Reseña literaria

La última novela de Leonardo Padura: “Como polvo en el viento”

El conocidísimo escritor cubano acaba de publicar en simultáneo en América y España Como polvo en el viento, una extensa novela ambientada en diversos lugares y coyunturas históricas siendo un grupo de viejos amigos y amigas sus protagonistas principales. 

Guillermo Pessoa
Columnista de Izquierda web.


Como polvo en el viento Padura

“Hay que creerle siempre a la narración, no al narrador”

  1. H. Lawrence

Leonardo Padura es actualmente un fenómeno editorial y fílmico. Sus libros se venden de a miles, lo que hoy es todo un éxito y una rareza. En Netflix están versionadas bajo su supervisión, las cuatro primeras aventuras de su alter ego el policía Mario Conde (“Cuatro noches en La Habana”) . En estos días y en plena pandemia mundial acaba de aparecer su última novela Como polvo en el viento, eso sí,  sin la participación del ex agente del orden cubano.

Permítasenos una digresión. Luego de leer su novela en donde Trotsky y su asesino Ramón Mercader  (y otros alias) eran sus principales personajes El hombre que amaba a los perros, decíamos que más allá de la escueta y parcelada biografía del revolucionario ruso, lo que más nos había impactado del libro era la visión, el fresco de la sociedad cubana que la misma mostraba. Esa especie de comedia humana balzaquiana será una constante en su producción.

En este trabajo de 2020 la melancolía (que alguien definió por la negativa señalando “el paso del tiempo no es nostalgia, es melancolía”) lo recorre de principio al fin. El gran “sujeto” de la trama es el denominado Clan un grupo de amigos y amigas y algunos de sus hijxs. Precisemos los marcos espaciales y temporales:  todo comienza en 1990 en el cumpleaños número 30 de Clara una de sus integrantes al que asiste todo el grupo en La Habana y 2016 en donde la muerte de algunos y el exilio de casi todos va recorriendo ciudades de España y los Estados Unidos fundamentalmente.

Y la narración envolvente, por momentos cinematográfica de Padura, nos va anoticiando de los cambios en la isla tras la caída de la URSS, de la miseria creciente y la desesperanza traducida en los deseos de irse de los jóvenes y no tan jóvenes como lo harán  nuestros protagonistas. También se colarán en ese fresco económico social los avatares de Madrid, Barcelona, Buenos Aires y ciudades del sur estadounidense con sus lobbys de gusanos cubanos y trabajos precarios como expresión aceptada de normalidad. La globalización imperialista como etapa superior (decadente) del capitalismo adquiere en el relato una vívida descripción junto a sus juicios de valor inequívocos. Tanto en relación a las urbes de los países imperialistas como al estado burocrático cubano.

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Pero la sinopsis de Como polvo en el viento sería incompleta si sólo dijésemos eso (otra “marca en el orillo” del autor): en ella se dan cita también las historias personales que se entretejen y se bifurcan y que muestran miserias y grandezas de los que la protagonizan. “Como en la vida” según un latiguillo recurrentemente empleado por el escritor caribeño para definir su obra. Un Padura que pareciera expresar a través de esos mismos integrantes del Clan,  sus propios estados de ánimo, aquellos de un hombre que atraviesa el umbral de los sesenta años lo que parece empujarlo a realizar un necesario balance, que es también un balance de la Cuba revolucionaria que lo atrajo, como a la mayoría, a cierta certezas en una vida mejor para luego caer en un escepticismo visceral que raya la desesperanza.

Será en la mencionada Clara con quien el autor, creemos, logra la mayor empatía. Ella (como él) se resiste a dejar Cuba definitivamente y lo que es más importante (acá no sabemos si al igual que él pero como recomendaba Lawrence no le creamos siempre al narrador sino a lo narrado) ella lucha a brazo partido para no caer en un pesimismo derrotista que le quite la visión de todo horizonte futuro, individual y colectivo. Como decía Terry Eagleton, es de aquellos y aquellas que trasuntan todavía y pese a todo, la esperanza; ni optimistas ni pesimistas pues ambas son formas de un determinismo mecanicista.

Hacia el final de la novela cuando la misma Clara regresa a la isla con la urna que trae las cenizas de Bernardo, una de sus parejas más amadas y admiradas; leemos: Una parte de Bernardo será absorbida por la tierra de la isla y se fundiría para siempre con ella: y otra, como los ríos de la vida, iría a dar en el mar y recorrería el mundo. Hasta la victoria final.

Si recordamos lo dicho en una nota anterior refiriéndonos a Hegel 1 aquella admonición parece adquirir aquí todo su sentido. En el Clan, en Padura, en los compañeros y compañeros que están y aquellxs que ya no los tenemos se reproduce la savia de la lucha realmente humana para terminar con “ese mundo que necesita de ilusiones y en el cual el hombre no gira sobre su propio sol, sobre sí mismo” al decir del joven Marx.

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El arte puede servir a ese propósito y Como polvo en el viento lo logra en la mayoría de sus casi setecientas páginas. En medio de tanto discurso pos moderno, escéptico, en donde parece no haber certidumbres, no es poco seguir sosteniendo la esperanza.


1: Pessoa, G: Hegel nuestro contemporáneo. Izquierda Web, agosto 2020: El hombre nunca cosecha los frutos de su labor; éstos siempre recaen sobre las generaciones futuras. No obstante, las pasiones e intereses no sucumben; ellos son los objetivos que lo mantienen trabajando al servicio de un poder y un interés superiores. Lo que Hegel denominó “la astucia de la razón”. Marcuse, H: Razón y Revolución. Alianza Editorial, Madrid, 1973

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