Coronavirus y salud mental

Cuarentena obligatoria: ¿Alguien puede pensar en la salud mental?

Como estudiantes de psicología nos parece pertinente poder desarrollar cómo afecta la situación de cuarentena general a la salud mental y la subjetividad de la población.

Barbi Arredondo y Mani Rueda



Estamos frente a un acontecimiento inédito para la mayor parte de la población. Un acontecimiento que interrumpe de forma abrupta la cotidianidad y obliga a realizar un cambio radical en los hábitos y costumbres en la vida de cada sujeto, situación que genera ansiedad.

Las actividades y rutinas que hacen de ordenador de la realidad de cada cual se encuentran alteradas al igual la posibilidad de estar en contacto con los otros. El ser humano, en tanto ser social por antonomasia, precisa de la experiencia colectiva para su bienestar mental, esto quiere decir, del vínculo social para su realización, de la construcción de proyectos comunes y justamente el aislamiento y el encierro van en un sentido totalmente contrario a la naturaleza de los sujetos y la búsqueda de bienestar.

La cotidianeidad dentro de cuatro paredes se vuelve ahora profundamente alienante debido al corte de lo ordinario pero también debido a la modificación de la relación espacio-tiempo y los imperativos de cómo sí o cómo no reaccionar, actuar pensar y sentir.

Al quedarnos en casa, donde todos los días son iguales, el presente se torna denso debido a la falta de factores y actividades a partir de las cuales ordenar el día a día para que el transcurrir sea más fluido. Se evidencia lo que decía Marx en La Ideología Alemana, si bien el trabajo bajo el capitalismo es alienante, la capacidad de trabajar, de modificar el medio de manera consciente, es la característica que distingue al ser humano del resto de los animales. Sin la posibilidad de ejercer el trabajo de manera colectiva sentimos que perdemos algo de lo que nos hace humanos.

Junto con esto se encuentra el miedo a la posibilidad de contagio de la enfermedad y la incertidumbre que supone no saber cuáles serán las consecuencias de esta situación, ni cuánto tiempo se prolongará (qué pasará con los puestos de trabajo,etc) y muchísimos elementos más que ocasionan lógicamente mecanismos de alerta como la angustia. Y al mismo tiempo, la necesidad de adaptarse a esta nueva modalidad implica un gran esfuerzo psíquico.

A la hora de hablar del impacto de esta crisis sobre la población es importante destacar que la cuarentena es una recomendación médica necesaria y es parte de este proceso, por lo cual es preciso problematizar varias de las realidades que tienen que ser tenidas en cuenta porque hacen a la salud, con el objetivo de poder darle una solución integral más profunda que trastoca los límites de pensar una cuarentena como una situación cómoda y digna para todos.

La propagación de la pandemia, la gran crisis económica a nivel mundial, la saturación del sistema de salud pública, junto al gran flujo de información (redes sociales y noticias) y la falta de claridad con respecto a qué va a pasar impactan directamente en la salud mental de la población y el malestar psicológico se generaliza.

No es menor en absoluto el rol de los medios masivos de comunicación que en unidad con la línea que está bajando el gobierno nacional de Fernández fomentan permanentemente un discurso de odio que lleva a la ruptura de los vínculos sociales, la desconfianza con el otro y a que haya sectores que salgan a denunciar a la gente que sale a la calle por incumplir la cuarentena sin saber si está yendo a trabajar o a ayudar a un familiar que es parte de los grupos de riesgo. No conformes con eso, además de adoptar una mirada profundamente individualista de la situación los medios se encargan de reforzar y reproducir un estado de alerta permanente que genera un nivel de paranoia social preocupante y fortalece la política de respuesta represiva a la pandemia.

Porque mientras para algunos pocos la cuarentena significa vacaciones para otros, y en especial para la población trabajadora, significa en muchos casos ir obligados por los patrones al trabajo bajo la amenaza de despido sin siquiera tener las condiciones de higiene mínimas garantizadas. O para aquellos que viven al día significa tener que rebuscárselas de alguna forma para generar un ingreso. Y eso sin siquiera hablar de los sectores más relegados en donde no se cuenta con una casa habitable ni con agua potable.

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Por otro lado se encuentran los problemas habituales de convivencia, muchas familias se ven obligadas a pasar mucho tiempo juntas, y aparecen roces y peleas. El cierre de colegios y la obligación de estar recluidos en casa provoca en los niños una situación muy excepcional. Ahora hay que convivir con los niños en casa, encerrados, y muchas veces teniendo que hacer teletrabajo al mismo tiempo.

En el caso de aquellos con niños cuyos adultos a cargo siguen obligados a seguir concurriendo a sus espacios laborales (muchas veces sin las condiciones de higiene básicas) se genera una doble tensión, situaciones de estrés complicadas. En este caso tanto padres como madres se encuentran trabajando y manteniendo el cuidado de sus niños a distancia, su cabeza se encuentra “aquí y allá”. También genera miedo ya que al salir de sus casas están expuestos al contagio y así quienes conviven en su hogar también. Por eso mismo es necesario que se otorguen licencias con el 100% del goce de sueldo para quienes se encuentran al cuidado de sus hijos como también de personas de grupos de riesgo.

