Para defender esta nueva etapa, el centrismo propone dos explicaciones que se excluyen mutuamente. Se afirma que la colectivización integral constituye la extensión normal de la colectivización parcial, la victoria del principio del plan sobre la anarquía pequeñoburguesa. Esa es la apreciación de la resolución del C.C. de noviembre de 1929. De ello se desprende que la colectivización integral es un acto absolutamente querido por la dirección del partido. Este fue el leitmotiv de la prensa del partido y de los soviets durante cuatro meses. Pero al mismo tiempo vino otra explicación: la colectivización integral fue un intento impuesto por las circunstancias para salir de las crisis alimentarias presentes y futuras. «Hemos entrado en ella (la «revolución anti-kulak”), escribió Bujarin, a través de la puerta de las medidas excepcionales y el desarrollo abrumador de la crisis del trigo «. O colectivización integral, o capitalismo agrario, no existe tercera vía: tal es más o menos este segundo punto de vista.

Los bolcheviques-leninistas hemos descartado ambas posiciones por considerarlas teóricamente erróneas y prácticamente desastrosas. Ya hemos hablado de la inconsistencia del primer punto de vista. El del segundo aparece en cuanto intentamos descifrarlo. De este punto de vista se desprende que hoy, tras el colapso de la colectivización integral, sólo queda abierto el camino del capitalismo agrario. Parece, pues, -sobre todo ahora con el empeoramiento de las condiciones de vida, fruto del empeoramiento de la situación económica y política del país- que todos los zigzags de ultraizquierda sólo han servido para asegurar la victoria del capitalismo agrario. El socialismo «integral» sólo fue necesario para allanar el camino al capitalismo integral.

Hay que señalar que el enfoque bujariniano, al que se sumó la redacción de Pravda, coincide con la «evolución» de los Socialistas Revolucionarios, los mencheviques, los cadetes, Smiena Vekh.11 Recientemente, en la prensa económica soviética, apareció el siguiente esquema de nuestro sistema económico: 1 ° Fracaso de la cosecha de trigo, 2 ° Aplicación de medidas extraordinarias en el campo del comercio, 3 ° Reducción de las plantaciones y empeoramiento de la crisis del trigo, 4° Medidas extraordinarias en el campo de la producción (colectivización integral forzosa). Sólo queda volver al punto de partida de la ampliación de la Nep, antesala del capitalismo franco y abierto.

El partido no debe admitir estar ante esta alternativa que, en última instancia, plantea el enemigo de clase. La colectivización integral no era indispensable, así como tampoco la ampliación de la Nep. Políticamente, sólo fue posible con la derecha y el centro en el poder, como la neo-Nep puede volverse inevitable si se sigue esta misma política oportunista. Sobre esta cuestión, la divergencia entre derechistas y centristas está en los ritmos: los derechistas abogan por una política de derecha consecuente, los otros, de la misma forma, pero con interludios ultraizquierdistas.

La particularidad de la crisis económica fue, en el pasado, que la industria no podía satisfacer la creciente demanda de la economía agrícola: la peculiaridad de la crisis actual consiste en la rápida caída de la demanda de la economía agrícola y en la reducción, no sólo relativa, sino absoluta, de la cantidad de productos agrícolas. El pan del que disponemos es tanto más insuficiente ya que tiene que sustituir la carne, las grasas, las verduras, las frutas, el azúcar, que faltan. Para recuperar las cifras de los animales de tiro, los productores de leche y el menú del ganado, se necesitarán años. Según nuestra información, en algunas regiones de Kazajstán, el 50% del ganado ha sido exterminado e incluido en los sovjozes12. En algunas regiones de Siberia, por cada explotación individual ingresada en koljoses, hoy hay 1/10 de cerdos y 8/10 de vacas, y se trata del campo siberiano, conocido por la importancia de sus animales lecheros. El agravamiento de la crisis alimentaria aún está por delante. Probablemente se hará sentir en las próximas semanas y meses: durante años permanecerá a la orden del día.

La disminución de la cantidad de productos alimenticios lanzados al mercado y el rápido aumento de sus precios se traduce en la baja de los salarios reales. Para gran indignación de Pravda […] la oferta de trabajadores está empeorando. Los salarios están cayendo en varios lugares. Según los periódicos, varias cooperativas obreras han aumentado los precios de la carne y la leche en un 38% y un 30%. El centrosoyuz [centro cooperativo] dio una directiva para bajar los precios. Pero, por falta de productos, esta directiva equivale a un yeso sobre una pata de madera.

La crisis de los productos alimenticios que amenaza a la industria desde febrero ya es tangible según los indicios de la industria en los grandes centros como Leningrado. Ella amenaza a la industria en un momento en que ha agotado todos los medios posibles y admisibles para aumentar la intensidad y la productividad del trabajo y bajar el precio de costo, y ha llegado a un equilibrio inestable. El momento más peligroso llega cuando la crisis alimentaria puede borrar todos los éxitos e índices de la industria en el primer año del plan quinquenal.

