75 aniversario del 17 de octubre

De lealtades y traiciones en la historia del peronismo

La  juventud peronista que luchó heroicamente por la vuelta de Perón sufrió en carne propia las ambigüedades de la “lealtad peronista”. Una lealtad que, en un movimiento tan verticalista como el peronismo, es solo de arriba hacia abajo.

Rafael Ramirez

Hay quienes la definen como “Sentimiento de respeto y fidelidad hacia una persona, compromiso, comunidad, organizaciones o principios morales”. En otros diccionarios se encuentra “Cumplimiento de lo que exigen las leyes de la fidelidad y las del honor y hombría de bien” y la RAE nos ilustra con el penoso” Amor y fidelidad que muestran a su dueño algunos animales, como el perro y el caballo”. Son el registro de definiciones para el término “lealtad”. Esa palabra a la que el peronismo tanto ha recurrido para hablar de ese fervoroso sentimiento hacia el líder y creador de su movimiento, esa pasión y respeto que se remonta al 17 de octubre de 1945, cuando hace 75 años, una movilización nacional que tuvo su epicentro en La Plaza De Mayo lograba la libertad de Juan Domingo Perón, ex secretario de Trabajo y Previsión y vicepresidente del gobierno militar de Farrel. Esta importante movilización obrera y popular, fue bautizada por el movimiento justicialista como “Dia De la Leatad peronista”.

Pero si de lealtades se trata, la historia del peronismo las encuentra solo en una dirección, solo en un sentido. En el peronismo son conocidas las gestas de lucha popular por la libertad de Peron en el 45 y por el retorno de Peron desde el 55 al 73, pero son también importantes las verdaderas traiciones que sufrieron quienes lucharon en esas gestas, los jóvenes obreros y estudiantes que encarnaron lo más progresivo, lo más transformador de la historia del movimiento peronista.

El nacimiento del peronismo

A las elecciones de febrero de 1946 Perón las ganó con un 52% de los votos con un frente llamado “Junta nacional Coordinadora” compuesta por un desprendimiento de La UCR, otro de los conservadores y por el reciente creado “Partido Laborista”.  Este era una organización partidaria construida a partir de sindicatos que venían coordinando con Perón pero pretendían cierta independencia política y organizativa.

Los dirigente del laborismo fueron los sindicalistas Cipriano Reyes y Luis Gay, a quienes la lealtad les llegó en forma de picanas, balas y barrotes. Luego de la victoria electoral sobre la Unión Democrática, Perón buscó disolver los partidos que formaban el frente, para unificar la militancia en un solo partido verticalista controlado por él mismo. Se enfrentó con la resistencia laborista que comenzó a manifestar un apoyo crítico.

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Con una combinación de cooptación de dirigentes y aprietes, Perón fue liquidando al partido. La última línea de resistencia, Cipriano y Gay, fue derribada a balazos, en un atentado del que  Reyes escapó de milagro pero en el que murió su chofer. Luego, fue acusado de una conspiración con los yanquis para matar a Perón, fue encarcelado durante años y hasta torturado.

Luis Gay se resignó a la disolución del partido laborista, pero siguió peleando por una CGT independiente. También se lo acusó de conspiración, con el objetivo de lograr su alejamiento de la central y poder intervenirla. El interventor fue el  alcahuete deleznable Luis Espejo. Demás está decir que jamás apareció una sola prueba de la participación de  Reyes o Gay de conspiración alguna. Hay quienes creen en esta historia, solo por fe o mejor dicho por “lealtad”.

De la juventud maravillosa a los imberbes estúpidos que gritan

La  juventud peronista, que luchó heroicamente por la vuelta de Perón, creían en el líder como el único camino hacia una “patria socialista”. Sufrieron en carne propia las ambigüedades de la “lealtad peronista”.

Luego del golpe militar del 55 contra el gobierno peronista, El General tuvo que exiliarse durante 18 años en España, periodo en el que el Partido Justicialista estuvo proscripto de las elecciones y tuvo varios momentos en el que tuvo que pasar a la clandestinidad. La juventud de finales de los 60, politizada por la Revolución Cubana, el auge del clasismo en el movimiento obrero como expresión antiburocrática y la revolución China, comenzaron a copar el movimiento peronista.

Cargados de ideas provenientes del marxismo, de la guerra de guerrillas llevadas adelante por el Che Guevara y la teología de la liberación, llegaron en masa a la escena política nacional para enfrentar los planes antipopulares de los gobiernos gorilas y luchar por la vuelta de Perón a la Argentina. “El viejo”, como cariñosamente le decían los jóvenes de La JP, fogoneó la “lucha armada” de los jóvenes por su retorno, mientras varios dirigentes sindicales de su espacio se encargaban de realizar acuerdos con cuanto milico en el poder hubo.

En 1973 Perón volvió al país y en el Aeropuerto de Ezeiza lo esperaba un multitudinario acto para recibirlo. Allí se encontraron para medir fuerzas, “la juventud maravillosa” (como Perón llamó a los jóvenes de la izquierda peronista que lucharon por su regreso) y la derecha peronista, vinculada a la burocracia sindical.

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Perón jamás aterrizó en Ezeiza, porque la derecha organizó un ataque armado a la JP que terminó en decenas de muertos y cientos de heridos. Una verdadera emboscada que buscaba debilitar y desmoralizar al creciente sector que planteaba una agenda popular para el tercer gobierno de Perón.

El primero de Mayo, de 1974, ya con Perón en el poder, se celebraba “día del trabajo” como había denominado el gobierno al día internacional del trabajador, en Plaza de Mayo. La juventud venía muy desencantada con el gobierno, que había tomado un curso derechista. Bandas parapoliciales ya atacaban a activistas en los inicios de lo que luego seria la Alianza, Anticomunista Argentina (más conocida como triple A).

Bajo la excusa de un supuesto “pacto social” se congelaron los salarios de los trabajadores mientras los empresarios aumentaban los precios y los puestos del gobierno eran ocupados por personajes nefastos, algunos inclusive directamente fascistas. La JP pretendía mostrar  disconformidad a su líder sobre el camino que estaba tomando el gobierno: “Que pasa, qué pasa, qué pasa general que está lleno de gorilas el gobierno popular” coreaban multitudes en el medio del discurso de Perón, quien se mostraba cada vez más enfurecido: “Hay imberbes que quieren tener mas merito de los que han luchado por veinte años” sentenció el General y todo el sector izquierdo de la plaza se retiró.

La JP había tenido bastante dosis de “lealtad peronista” por un día. El General entronizaba a los sindicalistas traidores, colaboracionistas con los militares y condenaba a quienes lealmente habían luchado por la vuelta de Perón. A quien lo creían dispuesto a conducir al país a “la liberación”. Tiempo después la AAA creada por Perón antes de su muerte y continuada por Lopez Rega, se encargaría de perseguir y asesinar a mucho de aquella juventud maravillosa.

Los caminos sinuosos de la lealtad peronista tuvieron muchos capítulos, no es el objetivo de esta nota recorrerlos todos, solo señalar algunos completamente emblemáticos, que ilustran cómo las lealtades siempre tienen una sola dirección, no tienen vuelta, no son recíprocas y las traicionan siempre terminan llegando.

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