Pobreza y pandemia

Coronavirus y pobreza en la Ciudad de Buenos Aires

La situación de aquellos y aquellas que viven en las villas de la Ciudad es realmente de riesgo. El dictado de la cuarentena obligatoria en esos barrios fue una formalidad, las condiciones de hacinamiento general en las que se vive hacen imposible pensar en aislamiento o distancia social.

Marina Hidalgo Robles
Trabajadora social. Referente del Nuevo MAS y Las Rojas en CABA.


El martes pasado el Ministerio de Salud de la Ciudad de Buenos Aires, informó que para mediados de Mayo se espera un pico que alcance los 3mil infectados diarios por Covid-19. Rápidamente, el mismísimo ministro Fernán Quirós salió a desmentir, aclarando que la cifra mencionada equivalía al total de camas ocupadas a la vez durante el pico de contagios.
Sin embargo, estos números prendieron la alarma sobre las posibilidades del Gobierno de la Ciudad de dar respuesta a la propagación del virus, poniendo especial atención en los sectores más vulnerables; personas en situación de calle y quienes viven en las villas de la Ciudad.

 

Contagiarse en una villa

La situación de aquellos y aquellas que viven en las villas de la Ciudad, es realmente de riesgo. El dictado de la cuarentena obligatoria en esos barrios fue una formalidad, las condiciones de hacinamiento general en las que se vive hacen imposible pensar en aislamiento o distancia social.

Ya se conocieron dos casos en la Villa 31 de infecciones confirmadas. Hasta el momento se sabe que ya han sido hospitalizadas, pero nada se dice de las personas que tuvieron contacto estrecho con ellas. Una contó al portal de La Garganta Poderosa que vive en una pieza de 3 metros cuadrados con su padre y madre diabética, de 85 y 84 años. Es que si tuvieran que aislar a quienes compartieron alguna cercanía, eso le implicaría al gobierno tener que disponer de una cantidad de camas que no está dispuesto a pagar.

Porque el tema de la urbanización de las villas ni está en agenda, claro…

Y si las condiciones de vida hacen muy difícil que la cuarentena pueda ser aplicada con éxito, el hambre que recorre los barrios es el mayor peligro.

Es que la mayoría de la población que reside en las villas de la Capital no tiene trabajo formal, los ingresos son de las changas diarias. Y ese ingreso que se vio interrumpido por la cuarentena, no puede ni de lejos ser reemplazado por el subsidio miserable de los 10 mil pesos, que por las condiciones super restrictivas ya rechazó a más de 4.200.000 solicitantes!

Las filas de los comedores barriales se duplicaron y hasta triplicaron desde el inicio de la cuarentena, aunque no así las partidas presupuestarias destinadas para esto. La comida no alcanza, las filas se engrosan, pero ni desde el Gobierno de la Ciudad, ni desde el Gobierno Nacional hay una medida que realmente ayude a paliar este momento, como por ejemplo una renta que sea universal de 40 mil pesos.

Las condiciones de vida en los barrios, villas y paradores, son una bomba de tiempo; el ingreso del virus puede detonar en cualquier momento si no se toman las medidas sanitarias y económicas necesarias ahora mismo.

 

Hacer la cuarentena sin casa

Para entender un poco el panorama de vivir en situación de calle, es importante conocer algunas cifras.

En la Ciudad de Buenos Aires, viven aproximadamente 7 mil personas en la calle, según los datos arrojados en los censos realizados por organizaciones sociales (el GCBA sólo informó 1500). Esto incluye niños y niñas, adultos/as mayores, grupos familiares enteros, ranchadas de adolescentes. En común tienen la falta de acceso a una vivienda digna.

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Con la aparición de los primeros casos registrados en la CABA, el gobierno de Larreta dispuso una medida de prevención brillante: a través del Programa “Buenos Aires Presente (BAP)” que trabaja con esa población, ¡repartió cuadraditos de jabón blanco a cada persona! No les dio ni para entregar un jabón entero… pero lo cínico de esto es que esa gente no cuenta ni con una canilla de agua para poder higienizarse. Por supuesto, ni hablar de entregar alcohol en gel, que resulta de mucho más fácil uso, aunque claro, es más costoso (y no se puede repartir en cuadraditos).

Rápidamente el equipo de Larreta, Quirós y la ministra de Desarrollo Humano y Hábitat (así se llama el Ministerio de Desarrollo Social en CABA) María Migliore, anunciaron la ampliación de las vacantes para los paradores en la Ciudad. Esta información no sólo fue desmentida por los propios trabajadores y trabajadoras del BAP, sino que además los números declarados resultan claramente insuficientes.

