Crecen las tensiones mundiales

China y Estados Unidos: Escalada de la guerra comercial

El viernes pasado, Trump hizo oficial una nueva carga impositiva para una serie de productos de importación chinos en Estados Unidos. Los impuestos a los productos del gigante asiático pasan así de un 10% a un 25% de sus precios. El aumento es sumamente significativo y una de las medidas más importantes de la gestión Trump hasta el momento en cuanto a las relaciones internacionales del imperialismo yanqui. En una escalada de amplias consecuencias, China anunció hoy medidas de represalias con subas de tarifas en bienes valuados en torno a los 60 mil millones de dólares. El comercio mundial en su totalidad se vería afectado y caen generalizadamente las acciones en Wall Street.

Redaccion
Equipo de redacción del portal IzquierdaWeb.


 

A priori, las medidas entrarían en vigor el 1 de junio. Hace ya más de un año que se vive un fuerte tironeo comercial entre las dos potencias. Trump busca un nuevo equilibrio en las relaciones comerciales con China: el año pasado el déficit comercial de EE UU estuvo en torno a los 500 mil millones de dólares. La nueva escalada de hoy es vertiginosa y los anuncios hechos por el gobierno chino se dan luego de que Trump amenazara (como siempre, por twitter) con que si tomaban represalias todo sería peor.

Lo que está en disputa es mucho más que la balanza comercial. Están en juego las relaciones comerciales propiamente dichas, el movimiento de las inversiones de Estados Unidos en China, el delicado problema de la transferencia de desarrollos tecnológicos de las empresas yanquis al Estado chino como condición de inversión, las protestas de las empresas estadounidenses frente a las ayudas y subsidios que reciben las chinas por parte del gobierno, etc.

Por ahora se trata de una “guerra comercial” de baja intensidad y todavía es difícil saber qué alcance tendrán las medidas anunciadas por Trump y las contramedidas del gobierno de Pekín. No se sabe aún el volumen real de las mercancías afectadas por las nuevas tarifas arancelarias. Lo que ha significado un tembladeral para los mercados es la dinámica ascendente del conflicto sino-yanqui luego de inciertos intentos de acuerdo.

En el G20 realizado en Argentina en noviembre pasado, Trump y Xi Jinping habían llegado a una tregua y se esperaba que en estos meses se llegara a un acuerdo definitivo. Se rumorea sobre la existencia de un borrador de documento de 150 páginas. Incluso después del nuevo acuerdo NAFTA entre Estados Unidos, Canadá y México se podía esperar que la orientación de Trump fuera la de una serie de acuerdos mínimos a los que fuera fácil llegar con Pekín. Sin embargo, aunque las negociaciones continúan, la amenaza de la entrada en vigor de las nuevas tarifas en apenas unas semanas ha tensado todas las relaciones bilaterales.

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El punto de desacuerdo parece ser el problema de la transferencia tecnológica. Trump busca limitar e incluso impedir que las empresas estadounidenses tengan la obligación de ceder desarrollos tecnológicos a las empresas y el Estado chino y que éste consagre legalmente esta condición para sostener la “normalidad” en las relaciones comerciales. Para el gobierno de Xi Jinping esto es demasiado. Ese condicionamiento pondría fuertes trabas al desarrollo como potencia independiente de China (que viene en ascenso) y todavía subsiste el recuerdo histórico de la reducción del país a una mera colonia en el siglo XIX. En ese momento convirtieron algunas de las principales ciudades costeras chinas en “ciudades tratado”, independizadas del control del gobierno del país y sometidas a las potencias extranjeras. Hong Kong por ejemplo fue colonia británica… ¡Hasta 1997! Esta colonización de hecho fue uno de los grandes problemas que la revolución de 1949 pretendía resolver. Y si bien China está muy lejos del socialismo y se trata hoy de una gran potencia capitalista de Estado, la “conciencia nacional” de haber sido por siglos un gran imperio y luego una colonia subsiste como algo muy presente en el país asiático.

A pesar de que las medidas de Trump pueden haber intentado ser más bien un “golpe de puño” sobre la mesa para negociar en mejores condiciones y acabar acordando, ha logrado precipitar una escalada del conflicto con los anuncios hechos hoy por el ministro chino de Relaciones Exteriores, Geng Shuang. Así, más que ayudar a llegar a un acuerdo, los movimientos convulsivos de la política de Trump pueden agravar más que resolver la situación.

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Las cosas se tensan aún más luego de que Chuck Schumer, el jefe de la bancada demócrata en el Senado estadounidense, respaldara abiertamente y sin fisuras los anuncios de Trump. Queda así en evidencia que, más allá de las peleas “para la TV”, la política de estado de pelear la hegemonía mundial con la ascendente China abarca a los dos grandes partidos del imperialismo yanqui. Esta situación pone al rojo vivo las tensiones.

Más allá de las múltiples interpretaciones, hay algo que es un hecho. Los grandes lineamientos de la geopolítica y la economía mundial están hoy dominados por las relaciones y los crecientes conflictos y competencia entre Estados Unidos y China. El amo del norte sigue siendo hasta hoy la potencia hegemónica mundial pero vive hace ya un tiempo un creciente proceso de debilitamiento relativo. China, por su parte, es un capitalismo de Estado cuya dinámica de crecimiento apunta al cuestionamiento de la hegemonía yanqui.

Los problemas de relaciones hegemónicas mundiales en el capitalismo entre Estados y economías jamás han sido resueltos de manera pacífica. Las crecientes tensiones económicas entre potencias se han terminado por resolver siempre por la vía militar. Las dos guerras mundiales son el caso más paradigmático de esta realidad. De todas maneras, esta eventualidad está todavía lejana y no es la preocupación de hoy día. Lo que sí está a la orden del día es que las tensiones y la tendencia al crecimiento de las políticas proteccionistas en la economía mundial terminen potenciándose, afectando así la endeble recuperación de la economía mundial luego de la crisis del 2008. Estas breves líneas buscan explicar las bases de un gran conflicto potencial cuyo estallido es a la larga inevitable y está llamado a tener profundas consecuencias históricas.

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