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Martiniano Rodríguez


En un año electoral, con un programa de ajuste como el que lleva adelante Macri y la crisis que se genera en la industria y todos los sectores; la gente de a pie trata de entender qué hacer con la tan citada industria nacional. Aparecen pequeños empresarios hablando de proteccionismo, políticos hablando de competitividad, las grandes empresas reclamando reformas por el costo de la mano de obra, etc. Todos hablan de la industria nacional, por eso es necesario poner en perspectiva que es esa “industria nacional” para entender algunos de los males que nos aquejan.

Uno de los primeros en tratar de entender la cuestión de la industrialización, fue Milciades Peña a mediados de siglo XX. Este teórico y militante socialista, escribió varios artículos dando forma a conceptos que nos permitirán entender esta discusión.

En uno de esos artículos, llamado “Industrialización, pseudoindustrialización y desarrollo combinado” [1], Peña explora y da forma a estos 3 conceptos.

Empezando por industrialización, nos dice siguiendo los trabajos de Marx, que para que esto exista hay que observar la composición del capital. La verdadera industrialización ocurre cuando el capital constante aumenta frente al capital variable; esto provoca el aumento de la productividad del trabajo, o sea la mano de obra produce más y mejor.

Pero la industrialización no es solo un factor económico, no solo tiene que ver con la relación orgánica del capital. Acarrea factores que modifican la sociedad: cambia las relaciones entre las clases sociales, cambia literalmente la sociedad, su estructura. Nuevos sectores sociales aparecen y se desarrollan para hacerse cargo del poder político, la burguesía industrial necesita imponer su lógica para generar más y más negocios.

Cuando esto no ocurre, pero hay desarrollo de fábricas, Peña utiliza el concepto de pseudoindustrialización. Él no niega que en la década de 1930 y 1940 se haya desarrollado la industria en Argentina, pero lo que niega es que haya habido industrialización, ya que esta industria no cambia la estructura social y genera dependencia. Este autor menciona algunos puntos que explican por que no podemos hablar en Argentina de industrialización[2]: no aumenta la composición técnica del capital; no aumenta la productividad; no tecnifica la agricultura (quizás este punto habría que revisarlo en estos tiempos que corren).

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La industria que se desarrolla en estos pagos perpetua el atraso, es una industria dependiente de insumos extranjeros. Además este desarrollo es exclusivo de una zona (Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe), mientras el resto del país vive en el atraso o son monoproductoras. Una isla de progreso, dice Peña, pero un progreso que depende de insumos extranjeros, de préstamos extranjeros y cuyas ganancias terminan en el extranjero. En fin, una pseudoindustrialización.

Este atraso o dependencia favorece a los países imperialistas, porque es un competidor menos, pero también por los negocios que hace con el atraso. El capital financiero genera grandes ganancias con el atraso (en tiempos del FMI es bueno recordarlo). Al mismo tiempo algunos socios nacionales también ganan, los latifundistas ven como al no haber cambios profundos sus intereses no se ven afectados y algunos burgueses pueden hacer negocios con el capital extranjero.  Al mismo tiempo la industria genera trabajo amortiguando el conflicto social, por eso Peña sale del “lugar común” al decir que en la década de 1930 la burguesía agraria latifundista apoyó el desarrollo de las fábricas, pero como buena burguesía dependiente apoyó la pseudoindustria dependiente y atrasada.

Peña nos dice: “La ganancia más elevada brota de la explotación del atraso”[3]. Ese atraso les facilita inversiones con mano de obra barata, pero al mismo tiempo ha generado el problema de la inmigración, como como en los últimos años, se puede transformar en un serio problema.

Entender esto que Peña escribía décadas atrás es importante para entender que solo habrá una industria nacional si se da una rabiosa pelea contra el imperialismo (hoy el FMI), cosa que ningún proyecto de ayer y menos hoy (incluido el peronismo clásico, que también estudia Peña) está dispuesto a dar. Como país semi colonia con una burguesía dependiente, nuestra industria solo es un apéndice de la industria de los países verdaderamente industrializados, cuyas ganancias terminan allí.

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En “Imperialismo e industrialización de los países atrasados” (CITA), Peña explora la relación entre estos dos conceptos. La unión del capital industrial y bancario, da origen al capital financiero y sus necesidades al imperialismo moderno (no confundir con el colonialismo del siglo XIX).

El capital financiero necesita mantener su tasa de ganancia, y como vimos lo logra manteniendo el atraso en gran parte del mundo. Es mentira que ese atraso sea no tener industria (como ya se dijo), el imperialismo puede gobernar países con industria o mejor dicho con pseudoindustria, que no se opone al imperialismo. Es verdad que parte de su industria puede sentir la competencia de esa pseudoindustrialización, por ejemplo las fábricas textiles inglesas a comienzos del siglo XX perdieron mercados , pero la importación de máquinas, materia prima e insumos crece en ese país permitiendo a otros sectores de la industria inglesa expandirse y seguir ganando. Las importaciones no bajan, pueden incluso, y cambia su composición.

Fabrica e imperialismo no son conceptos excluyentes como muchos creen, un país atrasado no combate con el imperialismo si abre fábricas, solo lo combate solo si esas fábricas son parte de un desarrollo industrial independiente, si se dan en el marco de una pseudoindustrialización solo mantienen los lazos con el imperialismo.

Pero esta pseudoindustrialización puede traer problemas al imperialismo. Por un lado, Peña reconoce que puede ayudar al desarrollo de ideas proteccionistas, pero sobre todo permite el desarrollo de la clase obrera, la única clase capaz de enfrentar al imperialismo y abrir las puertas al desarrollo de las fuerzas productivas de un país atrasado.

 

[1] ““Industrialización, pseudoindustrialización y desarrollo combinado” en Peña, Milciades: “Industrialización y clases sociales en la Argentina”, Editorial Hyspamerica, 1986, BSAS.

[2] Op cit página 65

[3] Op cit página 71

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