De “arrepentimientos”, confesiones y marchas gorilas

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Editor en Jefe del portal IzquierdaWeb - Noticias de los trabajadores, las mujeres y la juventud.

Por Tofi Mazú

Mientras siguen desfilando las filas de “arrepentidos” por el escándalo de los cuadernos, mañana tendrá lugar una movilización convocada por el macrismo, con el objetivo de acompañar la sesión del Senado que tratará el desafuero de Cristina Kirchner y el allanamiento de sus propiedades. Oficialistas como Graciela Ocaña han convocado en las redes sociales con el hashtagg #21A y declarando con entusiasmo “yo voy”, hablando de la marcha como si fuera una iniciativa popular surgida desde abajo, cuando en verdad es un armado del oficialismo. Resulta llamativo que llamen a cortar las calles, cuando viven de despotricar contra las movilizaciones reales. Demuestran una vez más, que lo que les preocupa no es el tránsito ni que la gente llegue a trabajar o no: lo que les preocupa, a diario, de la movilización es el hecho de que sea representativa de las causas de los explotados y oprimidos, que sea popular, que sea contra ellos… Pero cuando se trata de intentar hacer pesar sus reclamos, la burguesía y la clase política argentinas también optan por salir a la calle. ¿Hipocresía? ¿Dónde?

 

Todos enchastrados hasta la rodilla

La abanderada de la marcha derechista de mañana, Graciela Ocaña, es un personaje muy curioso, que mientras despotrica en Twitter contra la impunidad, la corrupción y el robo, queda ella impune por haber estado involucrada con el asunto de los aportantes truchos de la campaña de Cambiemos. Pero eso es un detallito menor, cuando de “La Crisis de los Cuadernos” se trata. No es posible hablar de la corrupción del Estado argentino en vinculación a la obra pública, sin mencionar a la familia del actual presidente. No solamente por la reciente fama de Calcaterra, primo de Mauricio, sino por la historia de la fortuna de la familia Macri, amasada al calor de lavar y lavar dinero, por ejemplo, durante la última dictadura militar. Ahora bien, las mismas empresas de la familia del actual mandatario se llenaron los bolsillos durante el gobierno de los esposo K, recibiendo la terciarizada responsabilidad de hacerse cargo de la obra pública, por ejemplo, con sus cementeras. Recordemos a Franco Macri declarando que daba todo su apoyo a Cristina y no a su hijo, porque a él y a su empresa les estaba yendo fabulosamente bien. Para más detalle, ver Cuadernos de la Corrupción | Un escándalo que devela el funcionamiento del Estado capitalista.

El asunto es que, mientras este evidente armado del oficialismo sigue su curso, Cristina tampoco puede negar nada ¿Qué van a decir, uno y otro bando de la clase política argentina, cuando el funcionamiento del Estado ha sido éste desde siempre? ¿Qué pueden afirmar o negar los funcionarios y ex – funcionarios, que son empresarios, cuando han estado siempre involucrados en el gobierno que les ha tocado para seguir acumulando a costa de los trabajadores? Ahí entran las figuras de los “arrepentidos”.

Mañana se reactivará la actividad judicial tras el fin de semana largo; y el centro de la escena serán Claudio Uberti (ex titular del Órgano de Control de Concesiones Viales) y José López (ex Secretario de Obras Públicas y protagonista del escándalo de los bolsos del convento). Ellos forman parte de una serie de empresarios y funcionarios que están llamados a declarar, que se han prestado voluntariamente para la tarea. El objetivo parece ser exponer los escandalosos negociados que los K los habrían obligado a cometer (!), ventilar cuántos bolsos con dólares han visto en la casa de la ex presidente y así salir impunes, lavándole la cara al empresariado argentino entongado en la obra pública, con el Diablo y su abuela, mientras enchastran al kirchnerismo. Se trata de ensuciar a un personal político capitalista indiscutiblemente corrupto y dejar intacto el sistema de corrupción como tal.

 

 

Forzando la campaña electoral

Este operativo no busca bajo ningún concepto purgar al Estado de funcionarios corruptos: intenta hacer girar la coyuntura política hacia el terreno electoral, abriendo paso a la supuesta dicotomía entre Cambiemos y el kirchnerismo. Es que el macrismo, harto de que se hable del aborto legal, de la paritaria y la muerte de los docentes en Moreno, de la reforma del Código penal, del tarifazo en el transporte… ha tenido que salir con una versión renovada de su ya vieja táctica de “la pesada herencia”.

El problema tiene varias aristas. Por un lado, cada vez que Macri abre la boca es para dar malas noticias, cosa que hace caer su imagen en picada de cara a las próximas elecciones. Por lo tanto, debe hacer subir al kirchnerismo en tanto oposición (más bien, presentarlo como la única), para poder subir él en las encuestas. Es que las mismas que muestran a Cambiemos con una imagen negativa, tampoco muestran un crecimiento exponencial del kirchnerismo. Por consiguiente, parece que la estrategia del gobierno sería ensuciar más la imagen de Cristina para crear en torno a sí mismo la idea de “mal menor”. El discurso sería ago así como “yo ajusto, pero al menos no les robo la plata para mí”. Por otro lado, busca salvaguardar la imagen de los empresarios, estos que posan como arrepentidos y mientras juzga con una mano a los funcionarios del gobierno anterior, cuida con la otra a los corruptos de su propio riñón.

Finalmente, podemos reafirmar que el objetivo ulterior es llevar todo las urnas. Sacar a las mujeres, los trabajdores y a las nuevas generaciones de las calles, del reclamo de lo duro que está el día a día y que canalicen su enojo en otro lado y contra otro actor político. Lo interesante de ésto es que tal vez les pueda salir el tiro por la culata. Por el momento, esta cuestión no parece haber calado hasta el final en la conciencia del pueblo trabajador como a Macri le hubiera gustado. No parecería haber hordas dispuestas a movilizar mañana, sino más bien el destape de una olla que podría volverse también en contra del propio gobierno. Podría aparecer en el discurso popular, nuevamente, la idea de que todos son corruptos, de que todos son lo mismo. Aunque no llegue a entonarse “que se vayan todos” (lejos estamos de eso), la concepción por abajo de esta problemática parecería acercarse cada vez más a la idea de que “no se salva nadie”. No obstante, no es ese el contenido de la convocatoria de mañana. Se trata más bien de una ridícula movilización contra la corrupción de unos que no dice palabra de la de los otros.

Luego del incipiente delegitimación de las instituciones del Estado capitalista y patriarcal tras la negativa del Senado para aprobar el aborto legal, la izquierda tiene la tarea de intervenir en esta discusión embanderada en la independencia de clase, para profundizar ese descontento. Desnudar que todos están metidos en el mismo engranaje del funcionamiento de la corrupción sistémica, demostrar que los mismos que niegan los derechos son los que se enriquecen a costa de los trabajadores, exponer el vínculo mugriento del empresariado con el Estado, contraponer los desfiles en el Palacio a la movilización en las calles e insistir en que los problemas de los explotados y oprimidos no se resolverán votando el año que viene a la alternativa “menos mala”, sea ésta corrupta “populista” o corrupta liberal.

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