Todo esto confirma la veracidad de las advertencias realizadas por la Oposición bolchevique-leninista en su declaración del 4 de octubre de 1929, que se pronunció en contra de la aplicación, con miras a incrementar la disciplina y racionalización laboral, de procedimientos rechazados por la Revolución de Octubre, tales como 1) la promulgación de decretos disciplinarios que constituyen una violación directa de las resoluciones del Congreso del Partido de 1921 sobre los sindicatos, 2) la introducción de la semana continua, que presenta una cierta ventaja económica, 3) la introducción, sin el acuerdo de los obreros y no como medida excepcional, de la emulación socialista por métodos similares a aquellos con los que se llevó a cabo la colectivización integral en el campo, 4) bajando el precio del trabajo a destajo, 5) aumentando los estándares de producción, 6) la creciente despersonalización de los sindicatos y 7) reducción de la número de desempleados que reciben prestaciones.

La disminución de los derechos y el agravamiento de la situación material de la clase obrera

Todo esto, luego de un crecimiento temporal de las fuerzas productivas, conduce a su declive. En lugar de los 400 millones de rublos estimados oficialmente que iba a producir la reducción de los precios de coste del primer trimestre de 1930, sólo se obtuvieron 180 millones. Es decir, el objetivo solo se alcanza en un 45%. Durante los dos primeros meses (enero y febrero) del segundo trimestre, «en el movimiento de los precios de costo, no hay una reducción apreciable» (Pravda). Es más probable que haya un agravamiento, a juzgar por las cifras de la industria metalúrgica de Ucrania.

En lugar de la reducción prevista del precio de coste al 11,35%, solo se alcanzó el 2,76%: el plan solo llegó al 20%. Hay que señalar que la clase obrera, colocada en condiciones difíciles, ha dado la máxima tensión de sus fuerzas. En febrero, en comparación con enero, el salario individual diario sólo aumentó un 1,8% y la productividad laboral un 4,7%. El objetivo de aumentar la producción en los primeros cinco meses del segundo año del plan quinquenal, en la industria ligera, se ha logrado plenamente, y en la industria pesada es 34,7% en lugar del 40,7 previsto, con una extensión de la semana continua al 54% de los trabajadores. Como señalan los propios periódicos, «la mala calidad permite una mayor producción». En enero y febrero se ponen en circulación nuevos términos para caracterizar la mala calidad, por ejemplo, «la plaga del vidrio».13 En qué medida se inflan los balances de cantidades, se puede juzgar por el siguiente hecho: la producción de zapatos de goma era, en 1928, un 48% mayor que en 1913 (41,5 millones de pares en lugar de 28 millones). Sin embargo, la producción real solo alcanzó el 74% de la anterior a la guerra si tenemos en cuenta la caída de la calidad (Ekonomicheskoie Obozrienie, octubre de 1929). Como si se preparara para la no realización del plan de inversiones básicas, Pravda, en conjunto con los informes para la industria de los últimos meses, escribe: “Existe un peligro muy preocupante de que en la lucha por realizar los objetivos fijados, no se preste suficiente atención a la preparación para un mayor desarrollo de la producción.»

Durante el primer trimestre del segundo año de implementación del plan quinquenal, publicamos en nuestra prensa una serie de comunicados que denunciaban la acentuación de las malas relaciones en las fábricas entre la dirección y trabajadores (sabotajes, actos terroristas aislados, huelga a la italiana). En los últimos tiempos, ya no vemos comunicaciones de este tipo. ¿Debemos concluir que las causas que habían generado estos hechos han sido eliminadas, o que no se comunican, para no ensombrecer el cuadro de la felicidad general? En este punto, solo aquellos que conocen la vida dentro de nuestra industria pueden responder.

Se debe llamar la atención en el campo, en los contratos colectivos de este año. Se ha reducido a una pura formalidad con la introducción del plan industrial y de finanzas en los contratos colectivos. Debemos prestar atención a la situación excepcional de los trabajadores en los sovjozes. Estos son los elementos más descuidados. La investigación realizada por la Inspección de Obreros y Campesinos del Bajo Volga en el sovjoze Ovtsevod14, ha demostrado que en esta región existe una relación que recuerda más a los dominios señoriales que a un sovjoze. “Los obreros dicen sin rodeos: ‘Somos los siervos de los terratenientes’ (Pravda, 28 de marzo).

Los impuestos indirectos aumentan en consonancia con el aumento de los precios de los productos. El presupuesto de este año prevé un nuevo aumento de los impuestos sobre el tabaco, los fósforos, el azúcar, la ropa, el vodka, la cerveza, etc. El aumento de la participación de los obreros en las suscripciones a préstamos del Estado, con la prohibición durante cinco años de revender su participación, va en el mismo sentido. El aumento de las donaciones «voluntarias» para la construcción de koljozes solo ha provocado un cambio en varios lugares de una semana de cinco días a una semana de seis días, y en los Urales algunas fábricas han pasado de la jornada de 8 horas a 10 horas. Estas violaciones de la ley probablemente se hayan vuelto tan frecuentes que el comisariato del trabajo ha emitido una circular especial anulándolas.

