Algunas reflexiones sobre el Mayo Francés de 1968

Un aporte al debate sobre el balance del Mayo Francés de 1968, a 50 años de ese proceso y en el marco de una nueva oleada de luchas sociales en Francia, con la irrupción de los Chalecos Amarillos en la escena política.

Ale Kur
Redacción Semanario Socialismo o Barbarie.


Por Ale Kur

 

En esta nota, quiero polemizar con algunas de las visiones actuales sobre ese proceso, tanto las que tienden a minimizarlo, como las que hacen una lectura superficial, unilateral y mecánica dentro de la propia izquierda.

1)            ¿Fue el mayo francés -y otros acontecimientos de la época- desencadenado por alguna clase de crisis económica internacional?

Sobre esto existen habitualmente dos posiciones. Una sostiene que la economía mundial de la época estaba en plena prosperidad y que no había ninguna clase de problemas económicos, que el origen de la revuelta pasaba por otro lado. Otra, la “catastrofista”, dice que subterráneamente había una crisis económica, manifiesta en las devaluaciones de monedas, etc. con una tendencia al ajuste por parte de los gobiernos europeos, y que eso explica el estallido del mayo francés y otros procesos.

Desde mi punto de vista, lo que existía era un relativo desgaste, una erosión/ tendencia declinante de la economía de los “estados de bienestar” de la segunda posguerra, pero que no llegaba a ser una crisis económica en toda la regla: no hay punto de comparación con las verdaderas crisis económicas mundiales, empezando por la de la década del ‘30, o la que habría algunos años después en el ‘73, o en la actualidad desde 2008.

Si bien este desgaste económico y estos ataques gubernamentales tuvieron algún rol en la preparación del terreno para la gran rebelión de Mayo (sobre todo por la vía de pequeñas escaramuzas de clase -conflictos obreros localizados- en los meses y años anteriores), no son el elemento central para explicar el proceso del ‘68, y sería un mecanicismo forzado y artificial querer desprender todo lo que pasó de una supuesta crisis económica que apenas tenía todavía un carácter incipiente. La causa de fondo hay que buscarla en otro lado.

2)            ¿Cuál fue, entonces, la verdadera causa en el plano internacional del proceso del ‘68? un ciclo POLÍTICO de radicalización, de alza internacional de la lucha de clases. Un proceso que tuvo su epicentro en las revoluciones de posguerra, especialmente la revolución cubana del ‘59, en las luchas del movimiento negro de EEUU por los derechos civiles, y especialmente, en la resistencia internacional contra la guerra de Vietnam, tanto del propio pueblo vietnamita (por ej, con la ofensiva del Tet del mismo ‘68), como en las movilizaciones anti-guerra de EEUU y Europa. En Francia, esto se combinaba también con la lucha desarrollada -durante toda la década anterior- contra la guerra que el propio imperialismo francés llevaba adelante en Argelia.

Entonces el ‘68 arrancó con toda una camada juvenil politizada y formada en las movilizaciones anti-imperialistas, enardecida por el llamado a llevar adelante “uno, dos, muchos Vietnam”. Se había formado, tanto en Francia como en muchos otros países, una vanguardia muy activa y combativa que levantaba las banderas del Che Guevara, de Mao, de Trotsky, del anarquismo, etc. Fue esta vanguardia política juvenil el factor más dinámico tanto en desencadenar como en llevar lo más lejos posible el Mayo Francés.

3)            ¿Qué factores locales desencadenaron el ‘68 en Francia? El choque de esa vanguardia juvenil, y del movimiento estudiantil en general, con el régimen globalmente represivo, autoritario, bonapartista, paternalista de De Gaulle, que además de la asfixia cotidiana en todos los niveles de la vida (incluido el verticalismo en la educación, el puritanismo en la moralidad sexual, etc.), respondía a todo conflicto mandando a la policía, sancionando y expulsando a los estudiantes de las facultades, etc. (además de dejar correr las agresiones por parte de grupos de ultraderecha).

Así se formó el movimiento “22 de marzo”, se desataron las movilizaciones de Nanterre y luego la adhesión de la Sorbona, que llevaron directamente a los grandes combates de barricadas del Barrio Latino de París y que luego se replicaron en toda Francia. El principal vector de desarrollo del movimiento fue un amplio rechazo social al autoritarismo, a la represión gubernamental. Este mismo factor fue el que provocó la solidaridad activa del movimiento obrero, que venía sufriendo hace años ese autoritarismo en carne propia ante cada reclamo. Así, las grandes movilizaciones de Mayo fueron esencialmente un levantamiento general contra el régimen político vigente, desencadenado por la acción estudiantil pero que reflejaba un hartazgo general.

