“El 48% del Frente de Todos implica (…) un fuerte respaldo popular, pero el dato inesperado que arrojaron las urnas es el porcentaje para nada despreciable que retiene Macri a pesar de los decepcionantes resultados económicos. La buena salud de la oposición futura es una señal de alerta para Fernández, aunque resta ver cómo procesará el fenómeno. Macri, en 2015, eligió el camino del gradualismo para no enfrentar la resistencia de sectores con capacidad de movilización y que mayoritariamente no lo habían votado. Las movilizaciones del ‘Sí se puede’ macrista y su impacto posterior en las urnas, ¿convencerán a Fernández de actuar con cautela sobre esos grupos de población? La impaciencia y la furia son dos rasgos de la política actual en la región y en el mundo. ‘Vamos a hacer gradualismo institucional’, bromeaba un dirigente porteño de trato familiar con Fernández. Otra lección de Néstor Kirchner: mucha atención a las calles agitadas”

“Las presiones que agitan a Alberto Fernández después de los festejos”, Martín Rodríguez Yebra, La Nación, 3/11/19[1]

 

Con la finalización del año electoral, Alberto Fernández quedó electo con el 48% de los votos. Atrás quedó un largo año marcado por la crisis económica y la contención del conflicto social que, de todas maneras, termina ratificando por la vía electoral la principal consecuencia de las jornadas de diciembre del 2017:el final del gobierno de Macri (al menos,la posibilidad de un segundo mandato).

Sin embargo,siendo el primer y principal elemento del análisisel hecho que hay un nuevo gobierno y por una diferencia de importancia!, también es verdad que Macri se va con el 40% de los votos. Una cifra que no lo desmiente como un gobierno fracasado pero que expresa la contención que le garantizaron el kirchnerismo y la burocracia sindical con su operativo “hay 2019”.

También hay que marcar el hecho de que el marco regional y mundial es depolarización a derecha e izquierda. Esto esla reemergencia tantode las rebeliones populares (caso Chile, por ejemplo), como amplios sectores de las clases medias que siguen ubicados reaccionariamenteo de escenarios lisa y llanamente golpistas (caso Bolivia; un golpe que parece más del siglo veinte que del veintiuno aunque todavía hay que ver su dinámica)[2]. Desplazamiento reaccionario de las clases medias que en la Argentina emergió con la crisis del campo del 2008 y sigue presente hoy[3].

Sin embargo, repetimos, lo concreto es el hecho que Alberto Fernández se impuso. Y como escribimos en nuestra declaración la misma noche de la elección, la derrota de Macri ha sido la expresión distorsionada del “conato de rebelión” de dos años atrás.

Resultado que,en el terreno electoral de manera distorsionada y hasta cierto punto, esuna conquista de los trabajadores y trabajadoras que derrotaron el proyecto macrista de modificar sustancialmente las relaciones de fuerzas plantándose en las jornadas de diciembre. Un hecho que contrasta cuando vemos el panorama regional.

De ahí que compartamos la alegría de vastos sectores que festejaron la salida del gobierno agente directo delos empresarios. Sin embargo, e inmediatamente, alertamos que la herramienta utilizada para el voto castigo, la fórmula de los Fernández, está “mellada”. Este se encamina a poner en pié un gobierno conservador que(paliativos más paliativos menos), concesiones más concesiones menos) va a jugarse –en última instancia-a que la crisis la paguemos los trabajadores y las trabajadoras[4].

Alberto Fernández ya ha dicho que “el 10 de diciembre no es ninguna fecha mágica; cambia un gobierno, no la economía”. Esto como para bajarle el tono a las amplias expectativas entre las masas populares[5].

Acompañado por las declaraciones de Daer de que “sería una locura exigir un aumento del 35%”, de Caló sobre que “hay que darle tregua al nuevo gobierno”, de AndrésRodríguez quien afirmó que “no vamos a pedir un bono navideño de compensación salarial” o Baradeldiciendo que “en marzo hay que empezar normalmente las clases” el pacto social en marcha, que tantas esperanzas (falsas expectativas) suscita entre los trabajadores y trabajadoras, comienza a mostrar sus primeras características como pacto de contención de los reclamos y luchas obreras.

Por otra parte, se da la “paradoja” que los trabajadores y trabajadoras son el único sector que, a priori, el nuevo gobierno controla a pie juntillas. El campo no quiere oír ni hablar de retenciones (ya está en “estado de alerta y movilización), el FMI y los acreedores, lógicamente, quieren cobrar, la industria quiere que se “les ayude a volver a crecer” (reclaman retomar la discusión por las reformas laboral, jubilatoria y tributaria[6]), las empresas de servicios quieren “debatir el tema tarifas” y las empresas multinacionales que explotan recursos naturales como Vaca Muerta, quieren que “no se cambien las reglas de juego”…

Visto desde este punto de vista, y considerando el mix de recesión e inflación más default parcial de la deuda que ya se vive, debería alcanzar para imaginarnos el contenido real del pacto social que viene[7].

Por otra parte y por responsabilidad del FITU, la izquierda llega al comienzo del nuevo gobiernocon cierto debilitamiento. Los 550.000 votos del Del Cañojunto al abierto –¡y vergonzoso!- llamado al corte de boleta, sumado al papel mediocre en los debates presidenciales y una campaña electoral rutinaria y errática, sin un claro ángulo anticapitalista, llevaron a la peor elección de la cooperativa electoral desde su fundación.

Por nuestra parte, nuestro partido viene de una campaña electoral histórica, fortalecido alrededor de la figura de nuestra compañera Manuela Castañeira y los 180.000 votos obtenidos en las PASO, que sibien fue una votación todavía limitada que no nos permitió romper el piso proscriptivo, cobran un valor que va más allá del mero dato numérico y se vincula a la calidad de nuestros ejes políticos, al habernos mantenido firmes alrededor de la única precandidatura mujer de la elección, a la campaña anticapitalista que pusimos en pie y que ha dejado -en cierto modo- abierta la disputa por la representación de la izquierda entre el FITU y nuestro partido[8].

De todas maneras, la ubicación de la izquierda va más allá de las elecciones y tiene un lugar ganado en la política nacional y sus movimientos de lucha. La definición es que, electoralmente, ha quedado sub-representada y si se ubica como oposición por la izquierda al gobierno y logra evitar el “abrazo del oso” de las instituciones, tiene un enorme papel que cumplir.

Nada de esto quiere decir que haya que barrer bajo la alfombra el balance de la crisis del FITU y las organizaciones que lo integran, vinculado, sobre todo, a los elementos de adaptación porotera al orden de cosas. Un curso que hay que corregir si se quiere cumplir un papel revolucionario[9].

El Frente de Todos intentará un “gobierno fernandista” bastante conservador, más allá de la multiplicidad de gestos “progresistas” que seguramente va a desplegar. De haber crisis y desborde seguramente entrará en acción Cristina Kirchner, que por ahora queda como en reserva.

La tarea de la izquierda y de nuestro partido es seroposición por la izquierda al nuevo gobierno capitalista. Estar desde el minuto cero al lado de las luchas y experiencias que vayan haciendo los trabajadores, las mujeres y la juventud y construirnos en esa experiencia como fuerte partido de vanguardia –proceso que ya estamos comenzando a recorrer, amén de empujar un polo de independencia de clase en las luchas.