El descubrimiento de «abscesos» escandalosos en todas las ciudades de la Unión y en todos los ámbitos de los aparatos económicos, administrativos y sociales, por un lado15, y el Plan Quinquenal, por otro, han planteado la cuestión de los cuadros socialistas. Esta cuestión adquiere un carácter aún más agudo tras el escandaloso fracaso de la colectivización integral. Sin embargo, la cuestión de los cuadros está mal planteada en nuestra prensa. La dirección del partido lo plantea desde un punto de vista estadístico formal, o desde el punto de vista de su mecánica burocrática interna, de su comodidad para gobernar. La supuesta ciencia comunista puesta al servicio de los dirigentes del partido plantea de forma abstracta y mecánica la misma pregunta, por ejemplo, de la siguiente manera: «¿Cuántas vitaminas necesitas absorber para ser un buen funcionario?» El aspecto más importante de la cuestión, el de los cuadros y, por tanto, el del aparato que se recluta entre ellos, se ignora por completo. Se comprende por qué: de lo contrario, estaríamos obligados a notar esta verdad elemental de que la cuestión de los cuadros está indisolublemente ligada a la cuestión del control político de las masas, de su nivel político, de la democracia obrera en el partido.

En nuestra declaración del 4 de octubre [de 1929, NTE] escribimos que el descuido, la rapacidad, la estupidez, el despotismo y la arbitrariedad constituyen una cara de la moneda, la otra es la humillación, el embrutecimiento, la privación de derechos de las masas trabajadoras. Tal como dicen los trabajadores del sovjoz Ovstsevod: «Somos los siervos de los propietarios». Y los de las fábricas de Oriekhovo-Znevo señalan: «Debemos entrar en los koljozes, de lo contrario seremos expulsados ​​de la fábrica» ​​(Pravda) .

Cuando, en un país donde ha habido una revolución gigantesca, los campesinos medios y pobres dicen: «El Poder así lo quiere, no podemos ir contra el Poder» (Pravda), lo que muestra un estado de ánimo masas infinitamente más peligrosas que el robo y la violencia de los funcionarios. El Termidor y el Brumario irrumpieron por las puertas de la indiferencia política de las masas. Siempre nos hemos apoyado en la iniciativa revolucionaria de las masas y no en el aparato. Así que no creemos en la llamada burocracia ilustrada más de lo que nuestros predecesores burgueses revolucionarios de fines del siglo XVIII creyeron en el llamado «despotismo ilustrado».

Toda la sabiduría política de la dirección centrista y centroderechista consiste en ahogar en las masas los sentimientos de independencia política de la dignidad y del orgullo humano, y de fomentar y organizar el absolutismo del aparato. Es para alentar a este último que ha servido y que sirve la ingeniosidad más ordinaria de la dirección centrista y especialmente del secretario general. La fuerza de la dirección del partido reside en su aparato, pero también en él radica su debilidad. El mismo apparatchik16, que mira a los ojos de su «jefe” de partido para adivinar lo que quiere, persuade al mismo «jefe» en una dirección que no ha elegido. Los apparatchik telegrafían que ya han colectivizado cuatro mil ciento cuarenta y seis caballos: descubrimos que en realidad no se ha colectivizado ni uno solo. Pero el C. C., inflándose con estos datos ficticios, proclama “la transformación de la colectivización parcial en colectivización integral”. El apparatchik, a su vez, se mantiene atado por el kulak. El lema del kulak era: «Entremos todos a los koljozes para hacerlas volar desde el interior». Cuando el apparatchik obligó al campesino medio a registrarse en el koljoz, actuó «por instigación directa del kulak», como ahora afirma la prensa oficial. En la medida en que la Dirección está ella misma dirigida por los agentes del aparato, actúo sin querer bajo la influencia indirecta del kulak.

El secretario, el presidente del soviet local, el recolector de trigo, el cooperativista, los miembros de los sovjoses, los lideres de las empresas, del partido y también los no partidistas, los especialistas, los capataces que, avanzando sobre una línea menor resistencia, establecen en nuestra industria un sistema de presiones y despotismo en cada fábrica –este es el poder real en el período de la dictadura proletaria que estamos viviendo! Esta etapa puede ser caracterizada como una dominación y la lucha de los intereses corporativos de las diferentes categorías de la burocracia.

De un Estado proletario con deformaciones burocráticas –como Lenin definía la forma política de nuestro Estado – estamos en proceso de pasar a un Estado burocrático con restos proletarios comunistas.

