No estamos hablando de un patrón marginal o de menor cuantía: Vicentin y sus dueños son parte del verdadero núcleo de lo más concentrado, dinámico, globalizado y moderno de la burguesía argentina. No son unos lúmpenes sueltos: son la expresión del empresariado que muchos consideraban el modelo a seguir. Por eso, su trayectoria y destino dicen mucho sobre la clase dominante argentina, sobre su Estado y sobre sus gobiernos.

El complejo de las agroindustrias vinculadas a las oleaginosas son, exactamente, la rama exportadora más importante del país, la principal fuente de divisas originadas en “el campo” y la única industria argentina que podría competir en el mercado mundial sin necesidad de subsidios, aranceles de protección o cuotas. Sólo el complejo sojero representa el 26% de las exportaciones anuales argentinas.1 Vicentin es la cuarta empresa agroexportadora más grande del país –primera si consideramos sólo las de capital “nacional”– y la primera exportadora de la Argentina de harinas y aceites. Liquidó 8,4 millones de toneladas de granos en la campaña 2018/2019, y en 2019 exportó 2,6 millones de toneladas de granos, 5,9 millones de toneladas de subproductos y 1,4 millones de toneladas de aceites. Obsérvese que estas cifras representan un progreso respecto de las de 2018, que fueron de 570.000 (granos), 4,9 millones (harinas y otros subproductos) y 1,05 millones (aceites) de toneladas; por entonces, Vicentín era la sexta agroexportadora, y en capitales nacionales estaba segunda, apenas detrás de Aceitera General Deheza (cuyo CEO preside la Unión Industrial Argentina). Retengamos este dato, que cobrará importancia luego. Resumiendo: Vicentin es uno de los dos principales actores locales (segundo en 2018, primero en 2019) del que es, con mucha diferencia, el primer complejo exportador del país: la soja y derivados representaron en 2019 18.867 millones de dólares de exportaciones sobre un total de 65.115 millones. Esta gente la junta con pala mecánica.

 

Hoy por ti…

Este carácter de gran protagonista del capitalismo argentino es el que indujo a sus dueños a ser el mayor aportante de campaña –26 millones de pesos si se cuentan todas las compañías del grupo, de lejos el mayor desembolso empresario para cualquier candidato– para sostener las chances de su gran apuesta para gestionar los destinos del capitalismo argentino: Mauricio Macri. Podemos considerar esto como el primer símbolo: un grupo económico que está entre los diez más importantes del país buscó un capitalismo gestionado, literalmente, por gente como ellos. No exageramos: en el ránking que la revista Forbes, decana del capitalismo yanqui fundada hace más de un siglo, elabora anualmente para el mundo entero, figuran en el top 50 de la Argentina tanto la familia Vicentin (puesto 31, con una fortuna de 560 millones de dólares) como la familia Macri (puesto 34, con 540 millones).2 Entre amigos millonarios nos recomendamos modelos de yates y nos intercambiamos favores.

El periodista de La Nación Hugo Alconada Mon, persona del todo inocente de antimacrismo si las hay, contaba que en sus cenas de recaudación de campaña en lugares como el Hotel Alvear, a 50.000 dólares el cubierto, Macri les decía a sus amables comensales, antes de la elección de 2015, que debían aportar el 1% de su patrimonio, “porque el 99% restante que te quedará va a valer mucho más si yo gano la elección”.3 En ese “sistema” de financiamiento de la política burguesa al uso nostro (o de la Cosa Nostra), Vicentin se llevó la medalla de oro, pero fue sólo una muestra entre muchas. La gestión política, incluido posiblemente el crédito del Nación, fue obra de uno de sus directores, Alberto Padoán, a la vez presidente de la poderosa Bolsa de Comercio de Rosario hasta que el default de Vicentin se lo llevó puesto en diciembre.

