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Beatificación de Evita: Pedido al Papa de los dirigentes de la CGT

Tras cartón de la convocatoria al paro general del 29 de mayo, la CGT convocó a un acto en el edificio de Azopardo para lanzar una campaña por la beatificación de Evita.

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Editor en Jefe del portal IzquierdaWeb - Noticias de los trabajadores, las mujeres y la juventud.
Ana Vázquez


“Una de las formas de la oligarquía que nunca abandonó del todo la lucha fue precisamente la oligarquía clerical. Durante doce años el gobierno trató, por todos los medios posibles, de obtener la armonía total en sus relaciones con la jerarquía eclesiástica”. (Perón, discurso junio 1955, cit. El peronismo, selección de documentos para la historia, Milcíades Peña)

 

Respetuosos, desde ya, de todas las creencias religiosas de los trabajadores, este pedido no es sólo de ese carácter. En primer lugar, porque el máximo organismo sindical debería representar a todos los trabajadores, sin encolumnarse en un pedido explícito hacia la Iglesia católica, en representación de éstos, cuando no todos profesan esta religión o no lo hacen con ninguna.

 

La burocracia y la cúpula de la Iglesia: un solo corazón a favor de los explotadores

Desde la asunción del papa Francisco, todas las corrientes de la CGT y las CTA han concurrido a Roma a distintos eventos, congresos y reuniones privadas para rendirle pleitesía al Santo Padre. Más allá de algunos desplantes, no hubo ningún cortocircuito. En este pedido, hasta ahora, desde la Santa Sede han sido cautos en su respuesta: “las características (del/a propuesto/a) las debe comprobar el postulador”. Quien, de acuerdo a las reglas, debe pertenecer a las filas sacerdotales.

La relación de los dirigentes de los sindicatos con las autoridades eclesiásticas del país también es, como sabemos, muy fluida. Atrás quedaron las jornadas del golpe gorila del 55, apañado por la Iglesia católica.

La Iglesia local, a través del arzobispado castrense, ha hecho pública su oposición a la beatificación del obispo Angelelli, junto a tres de sus colaboradores, asesinados por la dictadura del 76. En este caso, la razón vaticana era ser víctimas de la represión ilegal.

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Las centrales nos mandaron a rezar a Luján en octubre del año pasado, cuando era necesario un paro general con movilización. Ahora, después de convocar, tomándose su tiempo, una medida de fuerza, reclaman por la beatificación de Evita.

Insistimos, más allá de cualquier consideración religiosa, este pedido, además de fuera de su “circuito” específico, es el intento de vanagloriar una figura política de inmenso poder que “santificó” la colaboración de clases, la explotación del pobre por el rico, la subordinación al poder supremo del Estado sobre la vida de los trabajadores y los sectores populares.

Evita, “la abanderada de los humildes”, era parte de un gobierno bonapartista que daba comida a los pobres con una mano mientras encorsetaba su independencia sindical y política con la otra. Si te salías de carril, te mandaba la policía o la patota sin ningún escrúpulo.

Más que un gesto de buena fe a favor de los trabajadores, parece esta propuesta de los triunviros una estocada más para darnos en la cabeza y corregir esas ideas de independencia de clase que se empiezan a esbozar en el país y en el mundo.

El movimiento de mujeres independiente, los jóvenes que cuestionan todo, los trabajadores que aún no entraron en acción, pero sus cabezas sí está “rebobinando” todo lo que sucedió y lo que sucede a su alrededor.

Como siempre, como lo han hecho a través de décadas, la burocracia sindical peronista quiere imponernos de por vida a nosotros, y a las futuras generaciones, la conciliación de clases. Hay empresarios buenos, Evita es una santa.

No se animan a proponer la canonización de José Ver Gelbard, el empresario ejemplar de Cristina Kirchner. Pero utilizan el respeto y admiración hacia Evita que se ha ido transmitiendo a través de generaciones de trabajadores para imponernos las ideas de unidad con nuestros opresores.

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No sólo no es a la CGT a quien corresponde proponer la canonización de una figura querida por el pueblo, sino que es una figura que representa una política de clase: la de nuestros opresores.

 

 

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