Sobre nosotros mismos se ha formado y continúa formándose una gran clase de gobernantes con sus propias divisiones internas, que se acrecienta por la cooptación paciente, directa o indirecta (promoción burocrática, sistema ficticio de elecciones). Lo que une a esta clase original es una forma, original, ella, de propiedad privada, basada en la posesión del poder del Estado. “La burocracia posee el Estado como su propiedad privada”, escribe Marx (Crítica del Derecho de Hegel.17

Se necesitó un conflicto pasajero entre los burócratas del partido y de los sindicatos para que los lectores del periódico Trud puedan conocer que el presupuesto de los sindicatos es de cuatrocientos millones de rublos, donde ochenta millones van para el salario del personal.

¿A cuánto ascienden los salarios del personal permanente de los aparatos del partido, de las cooperativas, de los koljozes, de los sovjozes, de la industria, de la administración, con todas sus ramificaciones? No tenemos datos precisos sobre este tema, ni siquiera datos aproximados.

Que la colectivización integral y la industrialización acelerada constituyen una tentación para la burocracia no es difícil de adivinar. Esto expandiría el ejército de burócratas, aumentaría su participación en el ingreso nacional, fortalecería su poder sobre las masas.18

La dirección centrista se atribuye sus méritos particulares por su política en la cuestión nacional. No es más que una leyenda. La mejor desmentida es el hecho de que, hasta el presente, se le hayan ocultado al partido los artículos escritos por Lenin en 1922 sobre la cuestión nacional. Y esto porque eso escritos constituyen una crítica de las ideas, sobre la cuestión nacional, de las personas que están justamente a la cabeza del partido. La verdad es que la creación de la Unión soviética y su Constitución han sido conquistadas en el curso de una lucha tenaz contra los centristas y los derechistas, que planteaban la autonomización de las repúblicas soviéticas independientes y su inserción en las fronteras de la R.S.F.S.R.

Aparte de algunas decisiones tácticas que son justas desde un punto de vista tanto internacional como nacional, por ejemplo, la formación de la república independiente de Tadjikistán, la línea estratégica de la dirección del partido en la cuestión nacional sigue siendo la misma antigua línea oportunista, de gran potencia, que se esconde bajo frases de izquierda. Ella se caracteriza por la despersonalización de las repúblicas nacionales, la confiscación de su independencia y su iniciativa, el fortalecimiento del centralismo burocrático, la formación de un tipo de burócrata nacional que pasará sin dificultad de una posición comunista a una ultranacionalista. La burocracia ve la cuestión nacional, como todas las demás cuestiones, desde el punto de vista de su conveniencia para gobernar y dirigir.

Consideramos que la política exterior de la dirección centrista es errónea, salvo algunas operaciones tácticas correctas, pero aisladas, como su conducta en el conflicto con los reaccionarios chinos. La improvisación, la ausencia de plan, la falta de iniciativa y de actividad, al mismo tiempo que la ausencia de relación con la política interior, la elección perfectamente fortuita de los miembros del comisariato en los asuntos extranjeros y del comisariato en el comercio exterior, constituyen los elementos característicos de la política exterior de la dirección del partido. Todos los miembros del partido se dan cuenta de que el fracaso de la colectivización integral y la de la campaña antirreligiosa constituyen victorias, no solo de la contrarrevolución interna, sino de la contrarrevolución internacional.

Han provocado artificialmente las escisiones al interior del partido y han puesto en evidencia a los hombres susceptibles de oponerse a la dirección centrista (envío al exilio de la Oposición, aislamientos, expulsión de L.D. Trotsky).

Toda la política del partido de la dirección centrista, como las vacilaciones y la impotencia de su política económica, contribuyen a aislar a la Unión Soviética, que ha disminuido su autoridad y su influencia. Debemos rechazar resueltamente la teoría absurda según la cual los «éxitos» de la construcción socialista han tenido la vista gorda de los funcionarios del partido, al mismo tiempo que por los imperialistas. La contra-revolución burguesa utiliza contra nosotros todo tipo de argumentos, incluido el elogio desmesurado de la dirección del partido. Pero la práctica de la contra-revolución no se determina en los granos de café, sino en base a los hechos. El espectáculo de nuestra descomposición refuerza los apetitos imperialistas, despertados por su crisis económica.

La transferencia a la Internacional Comunista del oportunismo centrista con sus excesos derechistas e izquierdistas que le son inherentes, con sus métodos burocráticos de dirección, inevitablemente provocaría una descomposición de la Internacional Comunista, y la aceleración del declive de su influencia sobre la clase obrera.