 

  1. Crisis, golpes y rebeliones que acotan los márgenes

Arranquemos, sumariamente, por el contexto internacional que deberá enfrentar el nuevo gobierno. El análisis de la situación internacional y regional es bastante claro y arranca, en primer lugar, por la tendencia a la crisis económica mundial durante el año próximo.

La nueva titular del FMI, KristalinaGeorgieva, lo ha dicho con todas las letras: el 90% de las economías del mundo están ya en recesión; la industria manufacturera mundial también lo está. Y si los países que resisten esta dinámica comoChina, Estados Unidos e India terminan cayendo en esta misma dinámica (o retrocediendo demasiado en su dinámica ascendente), no habrá como evitar una nueva recesión mundial[10].

Sobre la crisis que aparentemente se viene, se pueden decir muchas cosas. No nos podemos extender demasiado en este texto al respecto[11]. Señalemos, en todo caso, que con el retroceso del crecimiento en China, locomotora mundial en las últimas décadas, y con una recuperación económica de los Estados Unidos nada exuberante, la economía mundial carece –en gran medida- de “locomotoras” que la saquen para adelante.

Para colmo, la guerra comercial y tecnológica entre Estados Unidos y China se está agravando; está minando el comercio internacional. Comercio internacional que ha sido el factor económico dinámico durante las últimas décadas. Un elemento significativo aquí es que hoy día, en medio de la globalización neoliberal, todas las economías pretender serexportadoras –necesitan serlo dada la interrelación de todos los circuitos-; y ni hablar los países dependientes como la Argentina, México o Brasil que necesitan hacerse de divisas para su funcionamiento.

Sin embargo, no solamente el comercio mundial se ha estancado –un dato relativamente nuevo debido a que desde la posguerra vino creciendo siempre por encima del producto mundial- sino que además esto ocurrecuando las materias primas, núcleo exportador de economías como las de Argentina y de Brasil (primarizadas en las últimas décadas) están –más o menos- en la mitad del valor alcanzado en la primera década del nuevo siglo[12].

La Argentina, en particular,desespera por divisas. Pero estas divisas serán más difíciles de obtener en medio de la recesión mundial que se adelanta, la guerra comercial y tecnológica y la caída del precio de las materias primas. Esto amén de las fantasías o realidades inversoras en recursos energéticos como Vaca Muerta, que requieren seguridad jurídica y precios dolarizados.

En todo caso, la voracidad estructural del capitalismo actual sumada a la crisis “coyuntural” que se viene, la fuga de los capitales hacia el centro del mundo (“flye to cuality”)-para asegurarse contra posibles default de la deuda (no solo la Argentina sino Turquía y varios otros), la brutalidad del ajuste que aplican todos los gobiernos (ver rebeliones en Líbano, Ecuador, Irak, etcétera por esta directa motivación)junto con las motivaciones democráticas que no vamos a desarrollar aquí, son la base material de la “primavera de los explotados y oprimidos” que ha estallado en el mundo pero también de los elementos de creciente polarización e, incluso, de los desplazamientos golpistas a derecha.

Latinoamérica es parte de esta dinámica de polarización. La rebelión en Ecuador que debilitó a Lenin Moreno, la enorme rebelión popular en Chile que podría herir de muerte a Piñera, el fracaso –de momento- del golpe en Venezuela, la reciente liberación de Lula (se verá por cuanto tiempo), la elección de Alberto Fernández en la Argentina, muestran que el giro a la derecha no está estabilizado.

Sin embargo, aun desprestigiado, Bolsonaro sigue al frente de Brasil: hace poco logró imponer la contrarreforma jubilatoria y busca ir por más contrarreformas. En Bolivia, estamos viviendo un golpe de Estado hecho y derecho por así decirlo, aunque la situación no está estabilizada porque ha desatado una firme resistencia desde abajo y parecen esbozarse elementos de guerra civil, atención[13].

En la Argentina, la combinación del triunfo de Fernández junto a la buena performance de Macri,ha sido la expresión local del cruce de tendencias que se vive a nivel regional. Cruce de tendencias que todavía no tiene un desenlace aunque, a priori, muestra que el giro a la derecha regional no estaba estabilizado.

Repetimos: la suma de la crisis económica y los ajustes, la emergencia de nuevas rebeliones populares así como de conatos golpistas, muestran una coyuntura regional polarizada yno estabilizada. Una coyuntura abierta que irá a nuevos conatos de crisis y que se verá dónde decanta.

Respecto del objetivo de este documento que es caracterizar al nuevo gobierno lo que podemos señalares que este escenario de crisis económica y polarización política, le marcarán límitesmuy acotados. Económicamente, porque no hay mucho que repartir y políticamente, porque cualquier medida que tome, para un lado o para el otro, podría comprar un conflicto de magnitud[14].

Por lo pronto, está claro que frente al sector que se siente más fuerte, con una contención a priori“garantizada”, es el de los trabajadores. No podemos descartar, entonces, que el ajuste comience –prosiga, en realidad- por ahí: los trabajadores y trabajadoras[15].

Esto más alláde que su gestión no esté desprovista de “gestos” simbólicos, como asumir y volver a transformar Trabajo en ministerio y cosas así.

 

  1. Macri fracasa en modificar las relaciones de fuerzas

Vayamos ahora a nuestro segundo punto. El hecho que Macri salga del gobierno con el 40% ha llevado a cierta confusión en muchos sectores politizados que se pregunten cómo se podría explicar esto (un poco acabamos de contextualizarlo regionalmente).

Lo primero a señalar, lo más general e importante y que explica todo lo demás, es el fracaso de Macri en modificar sustancialmente las relaciones de fuerzas en el país. La Argentina tiene una sociedad explotada y oprimida con grandes tradiciones de lucha.

Sólo con contar los últimos dos años tuvimos las jornadas de diciembre, las históricas movilizaciones del 13J y el 8A por el aborto legal, un sinnúmero de luchas reivindicativas, las concentraciones de masas por el orgullo gay, la explosión docente y estatal en Chubut, etcétera.

Para contener esto, por así decirlo, está el “sistema sindical”, la burocracia, que hace que los sindicatos sean tanto conquistas reivindicativas de los trabajadores como organizaciones cooptadas por una férrea burocracia histórica; burocracia con la que la burguesía tiene que contar para gobernar.

Macri arrancó con dos años de “gradualismo” y endeudamiento pero cuando quiso girar al “reformismo permanente” (las contrarreformas), le estalló diciembre en la cara; jornadas de diciembre que, por lo demás, conectan al país con el reinicio del ciclo de rebeliones populares que se expresan en todo el orbe[16].

Partiendo desde acá hay que tener en cuenta que desde el 2001, la política en la Argentina se expresa como una suerte de “compromiso” entre las instituciones, la calle y los mecanismos de cooptación y encuadramiento. El régimen político no es ni una democracia burguesa puramente institucional (con las masas estructuralmente fuera de las calles), ni tampoco, por supuesto, una situación revolucionaria en la que el parlamento se vea desbordado por organismos de poder alternativos, sino una permanentedinámica que, para decirlo resumidamente, se juega entre la plaza y el palacio.

Esta “anormalidad” era unleitmotiv de Néstor Kirchner. Y volvió a serlo, en una versión mucho más reaccionaria, claro está, con Macri, que con el apoyo de las burocracia sindical en casi todas sus expresiones, asumió con el objetivo declarado de “controlar la conflictividad social” (y golpear a la izquierda “sindical”, objetivo compartido con la burocracia[17]).