 

mañana por mí (y, siempre, por “nosotros”)

Hoy sabemos que en general la apuesta no salió muy bien para muchos de los implicados. Por ejemplo, uno de los moradores permanentes de la lista de los 50 magnates locales, Eduardo Costantini (Nordelta y otros emprendimientos inmobiliarios), hace poco lloraba por los rincones su frustración de haber salido de la aún más selecta lista de los poseedores de más de 1.000 millones de dólares; su patrimonio había bajado a apenas 790 millones, pobre desdichado. Y como él, hay muchos que se cuestionan en voz baja la lucidez de sostener a Macri a todo precio. Sucede que –otro rasgo de la política argentina, al menos desde 2008– no había para ellos mucha alternativa, dado que el peronismo en su variante actual ha dejado de ser un administrador confiable para la lista argentina de Forbes. Los gloriosos tiempos del peronismo blanco y liberal de Menem han quedado atrás, y a Alberto Fernández le queda la ardua tarea de demostrar a ese exigente auditorio que él está en condiciones de garantizar la buena marcha de los grandes negocios capitalistas sin devastar el país en el intento, como Macri. Suena a cuadratura del círculo, pero, como veremos, el hombre lo quiere intentar.

Pero antes de esto, y en medio de la debacle general que empezó con el quiebre del 18 de diciembre de 2017, siguió con el retiro de confianza de varios pesos pesado en abril de 2018 que disparó el dólar y llevó al casi inmediato pedido de auxilio al FMI con los resultados pos todos conocidos, hubo un serio intento de devolución de favores. Aquí entran los famosos créditos incobrables a sabiendas que otorgaron a Vicentin varios bancos públicos, en primer lugar el crédito estrella, por 18.000 millones de pesos, del Banco Nación, bajo la dirección de Javier González Fraga. El hombre, es fama, sabe calcular para cuánto (no) alcanza un “sueldo medio”, pero se ve que con los números más grandes se pierde. Ironías aparte, se puede engañar a un banco privado –Vicentín tiene seis grandes acreedores internacionales por unos 500 millones de dólares, curiosamente tres de ellos holandeses–, pero ninguno de ellos cometió la “estupidez” de prestar tanto a una empresa que ya venía en problemas como el Banco Nación.4 Las comillas obedecen, claro está, en que no se trató de un error, sino de una evidente complicidad en un vaciamiento, desfalco, administración fraudulenta o los delitos económicos que vayan a establecerse pero que son innegables.

Sin esforzarse mucho, las actuales autoridades del Banco Nación descubrieron que Vicentin hacía lo que se llama triangulación de exportaciones: las operaciones no las hacía la filial argentina, sino la uruguaya o la paraguaya, que cuenta con un total de seis (6) empleados, pero exportaba millones de toneladas. El mecanismo es tan viejo como la clase capitalista argentina. Mentira, es más viejo todavía, pero nuestros prohombres de la burguesía local –incluidos casi todos los 50 de Forbes– son verdaderos expertos en la materia. A estas prácticas debemos agregar subfacturación de exportaciones, evasión de impuestos, radicación en paraísos fiscales5, préstamos pedidos para una cosa y aplicados a otra con la vista gorda de funcionarios amigos, leyes de promoción, tributarias y laborales hechas a medida… ¿hace falta seguir o la idea principal se entiende?

 

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Estatización si, salvataje no

Con todos estos antecedentes, hace falta tener el rostro granítico de la bancada PRO para salir a defender a semejantes estafadores (verdad que tienen 26 millones de razones para hacerlo). La empresa está en default, recordemos, desde el 5 de diciembre pasado, esto es, antes de la asunción de Fernández. Ahora bien, cómo sucedió eso con una exportadora de las más exitosas del mundo en su rubro, que venía creciendo después de un año de cosecha muy superior a la del año anterior (recuérdense las cifras de 2018 vs 2019), que cobra en dólares en un país que se le pasó devaluando la moneda y encima con plata regalada por el Banco Nación, es algo que sólo puede explicarse, a priori, por alguna de las maniobras financieras más turbias de que es capaz la clase capitalista argentina (y es capaz de mucho, en serio).

