Aplicación del taylorismo y el fordismo en la extracción de plusvalía

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Editor en Jefe del portal IzquierdaWeb - Noticias de los trabajadores, las mujeres y la juventud.


Por Ricardo López, Socialismo o Barbarie-Honduras

LA CLASE OBRERA DE LA MAQUILA HONDUREÑA

 

Publicamos un estudio realizado por nuestros compañeros de Socialismo o Barbarie de Honduras, sobre la situación de la clase obrera maquilera en ese país.  El mismo se adentra en las condiciones de explotación y de extracción del trabajo no pagado a los obreros en las condiciones de superexplotación bajo esta forma particular en el siglo XXI. Por la extensión del mismo lo reproduciremos en dos partes. Aquí presentamos la primera de ellas. 

 

En la economía nacional la industria manufacturera —en donde labora el mayor porcentaje de los trabajadores representativos más evidentes de la clase obrera, por su relación laboral en la producción de bienes materiales—, emplea 432.600 trabajadores, cifra que corresponde al 13.4% de la población económicamente activa (PEA). (Honduras en Cifras, datos para 2011).

En un país cuyo sector industrial es minoritario, predomina el sector primario, que comprende la agricultura, la silvicultura, la caza y pesca, que concentran 36.6% de la PEA (1,180 mil personas), seguida del rubro Comercio con 632.2 mil personas (22.7% de la PEA) y los Ser- vicios Comunales, sociales y personales, con 490.6 mil personas (15.2%). El total de la PEA Nacional (o fuerza de trabajo ocupada, Honduras en Cifras, BCH) de 3.226,100 personas se completa con los restantes 11 rubros de los 16 que clasifica la economía el Banco Central de Honduras, los que suman 390.3 mil personas y significan el 12.2% del total de la PEA.

El rubro de construcción con 169.3 mil trabajadores incrementan el sector obrero en 5.2%. Sin que esto se considere como una exclusión del resto de sectores en la clasificación como proletarios, debido a su relación directa en la transformación de la materia por parte de los trabajadores, es más evidente esa relación en la manufactura y la construcción, rubros que suman el 18.6%, constituyen la clase obrera industrial. Es significativo el alto grado de productividad del sector Bienes para la Transformación (maquila) con relación a exportaciones de bienes primarios y otros bienes manufacturados, que es generador (la maquila) del 46% de la divisas que recauda Honduras, $ 3,290 millones de un total de $ 7,204,3 millones. (Datos para 2011, Honduras en Cifras).

 

De los diez grupos del sector que el BCH clasifica bajo la denominación de maquila, predominan en primer lugar la elaboración de prendas de vestir, cuyo aporte a las exportaciones significan el 65.8% del total maquilero y el 30% del total de las exportaciones de Honduras; asimismo en segunda posición los tejidos de punto representaron para 2011, el 15.2% y el 7%, respectivamente. Estas cifras evidencian la enorme importancia del sector maquilero en la economía nacional, sobre todo por el aporte de quienes crean valor, la clase obrera maquilera.

 

Condiciones laborales de la clase obrera maquiladora  de  Honduras

 

Estudios realizados por la Colectiva de Mujeres Hondureñas (CODEMUH) muestran con detalle las condiciones en las que trabajadoras y trabajadores se exponen en el trabajo maquinizado de la industria textil de la maquila. Se han documentado casos en los que han requerido cambios de puesto de operarias y otras ya reciben pensiones por incapacidad parcial permanente, debido a trastornos de músculos y esqueleto óseo explicados por los riesgos de trabajo de este tipo de actividad laboral. No obstante lo anterior, las empresas dedicadas a este rubro de producción y explotación de mano de obra no mejoran las condiciones laborales que tienen que ver con el nivel de intensidad, condiciones relativas a posturas y exigencias físicas que en corto y mediano plazo lesionan dedos, manos, brazos, cuello, columna vertebral; así como deficiencias en iluminación, exposición a sustancias tóxicas; esto solamente son riesgos meramente de carácter físico.