El fracaso del ajuste “institucionalizado”, por así decirlo, llevó al ajuste salvaje de hecho vía la devaluación, inflación, aumento del desempleo y la pobreza de los últimos años (para evitar eso ya hay que tomar medidas anticapitalistas).

Sin embargo, el golpazo que constituyeron las jornadas de diciembre de 2017 -a pesar del operativo de contención de la burocracia sindical y de las campañas reaccionarias con las que intentó recuperarse Macri- mostró que las fuerzas de los trabajadores y trabajadoras están enteras.

Las relaciones de fuerzas no cambiaron de manera sustancial. Sinser estas“revolucionarias”(el país vive bajo una democracia burguesa que domina sin duda alguna –para ratificarlo está el último año electoral-), pero que no ha podido evitar una dialéctica política entre el palacio, la calle y la votación.

De todas maneras, por lo demás, el límite de dichas jornadas fue, precisamente, que al gobierno no se lo logró echar con la movilización. Aunque en el movimiento obrero organizado hay odio a la burocracia, sus acciones están, habitualmente, controladas[18]. Moyano montó el operativo el 21-F ya a comienzos del 2018 cuando por primera vez se planteo “votar bien en el 2019”; faltaba un siglo todavía para las elecciones.

Posteriormente vino el “hay 2019” y el “no salgan a las calles” de Fernández, que no solamente le perdonaron la vida a Macri en los días de zozobra de las múltiples corridas contra el peso, sino que le permitieron una importante remontada de agosto a octubre dejando que su base social gane las calles haciendo actos masivos como el de la  9 de julio.

Mientras tanto, la burocracia reafirmó una y mil veces la paz social y la tregua. Llamó dos veces consecutivas a ir a rezar a Lujan (caso del SMATA, Moyano y otros gremios), etcétera. Se mancomunaron los gorilas incluso del PJ con el gobierno y las Iglesias católica y evangélica contra el aborto legal, etcétera, de manera tal que al no volar Macri por los aires, la coyuntura no terminó de girar verdaderamente a la izquierda (o, más bien, todo a la izquierda que se hubiera podido).

Estamos ante un péndulo político que quedó más o menos en el centro. La elección de Fernández no termina de configurar un giro a la izquierda; el resultado electoral casi de balotaje fue bastante conservador. Esto es lo que recreó tanto las bases sociales clasemedieras reaccionarias de Macri, como el hecho que en medio de la crisis, sectores como los productores agrarios que votaron masivamente a Cambiemos sientan que tienen mucho que perder y que se mantengan alertas y a la derecha[19].

Fenómenos como el de Bolsonaro en Brasil, los escuálidos en Venezuela y ahora el golpe en Bolivia, etcétera, están ahí para certificar que no se vive un giro de las clases medias hacia la izquierda, hacia el apoyo a la primavera de los explotados y oprimidos que estalla en el mundo. Se vive un proceso de polarización donde un amplio sector se mantiene a la derecha(o extrema derecha).

Estos son los contrapesos que ejercerá Cambiemos en la oposición a Fernández –que tanto serán una limitación para este como excusas suplementarias para su eventual curso más o menos conservador-lo que para nada puede esconder, insistimos, el enorme fracaso que ha significado el macrismo tanto política como económicamente.

Aunque mantenga apoyo electoral del 40% por su lógica de clase, la gestión económica ha sido desastrosa y no hay manera de esconderla. Es evidente que no es por ella que salvó la ropa. Tampoco se puede adelantar, de ninguna manera, cual será su dinámica “en el llano”; habrá que verlo en la experiencia. Ya nos dedicaremos a esto más abajo en su balance económico.

Pero en lo que queremos insistir aquí es en la inmensa responsabilidad que le cabe al Frente de Todos y a la burocracia sindical en que Macri y Cambiemos no hayan salido del gobierno “quebrantadoshistóricamente”; un tributo de estas fuerzas a la gobernabilidad burguesa; una suerte de nuevo remedo del “bipartidismo” en definitiva funcional a la dominación del régimen burgués[20].

Esto hace más triste el balance del FITU, que parece “no entender”porque le fue mal electoralmente. La cosa es bastante evidente: al no haber planteado la salida anticipada de Macri –con las mediaciones necesarias, como nuestra consigna “que el pueblo decida”-; al haber teorizado, vergonzosamente, que si no hay alternativa por la izquierda “no hay que plantear la salida de un gobierno”; fueron “cómplices” -en cierto modo- de la política de “esperar al 2019”.

Y, por consecuencia, también, de su baja performance electoral: una salida anticipada de Cambiemos habría permitido que la coyuntura girara decididamente hacia la izquierda –y no tímidamente como parece ser el caso hoy. La polarización electoral habría sido menor; los votos de la izquierda, mayores.

 

  1. Un gobierno “fernandista”

Detengámonos ahora en la evaluación del gobierno que asume el 10 de diciembre. La aparente paradoja del “retorno” kirchnerista obliga a hacer una serie de consideraciones.

Por un lado, si se toma la asunción de Néstor Kirchner en mayo del 2003 hasta diciembre del 2015 cuando Cristina Kirchner termina se segundo mandado, y se le suma, mecánicamente, la hipótesis de gestión de Alberto Fernández hasta el 2023, se completaría un ciclo de 16 años: 4 gestiones sólo interrumpidas por el gobierno de Macri.

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¿Significa esto una forma de hegemonía política? Más que hablar de hegemonismo K lo que parece evidente, sí, es que el proceso del Argentinazo no acabó con el sistema de partidos como sí ocurrió en otros casos más extremos. Entonces, el peronismo en su versión kirchnerista, partido dominante del sistema político argentino desde hace décadas, reafirma su presencia.

El peronismo tiene un enorme control territorial a lo largo y ancho del país. Y, por sobre todo, un control del movimiento obrero que lo hace una suerte de “partido imprescindible” de la dominación burguesa.Esto más allá que a la misma no le simpatice–por momentos- su capacidad de arbitraje y cierta “autonomía en el manejo de la política”[21].

Decimos esto porque, por lo general, la esfera política goza de cierta autonomía en relación a la economía. Asegura los intereses de la clase dominante, pero el personal político de la patronal tiene cierta “vida propia” que establece matices y mediaciones. Por esto mismo es que ningún gobierno burgués es exactamente igual al otro[22].

Por otra parte, no menos cierto es que en torno a Cambiemos y el PRO, sumándole a los radicales y formaciones menores como las de Carrió y Bullrich, se ha reciclado -en cierta forma- una suerte de “fusión” entre los viejos partidos conservadores y radicales del siglo pasado, un poco en sustitución del radicalismo tradicional que nunca pudo recuperarse de la salida anticipada de Alfonsín, y que fue reciclándose de esta forma: como eje de la Alianza a comienzos de los años 2000; como ladero del PRO en Cambiemos.

En todo caso, el rol de “maestros de la contención” les ha correspondidosiempre a los peronistas (partidos y sindicatos) en la medida que es doblemente estratégico en la Argentina controlar al movimiento obrero (dado que su tradición de lucha y organizaciónno fue quebrada siquiera con el retroceso que significó la dictadura militar).

De cualquier manera, lo anterior no es más que una somera generalización; sólo un apunte para una investigación ulterior. Pero lo que es seguro, y esto es lo segundo que queremos plantear, es que ni siquiera todo gobierno kirchneristas, como matiz del peronismo, es igual a sí mismo; sus rasgos dependen de las condiciones en las cuales emerge cada gobierno.