El número de militantes de las Juventudes en las secciones extranjeras de la Internacional Comunista disminuyó un 20% para el año desde 1 de agosto de 1928 hasta el mes de octubre de 1929. A finales del año pasado, según los datos oficiales que son indudablemente superiores que las cifras reales, no habría habido en todos los países (excepto la URSS) más que ochenta y tres mil sesenta tres miembros. Uno de los secretarios de las Juventudes de la Internacional Comunista ha respondido al relator de la Internacional Comunista que comunicó unas cifras desoladoras: “En la I.C, es la misma cosa”. Nosotros habíamos aprendido, de hecho, por las actas de la última conferencia del partido en París, que los efectivos del partido y de la juventud en Francia no sobrepasaban más que unos penosos treinta y cinco mil, y que, en el curso de los últimos dieciocho meses, perdió un tercio de sus efectivos. Los métodos de la colectivización integral con plazos de entrega fijos transportados a la Internacional Comunista, la preparación de la revolución transformada en ejercicios oratorios sobre la <<transformación>>, la aplicación de un sistema de programas-calendarios, las acciones revolucionarias sobre el mando, conocidas después de la época del sindicalismo revolucionario: todo esto desacredita a la Internacional comunista para darle a los gobiernos burgueses un pretexto para reforzar la represión contra la clase obrera. Estos son los resultados de la ideología oportunista y de métodos burocráticos en todas las áreas donde se expresa la influencia y la dirección de nuestro partido.

El giro de la política del partido, que ha encontrado su expresión en las resoluciones de la 16° conferencia, no ha sido más que verbal y superficial. Podemos aplicar a todo este período de la política centrista la apreciación aportada del crecimiento de la producción industrial: “La disminución de la calidad creó los éxitos cuantitativos”. Pero la calidad no pudo, en ciertos momentos, repercutir sobre la cantidad. Con el fracaso de la colectivización integral comienza toda una serie de disminuciones cuantitativas.

El desarrollo ulterior de los acontecimientos depende de la relación de fuerza que se constituyeron en el partido y en el país. Estos dos factores actúan independientemente el uno del otro aunque hay entre ellos una cierta relación de reciprocidad. Al interior de la vanguardia revolucionaria, la fracción que representa al proletariado y las masas trabajadoras debe ganar sobre los elementos pequeño burgueses y dirigir la lucha de las masas en el camino hacia la dictadura proletaria.

¿Cuáles serán, en los próximos meses, las relaciones entre los derechistas y los centristas? Evitando la discusión abierta sobre el peligro de la derecha en el partido y el país, los centristas no sólo se protegen a sí mismos, sino también a los derechistas. Juntos han asumido la misma responsabilidad en la política del aparato por todo un período. Sus divergencias no eran profundas. Ellos encarnan dos aspectos de una misma línea del aparato. Pero este nuevo bloque, el bloque de la retirada, si se hiciera realidad, no duraría mucho tiempo. Con el desequilibrio creciente de la situación, el poder pasaría a manos de elementos cada vez más a la derecha. Esto significaría la eliminación gradual de la actual dirección.

En el curso del último período, toda la atención de la dirección centrista se ha concentrado sobre la destrucción de la Oposición (bolcheviques-leninistas). Todos los medios que posee del Estado se han implementado para este objetivo: la violencia, la calumnia, la corrupción. La expulsión de L.D. Trotsky, el dirigente más popular y más amado del proletariado después de Lenin, ha sido la coronación de esta política que despeja el camino a los elementos pequeño-burgueses.

Una parte de la Oposición ha vacilado. Algunos porque, en su caso, la mediocridad y la degeneración burocrática ha matado el espíritu revolucionario de clase, en otros porque han cedido a las consignas engañosas de los centristas sobre la industrialización y la colectivización, así todos han abjurado indignamente de sus ideas comunistas. Al hacerlo, perdieron todo derecho a la confianza por parte del partido y la clase obrera. Ninguna persecución o seducción pueden impedir que los oposicionistas se mantengan fieles a las ideas leninistas de sostener sus deberes hacia el partido y la revolución.

En su declaración de 4 de octubre de 1929 al C.C. e a la C.C.C., la Oposición de los bolcheviques-leninistas ha indicado la necesidad de una unificación de todas las fuerzas comunistas y revolucionarias alrededor del Plan quinquenal de la industrialización y de la lucha contra el capitalismo agrario y los derechistas. Una unificación así, que engloba también a los decistas19, sobre la base del reconocimiento de un partido unido, es más indispensable ahora que tenemos que oponer las sólidas filas proletarias el Termidor que se anuncia. En la medida, sin embargo, donde la realización de la orientación de unificar a todas las fuerzas comunistas significa el fin del período del monopolio política del centrismo, la burocracia centrista va al combate con la misma implacabilidad que en el pasado. La orientación de unificar a todos los comunistas revolucionarios no puede ser realizada más que por la masa del partido y en la lucha contra la burocracia centrista.

