El gobierno y Fernández han respondido con un cruce de acusaciones. El macrismo responsabiliza al ganador de las pasadas elecciones por haber sido muy “duro” con el FMI mientras el gobierno que todavía no es afirma que la reunión con el Fondo fue “buenísima”. Sin embargo, el detonante de estos días fueron las declaraciones de Alberto Fernández críticas con el FMI, diciendo que rompieron el acuerdo que ellos mismos firmaron. Esto es cierto: se supone que los dólares girados por el Fondo no se podían utilizar para la subasta que frene las corridas. Y sin embargo, eso es lo que viene haciendo el macrismo hace ya más de un año.

“La realidad es que el acuerdo con el Fondo está caído; el plan económico de déficit cero ha fracasado. Por lo demás, el año que viene vencen 24.000 millones de dólares y en el 2021 todavía más: 32.000 millones de dólares.

Esto quiere decir que en los próximos dos años vencerían algo en torno a unos 55.000 millones de dólares y el Fondo, el último prestamista que le queda al país, no sólo no giraría más fondos sino que habría que comenzar a pagarle…

Esta es la explicación de la corrida contra el peso y el derrumbe de las acciones y títulos: el país está al borde del default. Y el plan económico de ajuste brutal que se había acordado con Macri para evitarlo, quedó sepultado por los resultados electorales.

Esto es lo que instala escenarios alternativos, unos más delicados que los otros. Primero, que el Fondo se niegue a girar los últimos 5400 millones de dólares (¿para qué si el plan está caído?).

Segundo y tercero, que se logre una renegociación de los pagos y/o que se vaya a una reestructuración general de la deuda con quita, como ocurrió a comienzos de los años 2000.

Que este escenario no es descabellado surge directamente de hacer los números gruesos que muestran un país sin crédito externo y una balanza comercial, que si este año se ha transformado en superavitaria, el superávit es demasiado exiguo para afrontar los pagos necesarios.

Y esto sin referirnos al deterioro del escenario económico internacional, que adelanta una recesión para el año que viene o, más tardar, el 2021. Es este escenario el que tiene enfrentados a Trump con el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powel, al que acusa de haber tardado demasiado en bajar las tasas de interés y haberlo hecho de manera demasiado limitada.

La guerra creciente comercial entre Estados Unidos y China, sumada a las tensiones geopolíticas crecientes, la cuestión latente del Brexit, etcétera, no parecen augurar buenas perspectivas para la economía mundial, y esto constituye una presión suplementaria sobre la dificultad argentina de conseguir divisas para sumir sus obligaciones.

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Macri, Fernández, las direcciones sindicales tradicionales y los movimientos sociales pueden hacer todo lo que esté a su alcance para intentar garantizar la gobernabilidad. Pero si la economía mundial y/o el FMI patean el tablero, la precaria estabilización de estos días puede saltar por los aires en el primer suspiro.” (Cara a cara con el FMI, Editorial, José Luis Rojo))

Como ya hemos dicho hasta el hartazgo, la crisis argentina tiene por base las debilidades estructurales de su economía. No hay forma de generar nuevas divisas con las que pagar las obligaciones de pago con una recesión que nadie espera vaya a desacelerarse (se espera para este año una caída en la actividad de un 2%) y una inflación que no para (en agosto rondó el 4%). No hay tampoco ingresos por la vía de inversiones reales en la producción ni con algún crecimiento sensible de las exportaciones. Lo que en la ley del presupuesto del año pasado el gobierno llamaba “inversiones” era deuda, la misma que es hoy impagable.

El juego de manos que quiso hacer el gobierno pasando de las Lebac a las Leliq fue básicamente pasar de un problemático e inestable tipo de deuda a otro problemático e inestable tipo de deuda. Nada cambió: los especuladores vienen, compran pesos baratos, con ellos compran Leliq, se llevan la internacionalmente altísima tasa de interés del 70% y, ante la menor duda, las venden y se llevan los dólares (muchos más que los que trajeron). La política financiera del macrismo consiste en comprar una estabilidad que nunca llega regalándole dinero del Estado a los especuladores que siempre que pueden se van. Y cuando se van, venden sus pesos en masa y su cotización se derrumba. La respuesta del gobierno a esto es siempre básicamente la misma: subir la tasa de interés o vender dólares baratos. Es decir, regalar más dinero.

Sin embargo, Alberto Fernández no puso en duda jamás que hay que pagar el fraude del FMI y los especuladores. Pero la incertidumbre respecto a la evolución del acuerdo con el fondo y el giro próximo de 5 mil millones de dólares hizo correr en la bolsa la incertidumbre sobre el pago de futuras obligaciones del Estado y arrastró a la crisis de los últimos días.

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Con el dólar se dispararon el riesgo país (que alcanzó el récord de más de 2100 puntos) y las acciones argentinas en Wall Street cayeron un promedio del 2,6%. La caída más pronunciada fue la de Edenor, que llegó a casi el 5%.

El macrismo, en su desesperación, recurre a medidas que van contra todo su programa de gobierno. Luego de haber eliminado la obligación de la liquidación de divisas de los exportadores de soja, ahora toma medidas administrativas que los obliguen a hacer entrar algunos dólares. Como siempre, los sojeros son poco patrióticos y están a la espera de que siga evolucionando la devaluación para liquidar, esperan así embolsarse un dólar mucho más alto. Los exportadores agropecuarios han liquidado hasta hoy casi 13 mil millones de dólares, una cifra más baja que la del año pasado, marcado por una sequía histórica. La resolución del Banco Central del día de hoy le pone un límite a los préstamos en pesos que pueden adquirir los exportadores, tratando así de obligarlos a recurrir a los fondos de la última cosecha y liquiden sus dólares. Macri busca con esto aliviar la presión sobre el peso pero ya los propios sojeros dijeron que la medida les pesará poco o nada y no tendrá resultado significativo alguno.

Macri y Pichetto dedican sus días a culpar a Alberto Fernández. Éste hace todo lo que está al alcance de sus manos para preservar los fondos de su gobierno, que no se usen para contener el dólar, defendiendo a su vez que no se tome ninguna medida de control de cambios. Ninguno de ellos quiere ni siquiera paliar el durísimo golpe que significa esto para las mayorías del pueblo trabajador.

En un gris político entre un gobierno que ya no gobierna y uno que todavía no, la crisis parece no encontrar techo y los grandes capitalistas se llevan los dólares a costas más seguras. Los que no se pueden ir con sus bolsillos a las Islas Caimán, Suiza o Panamá, son sujetos a observar como destruyen su futuro gracias a la traición descarada de la CGT, que sigue los acontecimientos desde la comodidad de sus lujosas oficinas.

Como salida a la crisis, Manuela Castañeira planteó: “El FMI chantajea al país con la deuda impagable contraída por Macri. Hay que romper con el Fondo antes de que destruya Argentina como lo hizo con Grecia. No al pago de la deuda, hay que estatizar la banca y el comercio exterior e imponer un férreo control de cambios para los grandes capitales.”

 

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