Cómo no romperse la nuca en el salto hacia las masas

Izquierda Web2
Editor en Jefe del portal IzquierdaWeb - Noticias de los trabajadores, las mujeres y la juventud.


Problemas de construcción de las organizaciones revolucionarias – Por Roberto Sáenz

“La gran tarea estratégica es transformar el inmenso apoyo electoral obtenido en fuerza orgánica en el seno de la clase obrera como condición para transformarse, realmente, en una fuerza histórica en nuestro país. En ese proceso y sólo en él, obtendrá su ‘verdadera fisonomía revolucionaria’, lo que no se podrá lograr solamente sobre una base electoral, como pretende Altamira, si bien lo conseguido en este terreno sea un paso en ese camino”. (José Luís Rojo, “Después del millón de votos”, en el Boletín de polémica con el FIT)

 

Presentamos a continuación una versión editada de un capítulo de nuestro texto “Cuestiones de estrategia” de próxima aparición en la revista Socialismo o Barbarie nª28. Creemos que este artículo es de enorme actualidad en momentos en que se vive una aguda crisis en el FIT alrededor de los desafíos estratégicos que se le están colocando a la izquierda revolucionaria en nuestro país.

En este texto polemizaremos con las concepciones del PO, que está realizando un congreso partidario bajo la divisa de la “fusión de los socialistas con el movimiento obrero”. Idea en sí misma correcta, pero que es abordada de manera completamente unilateral: con un enfoque sólo electoralista, externo a las luchas cotidianas de los trabajadores, geográfico y territorial, en detrimento y polémica con los esfuerzos estructurales que se deben hacer para insertarse en los lugares de trabajo (y con el sostenimiento de una política no atada al calendario electoral).

Sostenemos en este artículo una tesis contraria a la del PO (así como al enfoque “apolítico” del PTS, que les está haciendo crisis en estos momentos en una dramática crisis en espiral): la perspectiva de un enfoque fuertemente estructural en materia constructiva, pero que no por ello devalué la importancia de la política revolucionaria[1].    

 

La necesidad de construcción orgánica de nuestros partidos

 

Nos preocupa plantear el problema de la traducción de los votos y cargos obtenidos en influencia orgánica, cuestión que ya hemos tocado en estas páginas y que el PO aborda de manera simplista.Nos viene a la memoria una reflexión de Trotsky a propósito de las relaciones entre el Partido Socialista y el Partido Comunista a comienzos de los años 20 en Francia. El peso militante del PS era relativamente pequeño; sin embargo, electoralmente, conservaba una gran fuerza y, además, expresaba determinadas correlaciones políticas, reflejando un núcleo de la clase obrera que no estaba radicalizado. La burocracia stalinista, al frente de la Tercera Internacional, tendía a afirmar que los socialistas no eran “nada” y que como el PC tenía muchos más militantes, alcanzar la mayoría de la clase obrera era algo que ocurriría inevitablemente. Trotsky opinaba lo contrario, poniendo sobre la mesa la complejidad de los problemas de la hegemonía política: “Si tenemos en cuenta que el Partido Comunista tiene 130.000 miembros mientras que los socialistas son 30.000, entonces es evidente el enorme éxito del comunismo en Francia. Pero si ponemos en relación estas cifras con la fuerza numérica de la clase obrera en sí, la existencia de sindicatos reformistas y tendencias anticomunistas en los sindicatos revolucionarios, entonces la cuestión de la hegemonía del Partido Comunista en el movimiento obrero se nos representa como una cuestión compleja que está lejos de ser resuelta por nuestra preponderancia numérica sobre los disidentes (socialistas)” (León Trotsky, “Introducción a Cinco años de la Internacional Comunista”).

En síntesis: las correlaciones entre peso electoral, peso orgánico y cantidad de militantes son complejas, y sometidas a todo tipo de desigualdades que no admiten una lectura mecánica.

Pero junto con la cuestión de la hegemonía se plantea el problema de la construcción de nuestros partidos. Los problemas de su construcción orgánica, estructural, así como su relación con el factor de “extensión”, territorial, que viene más bien de la lógica de la actividad electoral. Es decir: a qué presiones político-sociales se somete principalmente el partido: si a las “orgánicas-laborales” o a las “territoriales-populares” que son de naturaleza muy distinta.

Desde ya que cualquier partido que pretende alcanzar una influencia entre más amplios sectores es inevitable que tenga un desarrollo e inserción territorial creciente. Pero esto debe tener un determinado balance: el centro debe estar en la construcción orgánica en los lugares de trabajo, para arrastrar desde allí el elemento barrial. Esto no es un dogma doctrinario: es un análisis materialista de a qué presiones político-sociales pretendemos someter al partido.

