Luz Licht
Redacción Izquierda Web.


 

Las imágenes que recorren las redes y los medios de prensa se repiten: espacios públicos vacíos, los aeropuertos, las plazas y las escuelas desiertas, etc. Y esto, para poner un ejemplo, en una ciudad de las dimensiones de Beijing, con 23 millones de habitantes. Por todos lados se replica el temor al contacto entre personas, justo en medio de la temporada marcada por las celebraciones del año nuevo chino.

Para marcar el impacto, algo tan habitual como las ventas de comida a través de las apps bajó casi un 90% según estimaciones. Lo que trajo como consecuencia la aparición de este virus es el impedimento del desarrollo de la vida cotidiana tal cual la llevaban a cabo millones de personas semanas atrás.

Beijing es una ciudad muy representativa de  un país de vertiginosa dinámica y hoy muestra sus principales espacios desiertos, obligando al confinamiento a sus habitantes. Pero las consecuencias del brote alteran a la par el movimiento comercial y turístico de todo el país, a punto tal de haberse cerrado parcialmente el acceso de la Gran Muralla China o con el anuncio de las principales compañías aéreas cancelando los viajes al país asiático.

Si bien Wuhan (capital de la provincia de Hubei) es la ciudad del centro del país que permanece aislada, el 24 de enero el gobierno chino declaró la situación como de alerta máxima. Millones circulan llevan barbijos. La histeria masiva llega al extremo de demandar a quienes retornan de Hubei que permanezcan aislados y en cuarentena por al menos 15 días, y no son las autoridades quienes imponen esas medidas: son los propios habitantes de algunos barrios de la capital los que las imponen.

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Es particularmente grave violar la prohibición de salir de Hubei: cualquier sospecha por parte de las autoridades de haber retornado de allí, tenido contacto con algún amigo o familiar que lo hubiera hecho, reporta el desencadenamiento de las alarmas en nombre de la seguridad pública. De hecho, se enviaban mensajes de texto por parte del Centro para el Control de Enfermedades, a quienes hubieran estado en algún lugar de esa provincia a raíz de la ubicación marcada por las compañías deteléfonos celulares, indicando «¡Estamos pensando en ustedes todo el tiempo!».

Se monitorea gran parte de los movimientos de las personas. Los pocos comercios o espacios públicos abiertos exigen tajantemente la utilización del barbijo y hasta controlan la temperatura de quien ingrese. Hay medidas de seguridad estrictas, hay reacciones que potencian el miedo y la paranoia. La normalidad es que la gente en la casi en la totalidad de las ciudades chinas apenas salga de su casa.

Lo que anteriormente describíamos es un panorama que bien podría ser parte del argumento de alguna película, pero ocurre hoy en el país de más habitantes del mundo (1 395 261 000 de habitantes para el año 2019) por más surrealista o impensado que sonara tiempo atrás.

Respecto al panorama económico, si el  flujo e intercambio entre personas se ve alterado, las previsiones no son alentadoras. Para ‘The Economist’, por ejemplo, el virus podría generar una reducción significativa del PIB de China.

La ciudad de Wuhan es considerada como motor del crecimiento económico del país debido a la alta cantidad de industrias concentradas allí, tales como las industrias metalúrgicas, encargadas de transformar el mineral de hierro y carbón de minas cercanas. También posee industrias textiles, además de las fábricas de camiones y maquinaria.

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La preocupación aumentó luego de la decisión de Xi Jinping de, entre otras cosas, detener el transporte público en esa y otras ciudades para controlar el foco de la enfermedad. Recordemos que esta ciudad de 11 millones de habitantes y la provincia de Hubei  tienen prohibida la entrada o salida de personas. Por ende, la producción y circulación de bienes está francamente afectada, la gente que consume está en sus casas, las fábricas están mayormente cerradas.

Para tomar una dimensión de la contribución de esta ciudad a la creación de riqueza como parte del producto chino veamos el siguiente dato: De acuerdo conun comunicado de la agencia de noticias AP, el gobierno local indicó que 300 de las más grandes empresas del mundo tienen inversiones en la ciudad y que en los tres primeros meses de 2019, Wuhan había generado un crecimiento del PIB de 7,8%, una cifra situada muy por encima del promedio nacional.

Las expectativas de crecimiento económico venían siendo bajas en relación a los años anteriores y la epidemia sólo puede profundizar esta tendencia. Si todo se paraliza, el impacto atraviesa no sólo a la vida económica como dimensión de la vida social más general. En el actual contexto no se logró controlar aún el brote y es difícil imaginar una dinámica así sostenida por mucho tiempo.

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