Como está quedando cada vez más claro, y más allá de las operaciones periodísticas de más miembros de la lista Forbes o los delirios persecutorios de la Sociedad Rural y afines, la movida del gobierno no tiene ni un miligramo de “chavismo”, ni apunta a ninguna “venezuelización”. Deberían escuchar al muy sensato José Luis Urtubey, de la UIA, o al gobernador santafesino Perotti (lo más parecido a Pichetto en plaza), ambos peronistas muy conservadores pero no afectos a la dieta del vidrio.

Tampoco es una medida como cualquier otra; por algo lo más rancio del establishment salió a hacer una campaña para tratar de armar una “épica anticomunista” con esto, por delirante que suene. Se trata, en el fondo, del más puro pragmatismo peronista, que, enfrentado a un verdadero problema, intenta transformarlo en una oportunidad para darle algo de aire económico y político al gobierno, pero siempre aclarando que se trata de una “medida excepcional” debida a un contexto específico, y no el comienzo de una serie de estatizaciones. Especialmente en momentos en que entre la pandemia, la negociación por la deuda y la economía que está y –sobre todo– la que se viene, sobran señales de alarma y faltan estímulos.

Todavía no está claro el destino de las demás compañías del grupo aparte de su nave insignia, Vicentin SAIC, entre ellas varias importantes como Renova (principal productora de biodiesel del país), Friar (carne), la operación de la línea de postres y yogures de SanCor y otras. En principio, lo que habrá es un fideicomiso de todo con gerenciamiento de YPF Agro. Y dejemos de lado la estúpida discusión “institucional-constitucional” de intervención-decreto-ley-estatización y concentrémonos en lo que importa: los objetivos de la “nueva” firma bajo gestión estatal… y propiedad mixta (estatal y privada), como YPF.

Esos objetivos han sido presentados de manera bastante llana por el propio Alberto Fernández: 1) evitar que este boccato di cardenale, gran exportador con puerto propio, fuera devorado por las otras grandes cerealeras, todas multinacionales; 2) formar una “empresa testigo”, al estilo de YPF –rol cuyos alcances y límites atestigua la propia petrolera–, de manera de tener una herramienta más fuerte (“estratégica” ya es demasiado) de control a la runfla cerealera, compuesta de grandes productores locales garcas y multinacionales archigarcas6; 3) utilizar esta herramienta como fuente de divisas genuinas y conservar cierto (muy relativo) margen de “soberanía alimentaria”; 4) en lo inmediato, paliar la situación de trabajadores del grupo y de muchos pequeños productores que quedaron atrapados en el default, y 5) ya en el plano político, alimentar un poco la algo alicaída “épica” peronista-kirchnerista con una medida que parecía del más rancio sentido común capitalista (“es lo que hace Merkel en Alemania con Lufthansa”, se justificó Alberto), pero a la que la histeria gorila reviste de más sustancia de la que tiene.

Dejemos que el propio presidente aclare las cosas: “No estamos expropiando una empresa próspera, estamos expropiando una empresa en quiebra. Si estuviera funcionando normalmente, no hubiéramos pensado nada de esto. Soy un hombre que cree en un capitalismo más justo, pero que cree en el capitalismo. No me da vergüenza decirlo”. Y vaya que cree que, contra los ilusiones de los kirchneristas, el primer socio estratégico que podría buscar la futura empresa mixta de gestión estatal sería… nada menos que uno de los supuestos enemigos, la multinacional suiza Glencore, pulpo monstruoso que factura 200.000 millones de dólares al año (medio PBI argentino) y actor principalísimo en los mercados de granos, metales y carbón. Sucede que, como socia de Vicentin, Glencore debería recibir una jugosa indemnización en caso de estatización total. Y como reza el dicho, si no puedes (ni quieres) vencerlo… únete a él.

Así se cierra el círculo de esta fábula que muestra a cada animalito con su verdadero pelaje: a la gran burguesía argentina con su voracidad de rapiña y su mentalidad de contrabandista; al personal político agente directo o incluso miembro de lo más granado de la clase capitalista, con su venalidad cómplice, y al personal político no tan adicto a la lista Forbes pero 100 por ciento capitalista, pero a la que la histeria de medios de comunicación y políticos conservadores pinta con un color rojo que no llega ni al rosa pálido.

