Crisis Covid-19

Chile: Pandemia Social

Con 4216 casos nuevos de COVID- 19 y 162 fallecidos en 24 horas, el panorama es sombrío y está lejos de mejorar.

Melvin Gallardo M.

A pesar de que en los últimos días la pandemia en Chile ha experimentado una leve baja: 4216 casos nuevos de COVID- 19 y 162 fallecidos en las últimas 24 horas, el panorama es sombrío y está lejos de mejorar. En el balance global hay 271.982 casos totales y 5.509 muertos, según las cifras oficiales del Ministerio de Salud (Minsal)1. De hecho la Organización Panamericana de la Salud (OPS) advirtió hace algunos días que la transmisión del COVID- 19 aún se está acelerando en algunos países de Latinoamérica, especialmente preocupante son los casos de Brasil, Perú y Chile. Por ello la OPS pidió a los gobiernos de la región no flexibilizar las medidas de contención.

En gran medida los números alarmantes de contagiados y muertos por COVID 19 son responsabilidad directa del gobierno de Piñera por los errores (y la desidia) cometidos al implementar medidas parciales para contener la propagación del virus (llámese cuarentena inteligente, cuarentenas zonales, cuarentenas intermitentes, etc,) e ignorando las recomendaciones emanadas por los expertos en Salud Publica y Epidemiologia. Los medios de comunicación, la TV (y también muchos en las redes sociales) hacen foco en las responsabilidades individuales como causante del aumento de contagios y muertos. Es cierto que muchas personas han violado la cuarentena por razones que no son esenciales en estos momentos: fiestas, reuniones sociales, viajes, etc., pero eso no puede relativizar la responsabilidad de un gobierno más preocupado de los números económicos que de las personas. Miles de trabajadores deben salir obligatoriamente a ganarse el sustento para poder subsistir (o mejor dicho sobrevivir) exponiéndose al contagio.

El objetivo que se planteó el gobierno de Piñera fue el de no afectar la economía. Y en ese sentido demostró claramente su pertenecía de clase: como representante del capital y de los empresarios. En Santiago inicialmente se estableció una cuarentena estricta solo en los barrios más acomodados (del oriente capitalino), donde se presentaron más casos de contagios o brotes, en gran medida porque la gente había viajado de vacaciones al exterior. En el resto de la región metropolitana la vida continuó casi como si nada sucediera. El gobierno de Piñera optó por ir viendo cómo se desarrollaban los contagios en las regiones, ciudades y pueblos y en base esa información recién tomaba medidas. Se perdió entonces un tiempo valioso para evitar la propagación del virus. Una política criminal y los resultados están ahora a la vista.

Los sectores más golpeados por la pandemia son los sectores populares y los trabajadores, que sufren el hambre y la exposición cotidiana a los contagios. Hemos visto con mucha tristeza e indignación el caso de adultos mayores, jubilados, que deben salir a trabajar con más de 70 años porque las jubilaciones y pensiones en Chile, el paraíso del neoliberalismo no les alcanzan para vivir y muchos se han contagiado y muerto. Hemos visto como en los barrios ha regresado las ollas populares algo que no se veía desde los tiempos más duros de la dictadura pinochetista. Hemos visto como los sectores más recalcitrantes de la derecha se oponen a proyectos de ayuda social que alivien la dramática situación de los trabajadores y los sectores más desposeídos.

Al comienzo de la pandemia Piñera señalo ufano que el país estaba preparado para enfrentar la pandemia y es más que este era un gran desafío. Sin lugar a dudas esto le permitió pausar la protesta social y establecer un mayor control social, en momentos en que las movilizaciones sociales iban en alza y amenazaban con poner al gobierno de derecha contra las cuerdas. La pandemia también le ha permitido subir el nivel de aprobación a su gobierno, que después de 18 octubre del año pasado cayó drásticamente al 6 %. En estos meses experimentó una recuperación que llegó al 27 %, aunque en la última encuesta bajo al 24%. Al parecer esta recuperación tiene que ver con la entrega de 2.5 millones de cajas de alimentos a los sectores sociales más golpeados por la crisis.2 Seguramente también media en este repunte el temor y miedo de la población ante esta situación de incertidumbre y angustia.

En los últimos días varias situaciones irregulares han causado polémica y muchas críticas de la población en general que pueden hacer que nuevamente la imagen del gobierno descienda: Uno de ellos fue el funeral de Bernardino Piñera (tío del presidente), ex arzobispo (acusado por encubrimiento de abusos sexuales y de un abuso a un menor ocurrido hace 50 años), quien falleció productos del COVID 19. En el funeral Sebastián Piñera y sus familiares infringieron el protocolo sanitario. Se contrató una banda de músicos, y entre estos, periodistas, familiares y amigos había más de 30 personas, cuando el máximo permitido para estos tiempos de pandemia son 20. No se cumplió con la distancia social y además se abrió la tapa del ataúd para que el presidente pudiera ver por última vez a su tío, pese que algunos de los presentes le pidieron no hacerlo. Es cierto que el ataúd estaba sellado, con una tapa de vidrio, pero Piñera no debió hacerlo.3 Mientras cientos de chilenos despiden a sus familiares en solitario, en funerales exprés y sin poder ver a sus seres queridos por última vez, Piñera deja en claro que las normas y las leyes están para ser cumplidas solo por los de abajo, pero no para los poderosos.

