Antonio Soler
Profesor. Dirigente de la Tendencia Socialismo o Barbarie del PSOL de Brasil.


Un resultado de la ofensiva reaccionaria

La maniobra reaccionaria de  la prisión a Lula sin pruebas, que lo sacó de la disputa electoral de octubre de 2018, junto con el impeachment de Dilma en 2016, fueron acciones decisivas para sedimentar el conjunto de la ofensiva reaccionaria que permitió la elección de Bolsonaro.

Sin dejar de apuntar la responsabilidad compartida de la dirección del PT en el proceso, debido al desastre político, estratégico y metodológico y sus traiciones, el impeachment a Dilma y la prisión de Lula no pueden dejar de ser tratados como una maniobra reaccionaria para impedir que el pueblo decida, buscando imponer los profundos ataques en todos los niveles que estamos viendo hoy.

En el proceso electoral de 2018 la mayor parte de la clase dominante tenía como opción electoral al tucano Geraldo Alckmin (PSDB). En tanto, la crisis estructural, la polarización política, el retroceso del movimiento de masas, principalmente debido a la política de la burocracia petista y cutista, el atentado sufrido por Bolsonaro y los errores tácticos durante la elección, terminaron generando las condiciones que permitieron la elección y su realineamiento electoral con un neofascista. Este fenómeno pone un elemento nuevo en la dinámica política nacional desde fines de la última dictadura militar: la constitución de un sector de masas dispuesto a ir a las calles a favor de los ajustes neoliberales y en defensa de medidas autoritarias, como vimos los días 26 y 30 de junio.

Por otro lado la clase trabajadora no está históricamente derrotada y tiene capacidad de reacción, como demostró en las manifestaciones de repudio espontaneas al gobierno durante los Carnavales, en los actos del 8 de marzo y 1º de mayo, en las masivas manifestaciones contra los recortes a la educación de los días 15 y 30 de mayo y en la Huelga General del 14J. Además de la resistencia de los trabajadores, de las mujeres y de la juventud mostrada hasta hoy, tenemos una recesión crónica, el deterioro generalizado de las condiciones de vida y la caída vertiginosa de la popularidad del gobierno, que marcan el crecimiento de una contra tendencia que puede generar las condiciones para cambiar la correlación de fuerzas desfavorable que vivimos actualmente.

Bolsonaro quiere imponer una derrota histórica

Bolsonaro además de profundizar los ataques de los gobiernos anteriores, combina ataques económicos con ataques directamente políticos. Estamos así ante un fenómeno político extremadamente peligroso para la clase trabajadora, para los oprimidos y para la izquierda, particularmente socialista.

Además de los derechos democráticos en general, está siendo amenazado el principal derecho dentro de la democracia burguesa, y sin el cual no se pueden defender las conquistas ni avanzar hacia mayores niveles de lucha, que es el derecho a la libre organización y lucha de los trabajadores.

Estamos así, ante un gobierno burgués anormal, orientado claramente –aun pese a los elementos caóticos e inestables en la conducción de su política- a profundizar cualitativamente la ofensiva reaccionaria iniciada en 2015. Para eso se apoya en la crisis de los gobiernos de coalición brasileros, del ambiente reaccionario a nivel internacional, la desmoralización de la izquierda lulista y de la posición defensiva de la clase trabajadora.

Sabemos que las demás instituciones del régimen no van a dejar al gobierno atacar sus atribuciones sin resistencia, un cambio drástico del régimen político exigiría un golpe de estado típico, a través del uso directo de las fuerzas armadas, el cierre del Congreso, control directo del poder judicial, suspensión del derecho de huelga y la libertad de prensa. Eso no está en el horizonte inmediato, sin embargo, el gobierno tiene instrumentos políticos a disposición para forzar los límites de su poder con nombramientos, ordenanzas, decretos, medidas provisorias, investigaciones, procesos, prisiones, etc.

Bolsonaro sufrió algunos reveses del Congreso y del Supremo Tribunal Federal que pusieron algún freno a sus políticas, como fueron los casos de la derogación del segundo decreto que trataba la portación de armas por parte del Senado y de la decisión del STF del retorno de la atribución de la demarcación de tierras de pueblos originarios para la FUNAI.

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Además de eso, crece la reprobación de sectores de la clase dominante por sus declaraciones xenófobas, misóginas, racistas y antidemocráticas, como fue el caso de la amplia repercusión negativa por las declaraciones de Bolsonaro sobre el paradero de Fernando Santa Cruz, preso, torturado, muerto y desaparecido por la dictadura militar en 1974. Pero el gobierno no se detiene ante las críticas y la apelación a “la sensatez”, cuando puede utiliza su poder institucional para reafirmar su proyecto autoritario de poder. Inmediatamente después de toda la repercusión negativa sobre el caso descrito más arriba, destituyó a miembros de la Comisión de la Verdad y puso en su lugar a defensores del régimen militar.

Por otro lado, a pesar de la creciente crítica a sus medidas, declaraciones y métodos, como están siendo funcionales al avance de las contrarreformas, como la Previsional y otras menos discutidas, Bolsonaro cuenta con el apoyo de la mayoría de la clase dominante,  como bien quedo demostrado en la entrevista concedida por el presidente del banco Itaú publicada por el diario Folha de San Pablo.

Este gobierno ultra reaccionario sólo puede ser detenido por sus amenazas al conjunto de los derechos democráticos por un amplio movimiento de los trabajadores y los oprimidos en las calles que haga unidad de acción con todos los sectores democráticos de la sociedad.

Superar el economicismo para derrotar a Bolsonaro

El de Bolsonaro es un gobierno burgués anormal que además de los ataques puntuales quiere imponer un régimen con fuertes elementos autocráticos, con un apoyo activo de sectores de masas y la connivencia por parte del gran empresariado, lo que pone hoy a la lucha de clases en Brasil en un nivel de enfrentamiento en el ámbito político permanente.

