Cuando el fraude es ley | La Justicia impugna la candidatura de Lula

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Editor en Jefe del portal IzquierdaWeb - Noticias de los trabajadores, las mujeres y la juventud.

Por Federico Dertaube

El Tribunal Superior Electoral del país vecino decidió finalmente, por seis votos contra uno, no permitir que Lula sea el candidato presidencial del PT. Se trata en muchos sentidos de darle status legal al fraude electoral: el candidato petista tenía una intención de voto de casi el 40% contra menos de un 20% de quien corría segundo, el fascistoide ex militar Bolsonaro.

 

El bombardeo mediático en torno a la supuesta justicia de esta evolución del régimen brasilero, que se trataría nada más que de una pelea contra la corrupción, es simplemente poco creíble. Prácticamente ningún candidato está limpio, ni Temer lo está, ni los pretendientes a su sillón lo están. Lula no ha sido el único manchado por el escándalo de corrupción del Lava Jato, pero sí ha sido el único al que se le ha prohibido ejercer sus “derechos políticos”. La parcialidad de la pseudo-justicia debería ser un llamado de atención para los “izquierdistas” que defienden el giro reaccionario de la democracia capitalista brasilera embanderándose en la crítica a la corrupción. Hay algo más detrás de todo esto.

No tenemos ni queremos tener nada que ver con Lula. Lo que nos separa de él y lo que fue su gobierno es mucho más que un matiz. El suyo fue un gobierno capitalista bastante “normal” en muchos sentidos, no tocó ni quiso tocar las bases sociales del capitalismo brasilero, dejando el poder real en manos de quienes siempre estuvo. Las consecuencias están a la vista y hoy Lula es víctima de su propia orientación conciliadora, devenida en lisa y llanamente capitalista. De hecho, la organización política de la que participan nuestros compañeros de Brasil como tendencia, el PSOL, surge como ruptura por izquierda con el PT luego de que éste aprobara una reforma previsional reaccionaria en su primer mandato.

Pero entonces ¿Por qué el ensañamiento con Lula luego de haber prestado buenos servicios a quienes hoy lo juzgan y proscriben? Porque la prohibición de su candidatura no está tanto dirigida contra él sino contra los derechos políticos de su base social. Esto es lo fundamental y para defender los derechos políticos de los millones de trabajadores brasileros que lo tienen por referente es que defendemos que sea candidato.

A diferencia de otras organizaciones políticas, el PT no surgió orgánicamente del riñón del Estado. Su origen se remonta a los 80’, cuando de las luchas obreras surge una organización reformista que nuclea políticamente a los sindicatos, el Partido dos Trabalhadores, con Lula, un obrero metalúrgico, como referente. Su política de conciliación de clases hace del partido uno de funcionarios capitalistas, como ha sucedido siempre con el reformismo. Pero su base social es una de trabajadores que ideológicamente no defienden los ajustes (aunque haya defendido a un gobierno que ajustó), que presiona contra las reformas de Temer, etc. Y ven (equivocadamente) a Lula como la salida a la actual situación de crisis y ajuste. La base misma de la existencia del PT como tal es esa base social, a la que debe responder al menos parcialmente si no quiere perder la razón misma de su existencia.

Pues bien, para la democracia capitalista del país vecino se terminaron los momentos de las concesiones, incluso de las más mínimas. Es momento de ajuste y no pueden tolerar a nadie que tenga por base social al pueblo trabajador, aunque se trate de funcionarios que fueron en muchos sentidos lisa y llanamente “neoliberales”. Y para poder aplicarlo en regla quieren sacarse de encima la molestia de tener que responder a millones de trabajadores que están en contra. Pero con esto queda al desnudo la democracia como democracia capitalista, como democracia de los ricos, pues no deja que se salga de los márgenes de lo que la clase social verdaderamente gobernante crea conveniente. En Brasil se avasallan de esta forma las conquistas democráticas de las masas en el marco del régimen político capitalista. Las instituciones adquieren así rasgos “bonapartistas” al tratar de imponer gobernantes no electos por nadie que se ponen por encima de la sociedad para dominarla. De las elecciones de Octubre tiene que salir un nuevo Temer, un presidente de la “democracia” no electo democráticamente sino, de hecho, impuesto desde arriba.

Hay que defender que Lula sea candidato para que los trabajadores puedan darse una nueva organización propia, independiente, que supere el limitado capitalismo “reformista” del PT. Algunos “izquierdistas” parecen creer que los tribunales del Estado son una buena herramienta para construir una nueva alternativa de los trabajadores.  En realidad, nadie podrá hacer su experiencia política hasta el final si no puede ejercer sus derechos políticos consecuentemente.

Lula y el PT se han llevado a sí mismos a su actual atolladero por su obsecuencia con el régimen político del que son parte. Evitaron a toda costa que su base social se movilice contra la prisión a Lula y se metieron en el laberinto del juego interminable de la “legalidad”, con resoluciones judiciales y apelaciones hasta el infinito. El PT y la central sindical que dirigen (la CUT) deberían convocar inmediatamente a huelga general y movilizaciones para defender los derechos políticos de millones de trabajadores, su derecho a votar por quien quieran. Tienen el poder para hacerlo.

Un nuevo gobierno del PT, en un contexto de ajuste, se desacreditaría rápidamente. ¡Que los trabajadores lo voten y así hagan su experiencia! Mientras tanto, es nuestro deber construir una superación anticapitalista, que termine con la orientación de conciliación de clases del petismo. Con las candidaturas de Boulos y Guajajara, el PSOL puede empezar a hacerlo. Depende de que tenga una consecuente política de defensa de los derechos políticos de los trabajadores pero a la vez que se delimite claramente con el PT y su camino sin salida (o más bien, de salida capitalista “temerista”). Hay que plantear claramente la necesidad de una huelga general que combata la proscripción a Lula y, fundamentalmente, las reformas reaccionarias de Temer. Esa es la responsabilidad de las candidaturas del PSOL.

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