Antonio Soler
Profesor. Dirigente de la Tendencia Socialismo o Barbarie del PSOL de Brasil.


La crisis y el descontento se acumulan

Los mecanismos de presidencialismo de coalición-que Bolsonaro quiere sustituir por una especie de semibonapartismo- exigen que cargos del gobierno y enmiendas presupuestarias sean conferidos a los partidos que puedan garantizarle los votos a sus proyectos [1]

Así, la “tregua entre los poderes” no nos interesa, ya que tiene por objetivo garantizar la aprobación de la “reforma” previsional. Parte de ese reacomodamiento y el cambio del tono político del gobierno que recula en su discurso y la decisión a cerca de la Presidencia de la Cámara (Rodrigo Maia-DEM) van en sentido de asumir el tratamiento y negociación de la PEC 6/2019.

Pero la caída récord de la popularidad del gobierno no marca un escenario favorable para una reforma tan dura contra la mayoría del pueblo, por más que los “reformistas” digan que esa reforma combate “privilegios”. Después de dos años de “reforma” laboral, que sólo agravó el desempleo y las condiciones de trabajo,  la retórica del gobierno y los medios masivos en favor de la PEC 6/2019 está por demás lejos de los hechos y la percepción popular para que se pueda convencer a las masas de que esa reforma es necesaria, va a convenir a todos, hará crecer la economía, reducir el desempleo y mejorar las condiciones de existencia.

Esa combinación de percepción crítica de la reforma, sumada al desempleo, precarización, desaliento de los trabajadores [2] y repudio a las políticas reaccionarias y entreguistas de Bolsonaro, que sólo parece agradar a su núcleo político más duro (cerca del 20% de los electores de octubre del 2018), retroalimenta el escenario que llevó a la caída récord de popularidad del gobierno. De ahí viene la preocupación de los partidos burgueses comprometidos con la “reforma”, pues saben que el rechazo popular a ella viene creciendo y que la caída de popularidad del gobierno puede rápidamente extenderse al conjunto de las instituciones del régimen.

Así mismo, con el cambio de la postura táctica de Bolsonaro, no está claro que se podrá formar la base de apoyo necesaria para que la reforma pase sin que el proyecto inicial del gobierno, que tiene por objetivo generar una “economía” de un trillón en diez, sea profundamente modificado. A medida que la dureza de la PEC 6/2019 se va comprendiendo por los trabajadores, aumenta el descontento, el desgaste de los partidos que están frente a la reforma, lo que coloca la posibilidad de realizar acciones más masivas de rechazo.

El descontento popular, si no es aprovechado por las organizaciones de trabajadores, no puede por sí sola hacer recular la máquina reaccionaria que opera en el Congreso para aprobar, así mismo de forma negociada, un ataque brutal contra el conjunto de los trabajadores.

 

Ataques reaccionarios en varios frentes y crecimiento de la resistencia

Sin obviar el hecho de que Bolsonaro no muestra la menor condición personal de articulación política y de gobierno, lo que provoca ruidos, conflictos y crisis innecesarias en varios frentes, se engaña quien piensa que las medidas de este gobierno están desconectadas o carentes de una estrategia que busca desagarrar aún más el frágil y ultralimitado régimen democrático burgués de Brasil.

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La ofensiva ultrareaccionaria del gobierno no se da en un solo frente y tiene por objetivo imponer otra lógica política que concentre más el poder en la presidencia de la República y en el aparato policial y militar. O sea, quiere imponer un régimen semibonapartista. Parte importante de ese proyecto es sofocar a la izquierda, los partidos de oposición y los movimientos sociales para que todos los proyectos ultrarreaccionarios de este gobierno pasen sin resistencia, imponiendo así de hecho otro régimen y una derrota histórica a los trabajadores y oprimidos.

Es en ese contexto que podemos entender la determinación del gobierno en celebrar el aniversario de los 55 años del golpe militar del 31 de marzo de 1964. Medida que el gobierno tuvo que rectificar,  diciendo que no se trataba de conmemorar, sino de recordar, lo que el comando militar reforzó diciendo que era importante aprender de los aciertos y errores, esto fue detenido por un fallo luego ratificado en segunda instancia.

Aún con toda la repercusión negativa, el propio domingo 31, el gobierno divulga vía el whatssapp presidencial un video con la defensa abierta del golpe. Por otro lado, luego de la limitada apertura democrática de los años 1980, nunca vimos tanta movilización contra los crímenes de la dictadura militar, con protestas de millares de personas en San Pablo, Río de Janeiro, Belo Horizonte y otras capitales.

