Brasil | Un giro a la derecha en la política internacional

La estrategia de Bolsonaro en política internacional es el sometimiento incondicional a los Estados Unidos de Trump, comprometiéndose a ponerle un freno a la influencia china y dando la espalda al Mercosur.

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Editor en Jefe del portal IzquierdaWeb - Noticias de los trabajadores, las mujeres y la juventud.


MARTIN CAMACHO 

 

El año 2019 comenzó con muchas novedades en Brasil. La asunción del presidente Jair Messias Bolsonaro, el día 1 de enero, trajo cuestionamientos y preocupaciones diversas. En este artículo queremos tratar sobre cómo el nuevo gobierno se comportará frente a las problemáticas y a los dilemas internacionales.

La participación en la asunción de Bolsonaro de algunas delegaciones con primeros ministros, presidentes o representantes claves de algunos países dio algunas pistas del camino que va a recorrer el país en la arena internacional y el de las relaciones entre Estados.

El cambio de dirección en la conducción del país en ese sentido es claro. Ya se sabe que terminó el ciclo trazado por el PT, las reformas mínimas y concesiones de derechos básicos hoy están totalmente cuestionadas. Paulo Guedes, un ultra neoliberal, quiere vender todo lo que pertenece a las empresas estatales. La Electrobras, Embraer y la Petrobras están en la lista de las empresas a ser entregadas al capital extranjero. Está en movimiento toda una línea política de quitar de manos del Estado cualquier responsabilidad, mejor dicho, quieren imponer un Estado mínimo para los derechos sociales y uno máximo para la imposición de más explotación, como proponen los neoliberales.

 

Cambio de perspectivas

Pero, lo que nos interesa analizar específicamente son las figuras que vinieron a la asunción de Bolsonaro. En primer lugar, el alineamiento con las políticas llevadas por Donald Trump están a la orden del día, una y otra vez Bolsonaro lleva a cabo las políticas del mandatario de Norteamérica, los principales invitados para esa asunción comulgan en general con esas mismas directivas.

El primero en llegar al país fue el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, hoy denunciado por corrupción e impulsor del genocidio en cámara lenta del pueblo palestino, que confina a millones de personas en un campo de concentración a cielo abierto como es la Franja de Gaza. Es la primera vez que participa de la investidura de un presidente de Brasil. Ya era posible notar las banderas de Israel en las pancartas a favor del impeachment de Dilma que también estuvieron presentes entre los simpatizantes de Bolsonaro el 1º de enero. Todo un símbolo de alineamiento con ese hermano menor de los yanquis que es un enclave imperialista en los territorios palestinos desde 1948.

Netanyahu no vino sólo para la asunción, vino también para cerrar acuerdos económicos y confirmar la transferencia de la embajada de Brasil de Tel Aviv hacia Jerusalén, o sea, a sellar el pacto con Bolsonaro para reafirmar y fortalecer la posición israelí de mudar la capital de su Estado a esa ciudad, medida política que hoy no es reconocida por la comunidad internacional.

Por otro lado, la comunidad árabe en todo el mundo se opone a esa medida y el sector de la alimentación de Brasil, que tiene importantes negocios con el mundo árabe, ya expresó una señal de alerta respecto a esa medida. En un mundo que aún no superó la crisis económica del 2008, cualquier medida que cierre un mercado importante puede ser el puntapié para provocar un nuevo revés recesivo en el país, el alineamiento con una política trumpista que parece que el gobierno no ve respecto a cuales serían sus implicaciones reales.

Pero, vamos por partes, de los conservadores presentes podemos citar a Sebastian Piñera de Chile, Mario Abdo Benítez del tradicional Partido Colorado de Paraguay y cercano al ex dictador Alfredo Stroessner, Ivan Duque de Colombia, quien en su momento hizo campaña por el “No” al acuerdo con las FARC, Juan Orlando Hernández de Honduras, quien viene siendo repudiado por la población al continuar el legado del golpe de 2009 que destituyó a Manuel Zelaya. Todos esos gobiernos están en una misma sintonía de trazar una diferenciación con los gobiernos populistas de comienzo de siglo. Otro mandatario alineado con las políticas xenófobas y ultranacionalistas presente en el evento fue el húngaro Victor Orbán, que elogió al nuevo presidente. Los Estados Unidos enviaron al Secretario de Estado, Mike Pompeo, con la misión de discutir políticas para enfrentar la injerencia de China en la zona. También trajo la discusión de los países “no democráticos” como Cuba, Venezuela y Nicaragua. El propio Trump dio sus felicitaciones a Bolsonaro después de culminar su discurso en el Congreso.

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Una de las incógnitas fue la ausencia de Mauricio Macri – del país del Cono Sur que más intercambio comercial  tiene con Brasil-, lo que puede ser una señal de precaución sobre cómo se va a definir la política internacional. La preocupación central parece ser sobre cómo va a conducir Bolsonaro el tema del Mercosur, qué papel va a definir para el bloque- ya se ve alguna fricción vía mensajes en las redes entre los dos países. Si se impone en las negociaciones bilaterales (el más grande impone mejores precios para sus productos), Brasil puede causar un serio desequilibrio comercial con Argentina y los demás países de la región, equilibrio que la unión de los países de América del Sur (MRCOSUR) tenía medios para amenizar.