En ese sentido, es más urgente que nunca superar dos grandes problemas de la izquierda: el economicismo, que no presenta una salida global para los problemas globales y el politicismo que se centra en la acción institucional como apuesta para resolver los problemas, tanto uno como otro en nada contribuyen a desarrollar la acción directa de los sectores de masas en las calles.

Ante este gobierno, que amenaza los derechos políticos fundamentales de la clase trabajadora, las reivindicaciones económicas, democráticas y políticas deben estar necesariamente combinadas, sólo así podremos superar la terrible fragmentación de la resistencia que impide un enfrentamiento efectivo a la ofensiva reaccionaria en todos sus desdoblamientos.

Desde la semana pasada, con las declaraciones criminales de Bolsonaro sobre la desaparición de Fernando Santa Cruz surgió el debate en relación a las iniciativas de pedidos de impeachment para este gobierno. Debate que se encaró de forma conjunta con la discusión de si es el momento oportuno para utilizar la consigna de “Fuera Bolsonaro”.

Sobre esto, queremos decir que la cuestión de presentar ahora o no la propuesta de impeachment es, eminentemente táctica. Si la presentación se hiciera ahora, probablemente sea archivada por Rodrigo Maia, presidente de la Cámara de Diputados, lo que no impide que otras sean presentadas y esto sirva para crear hechos políticos que desgasten al gobierno.

La cuestión que realmente importa en el debate actual en nuestra opinión es sobre el papel de las consignas, como el “Fuera Bolsonaro”, así como la creación de un movimiento unitario en las calles capaz de derrotar este gobierno y presentar una alternativa que represente a los trabajadores.

Durante las gigantescas manifestaciones estudiantiles (el sector más dinámico de la lucha de clases) contra los recortes presupuestarios en las universidades públicas ocurridas los días 15 y 30 de mayo, dos gritos eran coreados por la juventud “No habrá recortes” combinados con el “Fuera Bolsonaro”. Así, en sus masivas movilizaciones, la juventud apuntó de forma concreta a la necesidad de ligar las luchas específicas con una salida política que involucre al conjunto. Al volver a movilizarse con fuerza, probablemente el día 13 de agosto, el “Fuera Bolsonaro” seguramente aparecerá.

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La perspectiva economicista que es contraria a la necesidad de agitación de banderas políticas tiene tres problemas hoy:

1) No reconoce a este como un gobierno burgués singular, que no va a “normalizarse” y que continuará amenazando nuestros derechos a la lucha y libre organización, lo que es una amenaza estructural a los trabajadores.

2) No percibe que, a pesar de la correlación de fuerzas adversas, existen fuertes y crecientes contradicciones para el gobierno y que al haber sectores dinámicos que levantan el “Fuera Bolsonaro” pueden contagiar al conjunto de la sociedad.

3) Que son parte fundamental de nuestro quehacer político las consignas de “agitación” que si bien no sirven para movilizar inmediatamente, por su tenor captan la dinámica que comienza  a brotar al interior del movimiento y ayudan a su desenvolvimiento. Ese es el caso hoy del “Fuera Bolsonaro” que puede aún encontrar una variación táctica, pero que debe ser clara en el sentido de decir basta a este gobierno.

Es fundamental entender que no podemos enfrentar a este gobierno sin ligar la resistencia a los ataques económicos, democráticos y políticos y sin unificar en las calles esa resistencia. La fragmentación llega al absurdo, por ejemplo, cuando en San Pablo esta semana tendremos dos manifestaciones contra la votación en segunda instancia en la Cámara de Diputados de la “reforma” Previsional y en defensa de los derechos democráticos, el lunes, la convocada por PovoSem Medo (Pueblo Sin Miedo) y la otra el martes, convocada por la CSP-Conlutas. Eso porque los dirigentes de la CSP no acuerdan con la reivindicación de “Lula Libre”.

Pensamos que eso es un error sectario imperdonable por parte de la dirección de la CSP. La CSP es una de las organizaciones más consecuentes con los intereses de los trabajadores y debería participar de forma unificada de esa importante manifestación, que se prepara como el día nacional de lucha para el 13 de agosto, presentando su perspectiva política independiente de la burocracia lulista. Perspectiva que tiene que ser en nuestra opinión, la de que la lucha contra la prisión de Lula tiene que ser llevada como parte importante, sin duda, de la lucha contra las demás prisiones políticas y en defensa del conjunto de los derechos democráticos que están siendo degradados, y no en una clave politicista, desmovilizadora y burocrática, como hace el lulismo.

En fin, a partir de las demandas económicas, como la de la “reforma” Previsional y de las demás en defensa de los derechos democráticos, como el de la libertad de organización, es necesario una paciente agitación entre las masas en el sentido de que no se puede tener una salida favorable para la situación actual sin derrotar políticamente al gobierno, lo que no se logra sin un amplio movimiento por el “Fuera Bolsonaro”.

Es fundamental asumir que la derrota de este gobierno a través de la movilización directa y unificada de los explotados y oprimidos es decisiva para frenar los ataques en curso, para restituir los derechos perdidos y para luchar contra el desempleo, la pérdida salarial, el déficit de vivienda, la creciente violencia y la destrucción de la salud y de la educación públicas. Creemos, de esta forma, que para hacer que los sectores más pasivos de los partidos, sindicatos y movimientos entiendan la necesidad de derrotar a Bolsonaro y presentar una salida política ante la crisis, contaremos el próximo día nacional de lucha, el 13 de agosto, con el poderoso grito de la juventud de “Fuera Bolsonaro” que ya se escuchó en las manifestaciones del primer semestre.

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