Existe aquí una clásica correlación: el peso territorial “excesivo” se sigue de una orientación puramente electoral. Las elecciones desarrollan sus propias necesidades. La participación electoral tiene sus propias leyes; no se puede participar en las elecciones sin hacer campaña electoral, so pena de infantilismo pequeño-burgués. Pero otra cosa es ordenar toda la actividad del partido e incluso su estructura internaalrededor de aquello que más rinde en materia electoral, el territorio. Este atajo es un camino al desastre que ya fue recorrido por otras formaciones del trotskismo; un cáncer que vive en estos momentos, por ejemplo, el NPA francés.

Mirá también:  (Editorial) Hacia el 1º de Mayo – Una “estabilidad” atada con alambre

Luego está la cuestión de la proletarización de compañeros en el movimiento obrero. El PO alardea que “no necesita hacerlo” porque por el peso electoral logrado “resuelve el problema de su relación con la vanguardia obrera” desde arriba y desde afuera, “políticamente”. Desde ya que el peso político más objetivo que logra un partido si obtiene triunfos electorales facilita sus relaciones, impacto y “capacidad de tracción” entre sectores más amplios; entre ellos la vanguardia obrera. Pero creer que en las actuales condiciones históricas, donde el movimiento obrero no es socialista, se podría resolver la cuestión de manera tan epidérmica es engañarse a si mismo y engañar a la militancia. No se puede entender por qué hoy el partido más grande del trotskismo argentino no puede estructurar compañeros jóvenes en los lugares de trabajo, al tiempo que se aprovecha el peso político mayor para ganar sectores independientes de la vanguardia obrera. Una dramática falencia del PO que se reveló abiertamente en su reciente fracaso en los piquetes en el paro general del 10 de abril.

Aquí subsiste un problema más vinculado al bajo grado de politización de las nuevas generaciones. Esto no se va a resolver de un día para el otro, ni es algo que dependa de uno o dos factores (una o dos campañas electorales), sino de un conjunto de condiciones objetivas. De ahí que los cuadros formados políticamente que entran en fábrica pueden ser cualitativos para ganar una amplia fracción de trabajadores en cada lugar de trabajo, algo que no se logrará sin esta orientación. La teorización de la construcción epidérmica del partido como la que sostiene a rajatabla el PO puede tener patas muy cortas.

 

Nunca adaptarse al atraso de las masas

 

Ya anteriormente nos hemos referido a los complejos problemas del salto del partido de vanguardia a la influencia de masas. Señalamos que en Lenin la concepción era que el partido de vanguardia debía adquirir influencia entre amplios sectores de masas pero sin perder este carácter de organización que debe representar, políticamente, a los sectores más avanzados de la clase obrera: nunca dejar de ser una organización políticamente de vanguardia.

Una idea como la del “partido de masas” podría perder de vista que en el seno de la clase obrera conviven sectores avanzados y retrasados en lo que hace a su conciencia, razón por la cual si el partido se transformara, lisa y llanamente, en un “partido de masas”, se plantearía el peligro de dejar de ser revolucionario.

Dicho esto, dediquémonos entonces a la materia específica de este punto: los complejos problemas del pasaje del partido de vanguardia a uno con influencia entre las masas. Lo primero que debe señalarse es que en las “leyes de construcción” del partido de vanguardia y el que se lanza a una amplia influencia entre las masas ocurre una transformación tanto en materia de sus leyes de crecimiento como en lo que hace al régimen interno del partido. Si la organización de vanguardia es siempre hasta cierto punto una suerte de “brigada de combate”, un partido que está lanzado a la influencia entre las masas debe tener una serie de criterios específicos en materia de organización.

Por ejemplo, los multiplicadores en lo que hace a cantidad de militantes, inserción y envergadura organizativa de un partido así varían sustancialmente respecto del período en que la organización es un partido de vanguardia. Se trata de “leyes de multiplicación geométrica y no aritmética”, que es lo que caracteriza al partido en el estadio de vanguardia.

El partido de vanguardia recluta de a individuos o, a lo sumo, de a decenas. El partido que se vuelca a tener influencia entre las masas recluta de a conjuntos de compañeros: capta núcleos, agrupaciones, organizaciones y/o sectores enteros de trabajadores o estudiantes.

En segundo lugar, el tema de los “multiplicadores” es difícil pensarlo en abstracto: habitualmente está ligado a la búsqueda de algún “vehículo” para producir este salto en calidad (una campaña electoral puede servir a tal efecto, lo mismo que el vuelco a una determinada lucha de impacto nacional, o lo que sea). Lo decisivo aquí es si esos “vehículos” van en el sentido estratégico de la construcción de la organización como partido revolucionario. Para que no sea un salto al vacío, siempre hace falta una acumulación previa en materia de construcción partidaria. Porque si no hay un partido organizado previamente en la escala suficiente, no se puede aprovechar el momento constructivamente y los cientos o miles de simpatizantes potenciales se escurren como agua entre los dedos. En suma: el salto hacia las masas requiere de una acumulación anterior (fundamentalmente estructural, reflejada en inserción en los lugares de trabajo) so pena de que incluso si existe un “vehículo” para darlo, no se pueda concretar.