En suma, fueron 46 delegaciones internacionales las que asistieron, menos representantes que en las ceremonias anteriores. Un síntoma de no querer quedar pegado al discurso ciegamente alineado al trumpimo y con el imperialismo estadounidense en el cual este nuevo gobierno se referencia.

Intimamentealinhadoscom Donald Trump, esses representantes chegaram no Brasil como umparceiroforte contra os “inimigos”, ouseja, tirar as riquezas dos pobres para entregar ao imperialismo estadunidense. É evidente que o pêndulofoi a direita, mas não está descartado enfrentamentosemum mundo que nãoconsegue superar a criseeconômica que vai para mais de uma década.

Íntimamente alineados con Donald Trump, esos representantes llegaron a Brasil como un aliado fuerte contra los “enemigos”, o sea, para expoliar riquezas a los pobres para entregarlas al imperialismo yanqui. Es evidente que el péndulo de la política internacional fue a la derecha, pero no están descartados enfrentamientos en un mundo que no consigue superar la crisis económica que lleva ya más de una década.

 

Un amigo del alma

Una presencia especial por sus posicionamientos políticos y alineamiento con los gobiernos populistas fue Evo Morales. Obviamente que los acuerdos comerciales entre ambos países son grandes, pero el presidente del país andino ya olvidó que Lula lo salvó más de una vez cuando Bolivia se vio inmersa en una disputa en 2008 que llego casi a una guerra civil.  Lula como mediador apaciguó el conflicto.

Hoy, Evo parece que olvido esos problemas y mucho más, además del “socialismo” que pregonaba en cada evento para arengar al pueblo. Eran otras épocas, en una línea histórica no es mucho tiempo, pero en política es una eternidad. Hoy, América Latina es diferente, los vientos que soplan actualmente hacia el norte del continente, hacen que mandatarios como Evo- gobiernos burgueses progresistas- den su aval al presidente ultranacionalista, racista y enemigo íntimo de los pueblos originarios como Bolsonaro.

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Los dueños de la economía en disputa por el mercado brasileño

La crisis económica mundial cambio muchas condiciones respecto a la década del 2000. Nuevos horizontes se plantearon con la crisis, la disputa del poder económico crispa la relación entre los Estados, los acuerdos multilaterales penden de un hilo, las fronteras se cierran cada más en una lucha del sálvese quien pueda, la lucha  económica recorre el mundo y provoca duras luchas políticas. Pero, los que están en mejores condiciones son los países imperialistas que determinan con quien y en qué condiciones hacer negocios, y he aquí que entra el ascenso de China en esta historia.

Xi Jinping elogió los discursos de Bolsonaro en una actitud política para no quedar fuera de juego, habló de los lazos que unen a ambos países y que continúan independientemente de las diferencias ideológicas. Para preservar la paz mundial hay que “respetar los intereses fundamentales”, fueron sus palabras.

Veremos cómo el futuro presidente resolverá la cuestión, si será consecuente con su política de alineamiento unilateral con el trumpismo o si no pasa de una retórica populista de derecha. Así mismo, ya llamó la atención de los exportadores, principalmente de soja, quienes ven con preocupación la posibilidad de interrumpir el lucro y los lazos previamente obtenidos del comercio con el país oriental.

En cuanto Bolsonaro promete poner a “Brasil en la cima y a Dios por encima de todos” y quiere endurecer las relaciones con los países de la región, hacer gestiones para imponer en el país una política entreguista del imperialismo yanqui y facilitar la ampliación de la intervención imperialista en la región con el objetivo de impedir el avance de la injerencia china en esta parte del mundo. O sea, quiere ser una correa del imperialismo yanqui a ver si puede obtener de él alguna migaja.

Pero los límites económicos y políticos estructurales están presentes y acaban en última instancia por imponerse. Si la economía brasilera no crece a mediano plazo va a perder el apoyo popular, de los empresarios y de las altas finanzas. Lo que puede hacer que las masas pasen de forma rápida a la oposición, acrecentando la polarización y los conflictos políticos. O sea, este es un gobierno que genera muchas incertidumbres.

Finalmente, un nuevo alineamiento internacional de extrema derecha está por concretarse- si Brasil puede llegar a cumplir un papel de línea auxiliar de la intervención estadounidense en América Latina, pero para eso tendrá que superar varios obstáculos, en primer lugar derrotar de forma estructural al movimiento de masas, abrir un ciclo de crecimiento económico y, además de dentro de las fronteras nacionales, contar con una pacificación de la lucha de clases en otros países, lo que no será nada fácil, porque la economía mundial da señales de que entrará en una nueva crisis recesiva, el movimiento de masas de Brasil no fue derrotado históricamente y en varios países vecinos la resistencia de los trabajadores y los oprimidos da importantes señales de vitalidad.

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