Pandemia y deuda externa

    Cuando se dice una cosa y se hace otra

    Alberto Fernández pone los negocios y el pago de la deuda por encima de la salud pública.

    Juan Cruz

    Hace un mes el presidente anunciaba la extensión de la cuarentena con cierto relajamiento o “administrada”, con la excepción, en palabras de Fernández, de “Santa Fe, Buenos Aires, Entre Ríos, Córdoba y la ciudad de Buenos Aires, acá es donde hay que prestar atención” (La Nación, 10 de Abril).

    Esta zona debía continuar con una cuarenta estricta, según sus argumentos, porque concentraban (y aún concentran) la mayor cantidad de casos en el país. Encabezada por el AMBA (78% al día de hoy), luego Córdoba (con 350 casos a la fecha y cuarta en el ranking de provincias detrás de Chaco) y Santa Fe (sexta entre las provincias con más contagios). Y también por la concentración de personas que suman las 4 provincias: juntas totalizan el 60% de la población del país.

    El nuevo anuncio del gobierno ha ido en el sentido exactamente contrario. Como comentamos en nuestras páginas, los grandes empresarios, el arco opositor y los medios de comunicación derechistas hicieron sentir la presión política a Fernández, un gobierno sumamente sensible a los reclamos patronales, rompiendo la “unidad nacional” que existió entre los sectores durante poco más de un mes (y trayendo de vuelta la política). El resultado está a la vista: en la calle el movimiento se ha incrementado notoriamente como hace meses no se veía.

    Hay otra particularidad que explica el paso de “prestar atención” a esas provincias, que guardaba la lógica sanitarista de la cuarentena, a permitir el reinicio masivo de la actividad. Y es que en AMBA, Córdoba y Santa Fe se concentra parte importante de la industria del país.

    Más de 180 industrias que emplean en total unos 23 mil trabajadores fueron habilitadas en AMBA; unas 250 empresas industriales en Córdoba. Y se seguirá ampliando hasta abarcar a la totalidad de los polos industriales que emplean en total unos 10 mil trabajadores. Y, en Santa Fe, el 80% de las industrias ha reiniciado su actividad, entre las que se encuentran fábricas de calzado, línea blanca, motos y autopartes, entre otras (I.Profesional, 13/5).

    Fernández ha cedido en toda la línea: de “la salud antes que la economía”… ha pasado a “la economía antes que la salud”, poniendo su “atención” en la ganancia de los empresarios y capitalistas. Desde ya que esto no quiere decir que ante una escalada de contagios, el gobierno no se vea obligado a volver a una cuarentena estricta. Pero lo concreto hoy es la concesión oficialista a la derecha recalcitrante.

    El gobierno cuenta a su favor con un elemento clave: hasta el momento es cierto que los números de contagios y muertes por coronavirus se encuentran por detrás de los números que se ven en otros países del mundo (ver el caso de Chile, por ejemplo, donde los casos se dispararon estos días, por no olvidarnos de la catástrofe en Brasil). Esto ha generado un “relajamiento social”, que sumado al hastío del encierro y la presión de las necesidades económicas, facilita al gobierno la reapertura de la economía.

    Pero cuidado: así como la anticipación del gobierno de una cuarentena estricta tuvo un efecto real en el control de la multiplicación de casos, la liberación de bastas actividades de la economía hace sentir el aumento de casos rápidamente y dio un nuevo record de casos en un día: 316 casos en todo el país al cierre de esta edición.

    La paradoja aquí, es, entonces, que se levanta en los hechos la cuarentena –se va levantando cada vez más- en el preciso momento que los casos escalan.

    Por estos días la alarma crece en las villas de Capital Federal y los barrios populares del conurbano bonaerense. En palabras del ministro de Salud provincial, Daniel Gollán: “Estamos preocupados por lo que pasa en los asentamientos de las villas de la Ciudad. De cada diez (personas que se hacen el test), nueve dan positivos. No son compartimentos estancos. Esa gente va a la Ciudad. Estamos preocupados. Eso es un peligro. Potencialmente puede venir al conurbano.»

    Claro que “esa gente” que, como dice el ministro, va de la ciudad al conurbano y viceversa. La mayoría de “esa gente” son trabajadores que están obligados -por las circunstancias; por la falta de medidas reales del gobierno- a volver al trabajo. Y desde ya que, desde el punto de vista sanitario, un desborde de casos en lugares tan desprotegidos como estos puede ser muy grave; sobre todo teniendo en cuenta que en muchos hospitales falta hasta lavandina (¡una vergüenza que muestra la inutilidad del gobierno y el Estado en hacer llegar los aprovisionamientos mínimos a donde se los necesita!).

