“Combatimos toda la tarde. Peleamos la plaza. La recuperamos. Hicimos retroceder a los pacos. Ahora denuevo tomaron la plaza, pero siguen los compañeros. Siguen los compañeros resistiendo. Nos han sacado la chucha.

La lucha no ha sido en vano. Hoy día demostramos que con manos y piedras somos más que todos estos conchesumadres. Que tenemos mucha más dignidad que todos estos culiaos.

Pocas veces me toca hablar de otra gente. Pocas veces me toca sentirme orgulloso de lo que aquí vivimos hoy día, porque tenemos unos cabros que no se la pueden de tanta valentía. Porque hay que estar ahí, hay que estar peleando, hay que estar en la primera línea, hay que estar arrancando del balazo de los pacos. Y los cabros hoy día se sacaron la chucha, nos sacamos la chucha.

No se olviden de este día, porque hoy día recuperamos la plaza, y la recuperamos con pachorra.”

Testimonio de un primera línea.

 

I. El contexto

En el marco del proceso abierto por la rebelión popular iniciada el 18 de octubre del presente año, se desató el viernes 20 de diciembre pasado en el centro de la capital chilena una importante batalla contra la cruda represión desatada por el gobierno de Piñera.

Es que en lo que va de más de dos meses de lucha social y política, el gobierno ha desatado una fuerte represión contra los manifestantes, situación que ha sido denunciada por diferentes organismos internacionales de derechos humanos (Amnistía Internacional, Human RightsWatch, Comisión Interamericana de Derechos Humanos y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos), los que se suman al trabajo realizado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH). Como señala un reciente artículo del Centro de Investigación Periodística (CIPER), en el que académicos de la Universidad de Chile y la Universidad de Santiago:

“Los informes reconocen de manera clara, basándose en información y evidencia sólida,   la existencia de graves violaciones a los DD.HH. en diversas zonas del país desde el 18     de octubre.

En el caso de Amnistía, se las caracteriza como: “violaciones de derechos humanos y crímenes de derecho internacional cometidos por agentes de las fuerzas de seguridad”. Por su parte, en el informe de HRW se afirma que: “miembros de la policía nacional de Chile (Carabineros) cometieron graves violaciones de derechos humanos”; mientras la CIDH manifiesta su “grave preocupación por el elevado número de denuncias de graves violaciones a los derechos humanos”. En el caso de la ACNUDH se indica, una vez más, que “se ha producido un elevado número de violaciones graves a los derechos humanos”.

Para estos informes, estas graves violaciones, crímenes y abusos no son hechos aislados o excesos individuales. Por el contrario, estaríamos frente a conductas “generalizadas”            (Amnistía) o masivas, de carácter repetitivo (CIDH), que involucran a “miles de personas” (HRW), y que “son reiteradas en el tiempo, en el espacio y con respecto a quienes son los supuestos perpetradores y las víctimas” (ACNUDH).

Más allá de la extensión -en cuanto al número de personas afectadas-, lo que determina    que estos hechos no puedan ser considerados aislados es que son recurrentes, coordinados y no se corrigen en el tiempo.” [1]

Si bien las cifras van variando día a día, en primer lugar porque cada día las violaciones a los derechos humanos van aumentando por la represión gubernamental, y por otra parteporque existe información contradictoria por parte de fuentes oficiales del Estado (INDH, Fiscalía, Carabineros, Gobierno), al día de hoy el saldo represivo suma 26 fallecidos, 5 de ellos muertos por acción directa por parte de agentes del Estado y 2 bajo custodia del Estado, 4 de ellos atribuidos a fuerzas armadas y 1 a carabineros; 3.449 lesionados, de los cuales 51 de ellos sufrieron heridas por balas, 1.554 por perdigones, 198 por disparos de armas de fuego no identificadas y 180 por balines, 1.466 personas sufrieron heridas por golpes, inhalación de gas y otros; 1.100 casos denuncias por torturas; 98 denuncias por delitos de carácter sexual; 26 denuncias de violación o abuso sexual; 422 casos de violación de derechos de niños, niñas y adolescentes, 118 de ellos por lesiones físicas. Entre otros escabrosos datos…

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Ante esto el gobierno del derechista Sebastián Piñera en una fuerte campaña comunicacional ha pretendido instalar dos tesis con el objetivo de desvirtuar o minimizar las conclusiones de dichos informes: la primera sería la tesis de los “casos aislados”, de que sólo se trataría de supuestas “salidas de protocolos” por parte de agentes policías, así se evitaría responsabilizar al alto mando policial y de pasada a las autoridades de gobierno de las cuales dependen directamente, la segunda, vendría siendo un remake criollo de una tesis ampliamente utilizada por los sectores ultraconservadores internacionales (Trump, Bolsonaro, etc.) de que el problema son las llamadas “fakenews”, noticias falsas. Mientras en las calles continúa una represión desbandada contra la población.

Es que las masas populares que irrumpieron en la vida política el 18 de octubre no han dejado de salir a luchar día tras día, de múltiples formas y en diferentes contextos, bajo condiciones muy adversas. Nada ha logrado calmar la rebeldía popular contra un sistema que ya no se aguanta más. Ya no sirven los anuncios de antaño, de discursos sobre proyectos de ley para supuestamente “mejorar la calidad de vida de los chilenos” que no llegan a nada, o llegan a medias. Ni siquiera el acuerdo por una reforma constitucional, a la medida de los partidos del régimen, ha podido “calmar las aguas”. El pueblo definitivamente ya no acepta más las condiciones materiales que le ha impuesto durante 30 años el régimen político postpinochetista, con promesas de una “alegría ya viene” o de “tiempos mejores” que nunca llegaron.