El peronismo, precisamente por su vinculación con los movimientos trabajadores y populares, por su control burgués de los mismos, se ha caracterizado por una determinada “flexibilidad”; varias formas políticas ha asumido ese control, unas más “progresistas” otras más reaccionarias o contrarrevolucionarias como el gobierno de Perón e Isabel con sus Triple A.

Cuando el kirchnerismo arribó en 2003 proyectado desde adentro del peronismo, el PJ era el único partido que podía asumir el gobierno dada la debacle del radicalismo y la Alianza.

Pero también es verdad que dentro mismo de este partido se operó un recambio urgido por el fracaso del plan autoritario y represivo del menemista Duhalde en el Puente Pueyrredón (¡otra vez la lucha de clases metiendo la cola!).

Concretada una devaluación exprés del 200%, el corralito, el default de la deuda externa, desencadenada la rebelión popular y medianamente contenida por los planes sociales, etcétera, con un exiguo 20% y algo más de los votos, asumió Néstor Kirchner.

Tuvo la intuición, desde el vamos, de no echar leña al fuego: no polarizar para evitar que las cosas se radicalizaran. Enseguida vino en su auxilio el súper ciclo de materias primas, la recaudación estatal se incrementó por el sólo efecto del aumento de precios, al movimiento obrero fue fácil contenerlo por el terror al despido (en medio de una desocupación y subocupación del 50%)mientras que la suspensión del pago de intereses y capitales de la deuda externa le dio respiro por varios años.

El gobierno asumió un perfil “progresista”. Mientrashubo superávit comercial y fiscal, se le pagó toda la deuda, al contado, al FMI. Luego Cristina fue forzada a “radicalizarse” a partir de la crisis del campo en el 2008; los productores agrarios que cortaron las rutas y frente a los cuales, en definitiva, se capituló, no sin que ocurriese la salida de Alberto Fernándezdel gobierno –¡una salida por la derecha!- frustrado por no poder concretar un acuerdo con la “mesa de enlace”…

En el 2015, debido a las inercias acumuladas de una gestión en definitiva capitalista (es decir, con continuidad cotidiana de la explotación), Scioli perdió las elecciones y lo demás es historia conocida.

Pero ahora llega Fernández. ¿Cuáles son las similitudes-a priori, claro está, porque hay que verlo caminar-entre Alberto respecto del anterior ciclo ky cuales las diferencias?

El gobierno de Alberto Fernández expresa una suerte de coalición entre el peronismo relativamente aggiornado pero no K, el massismo del Frente Renovador y el kirchnerismo, con el “albertismo” haciendo de pívot entre todas estas expresiones.

De no haberse establecido esta coalición poskirchnerista, Alberto y Cristina no hubieran ganado. Viendo los relativamente más “ajustados” resultados de octubre, se puedeespecular con que la patronal no le habría bajado el pulgar al macrismo de no haberse dado el paso señalado.

Aunque las historias contrafácticas son descartadas en las ciencias sociales, y no pretendamos desarrollar una aquí, nos interesa dejar sentado lo evidente: la promoción de Alberto a la presidencia fue la fórmula que el kirchnerismo y una mayoría pragmática del peronismo encontraron para restablecer su unidad, tender puentes con la patronal y el imperialismo y recuperar el gobierno.

Ya por esto el gobierno que viene será un “gobierno albertista”; no kirchnerista clásico. Pero esto sólo habla de la “forma política” de la cosa; abordemos ahora su contenido.

Y este contenido señala que las condiciones de finales del 2019 son distintas a las de comienzos de los 2000. Los márgenes de maniobra del nuevo gobierno son más estrechos. Dieciséis años atrás la economía mundial estaba en franco ascenso, el capitalismo neoliberal seguía viento en popa. Tan en popa que las materias primas se fueron a las nubes.

Hoy la situación económica internacional es completamente distinta: la crisis del 2008 no se ha superado; las materias primas están a la mitad de su valor de hace diez años atrás; la economía mundial, como un todo, se encamina a una nueva recesión.

Pero a esto hay que sumarle las particulares condiciones de la economía nacional, que si pensamos desarrollarlain extenso en el próximo punto, haremos sin embargo aquí unas breves referencias para ilustrar nuestro punto.

El país está en default. Las reservas de libre disponibilidad –algo en torno a 8000 millones de dólares- alcanzan para pagar deuda, máximo, hasta marzo del año que viene. Siquiera hay divisas para el intercambio comercial normal que el país necesita para funcionar. La devaluación ha sido el 300% en año y medio. La inflación alcanzará este año el 60% y se estima que para el año que viene sumará otro 40%. El PBI caerá este año el 3% y en el 2020 otro 1%. La desocupación ha aumentado al 11 o 12% (el mayor índice desde la crisis de comienzos de siglo). La pobreza también ha escalado y si no ha llegado a los niveles del 2001 (está lejos de eso todavía cuestión que ha funcionado como un “colchón” para mediatizar un desborde), de cualquier manera es mayor que en el 2015 cuando Macri focalizó su campaña en el “hambre cero”.

Sin embargo, nadie quiere hacerse cargo de pagar la crisis. El campo está en “alerta y movilización”, ya lo dijimos. El FMI quiere que le devuelvan cada centavo “prestado” y se declara “listo para sentarse a negociar en cuanto le presenten el nuevo plan económico”. Aceptaría extender los plazos del préstamo si Fernández se compromete a “reformas estructurales” (jubilatoria,laboral, tributaria, etcétera). Los acreedores privados sueñan con unapropuesta “a la uruguaya” (Fernández dixit), es decir, simple alargamiento de plazos sin quita de capitales ni pérdida de intereses. Y la industria espera “beneficios impositivos y subsidios para recuperarse”. Y no nos olvidemos de Vaca Muerta y las empresas de servicios, que reclaman “seguridad jurídica y tarifas dolarizadas”…

¿Qué significa esto? ¿Qué tiene que ver el perfil cultivado por Alberto Fernández de pragmatismo? Significa que los márgenes económicos y sociales (más abajo veremos los políticos) son estrechísimos.

Aunque Alberto, los K y la burocracia sean maestros de la contención, plata no hay. Marx decía que son las condiciones materiales de existencia las que determinan la conciencia. Lo que a los efectos de nuestra minuta significa que finalmente, más allá de las expectativas, se hará la experiencia con el nuevo gobierno. Y esta experiencia dependerá de cuanto se satisfagan las necesidades de las masas en condiciones donde todos los sectores de los de arriba se hacen los distraídos para pagar la crisis.

Tampoco estamos frente a un gobierno “nacionalista burgués” que venga a patear el tablero; nada más alejado de eso. Lo que viene es la expresión pragmática de una figura que fue parte del primer ciclo kirchnerista y viene a intentar convencer al movimiento de masas a que se “arremangue” porque “lo que nos dejó Macri es un desastre”…

Simbología, concesiones irrelevantes, gestos, sin duda van a haber. Pero lo que no se verán son ataques a los intereses capitalistas. Y, menos que menos, concesiones reales a los trabajadores, las mujeres y la juventud.

Salvo que las cosas se desborden –por ejemplo, un decidido giro a la izquierda regional o que la crisis económica se haga incontenible- y entren en acción otras determinaciones: una reaparición estelar de Cristina Kirchner (que, de todas maneras, siempre ha afirmado su credo capitalista).

Es aquí donde se coloca el pacto social que viene. Los anticipos del mismo ya están sobre la mesa: Andrés Rodríguez afirmando que “no van a pedir bono de fin de año”; Caló afirmando “como no le vamos a dar tregua a Fernández”; Daer señalando que “reclamar el 35% ahora sería una locura” y beldades por el estilo.