¿Cuáles son las relaciones de clase en el país? La situación política se caracteriza por la desconfianza –enteramente justificada- del partido con respecto a su dirección y la desconfianza creciente, inmerecida, de la clase obrera y campesina, con respecto al partido y la dictadura del proletariado. La dirección está desacreditada demostrando de manera sorprendente el carácter sin principio de su política que ha cambiado en pocas semanas varias veces (ejemplo: la resolución del partido de Moscú sobre la abolición de la Nep, ella misma “abolida” pocas semanas después porque, aprendemos…20). La dirección del partido ha desacreditado al partido y a los sindicatos a los ojos de las masas obreras. Ni el primero, ni los segundos, han podido asegurar a los proletarios una defensa contra los burócratas. Al contrario, el partido y los sindicatos parecían apoyar a los burócratas contra los trabajadores.

El campesinado pobre ha sospechado mucho de la colectivización integral. Los hechos lo atestiguan. Ellos vieron en la colectivización, por un lado, la pérdida de los privilegios que constituían las exenciones fiscales de las que se beneficiaba hasta entonces, y por otro lado, el peligro de ser sometidos a los campesinos medios y a los kulaks que ingresaban en los koljozes (los hechos atestiguan que, incluso en las comunas, contamos “campesinos-propietarios”). Los supuestos “grupos de campesinos pobres” no son más que una ficción como son para los obreros la autocrítica, la depuración, el mecenazgo y otros magros sucedáneos burocráticos de la democracia en el partido y en el aparato de los soviets.

Los obreros agrícolas tenían que, les gustara o no, entrar en los koljozes, porque no tenían otra salida. Un papel especial jugará en el próximo período el campesino medio, que vuelve a convertirse en la figura central de la lucha de clases. El amor de los centristas (y de los derechistas) por el campesino medio era pura demagogia, una forma de perseguir a los opositores bolcheviques-leninistas. Lo que los centristas y los derechistas le dieron al campesino medio, es un aparato del que surgen más amenazas que palabras –que actúa con violencia y arbitrariedad- y del que Lenin ya dijo que humilla a los ciudadanos soviéticos que tratan con él.

El campesino medio veía la colectivización integral sobre todo como un medio de arrancarle el pan y otros productos y de proporcionar al campesinado pobre los beneficios con su propio ganado, vivo o muerto (herramientas, ganado, etc). En lugar del ejemplo del que hablaba Lenin, y del que habla el programa de nuestro partido –el ejemplo vivo que debía convencer y persuadir al campesino medio de la superioridad de los koljozes- le ofrecen una ratonera. A una colectivización de este tipo, respondió con sus procedimientos habituales: la huelga activa y pasiva, o el ingreso al koljoze para hacerlo volar desde adentro mediante el desarme técnico (la destrucción del ganado, etc.).

La tarea política que tiene por delante el partido consiste en restaurar la confianza, cuya ausencia facilita el trabajo de las fuerzas termidorianas subterráneas. Ninguna lucha seria contra la ofensiva capitalista puede concebirse si, previamente, no reforzamos las principales posiciones del partido, del proletariado y del campesinado pobre.

Este problema puede ser, en teoría, fácil de resolver si es tomado en sus manos por la clase obrera y los obreros agrícolas. La cuestión es más difícil con el campesinado medio. ¿Estará satisfecho con el restablecimiento de la Nep y de la legalidad revolucionaria, o le reclamará a la Nep y le presentará sus reivindicaciones suplementarias incompatibles con la existencia de la dictadura proletaria? ¿Cómo satisfacer campesinado medio sin abandonar la lucha contra el kulak? Es una cuestión que no puede resolverse con claridad más que en la práctica. Sólo podemos afirmar categóricamente que el restablecimiento de la democracia en el partido, sin las instituciones soviéticas y los sindicatos de campesinos pobres, que la burocracia rechaza, es sin embargo posible contener las demandas del campesinado medio dentro de los límites compatibles con las bases de la dictadura proletaria. La democracia en el partido y la democracia soviética en el campo están estrechamente vinculadas: sin el restablecimiento de un régimen de libertad en el partido, el campesinado medio no creerá jamás en el restablecimiento de la legalidad revolucionaria.

El período de las palabras políticamente tramposas ya quedó atrás. Sólo una política comunista honesta y consciente puede salvar la dictadura proletaria. El XVI congreso del partido tiene una importancia de una excepcional gravedad. Es cierto, probablemente, que la dirección centrista se esfuerce por hacer el más insignificante de los congresos. Aunque ya estamos en el umbral del congreso, no hay ni siquiera un indicio de la necesidad de una discusión en el partido. El partido no puede permitir tal desprecio de sus derechos. No debe admitirlo, especialmente en un momento tan crítico.

El mundo entero ha visto actuar a la burocracia centro-derechista. Ya tenemos los resultados. Cada uno de los miembros del partido los ve a su alrededor. Exigimos la libre discusión del partido y elecciones libres al Congreso. Todos los matices de la Oposición que reconocen los principios de la unidad del partido y el camino de la reforma deben participar en la discusión y en las elecciones.

