Reino Unido

Boris Johnson y una política criminal para abordar el coronavirus

Al principio, el gobierno británico anunció que no tomaría ninguna medida y simplemente dejaría morir a la gente. Las consecuencias: ya son casi 2000 confirmados en el Reino Unido con 60 muertes hasta el momento. Si no se toman medidas serias con rapidez, el país avanza a una reproducción del caso italiano, un desastre sanitario que puede salirse de control muy rápidamente.

Ale Kur
Redacción Semanario Socialismo o Barbarie.



 

En medio de la preocupación global sobre qué medidas adoptar para enfrentar el brote de COVID-19, el gobierno del Reino Unido contrasta por su “peculiar” manera de abordarlo.

Las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, seguidas con mayor o menor seriedad por una buena cantidad de países, implican la adopción de medidas estrictas de aislamiento y distanciamiento social, además de un seguimiento riguroso de los casos a través de la realización sistemática de tests (para verificar si las personas están o no infectadas) y del confinamiento de los casos positivos.

Pero el gobierno británico del derechista Boris Johnson decidió inicialmente tomar otro rumbo muy diferente. Básicamente su primer anuncio consistió en la declaración de que no se tomaría medida alguna ni se realizarán tests masivos, en que se “recomendaba” a las personas mayores quedarse en sus hogares… y que había que prepararse para “perder a miles de nuestros seres queridos”. El supuesto implícito era que sería inclusive una buena idea dejar que las personas se contagien para que adquieran inmunidad y de esa forma, en el mediano plazo, se corte en seco la expansión de la epidemia. El concepto usado por Johnson, “herd immunity” (inmunidad de manada) se aplica habitualmente a la que se adquiere a través de la vacunación masiva de la población -cosa que no es el caso porque no existe todavía vacuna contra el Coronavirus, y hace falta por lo menos un año entero (o 18 meses) para que esté disponible para uso masivo.

Es decir, la política inicial de Johnson era simplemente darwinismo social: dejar que todos se enfermen, y que sobreviva el más apto. Un potencial genocidio de ancianos, de personas inmunodeprimidas y en general de todo aquel que tenga un estado salud más frágil. Esto es lo que ocurre cuando se deja a un liberal ortodoxo a cargo de las políticas de Estado.

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Pero investigadores del Imperial College le respondieron al gobierno que esa orientación implicaría nada más y nada menos que la muerte de 260 mil personas. Más aún, llevaría al colapso del sistema de salud británico -que aunque está entre los mejores del mundo[1], viene de ser fuertemente desfinanciado durante décadas (y, de cualquier forma, posiblemente ni siquiera en su mejor momento podría manejar con facilidad ese nivel de presión). El desborde de los hospitales es exactamente lo que ocurrió en Italia y lo que está ocurriendo en España, países que no tomaron medidas de contención lo suficientemente estrictas a tiempo.

Por estas razones, finalmente el gobierno británico comenzó a girar su discurso y aceptó empezar a adoptar un enfoque más tradicional, aunque todavía está a años luz por detrás de la realidad actualmente existente. Por ahora “recomienda” evitar el contacto social, aunque sin cancelar ni clases escolares, ni eventos masivos, ni los bares, etc. También “recomienda” el aislamiento de personas con síntomas, aunque sin medidas para garantizarlo. Al mismo tiempo, continúa sin aumentar la escala de realización de tests, sin llevar adelante un rastreo sistemático de casos sospechosos.

La única decisión realmente útil tomada por Johnson hasta ahora es solicitar la producción masiva de respiradores artificiales, para aumentar el número desde las 5 mil unidades (que actualmente poseen los hospitales británicos) a 20 mil. Esto quedaría a manos de empresas privadas que actualmente utilizan sus líneas de producción para otros rubros (automóviles, aeroespacial) pero que las reconvertirían para abastecer la demanda. Está por verse si esto realmente ocurre o es sólo una estrategia de marketing político que esconde la falta de definiciones reales.

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En cualquier caso, el tiempo perdido por los experimentos «darwinistas» del gobierno ya es responsable de cientos de nuevos casos: ya son casi 2000 confirmados en el Reino Unido con 60 muertes hasta el momento. Si no se toman medidas serias con rapidez, el país avanza a una reproducción del caso italiano, un desastre sanitario que puede salirse de control muy rápidamente. Este es el costo de priorizar los intereses del “mercado”, las ganancias capitalistas y la lógica individualista por encima de las necesidades colectivas y de las recomendaciones de los expertos en salud de todo el planeta.

 

[1] El NHS (National Health Service o Servicio Nacional de Salud) es un sistema sanitario 100% estatal puesto en pie luego de la Segunda Guerra Mundial -como pieza central del “Estado de bienestar” de posguerra. Es una de las instituciones del Reino Unido más respetadas por su población -a tal punto que ni siquiera la derecha ultraliberal se anima a desafiarla frontalmente, y sobrevivió a todos los gobiernos, inclusive desde el giro neoliberal de los 80. Pero inclusive este sistema tan prestigioso sufrió de décadas de políticas de austeridad que fueron reduciendo su financiamiento, equipamiento, instalaciones y personal.

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