Cuando las sorpresas empiezan a ser buenas

Cacerolazos pos batalla del Congreso

Aunque la inmensa movilización de cientos de miles de trabajadores contra la reforma previsional había puesto en evidente crisis al gobierno, mientras volvíamos contando los contusos y los presos nos preguntábamos cuánto iba a durar: la campaña del periodismo lameculos contra “los violentos” se ponía al rojo vivo, el gobierno amenazaba con allanamientos a la izquierda… ¿cómo procesarían esta batalla los que no habían estado allí?

Al rato empezaron a llegar las noticias de que la gente se estaba juntando en barrios de Capital, en muchos puntos del conurbano y en varias ciudades del interior. Y en Capital empezaban a marchar hacia el Congreso.

Mientras televisaban la sesión parlamentaria y se iban multiplicando los cacerolazos, no faltó algún salame con micrófono que dijo que eran a favor de Macri. Pero sus deseos no se cumplieron: en todos lados la gente (que en su mayoría no había estado en la marcha y eran sobre todo de clase media) cantaba contra el gobierno y contra la represión.

También aparecieron en las redes mensajes que pretendían diferenciar a los manifestantes civilizados del turno vespertino de los violentos de la matiné, pero la verdad es que ninguno de los compañeros, amigos ni conocidos que estuvieron en los cacerolazos vio ni escuchó allí ninguna condena a los que nos habíamos movilizado más temprano. “Unidad de los trabajadores…” y “Si pasa la reforma qué quilombo se va a armar” era lo que se cantaba. Y en la movilización a la quinta de Olivos, unas cinco mil personas cantaban… ¡huelga general!

Los mensajes del estilo “nos manifestamos en paz y tranquilos” en general no fueron más allá de las redes. Lo cual es otra buena noticia, porque después de la represión terrible de la tarde, de la cantidad de presos y heridos, de las amenazas insólitas del gobierno de ilegalizar a los partidos de izquierda, etc., si la clase media salía a despegarse de los presos, heridos y amenazados, otro hubiera sido el cantar. Así que fue un gusto ver como esa maniobra virtual quedaba silenciada por la clamorosa solidaridad de los cacerolazos. Al día siguiente, el “Gordo Mortero” ya tenía un videojuego en su honor y la reivindicación de los pacíficos de la noche versus los violentos de la tarde fue quedando cada vez más en manos de la televisión sobamedias y de los macristas desesperados por justificar algo en medio de su crisis.

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Ver a la clase media movilizada contra el gobierno fue otro de los acordes de esa jornada que nos hizo recordar la música del Argentinazo. No llegó el día del helicóptero todavía, pero lo que sí llegó esa noche es la evidencia de que el gobierno perdía el apoyo de un sector social que lo había votado, y que a todo el mundo le empieza a caer la ficha de las verdaderas y siniestras intenciones del gobierno de Macri.

Patricia López

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