En un primer momento anunciaron que se pondrían a disposición 3 polideportivos para utilizar como paradores. Lo primero que hay que aclarar es que de esos 3 espacios, 2 se usan todos los años en el invierno, en el marco del Operativo Frío. Es decir, sólo se sumó una institución a los habituales de todos los años.

Y aún con el último anuncio de 3 semanas atrás, de la incorporación de 780 camas, ¡sólo se estarían cubriendo menos de 3 mil camas en total! Hago una pequeña aclaración, de todas esas camas, la mayoría ya se encontraban ocupadas antes de la epidemia. Es decir, con más de 7 mil personas en la calle, sólo se agregaron 780 camas. ¿Insuficiente? Más bien parece una cargada.

 

La alternativa de Larreta: más hacinamiento

Saliendo de los números, y pasando a la calidad. El año pasado, en el mes de Julio, denunciamos por este mismo medio la situación de las personas en situación de calle, a raíz de la muerte por hipotermia de Sergio Zacarías. Ya decíamos que las condiciones mismas en los paradores son inauditas, degradantes: tienen un horario reducido sólo para pasar la noche, separan a los grupos familiares, no se permite el ingreso de las pertenencias (lo que les obliga a optar entre una cama, o mantener sus cosas), no hay espacios de privacidad, y es bastante engorroso conseguir la vacante.

Resulta que nada de esto cambió. En plena pandemia, donde el aislamiento y la distancia social son las 2 medidas más militadas por el gobierno (porque al parecer los tests masivos y los hospitales con camas de terapia intensiva suficientes, son demasiados caros), ninguno de estos paradores garantiza el espacio suficiente.

Y no es difícil de comprobar: en las propias fotos publicadas en la página del GCBA se ven cuchetas (¡sí, camas apiladas!) con no más de un metro de distancia entre sí. Las mesas de los comederos tienen las mismas condiciones.

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Algo similar ocurre en los dispositivos para niños, niñas y adolescentes. Las vacantes están todas cubiertas, incluso ya se niegan los ingresos. Si el problema del hacinamiento ya existía antes del Covid-19, nada de esto se resolvió.

Los propios trabajadores y trabajadoras de estos dispositivos lo denuncian, agregando también que no hay personal suficiente, debido a las licencias de los grupos de riesgo, (frente a lo que el Gobierno de la Ciudad decretó que no haría ninguna incorporación a la planta).

Si este panorama es riesgoso, la ausencia de protocolos de atención es el fósforo que prende la mecha. Ya hubo varias sospechas de casos de Covid-19, frente a las cuales los y las trabajadoras tuvieron que dar respuesta sin ningún tipo de respaldo de la gestión. ¿Dónde se aíslan las personas infectadas? ¿Qué ocurre con el personal que mantuvo contacto? ¿Cómo se desinfectan el establecimiento y los objetos usados? ¿Cómo se garantiza que el personal que ingresa a su turno no esté infectado?

Todas preguntas que deberían tener respuestas ante una sospecha, ni qué hablar de una confirmación. Y que sin embargo, hasta ahora, ha sido la propia organización de los y las trabajadoras la que generó las formas de resolver estas urgencias.

 

Que la cuarentena no se rompa por hambre

Lo cierto es que la cuarentena puso de relieve y profundizó las condiciones miserables en las que vive gran parte de la población. Se estima que sólo en la Ciudad de Buenos Aires hay 140.000 viviendas ociosas, según los datos del propio gobierno. Puerto Madero está lleno de hoteles de lujo que facturan de a cientos de miles de pesos. Todos esos lugares deberían estar a disposición para que no haya nadie que no pueda cumplir el aislamiento por no tener una casa. Los empresarios presionan al gobierno para levantar definitivamente la cuarentena, (aún a costa de la vida de los y las trabajadoras). Y el hambre presiona a los trabajadores y trabajadoras de los sectores populares para salir a conseguir algún ingreso para poder comer.

Ni el Gobierno Nacional ni el Gobierno de la Ciudad están tomando medidas en serio para los y las de abajo. Por todo esto es que proponemos un programa para que las consecuencias de la necesaria cuarentena no caiga sobre la vida de las y los que menos tienen:

No a la flexibilización de la cuarentena por presión de las ganancias (que no son esenciales) de los patrones. Hace falta una renta universal de 40 mil pesos por grupo familiar, sin exclusión de otros subsidios existentes. Que las viviendas y hoteles ociosos se destinen a albergar a quienes no tienen viviendas donde realizar la cuarentena. Que se apliquen tests masivos en los barrios, para determinar las necesidades de aislamiento.

Ni un peso para negociar con el FMI, que el presupuesto se destine a Salud y a los y las que más lo necesitan.

 

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