El pacto social será el complemento de un plan económico de ajuste más “dibujado” que los planes macristas, pero de ajuste al fin. Se planteará que “hay que frenar la inflación y crecer primero” como excusa para alguna forma de congelamiento de precios y salarios (por 180 días se adelanta); posteriormente llegará el momento de “distribuir”…

Una de las trampasaquí es que la pérdida salarial(medida en bienes y ni hablar en divisas) ha sido sideral.Si se congela el salario al valor dólar –y también productos y servicios- actual,significará convalidar una caída brutal del mismo.

Por lo demás, está el problema que el salario es el único precio de la economía que se establece institucionalmente, mediante el pesado mecanismo de las paritarias, mientras que los precios no requieren de ninguna “institución” para ser aumentados: los dispone el “libre mercado” (los empresarios)[23].

Cuando escribimos este texto no sabemos como serán los detalles de todo esto; lo que sí sabemos es que, de una u otra forma, se llamará a los trabajadores –con trabajo- a pagar la crisis.

Además, la gente que asume el nuevo gobierno tiene oficio. Y bajo la excusa de “primero la pobreza” y cuestiones así, volviendo a declarar Trabajo como ministerio o estableciendo el Ministerio de la Mujer, o tomando cualquier otra medida simbólica, se intentará imponerle un ajuste a los trabajadores y trabajadoras.Habrá gestos a granel, pero no verdaderas concesiones[24].

Se viene un gobierno fernandista que ejercerá un relativo arbitraje entre sectores patronales, el imperialismo y las masas populares.Un gobierno de contención que se diferenciará seguramente en las formas del macrismo, pero no demasiado en su contenido programático.

Este es el plan a. ¿El plan b? La reaparición en escena de Cristina si Alberto fracasa o es desbordado quizás en una variante algo más “radicalizada”.

Pero para dar una idea de la posible dinámica tenemos primero que evaluar más en profundidad la situación económica y, dato fundamental, el estado de animo y confianza de los trabajadores y trabajadoras en Alberto. Serán los puntos que vienen.

 

  1. Una economía quebrada (o la “sed de divisas” de la economía nacional)

Pasemos entonces a la economía. Macri dejó el país quebrado; endeudado sin capacidad de repago. Para entender un poco másla circunstancia conviene abordar primero la economía nacional desde un ángulo más general.

La cuestión es la siguiente. Ninguna economía capitalista puede ser abordada desde un punto de vista meramente nacional; hoy menos que nunca en el mundo de la globalización y, menos que menos, cuando se trata de una economía dependiente como la de Argentina.

¿Qué significa esto? Que las relaciones de la economía nacional con la internacional son imprescindibles para su mero funcionamiento; ni hablar si se piensa en crecer.

Ser una economía dependiente significa algunas cosas básicas que sólo señalaremos de manera general. Uno, que por su bajo grado de desarrollo industrial relativo (aunque Argentina es un país dependiente bastante industrializado) carece de toda una serie de ramas industriales para llevar a cabo su producción. Los componentes o partes faltantes para la producción, lo mismo que los medios de producciónesenciales para cualquier industria –la llamada rama 1 de la producción-, deben ser importados.

Por otra parte, la especialización del país en la agro-exportación (aunque también hay intercambio comercial automotriz e industrial de importancia con Brasil y otros países de la región) implica–como se lo llama en la jerga económica- un “intercambio desigual”. Esto en el sentido que se exporta más valor a cambio de menos valor porque, tomado de conjunto, y aunque el campo genere una enorme renta agraria diferencial, las ramas industriales siempre acaparan una porción mayor del plusvalor que las agro exportadoras[25].

Así las cosas, un país que entra en el mercado internacional como país dependiente, salvo circunstancias excepcionales,queda dependiente.

A esto hay que agregarle, por lo demás, que el intercambio mundial se realiza en divisas, dólares, que obviamente no son la moneda nacional (¡al peso no se lo quiere ni en Paraguay![26]), razón por la cual en los intercambios internacionales sean de bienes físicos, servicios o financieros, se necesita que sean más los dólares que entren que los que salgan para que la economía funcione[27].

Sin divisas no hay intercambios con el mundo y la economía se paraliza. Esta simple cuestión es la que ha dado lugar en los países dependientes al mecanismo del “stop and go”, que significa que a cada momento de “restricción de divisas”, de faltante de dólares para funcionar, el país se “paraliza” y/o va a la recesión porque carece de recursos para importar lo necesario para que la industria, el campo, la inversión y el consumo sigan adelante.

La globalización ha agudizado este clásico mecanismo en la medida que nunca como actualmente son tan interdependientes las economías nacionales respecto del mercado mundial; nunca como ahora la propiedad del sistema económico ha estado tan trasnacionalizada –lo que agiganta el mecanismo de giro al exterior de las ganancias-; nunca como ahora el concepto mismo de “economía nacional” (que de todas maneras subsiste, hasta cierto punto, dentro del Estado nacional) ha quedado tan “relativizado”[28].

¿Cuál es la forma capitalista de evitar la operatividad de este mecanismo (la restricción de divisas) conservando, a la vez, el festival de ganancias capitalistas justificado para que “vengan inversiones”? Aumentar la explotación del trabajo y la productividad de manera tal que el país sea competitivo en el mercado internacional y que los ingresos en divisas sean mayores a los egresos.

Esto podría lograrse de varias maneras. Pero bajo el capitalismo existe un mecanismo básico fundamental, estructural, que no se discute: el sudor del obrero o la obrera. Todo lo demás es discutible: la falta de buena infraestructura que suma costos logísticos, la falta de modernización del stock industrial, el regalarle la renta diferencial a los parásitos del campo que monopolizan la fertilidad del campo argentino, etcétera.

El beneficio capitalista antes que todo, a lo sumo se le hacen pequeños “ajustes” para redistribuir rentas y ganancias entre sectores empresarios. Pero la premisa básica de todo es el sudor obrero: ¡eso es lo realmente indiscutible bajo el capitalismo, insistimos!

De ahí que, por ejemplo, bajo Macri y ahora también con la llegada de Fernández, así como en el Brasil de Bolsonaro y en todo el mundo donde estallan las rebeliones populares, los gobiernos capitalistas parezcan tener una sola agenda: reventar los convenios laborales, aumentar la edad jubilatoria a niveles que ningún mortal puede llegar hoy mínimamente saludable, privatizar todas las empresas posible para poner todos los servicios y materias primas bajo el concepto de mercancía y valor (es decir, de un bien que da ganancias), reformas tributarias regresivas para que paguen más los que menos tienen… ¡Y después se quejan que el mundo estalla contra el capitalismo neoliberal chupasangre! 

Nos dirán: ¿pero qué tiene que ver todo esto con la situación argentina? Tiene mucho que ver. Macri deja al país en bancarrota sin divisas para sus relaciones comerciales y financieras con el mundo. Liberalizó casi todos los mercados dolarizando todos los precios salvo el salario. Prácticamente eliminó retenciones al campo y la industria, aunque mantuvo el escandaloso impuesto al salario. Pagó toda la deuda a los fondos buitre y reinició un ciclo de endeudamiento brutal. Restableció un mecanismo de “timba financiera” interminable (Lebac, Lelic y todo tipo de bonos) que a lo largo de su mandato le dieron ganancias infinitas a los inversores internacionales y los bancos además de una nueva fuga histórica de divisas por 100.000 o 200.000 millones de dólares. Tendió a dolarizar tarifas de los servicios sin que los mismos mejoraran en nada visible. Dolarizó las naftas, etcétera.

