Brasil | Enfrentar a los ataques y amenazas a nuestras figuras públicas con movilización de masas y auto-organización

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Editor en Jefe del portal IzquierdaWeb - Noticias de los trabajadores, las mujeres y la juventud.


Por Gabriel Barreto

 

Diversas amenazas de muerte y avalanchas de noticias falsas acompañaron la trayectoria de Jean Wyllys como parlamentario del PSOL durante sus dos mandatos, primero parlamentario declaradamente homosexual en un país en dónde centenares de asesinatos y una serie de crímenes en contra de LGBTs ocurren diariamente.

Wyllys asumiría su tercer mandato como diputado federal por Rio de Janeiro, pero ha decidido renunciar y exiliarse en el exterior para seguir una carrera académica. Esta decisión fue tomada como una medida para preservar su vida de un riesgo concreto que ronda parlamentarios del PSOL, y también como parte de los desdoblamientos personales de una vida marcada por una serie de restricciones. En este sentido, es importante prestar solidaridad, denunciar y rechazar las amenazas a Jean Wyllys, militante LGBT y compañero del partido.

Desde el asesinato de Marielle Franco y Anderson Gomes, el diputado vive bajo escolta policial: tal medida, sin embargo, no ha sido acompañada de una seria investigación ni mucho menos del enjuiciamiento y prisión de los responsables por las amenazas. En realidad, a partir de la repercusión provocada por la renuncia de Wyllys, el Ministro de Justicia del gobierno Bolsonaro se pronunció a través de una nota en dónde afirma que las investigaciones de la Policía Federal llevaron a la identificación de uno de los autores de las amenazas, un hombre que está preso desde el 2018 por crímenes de racismos, divulgación de pedofilia en internet y amenazas variadas. Para dejar la impresión de que no se omiten, las instituciones bajo el gobierno Bolsonaro apuntan hacia uno de sus apoyadores ya fuera de combate. Así, del mismo modo cómo hace 10 meses no obtenemos respuesta sobre quién ha matado Marielle y Anderson, las investigaciones sobre amenazas no apuntan ningún camino.

El primer mes del gobierno Bolsonaro estuvo marcado por ataques a los trabajadores, pero también por retrocesos, inestabilidad y desgaste. Bolsonaro fue electo luego de una intensa campaña de manipulaciones, difusión de fakenews en las redes sociales, coacción de trabajadores por parte de sus patrones, como en el caso emblemático del dueño de la red Havan, y haciendo hincapié en la vieja promesa de “librar el país de la corrupción” exhibiendo su insostenible antifaz “antisistémico”. Sin embargo, a esta altura el gobierno ya empieza a sufrir el desgaste ocasionado por el nombramiento de ministros corruptos y por el involucramiento de su hijo, el senador electo Flávio Bolsonaro, en casos de corrupción – quién, para exentarse de los juicios correspondientes apela al tan criticado foro privilegiado.

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El auge de la crisis que afecta a la familia Bolsonaro ocurrió alrededor del chofer de Flávio, Fabrício Queiroz, quién ha repasado cantidades sospechosas de dinero a la esposa del presidente, también investigada. Las investigaciones sobre los vínculos de Queiroz con el entonces diputado provincial de Rio de Janeiro, Flávio Bolsonaro, están revelando las podridas entrañas  del núcleo duro del clan bolsonarista.

El involucramiento directo de la familia con las milicias paramilitares cariocas, empleando parientes y homenajeando a sus líderes, debe ser investigado a fondo para desvelar cómo se relacionan y actúan. O sea, se está demostrando que se trata de jefes criminales ocultos bajo la mezcla sospechosa de ideologías reaccionarias, que no dudan en utilizar métodos violentos para imponer sus intereses políticos y económicos. Es exactamente en este escenario político que se inserta la decisión de Jean Wyllys de renunciar al tercer mandato como diputado nacional, para el cual tenemos que prepararnos política y organizativamente.

En este punto nos gustaría destacar que el PSOL puede tomar la delantera de los enfrentamientos políticos a este gobierno criminal y del esfuerzo por la necesaria unificación del accionar de las izquierdas, constituyéndose como alternativa política al lulismo en decadencia. De este modo, actúa correctamente al exigir investigaciones en relación a todo ese mar de fango y dió un paso importante con la candidatura de Marcelo Freixo a la presidencia de la Cámara de Diputados. En Río, Freixo ha presidido la Comisión Parlamentaria Investigativa en contra de las milicias, que fue considerada un marco en el enfrentamiento al crimen organizado en la provincia fluminense. Por enfrentar canallas como los que hoy ocupan la presidencia, responsables por la renuncia de Jean Wyllys, tiene que vivir bajo permanente escolta de seguridad. Por ello, toca al PSOL mantener el programa de sus candidaturas y liderar un frente que unifique a la resistencia parlamentaria y en las calles.

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Por otro lado, contestar honestamente a las cuestiones políticas centrales hoy puede elevar la organización, el programa y la práctica del partido a otro nivel. En este contexto, no basta con fiarse de los instrumentos de fuerza del poder de Estado: esto sería un inmenso error. La salida no está sólo en exigir investigación, hacer denuncias en el parlamento y cercar de seguridades a los compañeros bajo amenaza directa, debemos enfrentarnos a la nueva situación y apostar sistemáticamente en la movilización de masas en contra de dichas amenazas, en la auto-organización de los trabajadores y oprimidos y en la construcción de una organización partidaria por la basa que esté a la altura del endurecimiento de la lucha de clases.

De esta forma, el PSOL no puede solamente apoyar a Jean Wyllys en su decisión, sino que debe discutir en todas sus instancias – de las bases a la dirección – como ser un actor importante en la movilización de masas, por un lado, y en la garantía autónoma de seguridad de los activistas sociales, de nuestros compañeros y compañeras y de las figuras publicas del partido, por otro. Discusión esa en que también debe participar el conjunto de movimientos sociales, sindicatos y otros partidos de izquierda.

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