Au Loong Yu: “La burocracia china ha privatizado el Estado”

Au Loong Yu
Escritor y activista marxista de Hong Kong. Autor del libro China’s Rise: Strength and Fragility.


Entre las figuras de militantes que hoy están actuando en la rebelión de Hong Kong, se destaca la Au Loong Yu, que anima el sitio web China Labour Net. Hace más de un año, Au Loong Yu publicó un interesante estudio –“El ascenso de China, fuerza y fragilidad”[1]–, donde desarrolla una explicación de  las transformaciones que no sólo la llevaron al capitalismo, sino también a un ascenso relevante como potencia mundial. En esta entrevista del año pasado, Au Loong Yu señala algunos puntos importantes para entender al régimen chino y su clase dirigente, así como los procesos de recomposición del movimiento obrero.[2]

Para describir la situación en China utilizas el término “capitalismo burocrático”. ¿Puedes explicarlo?

No lo he inventado yo. Irónicamente, fue utilizado en primer lugar por el Partido Comunista Chino (PCC) en los años 1940, para describir el tipo de capitalismo que había sido puesto en pie bajo la dominación del Kuomintang.[3]

En su libro “La era de Deng Xiaopinguna investigación sobre la evolución del socialismo chino de 1978 a 1994”, Maurice Meisner define el capitalismo burocrático por la utilización del poder político con fines de ganancias pecuniarias, a través de métodos económicos que son capitalistas o casi capitalistas. Añade que, si bien no es nueva en la historia, esta forma de explotación está actualmente bastante más desarrollada en China que en cualquier otra parte. Añadiré que hoy los burócratas chinos, a todos los niveles del gobierno, dirigen empresas, sacan ganancias de ello y son raramente llevados ante los tribunales, porque la burocracia ha monopolizado totalmente el poder del estado, lo que le permite elevarse por encima de todas las clases. Se podría incluso decir que la burocracia ha privatizado el estado.

Marx señalaba que la burocracia considera el estado como su propiedad privada. Pero lo veía como una tendencia inherente a la burocracia. Es en la China de hoy donde esta evolución ha ido hasta el final. Esta burocracia totalmente incontrolada se ha aburguesado ya plenamente.

Lo que ha desacreditado el socialismo en China, es el hecho de que el PCC, que había hecho una revolución contra el capitalismo burocrático del Kuomintang, haya acabado por abrazar el mismo modelo. Es bastante común hoy interpretar el término de revolución en su sentido original: algo que gira alrededor de su órbita para volver a su punto de partida. De hecho, el sentido original de la palabra china para revolución (“geming”) es el de un cambio de mandato divino para una dinastía. Sugiere así un cambio restringido al tipo de dirigentes, que no afecta al orden social dinástico, de hecho, la función de un geming es precisamente restaurar la paz dinástica. Numerosos intelectuales interpretan hoy la revolución de 1949 en una perspectiva así y, sobre esta base, toman posición contra la idea de revolución.

Yo no estoy de acuerdo en interpretar de esta forma la revolución de 1949. Incluso si el capitalismo burocrático ha sido restablecido por el PCC, que lo había erradicado, ciertos frutos de esta revolución permanecen intactos: por ejemplo, la independencia de la nación o la propiedad colectiva de la tierra por los campesinos. Hay cada vez más tentativas de erosionar esta última conquista, a través de apropiaciones de tierras por parte de los gobiernos locales o por los delincuentes que son sus acólitos, pero los campesinos hacen también uso de sus derechos constitucionales para defender sus tierras.

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La industrialización galopante organizada por el PCC tiene también como consecuencia modernizar la estructura económica y social de China, lo que alimenta las fuerzas sociales que podrían finalmente poner en cuestión una tradición milenaria de despotismo.

El capitalismo burocrático permite a la burocracia saquear la economía a una escala espantosa, pero crea al mismo tiempo una nueva clase obrera formada a partir del éxodo rural, igual que impulsa el reagrupamiento de otras fuerzas sociales, como el campesinado y los estudiantes, en lucha contra esa burocracia.

¿Cuál es exactamente el papel jugado por el PCC en la reintroducción del capitalismo? ¿Y cómo se ha beneficiado de ello?

Los altos dirigentes de la burocracia tomaron conscientemente la decisión de restaurar el capitalismo. Deng Xiaoping estaba ya en ese camino en 1984, cuando China firmó con el Reino Unido el acuerdo que especificaba que la restitución de Hong-Kong se acompañaría del mantenimiento durante cincuenta años de un capitalismo de laissez faire en la excolonia –evidentemente en total contradicción con los principios “socialistas”. Se ha informado que posteriormente habría dicho que Hong-Kong debería ser autorizada a proseguir en esa misma vía incluso después de ese plazo. En 1987, dijo a una delegación africana: “No sigáis la vía del socialismo. Haced lo que esté en vuestra mano para hacer crecer la economía”. Su decisión ulterior de aplastar el movimiento democrático de 1989 (Tien’anmen) significaba que su partido se había transformado de forma decisiva y cualitativa en un partido capitalista.