En definitiva, llevó a cabo una redistribución regresiva de los ingresos al tiempo que endeudó sideralmente el país. ¿Por qué estalló la crisis si logró éxito relativo en estas medidas?

Simple: durante los dos primeros años de “gradualismo” cubrió con un endeudamiento externo sideral los recursos que fue perdiendo con la expectativa de endosárselos a los trabajadores y trabajadoras. Fortalecido con las elecciones de medio término lanzó su “reformismo permanente” para imponer las reformas laborales y jubilatorias.

Pero la realidad dio una “lección de marxismo” generalizada a un público mayor que el de un aula universitaria: la lucha de clases reventó en diciembre de ese año imponiéndole una derrota irreversible al “reformismo permanente”.

Y a partir de ahí, como Macri y el capitalismo permanecieron, el ajuste se desató por otros carriles cual “ley de la naturaleza”: una cascada de devaluaciones brutales que pulverizaron el salario real, hundieron el producto, aumentaron el desempleo y la pobreza, etcétera, es decir, operaron una devaluación real de los “costos” medidos en dólares de manera tal de generar el excedente para pagar el festival de endeudamiento y fuga de divisas que Macri alentó.

Así se ha llegado al punto de hoy, cuando asume Fernández. El gobierno fernandista va a hablar de la “herencia” recibida. Pero Cristina se había jactado de ser “pagadora serial” (¡no olvidarnos que los k pagaron deuda por 200.000 millones de dólares!), mantuvo el impuesto al salario de Cavallo, la precarización laboral, etcétera.

Es decir: los k nunca negaron su profesión de fe capitalista (con la excusa de la “caída del comunismo”; excusa de todos los “reformismos” capitalistas que se aprecian en el mundo).

En esta situación, y dadas las características capitalistas de todo el peronismo, Fernández llega, a priori,con un plan económico (más o menos) conservador bajo el brazo.

La mayoría de los paliativos que el macrismo se vio obligado a otorgar en los últimos meses,serán cancelados (se viene, por ejemplo, el restablecimiento del IVA al 21% para los productos de consumo popular).

Se garantizará la seguridad jurídica y mejorará las condiciones de Vaca Muerta. Economistas vinculados a Fernández criticaron que Macri postergara el aumento de las naftas (¡la dolarización del sector no se toca!). Se pretende una reestructuración de la deuda “a la uruguaya” (sólo postergación de plazos de pago sin quita de capitales e intereses).

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Pero aunque esto es ya muy improbable, y sea cual sea el mecanismo que finalmente se acuerde, la idea es pagar deuda a pie juntillas–aun consiguiendo un plazo de gracia- y dejar encadenado al país al FMI.

La reforma laboral sería sector por sector. Y una reforma jubilatoria podría llevarse adelante próximamente (ya se habla de derogar la reforma hecha por Macri, porque el cálculo de la reforma de Cristina permite pagar menores jubilaciones!).

En todos los países se meten con las jubilaciones porque se lo considera el “sector pasivo” de la sociedad (Bolsonaro acaba de imponer una contrarreforma brutal). Pero cuando estallan los procesos de rebelión (ver ahora el caso Chile a este respecto y se viene Francia),es la juventud la que se mete en la pelea en defensa de su futuro.

Preocupa, claro está, la inflación, porque se come cotidianamente el colchón de precios por el diferencial entre ellos y la pulverización del salario(diferencialque es pura ganancia para las empresas). Una inflación que combinada con la caída dela producción dificulta la generación de ganancias y compromete la contención social…

Y es acá donde se mete el mentado “pacto social”. Lo vienen diciendo los propios dirigentes sindicales: su significado es dar una “tregua social” para que se congelen los precios y los salarios (¡más los salarios que los precios, como señalamos arriba!) pactando, a la vez, “reformas”: que los trabajadores terminen, una vez más, pagando la crisis sin olvidarnos de algunas medidas de contención social.

La Argentina, los capitalistas, necesita dólares para funcionar. Y, para colmo, parte de ese “funcionamiento” es la necesidad de pagar una nueva deuda externa sideral que se pretende “honrar”.

El ajuste fernandista se diferenciará en algo del macrista. Pero no dejará de ser un ajuste económico que caiga sobre los trabajadores y trabajadoras. Ningún sector patronal quiere pagar. Y aunque, quizás, se operen algunas medidas redistribuidoras del plusvalor entre sectores patronales,el 40% de los votos a Macri están ahí como para poner límites

Por ejemplo: no parece claro que Fernández quiera comprarse un conflicto con el campo al comienzo de su gestión. Sin embargo, no podemos descartar algún ajuste de retenciones dadas las pocas cartas que se tienen a mano. Se verá a partir del 10/12.

Sin embargo, el grueso del ajuste se va a pretender que los paguen los trabajadores y trabajadoras. No estamos ante un nuevo gobierno progresista sino conservador; aunque seguramente no tan conservador como el de Macri[29].

Las relaciones de fuerzas no han cambiado. Y si hay polarización latente es porque no solamente está la amenaza del campo de volver a salir a las rutas (Carriodixit), sino las jornadas de diciembre y las rebeliones populares en Chile, el levantamiento contra el golpe en Bolivia y demás proceso de lucha en este mundo convulsionado.

Por ese estrecho desfiladero económico y político deberá discurrir el nuevo gobierno de Alberto Fernández.

 

5.Entre la expectativas y la realidad

Si los márgenes económicos y de clase son tan estrechos exploremos un poco a continuación cuales son sus márgenes políticos entre los de abajo.

La evaluación aquí es algo más compleja; más matizada. Amplios sectores de los trabajadores, la juventud y el movimiento de mujeres han vivido la derrota de Macri como un “triunfo” alimentando sus expectativas de mejora después del 10/12.

Sin embargo, sector por sector y compañero/a por compañero/a, las consideraciones varían. Existe una combinación de expectativas, confianza, fantasías y justificaciones que habrá que ver cómo se procesan.

Es todavía prematuro para medir si ese mix de elementos se transformará enuna tonificación de las luchas y reclamos o, más bien, actuará como factor moderador (al menos, a comienzos de la gestión).

Por lo pronto, atención, la situación económica aprieta y mucho. Muchos trabajadores y trabajadoras están a la espera de, por ejemplo, volver a sus puestos de trabajo (ejemplo del Posadas) y estos meses ha habido un festival de suspensiones, despidos y cierre de empresas (Ansabo, Rambat, Kimberley, Molino Mineti, suspensiones variadas en automotrices como es el caso ahora de Iveco Córdoba, etcétera), que serían un bochorno que siguieran en semejante cascada con Fernández…[30]

Pero por otra parte, la administración que llega, aun sin ser “kirchnerista” 100%, sabe “hacer política”. No hay que descartar, repetimos,que abunden los gestos simbólicos.

La flor y nata del sindicalismo será oficialista y esto significa que la contención del conflicto social estará a la orden del día. Y no solo en los sindicatos, sino en el grueso delos movimientos sociales[31].

Incluso en el movimiento de mujeres amplios sectores están dominado por el kirchnerismo y el “cabildeo parlamentario”, por lo que no puede descartarseun primer momento en el que se vendan espejitos de colores a troche y moche.

