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Santiago Follet, desde París

 

Escribo esta nota en tiempo real y estando en el lugar de los hechos, tratando de transcribir algunos reflejos de la situación en términos políticos. No es mi intención hacer una lectura en clave melancólica. Seguramente habrá incontables testimonios que analizarán con justeza la innegable pérdida que el incendio produjo en términos arquitectónicos y culturales. Pero aquí lo que me interesa es pensar en el hecho político.

 

Hoy la tapa del diario era la imagen de Macron con el anuncio de una cadena nacional prevista a partir de las 20 hs. Una cadena nacional súper esperada en donde Macron anunciaría “importantes medidas” fruto de la consultación del “gran debate”, dando alguna respuesta a la enorme crisis política abierta desde noviembre con el enorme movimiento de los chalecos amarillos. Hoy el diario decía que Macron se jugaba la vida en ese discurso, con implicancias trascendentales para la continuidad de su proyecto político y a solo un mes de las elecciones europeas.

La realidad es que dicho discurso nunca se produjo, porque la catedral de Notre Dame se prendió fuego dos horas antes. A partir de entonces el mundo solo habla de este hecho. El eje político se corrió por completo. Ya no está en el centro el “Macron démission”, ni la restitución del impuesto a las grandes fortunas, ni el RIC (con todos sus límites) y la revocación de los funcionarios políticos, ni el aumento del salario mínimo, ni la huelga docente en marcha, ni la asamblea nacional de chalecos amarillos… ¡Ni el 1° de mayo a la vuelta de la esquina! Ni el gatillo fácil y la violencia policial.

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Si fue intencional o no es un debate que en todo caso no es relevante en este momento. Lo que sí es innegable es que este evento irrumpe, sacude, conmueve y trastoca todo. Y a partir de ahí se vuelven a alinear las representaciones políticas. Subjetivamente es un impacto fuerte y a Macron le da un lugar para reacomodarse. Un discurso de unidad nacional, un saludo a los “soldados del fuego”, un cierre de filas alrededor de la historia cultural nacional católica francesa.

Pensemos que estos meses fueron meses de muchísimo fuego. El Arco del triunfo, las barricadas, la insurrección popular, etc. Cuando se incendió el restaurante de elite “Les Fouquet’s” mucho reflejo fue de alegría por ver un símbolo de la elite derrumbarse. Pero esto es distinto, ahora el fuego se asimila a la tragedia, a la pérdida, y corre un discurso pacifista y de unidad que va a hacer todo lo posible para retornar a la calma, para retornar a la tranquilidad perdida, a la paz de un régimen que venía tambaleando hace meses. Y la complicidad de las direcciones sindicales, el cierre del año calendario y la mediación de las elecciones son factores que pueden conspirar en este sentido.

¿Qué va a pasar con todo esto? Claro que es muy apresurado para saberlo. Pero llama la atención que de repente Macron, Le Pen y Mélenchon tienen prácticamente el mismo discurso frente al principal tema de actualidad. Habrá que pelear contra el uso reaccionario contra los chalecos amarillos de la tragedia del fuego en Notre Dame.

 

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