 

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Notas:

1 Datos del INDEC 2019: sobre el total de exportaciones, el complejo sojero fue el principal rubro con el 26% del total (otras oleaginosas, 3%); los cereales, el 15,5%; el sector automotriz, el 10,9%; minería 7,8%; hidrocarburos y petroquímica, 7,8%, productos ganaderos, 7,4%; frutas, 3,5%; pesca 2,9%; todo el resto, 14,7%, más de la mitad productos primarios y derivados (https://www.indec.gob.ar/indec/web/Nivel4-Tema-3-2-39).

2 Por supuesto, están en excelente compañía. Por nombrar sólo a los más conocidos en orden aparición: Rocca, Bulgheroni, Pérez Companc, Roemmers, Galperin, Eurnekian, Pagani (Arcor), Bagó, los herederos de Clarín, Magnetto, Urquía (de Aceitera General Deheza), Braun (los primitos de Marcos Peña), Belocopitt (Swiss Medical), Born, Miguens (familia del presidente de la Sociedad Rural cuando “la 125”), Pierri (el eterno presidente de la Cámara de Diputados bajo el menemismo), la sucesión Fortabat (manejada por el ahijadito de Amalita, Alfonso Prat Gay), Mindlin (amigo, socio ¿y testaferro? de Macri) y sigue la lista. Todos arriba de los 400 palos verdes ganados con el sudor ajeno.

3 Agregaba “y más vale que te apures, porque el ticket de entrada va a salir mucho más caro a medida que nos acerquemos a las elecciones”. Y en reuniones más selectas, con 20 o 25 empresarios “Macri llegó a decir ‘muchachos, y prefiero que me la den negra’. O sea, que no la declaren. Y ahí un par de los asesores le dicen ‘Mauricio, pará de decir esto, nosotros nos encargamos, porque si alguno de los 25 te graba, te filma, se terminó tu campaña’. Ahí se moderó” (relato de Hugo Alconada Mon de su libro La raíz de todos los males, en diálogo con Ernesto Tenenbaum y Reynaldo Sietecase, https://www.periodismo.com/blog/2018/09/12/macri-decia-quiero-el-1-del-patrimonio-de-sus-empresas/)

4 La lista de acreedores de Vicentin es muy extensa (más de 2.000 firmas), pero ninguna se clavó con un monto tan brutal como el del Banco Nación, que de hecho pone en riesgo la situación patrimonial del principal banco público. Los otros grandes acreedores son públicos también: al Banco Provincia le quedó un muerto que es el 10% del Nación, y a la AFIP casi otro tanto (1.465 millones); todo muy superior al de otros acreedores privados. El colmo es que entre los acreedores de la empresa de la familia Vicentin figuran… varios miembros de la familia Vicentin, así como la otra familia socia, los Nardelli (pero no el CEO Gustavo Nardelli, alias “Me voy a pasear en mi yate mientras los giles hacen cuarentena”).

5 Recordemos que la principal compañía industrial argentina, Tenaris, del número uno de la lista Forbes, Paolo Rocca, técnicamente no es argentina sino que depende de un grupo fantasma radicado en Luxemburgo. Tenía razón el pobre Macri cuando en medio del escandalete Panama Papers decía: “¿Tanto lío por algunas compañías offshore? ¡Si lo hacen todos y es lo más normal!” Bueno, al menos de la lista Forbes nadie salió a desmentirlo, eh.

6 Entre las “picardías” del sector, vale recordar lo que sucede hoy con la liquidación de divisas del agro, que están en el nivel más bajo desde 2007, unos 7.000 millones de dólares en lo que va del año. Son 18 millones de toneladas este año contra 51 millones en 2019. ¿Por qué? Pues por dos razones: primero, porque estos vivos adelantaron nada menos que 4.600 millones de dólares de liquidaciones en noviembre y diciembre pasados anticipándose a una suba de retenciones (que no vino, así que perdieron plata por garcas), y segundo, porque con el minué de la deuda y una posible nueva devaluación están reteniendo liquidaciones todo lo que pueden. Así, se quedan con divisas que se necesitan urgentemente porque son así, los dueños de todo, y nadie les pisa el poncho.

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