Covid 19 en Brasil

Bolsonaro quiere el retorno normal a clases y al trabajo en plena pandemia

En una reciente conferencia de prensa, la noche del martes, Jair Bolsonaro solicitó la reapertura de comercios y escuelas.

Martín Camacho



En una conferencia en la que defendió a Donald Trump y criticó la cuarentena como método preventivo de contención de la pandemia, el mandatario declaró:

«Algunas autoridades estatales y locales deben abandonar la prohibición del transporte, el cierre del comercio y el confinamiento masivo. Lo que está sucediendo en el mundo ha demostrado que el grupo de riesgo es el de las personas mayores de 60 años. Entonces, ¿por qué cerrar las escuelas?»

El presidente de Brasil hace oídos sordos ante el peligro real que representa la pandemia para la población, poniendo como prioridad absoluta de su gobierno las ganancias capitalistas. Y si es necesario sacrificar a cientos de trabajadores en el altar del Coronavirus, que así sea.

Tuvo también que hacer referencia a las peleas de orientación frente a la pandemia entre él y los gobernadores estatales, muchos de los cuales implementaron medidas de cuarentena general contra la voluntad expresa de Bolsonaro. Muchos de los municipios o estados están tomando medidas más allá del gobierno nacional, con más visión que el propio presidente. O sea, hay una evidente insubordinación de los gobernantes que ya no reconocen lo que se dice desde el Planalto.

“El caos está en nuestra cara. Podemos tener saqueos. Vamos a tener caos y virus: necesitamos que el pueblo vuelva a trabajar. Los gobernadores son irresponsables en parar la economía con sus medidas».

Brasil está sin dirección para contener el brote, o sea, está extremadamente atrasado y repitiendo los errores de Italia o España. Los números divulgados por el Ministerio de Salud son alarmantes y revelan que no fueron tomadas las medidas adecuadas antes de que la pandemia llegara al país. La curva de infectados está yendo más rápido que en Italia en los primeros días de febrero.

En medio de este escenario, Brasil viene enfrentando otro problema grave que es la agresión a profesionales de la salud. Brasileros mal informados e influenciados por los discursos negacionistas del presidente han arrojado alimentos a los uniformes blancos, agrediendo y maldiciendo a las personas que están actuando en la atención a los pacientes.

Los gobiernos reaccionarios de Brasil y Bolivia rechazaron a los médicos cubanos como un preanuncio del genocidio. Esos mismos médicos son la línea de vanguardia en Italia para combatir el avance del virus. Sólo los trabajadores con sus esfuerzos multiplicados son quienes muchas veces sacrifican la vida para proporcionar atención adecuada, son los actores principales en estos días de pandemia.

En el Estado de San Paulo, los intendentes de la región del ABC, que hicieron un plan para suspender totalmente la circulación de las líneas de ómnibus hasta el día 29/03, están en diálogo con el gobernador João Doria en el sentido de mantener o no el funcionamiento del transporte público municipal. El gobierno estadual (provincial) también puso a todas las personas de forma obligatoria en cuarentena, no sólo a la clase media, como se anunció en los primeros días con los cierres de los cines y teatros. Sin esa medida, los trabajadores municipales de la región continuarían tomando el transporte abarrotado para ir trabajar todos los días.

El gobernador de Pará, Helder Barbalho, que grabó un vídeo el sábado (21/3) reclamando la actuación del presidente. El político paraense afirmo en un video “Nosotros no tenemos nada contra el gobierno federal, nosotros no queremos actuar contra el gobierno federal. Ahora, nosotros no vamos quedarnos esperando a que el gobierno federal actúe, nosotros haremos lo que cabe al gobierno del estado (provincial) y no vamos a pedir permiso al presidente, al ministro ni a nadie para proteger a los paraenses”, dice el gobernador del partido de Michel Temer, MDB.

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Ya el gobernador de Río de Janeiro, Wilson Witzel, firmó un decreto que pedía el aval de la Agencia Nacional de Aviación Civil (ANAC) para prohibir la entrada de vuelos internacionales y de los estados brasileros con casos, incluyendo a la ruta aérea Río-San Pablo. “Sólo hice el decreto para que el gobierno tome nota de las medidas y, de una vez por todas, acuerde. Es necesario mirar a Brasil como un todo y parar con esa actitud antidemocrática, conversar con los gobernadores. Porque lo que va a ocurrir de aquí en adelante, definitivamente, depende mucho de lo que el gobierno federal quiera hacer”, afirmó el gobernador del Partido Social Cristiano.

Ambos gobiernos son extremadamente reaccionarios, pero, en este momento de pandemia, están tomando medidas mucho más “progresivas” de lo que el gobierno nacional hace, que no está articulando en nada. Es notoria la crisis de legitimidad y de dirección. Nadie más respeta las decisiones del “mito”, aun entre políticos que en otros momentos apoyaron la candidatura fascista, racista y misógina.

