Córdoba y Buenos Aires | Dos fusilamientos policiales en una semana

Rodolfo Orellana y Marcos Jesús Soria son los nombres de las víctimas, ambos militantes de organizaciones sociales. Los dos fueron asesinados por la espalda, a sangre fría.

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Marcos Jesús Soria, asesinado por la espalda en Córdoba.

Por Juan Paulo Mara

Rodolfo Orellana y Marcos Jesús Soria son los nombres de las víctimas, ambos militantes de organizaciones sociales. Uno cayó en plena provincia de Buenos Aires, en La Matanza, el otro en Córdoba. Ambos cayeron bajo las balas de plomo del control y la represión policial. Ambos fueron asesinados a sangre fría, sin viso alguno de “enfrentamiento” o posibilidades de defensa de los asesinados. Ambos eran miembros de organizaciones sociales: gente que debía organizarse para lograr alcanzar el mínimo resguardo de tener un techo sobre su cabeza, poco importa de qué material, si chapa o no.

Rodolfo Orellana, asesinado en Villa Celina.

Rodolfo (Ronal) cayó durante una toma de terrenos, de esas que abundan (y como) en La Matanza por contener una inmensa concentración de personas que se han quedado sin trabajo estable, sin hogar, sin siquiera la garantía de comer al día siguiente. El ministro de “seguridad” de la provincia, Ritondo, intentó tímidamente instalar la hipótesis de que habría muerto en un “enfrentamiento entre vecinos”. Por supuesto, jamás quiso ni intentó dirigir una “investigación” en base a esa “hipótesis”. Lo lanzó irresponsablemente en una conferencia de prensa para que prenda en su base social derechista cual verdad auto-confirmada por el solo hecho de haber sido formulada. El intento fue menos exitoso que “hay un pueblo donde todos se parecen a Santiago” y nadie quiso insistir en él. La cosa estaba clara: la policía había asesinado a Ronal por la espalda estando él desarmado.

La saña con la que mataron a Orellana fue un producto legítimo de esa ideología policial que considera que todo aquel que no tiene hogar es un criminal, un demente peligroso que merece ser asesinado. No existe en ese universo la necesidad, la miseria que empuja a medidas desesperadas, un sistema social que excluye a amplias capas de la población de la riqueza que lo circunda; sólo existe el enemigo, el que busca hacer daño, el que nació con el bolsillo vacío y (por lo tanto) con el corazón podrido. El policía, puesto cotidianamente en el lugar de dueño y señor de esas personas, tiene ya la costumbre de tratarlos peor que como animales.

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En Córdoba, la policía mató el día mismo de la Marcha de la Gorra. Así lo cuentan en el comunicado de la organización de la que era parte el joven de 32 años asesinado, también por la espalda:

“En el día de la fecha, siendo las 6:48 horas, la Policía de la Provincia de Córdoba asesinó a Marcos Jesús Soria (32 años). El joven había sido previamente golpeado de manera brutal en un descampado, en posición de rodillas, por parte de dos uniformados. Al intentar escapar, Marcos se refugió brevemente en un corral de caballos. Al salir de allí, recibió un tiro por la espalda por parte de los mismos uniformados, señalados por lxs vecinxs de maltratar y torturar a les pibes del barrio.

El cuerpo fue retirado alrededor de las 10 horas de la mañana por parte de policía judicial. Es decir, en un sospechoso lapso de tres horas, tiempo suficiente como para modificar la escena del crimen.

Vecinxs de Angelelli II fueron testigos de todos los hechos, quienes fueron amenazadxs por los propios uniformados, incluyendo el jefe del operativo.

El fiscal interviniente es el Dr. Gustavo Dalma, del Distrito 1, Turno 5. Hasta el momento no hemos logrado ni siquiera acceder a los nombres de los agentes involucrados en el asesinato. Se trata de información pública, que la Unidad Judicial de Homicidio se niega a entregarnos.”

La doctrina Chocobar se trata precisamente de esto. Toda cosa que salga del “orden” de la comodidad de los ricos debe ser castigado, si es posible con plomo por la espalda. Todo el “crimen” es más o menos igual y merece pena de muerte sin juicio. Si se trata de mafias y narcotráfico, es más o menos lo mismo que gente que ocupa terrenos sin uso alguno para tener donde dormir. Digamos, de paso, que no se sabe de ningún “narco” asesinado por la espalda ni de frente. Las víctimas jamás son los grupos organizados que tienen por jefes a ricos y respetables millonarios. Quienes caen de frente por recibir un balazo en la espalda son siempre pobres, en general desarmados, y muchas veces sin más “crimen” sobre sus espaldas que intentar subsistir sin asaltar a nadie más que a un terreno desocupado. En el caso de Facundo Ferreira, en Tucumán, el crimen fue la sola ofensa de existir y atravesarse en el camino de delincuentes de uniforme.

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“Los inocentes son los culpables” dice su señoría, Patricia Bullrich.

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