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Asimismo las obreras y obreros de la maquila, debido a la presión de cumplimiento de metas recurren a estrategias que dañan su salud física y psíquica: no moverse de su lugar de trabajo por largo tiempo, iniciar su trabajo antes del inicio oficial de su turno, disminución o nula comunicación con sus compañeras(os) de trabajo, disminuir su tiempo de almuerzo al que tienen derecho, no ingerir líquidos para evitar ir al baño, entre otras circunstancias.

El documento de la CODEMUH se ha elaborado por personal con el conocimiento profesional suficiente para calificar los Trastornos Músculo-esqueléticos Ocupacionales (TMO) producidos por el trabajo repetitivo, considerado a partir de una duración de determinada acción que no es mayor a 30 segundos (medio minuto) más el agravante de la poca variedad de tareas asignadas, provoca aburrimiento, monotonía, tensión mental. De manera que su actividad laboral no tiene el interés para el trabajador, para quien podría significar en otras condiciones sociales como su aporte social, puesto que el resultado del producto acabado no se aprecia cuando su esfuerzo físico y psíquico se aplica solamente en una mínima parte (repetitiva y alienante) del proceso productivo hasta concretarse en un bien de uso; al contrario de lo que ocurría en otra época histórica, cuando el obrero calificado realizaba su labor buena parte desde principio a fin del proceso. Al final son condiciones que despersonalizan al trabajador además de generar tensiones mentales o psíquicas. Todo esto sin mencionar la remuneración salarial que no corresponde ni a su esfuerzo ni al valor del producto creado.

La investigación de la CODEMUH en la maquila de la confección de Cortés en 2012 logró determinar que en esta industria se establecen grupos o líneas de producción de 12 a 16 personas, cuando hace unos 15 años las metas se establecían por individuo, asimismo el salario dependerá del desempeño del grupo. Las cuotas de producción dependen del tipo de piezas, en su mayoría cubiertas en un 45% con producciones de 1000 a 3000 piezas diarias por grupo.

Respecto a las condiciones de trabajo se logró la siguiente información: el cumplimiento es cada vez mayor de acuerdo a las condiciones de los asientos de trabajo; desde asientos con respaldo el 94% de cumplimiento de la metas, hasta asientos con 5 patas con cumplimiento del 76%.

Por la frecuencia de exigencias de los movimientos de las diferentes partes del cuerpo resultaron los siguientes porcentajes, así: exigencias de las rodillas, 31%; espalda o cintura, 49.5%; sobre los pies, 55% y sobre el conjunto de hombros, brazos y manos, el 66.3%. Las exigencias relacionadas a esfuerzos por levantar, cargar, empujar, jalar objetos de diferentes pesos y alturas van desde 19.4% hasta 40.5%.

Con relación a la realización de los movimientos repetitivos, van desde los movimientos de brazos por encima o detrás de hombros, con el 41%, que es lo mínimo. El resto de esfuerzos van desde 71.4% hasta el 87% en exigencias que van de menor a mayor: desde torcer o mantener tensas las muñecas, encorvado el cuello, movimientos excesivos de rotación de cintura, hasta los movimientos repetitivos de las manos o abrir excesivamente los dedos.

El estudio determinó que el 84% de trabajadoras(es) realizan operaciones repetitivas, esto es cada 30 segundos como máximo tiempo de duración cada ciclo. Resultado de la intensidad y condiciones de riesgo de la actividad maquiladora, la encuesta realizada, muestra que casi la mitad de las trabajadoras y los trabajadores presentan trastornos físicos y psíquicos, con los siguientes datos porcentuales: Trastornos músculo-esqueléticos (62%), ansiedad (46%), distrés (46%), depresión (44%) del total de la muestra encuestada.