    El gobierno ha tomado una decisión mirando los números del contagio y dando prioridad a la economía. Pero los resultados de esa decisión, en lo que respecta al coronavirus, son inciertos. Circulan especulaciones como que “en agosto volverían las clases” y cosas por el estilo. Puras y simples especulaciones, por no decir estupideces. Nadie sabe a ciencia cierta cuál será el resultado de esta política. En este sentido, el gobierno es en este momento un “aprendiz de brujo” que ha decidido jugárselas por la ganancia de los empresarios especulando con la salud de los trabajadores.

    Mirá también:  Manuela Castañeira: "El debate está puesto en la Argentina que viene, en quién va a pagar la crisis."

    No se puede pagar la deuda

    A diferencia de los días pasados en los que la “normalidad” tenía pautas definidas, actualmente vivimos momentos en que la nueva “normalidad” no termina de estar del todo definida. Esto ha dado lugar a los “filósofos” de las más diversas orientaciones a dar rienda suelta a su imaginación sobre el futuro del mundo, reflexiones de valor nulo la más de las veces por intentar anticipar cosas que aún son completamente imprevisibles (se conoce todavía demasiado poco del comportamiento de la enfermedad, entre otras cosas).

    Lo que sí queremos transmitir es que esta “nueva normalidad” será resultado inevitable de elementos del presente (por ejemplo, la explotación del trabajo y las más diversas formas de opresión; el Estado como regulador de la vida social; los partidos políticos y sindicatos inhibidos de su actuación normal), conjugados con elementos futuros que dependerán del resultado de la lucha de clases. En este sentido podríamos decir que la normalidad por venir se encuentra “en proceso” o en transición, no definida aún, y expresa dos tendencias que actúan en sentido contrario: la arbitrariedad que viene desde arriba y la resistencia que emerge desde abajo.

    Resalta, en primer lugar, la arbitrariedad con la que actúan sobre este “proceso” el gobierno, el Estado y el empresariado. Una arbitrariedad que viene del aprovechamiento de la situación excepcional que se vive a nivel mundial y nacional. Es que la vida cotidiana suele estar gobernada a través de leyes “relativamente claras” (estables, más allá de las condiciones de explotación, claro). Pero cuando aparecen situaciones de “catástrofe” o excepcionales donde se rompe la cotidianeidad de las cosas, se da lugar a una situación en la cual los de arriba tratan de imponer la mera voluntad arbitraria de los capitalistas y su personal político (colocar todas las decisiones del tipo “tómelo o déjelo”, que se expresan estos días en un sinnúmero de terrenos).

    Sin embargo, esta es sólo una de las tendencias de la realidad. La contra tendencia es la respuesta de los trabajadores frente a dicha arbitrariedad o “cambio de rutina” para peor.

    En Argentina no existe un Estado de excepción; las relaciones de fuerzas no están para eso. Pero sí es un hecho que la excepcionalidad de la situación da lugar a cierta intervención arbitraria en diversos asuntos, sin olvidarnos de la presión desde la derecha reaccionaria.

    El Estado y la burocracia que lo administra, bajo el gobierno de Fernández, demuestran diariamente la incompetencia a la hora de garantizar cosas tan elementales como comida, agua potable, o salarios que permitan afrontar la pandemia en condiciones relativamente humanas (atención que aun con sus deficiencias, el mero hecho de la declaración de la cuarentena ha sido una conquista, y no una concesión graciosa del gobierno, como ya hemos señalado varias veces).

    Ponemos un ejemplo minúsculo de la situación: hoy se conoció el caso de varios contagiados en un parador estatal en la zona de Retiro donde se aloja gente en situación de calle. A continuación el gobierno decidió cerrar el parador. ¿A dónde van a parar quienes no tengan dónde dormir por las noches? Sin dudas la “arbitrariedad” en el manejo de los asuntos sociales tiene como sustrato la irracionalidad capitalista que pone por delante las ganancias a la satisfacción de las necesidades humanas.

    Otro elemento de arbitrariedad/irracionalidad es el que viene del gobierno respecto del pago de la deuda externa. En este punto persiste la unidad con la oposición patronal, el conjunto del empresariado y el FMI. Días atrás Fernández reafirmó que pagaría a como dé lugar: “nadie quiere caer en default. Tanto no queremos caer en default, que hacemos una oferta para no caer en default”… ¡Otro caso en que se había dicho previamente otra cosa y se hace otra!

    La fecha límite para lograr un acuerdo con los bonistas sería, en principio, el 22 de mayo. Para evitar el default el gobierno maneja distintas variantes que incluyen toda la capitalización de la quita de intereses: es decir, que lo que se reduzca de intereses de deuda (que es lo que vence en breve) se sume al capital prestado. No reducir prácticamente en nada la deuda (ni capital ni intereses) e incluso podría incrementarse, a cambio de empezar a pagar dentro de algunos años.

    Mientras negociaba con los bonistas la semana pasada, el gobierno pagó al FMI 352 millones sin chistar y a las escondidas; de espaldas a la sociedad que no fue informada en el momento del hecho. Unos 30 mil millones de pesos que bien podrían destinarse a las infinitas necesidades que abundan entre los trabajadores.

