Después de un poco más de 8 meses de tramitación, este miércoles 23, fue aprobada en el Senado Federal la “reforma” Previsional Social. La llamada “reforma” en verdad es una terrible contrarreforma que tendrá impacto sobre la vida de los trabajadores, de las mujeres, negros y de los más pobres, o sea, sobre todos los sectores más explotados y oprimidos de nuestra sociedad.

La “reforma” Previsional aprobada establece una edad y tiempo mínimo de contribución para hombres y mujeres, siendo de 65 años para hombres y 62 para mujeres y un mínimo de 25 años de contribución para la jubilación proporcional. Para obtener retribuciones integras el tiempo mínimo de contribución será de 40 años. O sea, para que un trabajador pueda jubilarse con retribuciones integras tendrá que trabajar mucho más de 40 años, considerando la inestabilidad y el tiempo de desempleo por los cuales pasa la mayoría de nuestra clase. Por eso fue rápidamente asimilado por las masas que “con esa ‘reforma’ vamos a tener trabajar hasta morir”.

Además de eso, el proyecto inicial quería reducir a la mitad de los beneficios –como el Beneficio de Prestación Continuada (BPC) que paga 998 reales para los adultos mayores encima de 65 años y enfermos que comprueben no tener otra fuente de ingreso-, aumentar la edad para la jubilación rural y quitar la Previsión Social de la Constitución y así transformarlas en leyes ordinarias para facilitar nuevos ataques en el futuro, además de imponer esa contrarreforma a los empleados públicos estaduales y federales, pero ante el rechazo popular esas propuestas fueron retiradas del proyecto en su tramitación en la Cámara de Diputados.

En tanto que ataca violentamente al conjunto de la clase trabajadora con su contrarreforma a través de la PEC 6/2016, el gobierno recompensa a los que considera su principal base de sustentación del proyecto, tanto las fuerzas represivas como los militares. En lo que respecta a los policías federales y para los militares los cambios serán muchos más blandos.

El gobierno, que alega falsamente que el “Estado quebraría” sin esa “reforma” para descargar todo el peso de la “crisis fiscal” sobre las espaldas de los trabajadores/as, podría cobrar las deudas billonarias de los grandes bancos y empresas que alcanzan cerca de 500 billones de reales. Además de eso,  la Previsión Social, y otros sectores, podría ser financiada cobrando impuestos sobre las grandes fortunas, ganancias del capital y herencia, rentas que prácticamente no sufren gravámenes en Brasil, o bien con una reforma de hecho que reduzca drásticamente los super salarios y los privilegios se podría resolver la cuestión sin atacar a los trabajadores y los más pobres.

 

Con la lucha podríamos haber derrotado la contrarreforma

La resistencia ofrecida por el movimiento de masas desde el inicio del año hizo que el gobierno y el congreso recularan en varios puntos para que la PEC pudiera tratarse y ser aprobada. Así, en su proyecto original, en la PEC 6/2016 el gobierno proponía la creación de un nuevo sistema previsional  basado en la capitalización para ir sustituyendo el histórico sistema de repartición brasilero que es una conquista de décadas de lucha y basado en la solidaridad entre las generaciones.

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Sistema ese que fue implementado en Chile en el inicio de la década de 1980 y que beneficio enormemente al capital financiero internacional y que termino llevando a la miseria a los trabajadores, uno de los motivos innegables de la rebelión popular que vive ese país actualmente.

El “ahorro” previsto inicialmente en 1,2 trillones de reales por el gobierno, durante el tratamiento fue reducido a 800 billones debido a la resistencia ofrecida por los trabajadores. Pero no podemos dejar de considerar que la votación de esa contrarreforma significó una derrota para la clase obrera con la aprobación de una edad mínima de 65 años y 40 años de aportes para garantizar retribuciones integras, haciendo que la mayoría de los trabajadores tenga que jubilarse con retribuciones parciales al final de su vida.

Derrota que, pese a la ofensiva reaccionaria y a la fuerte unidad de la clase dominante, de los grandes medios y de los partidos burgueses en torno a ella, podría haber sido evitada, amenizada o al menos, enfrentada a la altura con una dirección del movimiento digna de ese nombre.