En el marco de las tareas de la CODEMUH y los objetivos de la investigación realizada, se considera fundamentalmente que “Los costos en la salud no tienen ninguna justificación, cuando existe el conocimiento científico-técnico para desarrollar estrategias de prevención para evitarlos o reducirlos y para desarrollar normas y directrices en ese sentido”.

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Introducción de las máquinas al proceso productivo

 

El uso de la maquinaria reduce el tiempo en el proceso de producción de determinada cantidad de bienes, pero, simultáneamente, aumenta el tiempo de circulación de las mercancías producidas. Resultado de la producción maquinizada, el salario real de la clase obrera se reduce por las fundamentales razones siguientes: un constante aumento del trabajo simple en detrimento del trabajo calificado que, cada vez es menos necesario debido al uso de máquinas. El trabajo maquinizado convierte en menos necesario el trabajo de calidad del obrero que se había convertido en experto de todo o buena parte del proceso productivo, y utiliza ahora más mano de obra de mujeres y niños, remunerados con salarios nominales más bajos que los correspondientes a los obreros varones adultos. Nikitin refiere que “en la estructura transformadora de EEUU, la composición orgánica del capital[1] era en 1889 de 4.5:1, en 1939, 6:1 y en 1955, 8:1”. Las cifras que presenta Nikitin para Estados Unidos muestran que el capital correspondiente a capital constante (inversiones en máquinas, edificios e insumos) representa a lo largo del tiempo una proporción creciente con relación a la inversión en salarios. Resultado de lo mencionado anteriormente es el incremento constante de desocupados, hombres y mujeres en edad productiva y a las dificultades cada vez mayores por parte de los capitalistas para realizar su producción; sus inventarios de productos son más altos que los períodos anteriores debido a su incapacidad para venderlos, terminando con su remate a precios menores que su valor real.

La introducción de la maquinaria, cuyo objetivo inicial lo constituye el incremento de la producción se vuelve contra el capitalista como el boomerang: reduce la tasa de plusvalía.

Volviendo a los elementos del capital y utilizando el concepto marxista tasa de ganancia, se comprenderá la razón de su tendencia decreciente: g = p / c + v (donde g es la tasa de ganancia y p es la plusvalía) Asumiendo que la cuota de plusvalía es del 100%, considerando que la plusvalía (p) es igual al valor de los salarios (v).

Tomando los datos para Estados Unidos de Nikitin: Para 1889 considerando la inversión de un Capital de $ 550,000 millones, se tendrá: g = 100 / 450+100 = 0.1818, o sea 18% de tasa de ganancia. Para 1955 considerando la inversión de un Capital de $ 900,000 millones, se tendrá:

g = 100 / 800+100 = 0.1111, o sea 11% de tasa de ganancia.

Sin embargo, la tendencia decreciente de la tasa o cuota de ganancia capitalista es contrarrestada sobre todo en los períodos más recientes con la aplicación de sistemas o métodos de producción que intensifican la explotación de los trabajadores (hombres y mujeres, aun niños, puesto que en algunos países utilizan mano de obra infantil en la manufactura). Esto ocasiona un aumento de la cuota de plusvalía; considerando los ejemplos descritos anteriormente (en los que para ejemplificar se asignó una cuota de plusvalía del 100%), podría aumentar a 110% o 120%, logrando por esta vía un aumento de la tasa de ganancia capitalista.

El capitalismo a menudo encuentra maneras de acomodar sus instrumentos de explotación que garanticen sus ganancias; los más conocidos son el taylorismo y el fordismo, aplicados al proceso de producción.

 

[1] La categoría marxista composición orgánica del capital se refiere a que el capital se conforma de dos componentes: los medios de producción identificados por la letra C, que denota capital constante, comprendiendo: desde la materia prima, combustible, energía, hasta la maquinaria y edificios en donde funcionan las empresas; y la fuerza de trabajo, que es la remuneración de la fuerza laboral, identificada por v, que constituye el capital variable.

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