Publicado por primera vez en Socialismo o Barbarie (revista) Nº 17/18, noviembre 2004


 

“Las revoluciones burguesas como la del siglo XVIII avanzan arrolladoramente de éxito en éxito, sus efectos dramáticos se atropellan, los hombres y las cosas parecen iluminados por fuegos de artificio, el éxtasis es el espíritu de cada día; pero estas revoluciones son de corta vida, llegan enseguida a su apogeo y una larga depresión se apodera de la sociedad, antes de haber aprendido a asimilarse serenamente los resultados de su periodo impetuoso y agresivo. En cambio, las revoluciones proletarias como las del siglo XIX se critican constantemente a si mismas, se interrumpen continuamente en su propia marcha, vuelven sobre lo que parecía terminado para comenzar de nuevo desde el principio, se burlan concienzuda y cruelmente de las indecisiones, de los lados flojos y de la mezquindad de sus primeros intentos, parece que sólo derriban a su adversario para que éste saque de la tierra nuevas fuerzas y vuelva a levantarse más gigantesco frente a ellas, retroceden constantemente aterradas ante la vaga enormidad de sus propios fines, hasta que se crea una situación que no permite volverse atrás y las circunstancias mismas gritan: ¡Aquí está Rodas, salta aquí”. [2]

El lanzamiento del marxismo revolucionario de cara al siglo XXI debe, necesariamente, pasar en limpio de manera crítica el recorrido anterior de la lucha del proletariado. [3] Por lo tanto, estas notas buscan aportar elementos de balance y de contexto para contribuir a poner en marcha esta empresa, a partir de las lecciones surgidas de la experiencia de la lucha de clases del siglo XX.

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Buscamos trazar una cartografía de los problemas y posiciones centrales que jalonaron al marxismo revolucionario, principalmente en la segunda mitad del siglo pasado, como asimismo establecer elementos de delimitación respecto de esa rica experiencia, cruzada por expresiones y desvíos tanto crudamente oportunistas como sectarios.

Esto lo haremos polemizando con las distintas visiones e interpretaciones de las principales corrientes del movimiento trotskista del periodo, centrando, sobre todo, en los aspectos de balance y lecciones teóricas y estratégicas, y no tanto de su actuación política en sentido estricto.

Esta tarea, nada sencilla, por lo general, se acomete de manera puramente historicista y perdiendo de vista el único ángulo metodológico correcto: el que señalaba Marx cuando decía que, en definitiva “la clave de la anatomía del mono la daba el hombre”. O, como dice el gran historiador Immanuel Wallerstein, “sólo se puede narrar el pasado como es, no como era. Ya que el rememorar el pasado es un acto social del presente hecho por hombres del presente y que afecta al sistema social del presente. La ‘verdad‘ cambia porque la sociedad cambia. En un momento dado nada es sucesivo, todo es contemporáneo, incluso aquello que ya es pasado”. [4]

En estas condiciones, el marxismo revolucionario implica a cada paso una particular combinación de elementos clásicos y renovadores, pero a la hora del balance nunca se puede perder de vista que es un hecho material, como también señalaba Marx, que “los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y trasmiten el pasado. La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos”. El peso de este factor hace más arduo el balance de la experiencia pasada.

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En suma, lo que está en juego en este debate y a lo que queremos aportar es la propia Teoría de la Revolución de cara al siglo XXI, dando cuenta de la dinámica de clases de las revoluciones en la segunda posguerra y de los Estados a los que dieron lugar.

1. La tradición socialista revolucionaria

2. Las revoluciones de la segunda posguerra: ni obreras ni socialistas

3. La burocracia: ¿capa o clase?

 

 

Notas:

[1].- Advertimos al lector que este artículo y el siguiente (“La segunda posguerra y el movimiento trotskista”) son orgánicamente un solo trabajo, que ha sido dividido sólo para comodidad del lector.

[2].- Karl Marx, El 18 Brumario de Luis Bonaparte, Buenos Aires, Polémica, 1975.

[3].- Concebimos este artículo como un aporte al balance teórico-programático del marxismo revolucionario, y aclaramos que en modo alguno lo concebimos como un impedimento para la constitución de Socialismo o Barbarie con componentes provenientes de tradiciones diferentes a las nuestras.

[4].- Immanuel Wallerstein, El moderno sistema mundial, vol. 1, México, Siglo XXI, 1989, p. 15.

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