Existe así una clara determinación de este gobierno de crear un caldo de cultivo de una cultura política reaccionaria entre las masas para dar los pasos políticos necesarios para la implementación de los ataques a los derechos democráticos, imponiendo el endurecimiento del régimen. Esto genera por otro lado, un movimiento más amplio contra los crímenes de la dictadura y sus responsables, incorporándose camadas de la juventud y el movimiento de mujeres que antes estaban ajenos a esa temática.

 

La burocracia desperdicia la posibilidad de derrotar al gobierno

La acumulación de contradicciones de este gobierno, su caída de popularidad y la creciente disposición de lucha está siendo subaprovechada por la dirección del PT y de la CUT, que en vez de colocar en el centro la política de derrotar a Bolsonaro y la reforma previsional, principalmente después del Día Nacional de Lucha contra la Reforma Previsional, el 22 de marzo, que reunió millares de personas en todo el país, más bien apuesta a la campaña “Lula libre” como eje político prioritario.

Para dar centralidad a la campaña “Lula libre”, la burocracia política y sindical pone en segundo plano de forma criminal la lucha contra la reforma previsional. Política esa que acaba por conceder tiempo suficiente al gobierno para ponerse de acuerdo con los jefes del Parlamento, comprar su base y aprobar la reforma previsional. Esa misma estrategia fue utilizada bajo el gobierno de Temer después de la poderosa huelga general del 24/04/2017. La burocracia dio un plazo de 2 meses antes de convocar a la próxima movilización, lo que permitió al gobierno recomponerse, y de paso, articular la aprobación de la reforma laboral.

De forma totalmente independiente del lulismo, pensamos que Lula es un preso político, y que su prisión, así como el Impeachment de Dilma, está al servicio de la ofensiva reaccionaria. La campaña por la libertad de Lula es parte de la campaña por la defensa de los derechos democráticos que están siendo socavados, pero hoy no es la principal bandera para unificar  a los trabajadores. Esa bandera, es obviamente, la lucha contra la reforma previsional.

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En ese sentido la consigna de “Lula libre” tiene que ocupar nuestro pliego de consignas, pero no como bandera principal. En realidad, la lucha por la libertad de Lula sólo tiene chances reales de éxito si las masas estuvieran masivamente movilizadas, y eso sólo lo lograría la lucha contra la reforma previsional. O sea, la política de la burocracia va por enésima vez en contra de movilizar a la clase trabajadora en pos de los intereses electorales del PT, estrategia que combinada con otros factores, fue fundamental para la victoria de Bolsonaro en 2018. Como consecuencia la burocracia la paga con la prisión de Lula, y los trabajadores con el ascenso a la presidencia de la República de un neofascista que quiere imponer un régimen autoritario, en tanto, las consecuencias de la traición del lulismo podrían ser más serias.

La política de no poner todo el peso en la derrota de la PEC 6/2019 es una traición de la burocracia lulista que en medio de un escenario de creciente disposición a la lucha, apuesta a un eje que no está en el centro de la preocupación de la mayoría de la clase trabajadora y no tiene poder de movilización de las masas.

Así, la chance de derrotar definitivamente esa “reforma” puede ser nuevamente perdida por la línea de conciliación de la burocracia lulista, una tragedia por las chances reales de imponer una derrota categórica a Bolsonaro. Por eso, nuestro partido, el PSOL, y las centrales sindicales de las cuales participa, CSP-Conlutas e Intersindical, no pueden contentarse con el calendario propuesto por la burocracia. Precisa con todas las fuerzas denunciar ese operativo político que busca sabotear el ascenso de la lucha y exigir que sea nuevamente convocado un Día Nacional de Lucha contra la Reforma Previsional en Brasilia cerca del mes de abril, además de que sean organizados por las bases Actos y Comités de Lucha en todas las regiones.

[1] Exigencia que el gobierno ya viene atendiendo sobre el discurso de que está dispuesto a hacer “nombramientos técnicos”. Pero como está claro, hay muy poco de calidad técnica en este gobierno, parte importante de sus ministros y auxiliares vienen de los peores cuadros de la burguesía. Todos sus núcleos son formados por gente alineada por el reaccionarismo de todos los campos que se vuelcan para una nada disfrazada estrategia política de imponer cambios significativos en el régimen y un alineamiento directo con la derecha de todo el mundo.

[2] Datos del IBGE dan cuenta de 13,1 millones de desempleados,  27,9 millones de subcontratados; 4,9 millones de personas que ya no buscan empleo y 23,8 de cuentapropistas.

 

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