Las centrales sindicales y políticas, sobre todo la CUT y el PT, no construyeron un plan de lucha que garantice un proceso constante de movilización, la paralización nacional del día 14 de junio no fue llamada de forma tal que los trabajadores protagonicen un día activo de luchas, en el ABC paulista ningún acto fue convocado por la dirección de la CUT regional, hecho que se replicó en todo el país.

Después de que la “reforma” Previsional fuera aprobada en la Cámara de Diputados, no se llamó a ninguna lucha por parte de las organizaciones de los trabajadores y de sectores de la oposición, los mismos gobernadores del PT, negociaron puntos de la reforma a cambio de mayores alícuotas del Pré-sal [reservas petrolíferas].

La traición es tan descarada que ni siquiera las maniobras legales para obstruirla fueron utilizadas para impedir su votación. La situación es de tamaña desmoralización que siquiera las centrales más combativas o los partidos de izquierda, como la CSP-Conlutas y el PSOL, respectivamente, cumplieron con el papel de mantener la lucha contra esa contrarreforma durante el tratamiento en el Senado, teniendo iniciativas de llamar a la lucha aun pese a la negativa de las grandes centrales sindicales. Esa postura, en la que cabe la responsabilidad central de la CUT y del PT, evidentemente, permitió que fuese aprobada por amplia mayoría  y que el propio Senado retome la inclusión del punto sobre los empleados estaduales y municipales para presentar un proyecto paralelo que está aún por ser votado.

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Aprovechar los vientos que vienen de Chile para construir una dirección a la altura de la pelea

En una situación en que no hay una derrota estructural o histórica de los trabajadores y de los oprimidos –como demostró muy bien la lucha de los empleados públicos contra la “reforma” Previsional y después la de los estudiantes contra el recorte presupuestario-, la negociación de la reforma y el recule por parte de las direcciones del movimiento de masas durante el avance de la contrarreforma Previsional es una traición sin igual.

Ya que además de posibilitar una victoria categórica de la clase dominante sobre este tema específico, puede llevar a una desmoralización de los trabajadores y preparar nuevos ataques, tal como la propuesta de la “reforma administrativa” que entre otras infamias quiere reducir la inversión en el sector público, despedir funcionarios concursados y terminar con el régimen de cargos públicos, lo que tiende a precarizar aún más los servicios públicos y derechos del conjunto de la población.

Así, como dijimos anteriormente, la clase trabajadora en Brasil viene acumulando derrotas por la política de su dirección, pero no sufrió ninguna derrota histórica que le impida resistir a la altura de los ataques. De la misma forma en que en otros países de América Latina y del mundo, en donde las rebeliones populares protagonizadas por el movimiento de trabajadores y de los estudiantes están haciendo crujir los ataques de sus respectivos gobiernos y clases dominantes, con otra dirección podremos enfrentar y derrotar a este gobierno y sus contrarreformas.

Por esa razón, la máxima unidad de acción y frentes para luchar contra las próximas contrarreformas desde las bases con la CUT y el PT en ningún momento –como hacen algunos sectores de la dirección de nuestro partido el PSOL- deben confundirse con unidad política o con un frente electoral.

Con la contrarreforma Previsional las direcciones de esas organizaciones posan de luchadores y defensores de los trabajadores, pero se demuestra una vez más que no deben tener la confianza de los explotados y oprimidos. Pero, como aun dirigen la mayoría de los aparatos, necesitamos combinar la exigencia constante para que movilicen por un lado, con la denuncia concreta ante las traiciones de las direcciones de esas organizaciones por otro.

Ese alineamiento pasa, también, y necesariamente, por mantener la total independencia política, programática y electoral, de lo contrario, perderemos totalmente, además de que es necesaria una estrategia de superar esas direcciones junto al movimiento de masas para que podamos enfrentar los ataques, pasar a la ofensiva y avanzar en las tareas anticapitalistas y socialistas en las próximas etapas de la lucha de clases.

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