Mirá también:  La colonia y la Revolución de Mayo: Una interpretación marxista

 

La “fusión” de los revolucionarios con los trabajadores

 

Aquí talla un tercer elemento: es muy distinto el grado de politización de la militancia del partido de vanguardia. Y muy distintos también los métodos de dirección, más “personalizados”, que caracterizan a la organización de vanguardia. Cuando el partido crece se hace “impersonal”: todo descansa en los cuadros, en el grado de educación que han recibido y en su capacidad de actuación autónoma dentro de los parámetros de la política general de la organización. Esta acumulación de cuadros previa se transforma, entonces, en un elemento clave.

Además, el partido transformado ya -hasta cierto punto- en un hecho objetivo, tiende a desarrollar intereses propios, lo que plantea el problema de que nunca se debe pensar el partido independientemente de la lucha de clases. Es el típico peligro del partido “grande”: considerarlo “un fin en si mismo”, tener miedo a arriesgar, caer en el oportunismo del “qué dirán los votantes” (como ocurrió con el PO con los piquetes el 10 de abril pasado y es característico de la desviación electoralistas[2]), desentenderse de los problemas de la sociedad y de la clase como si el partido pudiera construirse independientemente de la lucha de clases (el caso extremo fue el de la socialdemocracia alemana caracterizada como un “Estado dentro del Estado”).

Veamos un cuarto problema: el de las “anclas” del partido. Es decir, los contrapesos que debe adquirir para que las presiones sociales que comienza a ejercer una franja de las masas sobre la organización con todos sus elementos de atraso político, no lo hagan desbarrancar.

Estas anclas son: el grado de politización de sus cuadros, su composición social, la autoridad de su dirección, las tareas a las que habitualmente se dedica (no es lo mismo que lo cotidiano sea la intervención en las luchas obreras a que su actividad básica sea la electoral), el armazón teórico-estratégico de la organización, lo estructurado que está entre las filas de la clase obrera y su carácter internacionalista.

Característicamente, además, hay otro problema que es absolutamente clave pero requiere de las condiciones anteriores para poder llevarse a efecto: el grado de flexibilidad del partido en materia de nutrirse de lo mejor de la joven generación que entra a la lucha. El partido debe dejar atrás toda inercia conservadora y lanzarse de lleno a intervenir política y constructivamente en una lucha de clases incrementada. Es aquí donde entra la capacidad de adaptación del partido, su flexibilidad revolucionaria, su capacidad de sacarse de encima toda inercia conservadora, toda estructura que no sea capaz de nutrirse de los impulsos revolucionarios de la realidady caracteriza a toda organización que tenga una lógica de secta, que puede “abroquelarse” frente a estos desarrollos o explotar bajo el impacto de los mismos.

Y hay otra exigencia más. En situaciones de ascenso de la lucha de clases el partido corre el riesgo de quedar por detrás de la situación, tanto política como organizativamente, en vez de ser la vanguardia. Como decía Lenin en 1905:“‘Necesitamos aprender a ajustarnos a este completamente nuevo alcance del movimiento’.Esto ocurre cuando hay un ascenso revolucionario: el partido debe sacarse de encima toda la inercia; revolucionarse junto con la clase. El partido mantendrá su carácter revolucionario sólo si cuando se “fusiona” con las masas tiene firmes sus columnas vertebrales en tanto que organización revolucionariaAhí ya se estaría cerrando todo un círculo dialéctico que en el siglo pasado sólo el bolchevismo fue capaz de transitar satisfactoriamente.

 

 

 

[1] Los debates acerca de por dónde vienen la recomposición de los trabajadores, así como la construcción del partido revolucionario, si por lo “social” y lo “político” son un clásico en la izquierda revolucionaria. No hay ninguna receta al respecto pero, en todo caso, un enfoque complementario como sostenemos aquí, y que le de un fuerte énfasis al abordaje estructural de nuestra estrategia constructiva, parece ser la mejor síntesis de la experiencia constructiva recorrida por el socialismo revolucionario.

[2] Ver declaraciones de Pitrola en la puerta del edificio del SUTNA San Fernando declarando a los medios que ellos “no llamaban a realizar piquetes”…

Print Friendly, PDF & Email

DEJAR UN COMENTARIO

Ingresar comentario
Ingrese su nombre