Exigimos la liberación de los oposicionistas detenidos y la retirada de la aplicación del artículo 58. Exigimos la retirada de L.D. Trotsky del exilio y su reintegración en el partido.

Exigimos que el C.C. edite los documentos existentes de la Oposición del período 1927-1930, así como los artículos de Lenin sobre la cuestión nacional y su testamento político. Estas reivindicaciones no son más que preliminares: la cuestión de la democracia del partido y de la democracia obrera debe ser colocada en toda su amplitud delante del congreso mismo.

Sin la democracia del partido y sin la democracia obrera, todas las correcciones se transformarán inevitablemente en deformaciones. Sólo el control revolucionario de las masas puede subordinar al aparato a los intereses de las masas. Así, estimamos indispensable la reorganización del C.C. y de la C.C.C. y la restitución al congreso y al partido de los derechos que le han sido arrebatados, formalmente y de hecho, y que han sido transferidos al C.C. y a la C.C.C.

Consideramos indispensable suprimir el cargo de secretario general y reducir el rol del secretario del partido en la ejecución de las funciones técnicas, con la transmisión de todas sus funciones políticas al buró político.

Estimamos indispensable el cambio de método actual de reparto del trabajo entre los miembros del partido.

Exigimos la reorganización completa del buró de la organización, que al día de hoy es el principal sostén de la dictadura del aparato.

Exigimos la extensión a todas las organizaciones electas del partido del sistema existente en las elecciones del C.C y de la C.C.C, es decir, el voto secreto.

Exigimos una reducción considerable del aparato del partido y de los otros aparatos –los sindicatos, las cooperativas, del Estado- para que los recursos ahorrados se destinen en inversiones adicionales para la construcción de sovjoses y koljoses y de inversiones de base en la industria.

Repetimos nuestras demandas del 4 de octubre del año pasado: la diferentes partes del Plan quinquenal deben ser coordinadas entre ellas y con las necesidades de la clase obrera; revisión de los contratos colectivos en el sentido del mejoramiento de la situación material de la clase obrera; supervisión atenta de los resultados de la semana continua que debe ser considerada como una medida temporaria, excepcional, posible solamente con el acuerdo de los obreros; establecimiento de enganche entre el salario nominal y el crecimiento del presupuesto; restablecimiento de una verdad actividad de los sindicatos.

La política del partido en el campo: abolición formal de la colectivización integral, detener la deskulakización en masa y la expulsión de los kulaks de los campos, excepto en los casos previstos por la ley, pero sin devolver los kulaks ya expulsados.

Una atención excepcional del Estado hacia el desarrollo de los koljoses, proporcionándoles la asistencia financiera y técnica necesaria. Creación de sindicatos de campesinos pobres. Esta medida es indispensable para darle una base política al desarrollo de los koljoses y como apoyo político a toda la política fiscal, cultural y social del campo.21

Se le coloca al partido la cuestión de resolver el problema del aprovisionamiento del país de productos alimentarios y materiales agrícolas, por el camino del refuerzo de la construcción de los sovjoses, conservando el ritmo del desarrollo de la industria.

Es sin duda una tarea pesada, pero que se convertirá en una tarea práctica e incluso técnica, si las premisas políticas de su resolución han sido creadas.

Nosotros no proponemos al partido ningún programa nuevo, sino que luchamos solamente por el respeto al antiguo programa, probado en duros combates y gloriosas victorias, y en la línea táctica del partido comunista bolchevique.

 

Mirá también:  Un reporte sobre los opositores de Stalin en la URSS

 

1 PB: Declaración escrita por Rakovsky, Harvard College Library, 17118, con permiso del Harvard College. Se ha hecho una primera traducción al francés para el público en La Lutte de Classes: ha sido revisada y corregida. El texto de la Unión Soviética que está en los papeles del exilio no tiene otra fecha que la de abril, pero el de «12 de abril» se usa varias veces en la correspondencia entre deportados y es por eso que lo elegimos.

2 PB: Otto, Kh, AUSSEM (1875-193?), hijo de profesores, militante socialdemócrata en 1893, miembro del P.O.S.D.R en Kiév en 1898, más tarde organizador del aparato militar de los bolcheviques, había colaborado con Rakovsky en Ucrania donde había sido secretario del partido y comandante del ejército, y en París donde había sido cónsul general.

3 PB: No disponemos del texto de la declaración del 4 de octubre de 1929 a la que se hace referencia varias veces en nuestras fuentes, y que se encuentra en Harvard un borrador de Rakovsky (T 3491). Los elementos dados en el texto anterior indican sin embargo su línea general y el programa que esbozó. Esta declaración del 4 de octubre, escrita también por Rakovsky, fue sin duda una concesión a los críticos de izquierda que venían de las filas de la Oposición tras la declaración del 22 de agosto. En todo caso se puede notar que la declaración del 12 de abril y, según ella, la del 4 de octubre de 1929, objetaba la «teoría completamente nefasta de la posibilidad de construir una sociedad socialista en un solo país», que la del 22 de agosto de 1929 no lo había hecho de forma abierta y clara.