Al comienzo de su gestión,Fernández quizás goce del privilegio de una muy limitada “primavera”. El posibilismo que domina la conciencia de los trabajadores y trabajadoras hará que los mensajes llamando a “moderarse”, a “esperar” que arranque su gobierno, la justificación de la “herencia de Macri”, etcétera, hagan que quizás su gobierno cuente con un plazo inicial de cierta espera[32].

Por lo demás, está también el rol de contención de la Iglesia Católica. Todavía no se ha escuchado mucho a Francisco decir esta boca es mía. Sin embargo, la jerarquía eclesiástica ya salió a apoyar la idea de pacto social.

El Papa se cuidó muy bien de visitar la Argentina bajo Macri. Esta carta “pacificadora” y legitimadora del nuevo gobierno podría jugarse en cuanto Fernández la necesite.

El show del Papa viniendo a la Argentina jugará también un papel de contención al reclamo por el aborto legal; jugarse a imponer una agenda “gradualista” en el terreno de los derechos de las mujeres (¡si es que se impone alguna agenda real!).

Ya señalamos en otros textos el “corte de clase de la votación”. La mayoría de los trabajadores se alinearon unificadamente contra Macri y a favor de Fernández (salvo en Córdoba y alguna otra provincia). La mayoría de las clases medias reaccionarias y vinculadas al campo se mantuvieron a la derecha votando por Macri.

Los trabajadores y trabajadoras esperanque se restablezca la situación social bajo el kirchnerismo. Todo el mundo quiere creer que se harán realidad su fantasías. Por ejemplo, una cosa muy comentada es que el 11 de diciembre la carne bajará a un tercio de su actual valor y se hará una suerte de “asado universal” para festejar…

Es habitual que los trabajadores se hagan falsas expectativas[33]. Lo que no es tan común es que un gobierno –incluso con capacidad política como podría ser el de Fernández- asuma con márgenes de maniobras tan estrechos.

Las estrecheces son de tres tipos. Primero, las económicas ya señaladas. Segundo, que ningún sector social quiere pagar la cuenta de la crisis.

El FMI quiere cobrar todo su “crédito”. Ya giró 44.000 millones de dólares pero para girar los restantes 13.000 millones que Fernández eventualmente necesita como el aire, quiere ver el plan económico. Y, sobre todo, cómo se va a garantizar el repago de su prestamos a partir del 2021.

Los acreedores privados ya han comenzado a organizarse de manera colectiva para la negociación con el nuevo gobierno argentino. ¿Qué es lo que quieren? Obvio: que se les pague en el menor tiempo posible con las menores pérdidas posibles.

Los inversores extranjeros en Vaca Muerta y la minería, quieren “seguridad jurídica”: que no cambien las reglas de juego liberalizadoras impuestas por Macri y, junto con las privatizadas de servicios, precios y tarifas lo más dolarizadas posible.

Los industriales quieren subsidios, beneficios para la exportación y no retenciones, reforma laboral, etcétera. Es decir, apoyo de parte del gobierno y que el Estado garantice apretarle el torniquete a los obreros con la excusa de la “competitividad”.

Los productores y exportadores del campo quieren cero retenciones; que se pague “el precio pleno” por lo que producen (que significa seguir embolsándose la usuraria y parasitaria rentar diferencial multiplicada por la maxi devaluación).

Y el listado podría seguir hasta el infinito.  ¿Su reflejo político-electoral? El ya señalado 40% obtenido por Macri nacionalmente y, sobre todo, en el centro del país, lo que incluye la zona núcleo del complejo sojero.

Sin embargo, y por otro lado, más allá de la tolerancia inicial que eventualmente tengan la clase obrera, el movimiento de mujeres y la juventud, todo tiene un límite.

Se votó con la expectativa de un gobierno progresista, no uno que venga con un nuevo ajuste bajo el brazo.

Bajo el hierro de la crisis, las expectativas se chocaráncon la realidad. Y los gestos simbólicos no “dan de comer”. Una de las trampas será justificar todo con la excusa de “paliar la pobreza”. DijoYasky:“la “pobreza no puede esperar un mes ni una semana sino que exige respuestas mañana”; no hay que ser muy inteligente que lo que se infiere, entonces, es que todo lo demás deberá esperar

Justificar los paliativos a la pobreza con explotación obrera es un clásico desde la era de Cristina.Recordemos que supo tener declaraciones reaccionarias y despectivas en relación a los docentes, así como buscar aplastar los conflictos obreros con la excusa que “pasaron los tiempos de la toma del Palacio de Invierno”, como en Gestamp.

Pero más allá de las palabras y las ilusiones, insistimos, está la realidad. Y están,también, las relaciones de fuerzas. Y cuando los trabajadores y trabajadoras se cansen de la “tregua” que promueven personajes como Caló,comenzarán los reclamos.

La conciencia de la amplia mayoría de los trabajadores es reivindicativa, no anticapitalista. El ciclo de rebeliones populares que reinicia todavía no ha traspasado este tabique (aunque atención que podría estar haciéndolo ya bajo nuestros ojos).

Los métodos de lucha tienden a ser más radicalizados, pero la conciencia todavía no es revolucionaria ni anticapitalista. Ya hemos hablado de lo que significa el régimen político real como combinación de institucionalidad, desborde callejero y reabsorción político-electoral.

Pero de cualquier manera, aun siendo reivindicativa la conciencia, o, precisamente, porque los es, si las reivindicaciones no son satisfechas, tarde o temprano vendrán los veranos u otoños calientes

El nuevo gobierno fernandista puede jactarse de que controla, a priori, el movimiento de trabajadores. Pero sus estrechos márgenes económicos le ponen límites a los supuestamente mayores márgenes políticos, márgenes estos últimos que no pueden hacerse valer en el aire. Menos que menos cuando los trabajadores, las mujeres y la juventud no están derrotados[34].

Desde ya que, de todas maneras, cuando escribimos esta minuta no está nombrado todavía el gabinete ni anunciadas las primeras medidas; nuestro análisis tiene ese límitey esa provisoriedad.

Sin embargo, trazo grueso, las cuestiones centrales del análisis ya están. Y lo que diferencia un gobierno como el de Macri agente directo de los empresarios, de uno como Fernández basado en un personal político, es que seguramente ensayará un arbitraje de intereses algo mayor.

Cristina quedará como en reserva si salta el “fusible” de Fernández. Podría ensayar un eventual giro “a la izquierda” (una vuelta al kirchnerismo original por así decirlo). Se verá.

En todo caso la moraleja es queel “espíritu” no puede vivir sin carne. Las expectativas no podrán sostenerse sino hay concesiones reales. Y si no las hay, el péndulo de la lucha de clases puede volver a ponerse en funcionamiento en las condiciones de una crisis económica internacional y de una polarización regional de derecha a izquierda que puede abrir situaciones políticas revolucionarias como no hemos visto hasta el momento.

Decididamente, no la tendrá fácil Fernández.

 

[1] Se trata de una nota en un medio burgués que explica sencillamente las presiones contrapuestas a las que estará sometido Fernández a partir del 10 de diciembre.

[2] Los golpes de los años ‘70 eran más sangrientos y las fuerzas armadas tomaban el poder directamente en sus manos. Los del siglo veintiuno operan una intervención pero el nivel de sangre es menor, la “convivencia” de represión y rebelión popular mucho mayor y, en general, el gobierno de facto lo asume una figura civil con algún tipo de relación con la institucionalidad. De cualquier manera y como hemos escrito en otros textos, todavía es demasiado rápido para afirmar frente a qué tipo de golpe de Estado se está realmente en Bolivia; esto se irá precisando en la experiencia.