Otro hecho que causó gran polémica fue la licitación hecha por el departamento del repostero presidencial y casino general de la Presidencia, de productos gourmet como pate de jabalí, queso ciliegine, mousse de pato, caviar de salmón y trucha, etc., por un monto de 100 millones de pesos. Según el Palacio de la Moneda estos productos son para recibir y agasajar a visitas, como presidentes, diplomáticos y periodistas. Algunos políticos consideraron esta situación como una falta de empatía con la gente que lo está pasando mal. Estos son solo dos botones de muestra de una larga lista de actitudes que demuestran el desprecio de la derecha y los sectores dominantes por el resto de la población. Mientras miles de hogares sufren de hambre, escasez de alimentos básicos, las alzas de precios, etc., Piñera y su gobierno, la clase dirigente, los empresarios y los sectores más acomodados no están dispuestos a ceder en sus privilegios y repartir la torta de manera más equitativa. El individualismo, el egoísmo, la insensibilidad, la soberbia de los poderosos, la segregación social, el consumismo, la represión brutal, etc., son rasgos distintivos de un país neoliberal.

Las proyecciones de muertes por la pandemia en el país son alarmantes: el 31 de mayo un grupo de científicos, médicos y especialistas (cerca de 3.000) enviaron una carta al gobierno chileno argumentando que si no se detienen a tiempo los contagios las cifras totales de muerte podrían llegar a las 70.000 al término de la pandemia. Con respecto a este vaticinio debemos decir que al lunes 22 de junio Chile ya tenía más casos de contagios conocidos que Italia, ocupando el 8º lugar a nivel mundial y está en el puesto 15 de fallecidos totales, detrás de Perú. La carta pedía mejorar las políticas para detener el avance de la pandemia en el país, señalando enfáticamente: El gobierno debe actuar. No puede seguir impávido ante la enorme crisis que el COVID 19 está significando para Chile.4 Otras estimaciones son más prudentes y dan números más bajos, pero las muertes no bajarían de 25.000 (según el Instituto de la métrica y evaluación de la salud –IHME- de la Universidad de Washington). La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala en cambio que el total estimado serian de 11.970 fallecidos en Agosto.5 En este punto hay que señalar que la OMS tiene sus reparos con respecto a la metodología que utiliza el Ministerio de Salud para contabilizar las muertes en el país. La OMS recomienda que aquella persona que fallece con un diagnostico presuntivo de COVID 19 se debe considerar en las estadísticas. Algo que el gobierno chileno no estaría haciendo rigurosamente. En estos momentos hay más de 2.846 casos sospechosos o probables de muerte por COVID-19, que de sumarse a las cifras oficiales las muertes en el país bordearían casi las 9.000.

A pesar de la preocupación del gobierno por no afectar la economía, esta tampoco marcha bien. Según el Fondo Monetario Internacional (FMI) la economía chilena sufrida una brusca contracción de 3 punto porcentuales (7.5 para este año) en el Producto Interno Bruto (PIB). Aunque según el FMI la economía chilena sería uno de los menos golpeadas de la región y podría mostrar algunos puntos de recuperación en 2021. Se han visto afectadas entre otras, la actividad industrial, las ventas y la pérdida de empleos en el sector formal e informal que ascienden a casi un millón6. Esta situación ha llevado al gobierno a pedir un préstamo de 23.800 millones de dólares al FMI. En sectores de la derecha oficialista hay mucha preocupación por la crisis social en ciernes provocada por la pandemia social (como la llamo el mismo Piñera) debido a la pérdida del empleo, la flexibilidad laboral, la precarización, y el hambre. Esta situación a provocado protesta e incidentes en distintos barrios de la capital durante la cuarentena e inclusive bajo toque de queda. Temen otro estallido social.7 La situación social y económica en Chile parece una bomba de tiempo que será difícil de desactivar. En ese sentido la ayuda económica implementada por el gobierno (aunque insuficiente) apunta en el sentido de descomprimir la conflictividad social y evitar posibles desbordes por izquierda.

En este probable escenario de alza de la conflictividad social, a los trabajadores y trabajadores se les plantea el gran desafío de una organización independiente de los partidos políticos del régimen (incluyendo al PC y los autonomistas). Estos sostienen al gobierno y son cómplices de este desastre sanitario, la miseria y la explotación. Solo así podremos levantar una alternativa para derrotar no solo al gobierno de Piñera sino también al neoliberalismo. A 30 años del término del régimen de Pinochet se presenta la oportunidad para que la izquierda revolucionaria pueda reconstruirse y ser parte del movimiento social que lucha por lograr grandes cambios estructurales en el país.

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