El problema más extremo se da en los casos de violencia. Las mujeres que sufren violencia por parte de sus parejas, en situaciones normales lamentablemente encuentran un pequeño alivio al poder salir a trabajar, o que su maltratador lo haga. En vez de dar una solución,el Estado cierra las dependencias y programas de todo tipo de asistencia por no ser considerados “esenciales” y solo propone llamar a la línea 144 y que “te quedes en casa” con quien te violenta. Hay que garantizarle a aquellas personas en situación de violencia un lugar seguro, por ejemplo, habitaciones de hoteles que no están siendo utilizadas pueden convertirse en un albergue para que mujeres, niños y adolescentes salgan del hogar violento. Al mismo tiempo, las lineas están saturadas y son los trabajadores quienes garantizan la atención, asesoramiento y contención de mujeres y disidencias en situación de violencia. Lo hacen sin recursos materiales ni humanos, sin el presupuesto necesario para responder a las demandas y situaciones, en condiciones de precarización, bajos salarios y con pésimas condiciones ambientales de trabajo, limpieza y elementos de higiene necesarios en el marco de la pandemia.

Los casos de estrés, como vemos, no se dan solamente para quienes pueden quedarse en casa, sino también en aquellos que nos cuidan, aquellos que pertenecen al sector de la salud y programas de asistencia. En Italia, por ejemplo, ya son dos las enfermeras que se quitaron la vida debido a la situación extenuante que enfrentan. Daniela Trezzi de 34 años, enfermera en la terapia intensiva del hospital de Monza, donde se combate en primera línea el coronavirus, donde se encuentran los enfermos más graves, fue encontrada ahorcada en el mismo hospital. No daba más por el estrés. Había quedado contagiada por el virus y temía haber contagiado a otros. Esta situación, también, llevó a Silvia Luchetta, 49 años, del hospital de Jesolo, en el Veneto, a poner punto final y arrojarse al mar.

Por dar un ejemplo, la situación del Hospital Tornú (Hospital General de gran envergadura) es realmente grave: además de la falta de salas de internación aptas para el aislamiento, los trabajadores no han recibido capacitaciones ni cuentan con los elementos necesarios para desinfectar.

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Lo que sucede es que vivimos bajo un sistema capitalista y patriarcal, que de ninguna manera suspende la explotación ni ningún tipo de opresión por coronavirus. Y la crisis económica y sanitaria mundial, lógicamente, viene a empeorar la calidad de vida de la población trabajadora.

Ninguna de las realidades antes mencionadas se soluciona con el brazo armado del Estado y coartando las libertades democráticas, por el contrario, aparecen situaciones de abuso de poder y violencia que afectan directamente a la los sectores populares.

Es por ello que a los de abajo solo nos queda construir lazos de solidaridad de clase y transformar la bronca en exigencia de medidas concretas que contemplen y beneficien a los sectores populares para no quedar a merced de las medidas del gobierno de Fernández que prefiere aumentar la escalada represiva pero no tomar ninguna medida que vaya en contra de los empresarios.

Frente a las medidas de un gobierno que no pone en el centro los intereses de las grandes mayorías, frente la paranoia social, frente a la mercantilización de la vida y la salud, frente al individualismo capitalista, exigimos un aumento extraordinario del presupuesto en salud y que el estado garantice las medidas de precaución necesarias: cuidados de higiene para todos, la realización de test de forma masiva y cuarentena sin estado de sitio, y con elementos de cuidado.

También es preciso preguntarnos ¿Quienes cuidan a los que nos cuidan? Son los trabajadores de la salud los que día a día ponen el cuerpo en condiciones laborales realmente hostiles, exigimos duplicar de inmediato el sueldo de todo el personal de la salud. Frente al desborde del sistema de salud pública necesitamos un sistema universal para atender al conjunto de los individuos en cualquier centro o clínica sea pública o privada, que los laboratorios se pongan a disposición de las necesidades de la población. Reconversión de la industria nacional para producir insumos médicos, que a nadie le falten barbijos y distribución de medicamentos gratuitos para quienes los necesitan.

¿Y para la salud mental qué? Mientras profesionales reconocidos y la Facultad de Psicología emiten recomendaciones del estilo de “evitar pensamientos negativos” preferimos empezar por exigir la incorporación en hospitales de más profesionales de la salud y salud mental (con todos los derechos laborales adquiridos y sueldos dignos para todos) para aumentar drásticamente la posibilidad de recibir la demanda y que los trabajadores no tengan que realizar jornadas interminables, así como también dar herramientas para enfrentar la presión permanente que sufren.

También necesitamos la habilitación de líneas telefónicas para recibir atención gratuita de psicólogos, psiquiatras y terapeutas ocupacionales para recibir contención profesional en el caso de estar atravesando una crisis que dificulte la vida cotidiana y contratar trabajadores para eso.

Por otro lado cumplir la cuarentena no tiene que significar romper los lazos sociales, ni caer en comportamientos segregativos y alienantes. Es primordial sostener el contacto cotidiano con nuestros allegados y establecer redes de asistencia para acompañar aquellos que son de grupos de riesgo y/o que sufren cuadros patológicos. La salida pasa por poder sostener acciones de solidaridad desde abajo, en donde todos los que puedan aporten al conjunto para enfrentar los graves problemas generados por la pandemia.

La organización de los maestros en las escuelas distribuyendo alimentos e insumos de higiene en los barrios o los obreros en las fábricas en huelga para defender que sus condiciones de trabajo sean dignas con todos los elementos de higiene garantizados para cuidar su salud son grandes ejemplos de que la salida a un fenómeno de ésta envergadura es social, tendiendo puentes, llevando adelante acciones colectivas con toda la responsabilidad,seriedad y cuidado que la situación requiere: ¡La organización desde abajo es la salida, la solidaridad de clase el camino!

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