[3] En el caso de Bolivia el conflicto entre Morales y el Oriente boliviano, blanco y reaccionario, había llegado a su apogeo allá por los años 2008 y 2009 para reemerger ahora bajo la forma de golpe xenófobo y fascistoide puro y duro.

[4] Aunque sin dejar de mirar de reojo el despelote regional…

[5]De paso parece aclarar que no se viene ningún nuevo modelo económico…

[6]En cualquier momento es de esperar que reaparezca la presión de las contrarreformas que está imponiendo Bolsonaro en Brasil con la excusa de la supuesta “pérdida de competitividad de la Argentina” (presión compensada, en gran medida, por la devaluación).

[7]Subrayemos la hipocresía de que tanto el fernandismo como el kirchnerismo y ni hablar de la burocracia sindical, se han venido haciendo los “distraídos” estos meses de “tierra de nadie” en materia de suspensiones, despidos y cierres de empresas. La patronal ha actuado con total impunidad sin que nadie haya dicho “esta boca es mía”. Volveremos más abajo.

[8]Volveremos sobre esto más abajo. Pero nos parece que este es un dato de la realidad: nuestro partido en conjunto con nuestra compañera Manuela Castañeira aparece para crecientes sectores como una expresión de alternativa frente al rutinarismo y estancamiento del fitu.

[9]Ver “El fracaso electoral del FITU. Los peligros del oportunismo” en www.izquierdaweb.

[10]Atención que se tratará de una nueva crisis en el seno de otra crisis que es la del 2008 y que nunca fue del todo resuelta.

[11]Remitimos a los artículos de Michael Roberts publicados en nuestro portal.

[12]En la primera década del siglo veintiuno se vivió lo que se dio en llamar el “súper ciclo de las materias primas” con las mismas alcanzando topes históricos.

[13] Que aparezcan elementos de guerra civil es un dato de radicalización que hasta el momento no se han visto en Latinoamérica: ¡un golpe de Estado fallido podría desatar una revolución! 

[14] Por ejemplo, si osara imponer un aumento a las retenciones agrarias. Volveremos sobre esto abajo.

[15]Hay que señalar que si Fernández tendrá más características de “gobierno de contención” y no tanto de agente directo del empresariado. Por otra parte, en el fondo, su programa no se diferenciará sustancialmente del de Macri (pero esto tendremos primero que verificarlo).

[16]Algunos compañeros y compañeras señalaron su pesar porque “lo que pasa en Chile no ocurre en la Argentina”… Esta es una apreciación equivocada. Mucho de lo que pasa en la Argentina todavía tiene que ver con el 2001 y, sobre todo, con las jornadas de diciembre del 2017 (otra cosa es que se viva en rebelión popular permanente).

[17]Recordemos que una de las críticas de la burocracia al kirchnerismo -en palabras de Pignanelli- era que no se le ponía suficiente coto al a izquierda. Una cuestión que, en realidad, es tributaria de las relaciones de fuerzas generales.

[18] Obvio que hay ejemplos de desborde no solo como las jornadas de diciembre, sino a comienzos del 2017 cuando las bases le robaron el atril a la CGT.

[19] Las organizaciones campestres ya se han declarado en “alerta y movilización” en relación a las primeras medidas que vaya a tomar Fernández.

[20] El oficialismo burgués, en general, aprieta pero no “mata” a su oposición burguesa que hace parte, también, del juego del régimen político. Cuando un añejo sistema de partidos tradicionales se desmorona -como pudo verse en Venezuela o Bolivia a comienzos del siglo- es siempre por un impulso venido desde abajo.

[21] Veremos más abajo que no es lo mismo un gobierno agente directo de la patronal (como Macri) que un gobierno podríamos llamarlo “de contención” (como podría ser el nuevo gobierno del Frente de Todos). Algo que parece reafirmarse dado el marco regional. Volveremos.

[22] Si todos los gobiernos burgueses fueran iguales, la política revolucionaria sería muy aburrida: apretando un botón la receta ya estaría pronta.

[23] Que se entienda bien que Fernández ha dicho que su método “no es el de Guillermo Moreno” (que en vez de un control de precios real hacia bravuconadas). Alberto buscaría, simplemente, apelar a la “buena voluntad” de los mismos…

[24] Gestos simbólicos para solapar el verdadero contenido ajustador de las medidas.

[25] La explicación técnica de esto es que la proporción de plusvalor que acapara una rama industrial o empresa particular no dependen solamente de la explotación de sus trabajadores directos sino que es una proporción por la cantidad de medios de producción, de capital, que ponen en juego. A mayor composición orgánica del capital, mayor cantidad de trabajo no pagado acaparan.

[26] En realidad, al peso siquiera se lo quiere en la Argentina. La pérdida de valor constantes de la moneda nacional hacen que no solamente los “peces gordos” sino también los pequeños ahorristas y los trabajadores, cuando tienen un peso para ahorrar prefieran, lógicamente, ahorrarlo en dólares. El peso no sirve para ser atesorado: se devalúa siempre a pasos agigantados.

De tal manera, casi no existe verdadera moneda nacional salvo para los intercambios más menudos; siquiera alcanza para comprar inmuebles, los que en tanto son otras tantas formas de ahorro, se pagan en dólares constantes y sonantes.

[27] Brecha que en condiciones normales se salda con endeudamiento.

[28] León Trotsky tuvo una intuición genial cuando a comienzos de los años ‘30 se dio cuenta que las economías puramente nacionales eran cosa del pasado; que el hecho del que había que partir era del concepto de economía internacional como un todo. Tendencia que si parecía “relativizarse” en ese momento, volvería con todo luego de la Segunda Guerra Mundial.

[29] Es evidente que todas estas definiciones requiere para ser precisadas a que Fernández comienza a caminar. A partir del 10 de diciembre se terminará este largo paréntesis de especulaciones y volverá la política.

[30] Atención que, de todas maneras, la excusa no confesada, es que esto es parte de la operatividad del “libre mercado”. El problema es que a partir del 10/12 Fernández debería hacerse cargo del costo político de la situación mientras en el Congreso duerme la noche de los justos un proyecto de ley vetado por Macri que condicionaba en algo los despidos.

[31] Esto amén de alertas como los de Grabois de que “hay mecha corta” (es decir, no demasiado margen para dar vuelta) o de otros dirigentes sociales mismo de la CTEP y el Movimiento Evita, oficialistas, que sin embargo, meten condicionamientos afirmando que “Fernández deberá dar respuesta rápido”. Sin embargo, son tan oportunistas es imposible qué de real hay en sus palabras, cuanto para sacar alguna tajada o negociación.

[32] Atención que el límite aquí no será solamente la economía sino la evolución de la situación regional.

[33] En la conciencia obrera argentina es característico el “querer creer” -muchas veces contra toda evidencia real (por eso hablamos incluso de fantasías). Recién cuando la realidad se pone blanco sobre negro, cae la ficha.

Sin embargo, el reverso de esto es que dichas expectativas sean motor de la movilización y, entonces, se salga rápidamente a reclamar. Se verá cómo se combinarán estas determinaciones contradictorias a partir del 10/12.

[34] En varios programas de TV se ha planteado si Fernández será capaz de evitar en la Argentina un escenario de desborde tipo Chile o Bolivia.

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