Córdoba | La independencia política no se negocia

Polémica con el MST Córdoba

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Editor en Jefe del portal IzquierdaWeb - Noticias de los trabajadores, las mujeres y la juventud.


Por Eduardo Mulhall

El viernes 9/11 el MST realizó un acto en Córdoba en el cual su principal referente provincial hizo declaraciones escandalosas. Luciana Echeverría, una de sus principales figuras, llamó a conformar “un espacio donde esté toda la izquierda partidaria y no partidaria, a los movimientos sociales, a los movimientos independientes y a los miles y miles de kirchneristas que no encuentran espacio en las listas del PJ” (según consta en el minuto 6.11 del video que se puede ver en su facebook).

El día 10 de noviembre en La Voz del Interior Echeverría hizo declaraciones semejantes: “Es necesario construir un gran tercer polo unitario de toda la izquierda y los sectores del kirchnerismo que no acuerdan con la política de entrar al PJ, que en Córdoba significa ir en las listas con (Juan) Schiaretti, el mejor alumno de Macri”.

La posición es un escándalo y configura un nuevo retroceso del MST a posiciones que entregan la independencia de clase al mejor postor.

El desastre ocurre por partida doble. Por un lado, está el criterio histórico de la izquierda de que los trabajadores tienen que elevarse al plano político, no ir detrás de ningún sector patronal. Se entiende que esto es así por una razón muy básica: los distintos partidos políticos y / o “referentes” no son ángeles suspendidos en el cielo, sino representantes de alguna de las clases o fracciones de clases de la sociedad y de sus intereses.

Y por más poses “progresistas” o frases bondadosas que puedan hacer, la línea de demarcación de la política es clara: o se está por defender las reglas de juego del sistema, lo que impone la propiedad privada de los medios de producción para que el mismo funcione, o se está por abolir dicha propiedad privada para acabar con la explotación del trabajo. No hay medias tintas.

De esto se desprende toda una serie de consecuencias en materia de salario, empleo, deuda externa, fuerzas represivas, etcétera: en un caso defendiendo de una u otra forma el orden establecido, como hace Macri ahora pero hizo también el kirchnerismo a lo largo de 12 años de gestión donde no cambió nada de fondo de la estructura capitalista del país; o se está a favor de tomar medidas que vayan realmente contra el sistema.

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La participación política independiente de los trabajadores es clave para que estos puedan realmente, como clase, defender sus intereses. Y nadie podrá hacerlo sino sus legítimos representantes políticos, los que hablan desde el programa de los trabajadores como ha sido históricamente la izquierda en nuestro país.

Pero este problema general se ve agravado en las declaraciones de Echeverría cuando la misma llama a formar un “tercer polo”, que es justamente la política que viene levantando el kirchnerismo a nivel nacional: la formación de un “polo patriótico” con la excusa de derrotar a Macri (¡un raro “polo patriótico” para una fuerza que pagó 200,000 millones de dólares de deuda externa!).

El operativo del kirchnerismo contra la izquierda es muy claro: con la excusa de sacarlo a Macri, pretende avanzar sobre la independencia de la izquierda, avasallar lo que esta conquistó legítimamente en su actividad; incluso a partir del balance de cientos de miles de trabajadores, jóvenes y mujeres desengañados por los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, gobiernos que no dieron una sola respuesta de fondo a sus problemas.

El nuevo discursito ahora es que Macri sería como Bolsonaro, una figura de extrema derecha que se apresta a asumir la presidencia en el país hermano. Pero no solamente Macri no es Bolsonaro sino que, por lo demás, eso no es razón para vender la independencia de clase de los trabajadores: una cosa es la unidad en la acción (que la llevamos adelante hasta con “el diablo y su abuela”, como dijera Trotsky), y otra muy distinta es la independencia política: golpeamos juntos pero marchamos separados.

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Lo escandaloso del MST es que vuelve a variantes que han dado lugar a su bancarrota en el pasado, como el apoyo a Luis Juez en Córdoba, ex embajador en Ecuador por Cambiemos.

La posición de Echeverría, por lo demás, no tiene nada que ver tampoco con el programa que firmaron cuando conformamos Izquierda al Frente por el Socialismo, un programa de expresa independencia política de clase.

En realidad, sus declaraciones no nos sorprenden: todo el año expresó una renovada deriva derechista. Desde el 24 de marzo pasado polemizamos porque pretendían ir a un acto común con el kirchnerismo cuando este ya estaba metido de cabeza en el operativo de “Hay 2019”. Es decir: jugar todo el año a la gobernabilidad haciéndose los “opositores” pero dejando que Macri lleve adelante, en definitiva, su acuerdo con el FMI, su ajuste económico.

El MST vuelve a las andadas del pasado como su apoyo a la burguesía agraria en el 2008, a Luis Juez, o ahora su llamado a una “tercera lista” con el kirchnerismo (no nos olvidemos que Schiaretti forma parte del espacio con Massa, Pichetto y Urtubey, y que el kirchnerismo es la otra mitad del peronismo).

Hay que llamar a los cientos de miles y millones de votantes kirchneristas, muchos de los cuales simpatizan con la izquierda, a que nos acompañen en las elecciones. Pero para que este llamado tenga sentido, hay que hacerlo desde posiciones de estricta independencia política de la izquierda, no de la mano de dirigentes “papistas” como Grabois y otros representantes en la Argentina del Papa Francisco y aliados de Cristina Kirchner.

El camino del llamado de Echeverría es hacia una nueva bancarrota. Todavía están a tiempo de evitarla.

 

 

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