 

Cacerolazos: manifestación del descontento

El cacerolazo es una práctica vieja en la democracia brasilera. En toda la historia de América Latina ese ruido hecho con los objetos metalizados es un sinónimo de indignación, y un preanuncio de inestabilidad política.

En el fuera Collor, el fuera Dilma y ahora con el fuera Bolsonaro las cacerolas fueron usadas como forma de protesta. Ese movimiento sea que tuviera una connotación más a derecha, progresista o un poco a izquierda, siempre fue una señal de que algo estaba mal. Hoy, los cacerolazos en los barrios de las capitales también comienzan a llegar a las periferias, como se vio en la favela de la Rocinha (Río de Janeiro) y en San Bernardo del Campo.

Hubo también reclamos de los trabajadores de call centers, un sector que es totalmente explotado y desvalorizado, que exigen que las empresas paren de funcionar. Un ejemplo es Atento Brasil que rechaza permitir a los trabajadores quedarse en sus casas y que no provee alcohol en gel para higienización. La multinacional fue denunciada el viernes (20/3) por obligar a los empleados a trabajar sin ningún tipo de medida preventiva, además de estar funcionando con capacidad máxima.

“Pedimos que la empresa trabaje con capacidad reducida, que permita el home office y permita la licencia entre los empleados adultos y de la población de riesgo, así como otras empresas de telemarketing ya están haciendo. Esta es una situación atípica y es importante que las empresas dejen resguardarse a sus empleados. Conversamos con Atento, que afirmó que preparará un plan de reducción de 50% de la capacidad de sus edificios.” Informó Mauro Cava de Britto, vice – presidente del Sintetel para el diario Ahora.

La acción es importante, pero reducir el plantel no va a resolver la situación de la expansión del coronavirus. Es necesario cerrar las empresas que no son esenciales y, también, ofrecer condiciones de salubridad a los trabajadores de los sectores esenciales. Los salarios deben ser mantenidos para que las personas no mueran de hambre y para se queden en casa sin exponerse a ser contaminados con el nuevo virus. Una frase que está siendo muy usada y que es necesario repetir varias veces y es que “la economía se recupera, una vida no”.

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En defensa de los SUS y de los profesionales de la salud

El coronavirus mostró a los brasileros que el sistema de salud pública es deficiente y necesita de inversiones. Brasil tiene un Sistema Único de Salud (SUS), una conquista de los trabajadores, para quienes no tienen dinero para pagar un hospital particular. El SUS fue instituido por la Constitución Federal de 1988 para atender la disposición constitucional que considera a la salud como un derecho de todos y deber del Estado garantizarla.

Este sistema sufrió recortes de todos los gobiernos desde su creación. La inversión en salud fue lo menos priorizado en las últimas décadas. Cuando el ministro de Economía Paulo Guedes llamó a los empleados públicos “parásitos“, estaba hablando de un sector de trabajadores que hoy está dando la vida para salvar otras. Los discursos y políticas neoliberales son nefastos y deben ser combatidos vehementemente, pues pregonan la defensa de la ganancia antes que la vida. Esa concepción puede llevar a un colapso sin precedentes en el país, en la región y el mundo.

En una de las entrevistas uno de los tantos trabajadores se presenta en las antípodas de lo que pregona Bolsonaro “Soy del área de enfermería, hice mi juramento, no puedo escaparme. En este momento en que la sociedad necesita de nuestra presencia, de nuestro trabajo, hasta para probarle al ministro de economía que es el quien parasita y quien sobrevive del dinero público, parasitan los banqueros, los ministros que se enriquecen absurdamente con un dinero que nunca van a gastar en las vidas, no nosotros. Aun corriendo riesgo de vida, estamos aquí dentro de los hospitales para atender a la población que necesita de nuestra atención”.

Para dar cuenta de los gastos necesarios para combatir la epidemia, es preciso romper con la lógica ultraliberal que rige a todo este gobierno, es preciso suspender inmediatamente el pago de la deuda pública – que consume casi el 50% del presupuesto federal – e imponer impuestos a las grandes fortunas para destinar todo ese dinero para la salud pública y para otorgar un salario mínimo a los desempleados y precarizados.

Tenemos que salir en una defensa incondicional de los trabajadores de la salud en los próximos días con campañas para asegurar condiciones de trabajo, como los insumos hospitalarios necesarios para prevenir contagios, contratación de profesionales de la salud y la compra de los equipamientos necesarios para salvar las vidas que están en juego.

Es necesario también garantizar que todos los trabajadores de los sectores que no son esenciales se queden en su casa en cuarentena, no sólo un sector de la población, con sus sueldos íntegros garantizados, no aceptaremos la reducción de salarios, como está proponiendo el gobierno en algunos medios de comunicación da burgueses.

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