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Equipo de redacción del portal IzquierdaWeb.

#EvasiónMasivaTodoElDía fue el llamado estudiantil a iniciar las protestas. De manera espontánea, cientos de estudiantes se agolparon en las estaciones del “metro” para pasar a las estaciones, llenándolas de manifestantes.

Como hemos dicho, la chispa que inició el incendio fue el aumento de las tarifas del subterráneo de un 4%. Pero este último aumento fue parte de un paquete de tarifazos más general, que incluye aumentos anteriores en el transporte público pero también de los servicios de electricidad. Los aumentos se deben a un creciente deterioro económico en el vendido paraíso liberal chileno, ajustes impulsados por el gobierno en muchos rubros.


Los estudiantes secundarios vienen de una tradición de lucha de más de una década, que los ha hecho protagonistas de las principales peleas contra el régimen de herencia pinochetista que rige al país. La “revolución pingüina” del 2006 contra el gobierno de Bachelet fue la señal de largada de diversas movilizaciones a lo largo de los años exigiendo por la educación pública.  Esta pelea tuvo varios picos subsiguientes, como la del 2011 contra Piñera.

A los estudiantes se han sumado otros sectores de la población en cacerolazos y las protestas han escalado hasta escaparse del control del gobierno. Los portuarios han llamado a su vez a preparar la convocatoria a un paro general.


El incendio de la sede de la compañía eléctrica Enel, puesta en la mira de millones por los aumentos de la electricidad, fue emblema de los puntos de bronca a los que ha llegado el pueblo chileno. También pone en evidencia que las cosas están muy lejos de tener por único origen las tarifas del transporte.

A la manera de Lenin Moreno, Piñera optó por imponer el “estado de emergencia” y desatar una represión feroz. Con él, el presidente se auto entrega el atributo de la suspensión de ciertos derechos constitucionales, particularmente los de reunión y movilización.

Las calles de Santiago y otras provincias conmovidas por la movilización han sido invadidas por los “pacos”, los carabineros, la fuerza represiva más odiada y de fuerte tradición pinochetista.

Para entender esto, hay que ver el marco político-social y las razones de este estallido. Un elemento fundamental de ese marco es la profunda crisis, descontento y deslegitimación del régimen post-Pinochet; es decir el régimen de la “Concertación”.

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Recordemos que al final de la dictadura de Pinochet, para evitar un derrumbe catastrófico como fue el de la última dictadura militar en Argentina, se conformó en 1988 la “Concertación de Partidos por la Democracia”, una coalición de casi todos los partidos de derecha y de “izquierda”. Era encabezada por los dos más importantes en ese entonces, el Demócrata Cristiano y el Partido Socialista.

El acuerdo entre la dictadura de Pinochet y la “Concertación” permitió que el dictador no sólo se retirase tranquilamente de la presidencia. Además se lo mantuvo durante un tiempo en el cargo de comandante en jefe de las Fuerzas Armadas. Durante esa “transición”, el dictador tuvo a mano el garrote, como garantía de una continuidad profunda que se iniciaba.

Así, en esas condiciones, en marzo de 1990, el líder demócratacristiano Patricio Aylwin, recibió la presidencia de Chile de manos de Pinochet. Aylwin había sido electo presidente en diciembre de 1989.

La era iniciada por la “Concertación”, sería también simultáneamente, la era de la continuidad económico-social del pinochetismo… y en cierto modo también la de cierta continuidad política, ya que no se puede separar absolutamente una cosa de la otra.

Esto sería fuente de crisis para la originaria “Concertación” y sus partidos… obligándolos a cambiar de fachadas, pero no de política.

Dos grandes ejemplos de esa continuidad económico-social, “estructural”, del pinochetismo son la restrictiva enseñanza paga y el escandaloso sistema de las AFPs (Administradoras de Fondos de Pensiones); es decir, del robo de las jubilaciones. Ambos temas motivaron los mayores estallidos de la era “post”-Pinochet… y están muy lejos de haberse solucionado…


Las protestas exigiendo, entre otras reivindicaciones, la gratuidad de la enseñanza, tomaron fuerza creciente en el 2011, aunque ya venían de antes. Los gobiernos tuvieron que dar concesiones, pero de ninguna manera establecieron una verdadera y total gratuidad de la enseñanza.

Esta bomba de tiempo en la continuidad económico-social del pinochetismo gestionada inicialmente por la “Concertación”, fue una bomba de “acción retardada”. Tardó en estallar, pero ahora, en los últimos años, se produjo la avalancha. Y ya hace años que movilizaciones inmensas, a lo largo de todo Chile, exigieron terminar con la estafa de la AFPs, con la educación arancelada y privatizada y ahora con los tarifazos.

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La estafa de un régimen político que no da más opciones que una “izquierda” que no hizo nada para terminar con la herencia pinochetista y un billonario derechista como es Piñera sirve de base para el estallido de la rebelión luego de que las pasadas elecciones tuvieran una baja participación de apenas la mitad de los inscriptos. En esa campaña Piñera se centró en hacer promesas agradables, como por ejemplo: “vamos a convertir a Chile en un país desarrollado”… sin explicar cómo lograría ese milagro un país esencialmente exportador de materias primas (cobre 57%, seguido de frutas, vinos y pescado). Su “desarrollo” es el de los ajustes que empujaron la rebelión.


En última instancia la lucha contra nuestros opresores y explotadores no es una mera lucha puntual ni tampoco una suma de ellas (por ejemplo, una huelga por salarios, o para que no nos roben la jubilación, o para que la enseñanza sea gratuita, etc.), sino un combate global (la cuestión de qué sociedad queremos).

La pudrición de los viejos partidos políticos reformistas hace que en muchos países, especialmente en las nuevas generaciones de luchadores, se genere la ilusión de que es posible (y hasta muy bueno) prescindir de lo imprescindible, de un instrumento de lucha política (que no es sólo ni principalmente para participar en elecciones, sino en todos los terrenos que nos obligue la lucha de clases). Eludir esta tarea, es como pretender ir a la guerra sin estrategia, sin organización, sin armas y sin municiones.

En Chile, como en muchos países, los viejos e históricos partidos que una vez fueron organismos políticos de la clase trabajadora, hoy están muertos en ese sentido. ¡Entonces, son imprescindibles nuevos partidos! Esa es la única conclusión realista, si queremos luchar por algo más que migajas… luchar por una transformación global, revolucionaria, de la sociedad.

 

 

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