La posición de ciertos maoístas, de echar toda la responsabilidad sobre Deng Xiaoping, no es convincente. Es un hecho que Deng no encontró ninguna oposición significativa y gozó, muy al contrario, de un apoyo entusiasta de la burocracia. Esto significa que no hacía sino lo que ésta quería. Ningún socialista debería extrañarse por ello.

Incluso en la época de Mao, cuando la burocracia era ferozmente anticapitalista, tenía una situación muy privilegiada como élite dirigente. Monopolizaba la distribución del sobreproducto social a través de su control absoluto del estado. Como cualquier otra élite dirigente, no estaba jamás satisfecha de su salario (de diez a treinta veces superior al de un trabajador de base) y quería apropiarse una parte cada vez mayor del sobreproducto social. Su interés fundamental es la restauración de la propiedad privada, no jugar el papel de eterno administrador público de una propiedad común.

A finales de los años 1980, la reforma de los precios generó los llamados gandao, es decir los sectores oficiales que se dedicaron la especulación. La burocracia comenzaba entonces a transformarse en clase capitalista. Esto indignó a la población, que en 1989 se rebeló contra el gobierno. La represión del PCC eliminó entonces toda oposición a la reforma capitalista –lo que basta para demostrar que este partido había pasado definitivamente del anticapitalismo a la adhesión al sistema capitalista.

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La gira de Deng Xiaoping por el sur, en 1992, mostró que el PCC había dado otro paso importante hacia una integración plena y total en el capitalismo global. Para que ese salto estuviera coronado por el éxito, el terror de después de 1989 no bastaba. Era imperativo infligir más derrotas a los trabajadores de las empresas propiedad del estado, privatizándolas y despidiendo así a más de 40 millones de asalariados.

¿Cómo se ha creado esta nueva clase obrera a partir del campo? ¿En qué difiere su conciencia de la que tenía la “vieja” clase obrera del sector estatal?

Un aspecto positivo de la restauración capitalista en China –en oposición a lo que ocurrió en el exbloque soviético– es la industrialización acelerada. El número de asalariados en China no deja de aumentar, representa hoy la mitad de la población activa y la cuarta parte de los obreros industriales del mundo. La mayor parte de ellos son inmigrantes del campo.

Estar en el centro de la producción y de la distribución hace de ellos una fuerza social potencialmente explosiva, aunque por el momento sean más una clase “en sí” que una clase “para sí”. Hay razones más profundas que la represión del estado para explicar las dificultades del nacimiento de un nuevo movimiento obrero. Si bien los trabajadores de origen rural, hoy 250 millones, no han conocido las terribles derrotas de los de las empresas estatales, no disponen de una memoria de clase colectiva. Son los “nongmingong”, literalmente trabajadores campesinos, más campesinos que trabajadores, no porque cultiven la tierra –la mayor parte de ellos lo hacen muy raramente– sino porque el sistema de control de residencia del “hukou” actúa como una forma de apartheid social, impidiéndoles fundar una familia y echar verdaderamente raíces en las ciudades. Pasen el tiempo que pasen en las ciudades, lo consideran como un interludio.

Pero no están tampoco totalmente pasivos. Los trabajadores inmigrantes del campo han llevado a cabo numerosas huelgas espontáneas contra sus patronos y las autoridades locales. Esas huelgas espontáneas logran a veces victorias parciales, y son tan comunes que la prohibición de facto de las huelgas ha sido levantada desde hace mucho, hasta tal punto que los gobiernos locales han aprendido a convivir con ellas.

Organizarse sigue siendo a pesar de todo muy difícil. Es muy posible que la próxima etapa de la lucha esté dirigida contra la prohibición de organizarse, aunque esto será un combate duro y a largo plazo. Hoy es sin embargo posible formar redes militantes, que podrán servir de plataforma para una futura organización.

1.- “China´s Rise Strength and Fragility”, Merlin Press, Londres.

2.- La entrevista fue realizada por Socialist Resistance (UK) y traducida y publicada por Viento Sur (Estado español) el 13/03/2014. Puede leerse completa en www.socialismo-o-barbarie.org

3.- Kuomintang: el partido nacionalista burgués, creado por Sun Yat-Sen, que dominó el gobierno chino de 1926 hasta la toma del poder por el PCC en 1949.

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