    Mirá también:  Video: Vivo de Manuela Castañeira sobre pandemia, capitalismo y lucha de clases

    La crisis de la economía y la amenaza de la pandemia requieren la inmediata ruptura con el FMI y el no pago de la deuda externa, sin lo cual el país estará sometido eternamente a priorizar las ganancias de un puñado de especuladores financieros internacionales a costa de los intereses de los trabajadores: privilegiar a los estafadores (los acreedores) sobre los estafados (el pueblo trabajador); a la propiedad privada de los especuladores sobre la “propiedad social” (que debería ser poner en condiciones la salud y educación pública, por ejemplo).

    Impulsemos la formación de comités de lucha

    Hemos comentado largamente que la orientación social- liberal del gobierno no acompañó la medida sanitarista con una política económica que garantizara una cuarentena sin que los trabajadores pasaran necesidades, obligando a un sector amplio de precarizados a salir en la búsqueda desesperada de changas y trabajos precarizados.

    A esto se ha sumado la obligación de los trabajadores “en blanco” de volver a trabajar tras la habilitación del gobierno para volver a producir. Pero con una novedad: la reapertura de amplias ramas de la economía viene acompañada por la ofensiva patronal de pulverizar no sólo los salarios, sino también las condiciones laborales de los trabajadores “en blanco”.

    Este ataque tuvo como prólogo el acuerdo artero de la CGT y la UIA con aval del gobierno para la rebaja de los salarios de los trabajadores suspendidos. Pero la disputa se recrudece. Muchas empresas se niegan a pagar siquiera el 75% de los salarios (caso FATE, del multimillonario Madanes) a los suspendidos. Otras despiden a pesar de la “prohibición” decretada por el gobierno, demostrando que donde no hay organización para ejercer una relación de fuerzas favorables a los trabajadores, la posición de las patronales con la connivencia de la burocracia sindical se impone.

    Y por otra parte, aparece como novedad acuerdos arbitrarios entre empresas como el caso Unilever y General Motors, que habilitan la figura de “pluriempleo” y grafican la “improvisación si ley” de la que hablamos más arriba. Un paso más hacia la flexibilización laboral por lo que un mismo trabajador podrá ser explotado por más de un empleador. Un salto en calidad de la polivalencia funcional, por la que un trabajador es “usado” para hacer varias tareas dentro de una misma empresa, pero que ahora cumplirá tareas diversas en una empresa distinta, incluso de otra rama de la industria.

    Al momento no se conoce qué implicancia tendría respecto de los convenios colectivos de trabajo, respecto de los derechos laborales y sindicales, ni de la modalidad de contratación, pero sin lugar a dudas es un ataque a los derechos adquiridos por los trabajadores y las condiciones laborales.

    Pero como dijimos, el ataque del gobierno y las patronales, sumado a la complicidad de la burocracia, comienza a abrir paso a las más diversas expresiones de resistencia y lucha dando lugar a un tercer actor, fuera del gobierno y la oposición patronal: las y los trabajadores.

    Los trabajadores y trabajadoras de la Salud, los jóvenes precarizados de las cadenas de comidas rápidas y distribución como Rapi y otras empresas, un sector solidario de la docencia, conflictos sindicales por intento de despidos o pulverización salarial, todo un amplio sector solidario que quiere tomar tareas en sus manos, etcétera.

    A este sector y sus luchas debe apostar la izquierda para incidir en el curso de los acontecimientos en la puja por darle forma al “mundo que viene”; para avanzar en la organización independiente de todo un sector de trabajadores dejados a su suerte por la burocracia o, incluso, por la ceguera sindicalista de muchos sectores de la misma izquierda.

    Y debemos a estos efectos levantar un programa que insista en el pago al 100% de las suspensiones, que rechace que el gobierno dé por finalizada la prohibición por despidos, que multiplique las presiones para que se triplique el presupuesto de salud, que concrete un verdadero impuesto a los grandes capitalistas y que, además, rechace no solamente el pago de la deuda sino el intento vergonzoso de legitimarlo entre sectores de la vanguardia amplia, como esa declaración de sectores del movimiento de mujeres que se manifestaron por el apoyo al gobierno en esta capitulación vergonzosa ante los especuladores.

    Debemos apelar a la creatividad y pegarnos a las luchas que surjan. Impulsando comités entre los trabajadores precarizados o aquellos cuyas direcciones sindicales burocráticas los dejan sin respuestas, participando de aquellas luchas donde la vanguardia tiene influencia a través de agrupaciones e incluso dirigiendo comisiones internas o sindicatos, y seguir apostando a construir la solidaridad y la ayuda mutua desde abajo. Esa misma solidaridad que mañana nos pondrá como referencia entre los trabajadores cuando surjan conflictos en los hospitales, fábricas, empresas de servicios tercerizadas, escuelas, universidades y un sinnúmero de otros lugares.

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