II. La batalla

En este contexto, que sin duda tiene muchísimos más detalles, se desarrolló una importante batalla en la rebautizada Plaza de la Dignidad (ex Plaza Italia, ex Plaza Baquedano) el pasado viernes 20 de diciembre de 2019.

Desde temprano en la mañana el Intendente de la Región Metropolitana, Felipe Guevara, autoridad designada por el gobierno central, había anunciado “tolerancia cero” las manifestaciones no autorizadas por la intendencia, con el objetivo de “devolver la normalidad” a la principal arteria vehicular de la capital chilena.

Tal como consignó la prensa patronal, el intendente Guevara detalló en la mañana de ese día que se dispusieron “más de mil carabineros, que estarán a partir de las 15:30 horas en los sectores cercanos a Plaza Italia”, agregando que “no tenemos ninguna manifestación autorizada y, por lo tanto, no corresponde que exista una manifestación”. [2]

Fue así como llegada la tarde se dispusieron los batallones de la policía civil militarizada de Chile (Carabineros), mil efectivos policiales coparon las inmediaciones de la Plaza de la Dignidad, instalando vallas papales para dificultar la circulación de manifestantes, además de un importante número de carros lanza aguas (guanacos) y carros lanza gases (zorrillos).

Pero nada de este operativo denominado por las autoridades como “copamiento preventivo” pudo contra la rebeldía popular de una juventud y un pueblo que ya no considera legítimo “solicitar autorización” al intendente para manifestarse, y que considera la Plaza de la Dignidad como un territorio ganado por la lucha popular.

Fue así como a partir de las cinco a seis de la tarde se fueron desarrollando los primeros enfrentamientos contra las fuerzas represivas del régimen postpinochetista. Las vallas papales se fueron transformando en barricadas por los manifestantes, quienes iban ganando poco a poco posiciones en las inmediaciones de la plaza, ingresando en diferentes columnas inorgánicas, espontáneas, por distintas calles y avenidas que confluyen en la arteria principal del centro de la capital, la Alameda. De este modo, y resistiendo a los gases lacrimógenos, carros lanza aguas, y un elevado contingente policial agresivo, lograron recuperar el símbolo de las protestas, la Plaza de la Dignidad. En ese momento, una enorme alegría se sintió, bailes y cánticos contra el gobierno y la represión, dieron vida nuevamente a la Plaza central de la rebelión popular.

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Cabe señalar que este triunfo parcial de los sectores populares se dio de forma autorganizada, espontánea, e inorgánica, donde si bien participaron diversos colectivos, movimientos y organizaciones sociales y políticas, ninguna de ellas por sí sola tuvo la hegemonía del proceso. Mención aparte es la ausencia de los principales partidos políticos de la “izquierda chilena”, el PC y los partidos agrupados en el Frente Amplio, no pusieron un solo esfuerzo organizativo ni de lucha, dejando a las y los jóvenes rebeldes al arbitrio de las fuerzas represivas del Estado.

 

III. Epílogo

“Presidente, ¿ha pensado en dar un paso al costado?”, le preguntó una incisiva periodista en la reciente entrevista a Piñera a la Asociación de Radiodifusores de Chile (ARCHI). “No”, le respondió tajantemente, como si estuviera diciendo algo clave, algo de lo cual depende su “República” capitalista.

La negación, según Freud, es una afirmación encubierta. ¿Realmente puede ser posible que nunca en todo este tiempo el presidente Piñera haya siquiera pensado por una ráfaga de segundos en la idea de renunciar? Cualquier psicoanalista que haya escuchado muchos “No” que en realidad son un “Sí, quizá, alguna vez, por un momento”, dudaría de tan enfática respuesta.

Pero más allá de ese análisis discursivo, parece relevante plantearse la pregunta ¿qué ocurriría si el presidente continúa dos años más en el gobierno? ¿Cómo podrían ser los dos años restantes del gobierno de Piñera?No sólo en materia de derechos humanos., sino que en todo el amplio espectro de temas que demanda el conjunto del pueblo.

No sería necesario ir tan lejos, con tal de atenernos a la respuesta del mismo presidente ante la posibilidad de un cambio de modelo económico, rápida y mecánicamente sale a la palestra Venezuela, como si se tratara de las antípodas del “oasis democrático chileno”.

Piñera en ningún caso está dispuesto a ceder un milímetro de su modelo económico, al contrario, en este momento es el único garante, para una fracción de la clase capitalista, de mantenerlo intacto. En definitiva, a lo que nos atenemos de seguir Piñera es a que se mantengan incólumes los pilares del modelo pinochetista en materia de educación, salud, pensiones, vivienda, trabajo, todos regidos por la ley del mercado.

Por eso el “¡Fuera Piñera!” tiene un contenido material muy importante, pues la única alternativa real de cambio, pasa por un cambio de gobierno. No por otro más “progresista”, que representa a otra fracción de la clase capitalista, la de los sectores ligados a la ex Concertación, ex Nueva Mayoría y Frente Amplio. Sino que por un gobierno de las trabajadoras y los trabajadores, que impulse una Asamblea Constituyente Libre y Soberana. Para eso es fundamental crear una herramienta política de las trabajadoras y los trabajadores, que permita la organización de la lucha de los explotados y oprimidos por el sistema capitalista, que pueda llevar a cabo esta tarea histórica.

Notas

[1] CIPER Chile, El “Nunca Más” que nunca fue: análisis de los cuatro informes sobre derechos humanos tras el 18 de Octubre, viernes 20 de diciembre de 2019.

[2] El Mercurio,sección Nacional, sábado 21 de diciembre de 2019, página C17.

 

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