4 Nota del Traductor al Español (NTE): La colectivización integral era la forma que el propio Estado Soviético le llama al pase a manos del Estado de los tierras de los campesinos. En Trotsky y la literatura marxista posterior la encontramos nombrada como “colectivización forzosa” porque se realizó, no por medio del desarrollo de las fuerzas productivas y el convencimiento de las ventajas que esta supondría para los campesinos, sino por medios forzosos y represivos, provocando hambrunas en el campo.

5 PB: Se trata del famoso artículo de Stalin titulado «El vértigo del éxito». En el C.C. siguiente, a mediados de marzo, se dio un fuerte impulso a la colectivización forzosa, que incluso provocó en algunas regiones una «descolectivización violenta».

6 NT: El “artel” es un tipo de asociación agraria colectiva rusa que tiene siglos, sobre la cual luego se montarían en gran medida los koljoz (formas colectivas de propiedad en el marco de la colectivización de la tierra).

7 NTE: Un bedniak es un campesino que posee u ocupa alguna tierra, pero sigue siendo muy pobre. Eran la segunda clase más baja de campesinos de la Rusia zarista.

8 NTE: Un kulak es un campesino que es más rico que otros campesinos. Se distingue generalmente por la propiedad de grandes extensiones de tierra; su capacidad para producir y vender excedentes con fines de lucro; o su empleo de otros campesinos como jornaleros.

9 NTE: “Comitardes” es una expresión que viene de “comité”. Sería una forma despectiva de nombrar a los miembros del comité central y a sus métodos: “comitentes”. Quizá la forma más parecida al español de esto sería decir “burocráticos”. Por no tener una expresión más fiel mantenemos el original del francés.

10 NTE: Se refiere a los militantes del partido que viajan por las zonas rurales “aplicando” la política de la colectivización forzosa.

11 PB: Smiena Vekh era un diario de emigrados que aparecía en Praga y París, expresaba el punto de vista de los «oustrialovistas» que consideraban que la NEP ofrecía una forma «pacífica» de restaurar el capitalismo y que por tanto había que aprovechar colaborando con el Estado soviético. NT: Toma el nombre de Niokali Oustrialov (1890-1938), quién fue miembro del partido Cadete, representante de los intereses de la burguesía liberal.

12 NTE: Sovkhos o sovjós proviene de «soviétskoie jozyáistvo» (granja soviética), utilizado para denominar a las explotaciones agrícolas que no tenían carácter cooperativo (koljós), sino que dependían directamente del Estado. Aunque hay precedentes en la época de Lenin, se empezó a forzar su imposición, de manera acelerada, con la colectivización forzosa de tierras de Stalin en 1929.

13 NTE: “La plaga del vidrio” se refiere a cuando los cristales del vidrio se blanquean cuando pasa el tiempo. Es un proceso químico que se verifica en cristales de varios años.

14 NT: con sovkhoze Ovtsevod se refiere a una granja estatal de crianza de ovejas que llevaba ese nombre.

15 PB: Alusión a escándalos, como el de Smolensk, en el que se descubrió que los altos funcionarios del partido eran profundamente corruptos.

16 NTE: Eran llamados “apparitchik” o “agentes del aparato” a los funcionarios del aparato del estado o del partido que trabajan de eso. Era, claro, un término despectivo.

17 PB: Los dos parágrafos anteriores debían provocar a la interior de la Oposición de izquierda en la URSS una viva discusión. La idea de Rakovsky según la cual la burocracia era “una clase” [una clase de gobernantes, traductor] no fue aceptada por muchos. Cabe señalar que Trotsky no quiso abrir esta discusión. León Sedov se encargó de informar la posición de Rakovsky y de sus críticas en el artículo destinado a la prensa de la Oposición internacional.

18 PB: La idea de que la industrialización acelerada proporcionó una base material para la burocracia parece haber sido formulada aquí por primera vez.

19 PB: El término “decista” (las iniciales D.C) se utilizaba para designar a los partidarios de la tendencia denominada “centralismo democrático”, dirigida en su momento por T.V. Sapronov y V.M. Smirnov.

20 PB: Hay un error del copista en el texto original y no puede seguir leyéndose.

21 Dicho entre paréntesis, la dirección centrista, que no tolera los sindicatos de campesinos pobres ni en un solo lugar de la Unión (soviética), se ha visto obligada a reconocerlos en Ucrania y a confiarles toda la tarea de la colectivización. Los kamnezam (sindicatos de campesinos pobres) ucranianos han sido mantenidos por que se han defendido y no han permitido la tentativa liquidacionista de 1924-25 de ir más allá de su transformación de organizaciones semi-obligatorias a organizaciones libres. (Nota de los autores de la Declaración).

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