4)            El movimiento obrero francés se sumó masivamente al conflicto iniciado por los estudiantes, a través de la huelga general y las ocupaciones de empresas, con sus propias reivindicaciones de clase. Estas se formulaban en términos de demandas gremiales (por otra parte, bastante más radicales que las que el PC francés y la CGT admitían), pero inclusive más allá de ellas existía un descontento más general con la explotación y con la alienación, un rechazo genérico al sistema capitalista y su lógica mercantil. Esto, sin embargo no llegó a madurar en una formulación político-global alternativa, en un programa claro.

Las cosas no son “blanco o negro”: la intervención obrera en el Mayo Francés no se trató ni de un movimiento puramente “economicista” por demandas puntuales (como sostienen todos los que intentan demostrar que en el ‘68 supuestamente “no pasó nada”) ni de un movimiento clara y coherentemente socialista que peleara por otra sociedad radicalmente diferente. El movimiento expresó una especie de transición entre ambos polos, llena de dificultades y límites.

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5)            La intervención del movimiento obrero fue muy radicalizada en sus métodos (toma de 200 empresas, huelga general de 10 millones de personas, enfrentamientos con la policía), pero el contenido netamente político de esa radicalización corrió infinitamente por detrás de los acontecimientos.

Globalmente, la dirección político-sindical del movimiento obrero la tuvo en todo  momento el PC y la CGT (cuya orientación estalinista las hacía profundamente opuestas a cualquier posible desarrollo revolucionario), hubo desbordes locales y parciales pero no una tendencia al desarrollo de nuevas direcciones más a la izquierda.

La clase trabajadora se ubicaba empíricamente a la izquierda del PC tanto desde el punto de vista de que no le alcanzaban para nada los “acuerdos de Grenelle” (concesiones relativamente pequeñas que el gobierno impulsó para desactivar el conflicto) como desde el planteo bastante extendido de que debía caer el gobierno De Gaulle (cuestión que el propio PC tuvo que sostener discursivamente sin querer llevar nunca hasta el final).

Pero no llegó a existir un programa propio por la positiva, una articulación de una salida propia de los trabajadores, ni menos aún de las herramientas político-organizativas para llevarla adelante. Ante esa ausencia, se terminó imponiendo la estrategia política del PC-CGT, consistente en dejar sobrevivir al gobierno, levantar la huelga y encaminar todo hacia las elecciones.

El elemento más de fondo es que no hubo un desarrollo significativo de las organizaciones revolucionarias entre los trabajadores: no se sumaron miles de trabajadores a las organizaciones socialistas revolucionarias. Tampoco se formaron organismos de doble poder, al estilo de los Soviets, ni las ocupaciones de fábrica fueron mayormente protagonizadas por las bases (más bien eran tomas simbólicas garantizadas por las secciones sindicales). Así, el PC mantuvo siempre el monopolio de la representación política y gremial de la clase trabajadora, al servicio de mantener el orden burgués y no rebasar nunca los marcos del régimen.

6)            Entonces, el Mayo Francés fue un proceso de radicalización obrera, pero no fue un proceso revolucionario propiamente dicho. Hablar de “situación revolucionaria” es unilateral  e impresionista sino se tiene en cuenta ese factor. La revolución proletaria no ocurre como consecuencia mecánica de una radicalización de los métodos de la lucha de clases: sólo puede ocurrir como resultado de una radicalización política consciente, del desarrollo de organizaciones revolucionarias, de la construcción de representaciones y direcciones políticas revolucionarias. Solo una visión objetivista, mecánica, en definitiva metafísica-idealista, puede pensar que la clase trabajadora es una “cosa” que se mueve automáticamente hacia el socialismo sin mediación de sus ideas, de su conciencia, de su voluntad, de sus objetivos.

La historia de la única revolución proletaria triunfante de la historia, la revolución rusa de 1917, muestra exactamente lo contrario: cada paso de radicalización de la lucha de clases iba acompañado por un salto en la influencia política y el desarrollo organizativo del Partido Bolchevique, por el crecimiento de su representación política en los Soviets, por un acrecentamiento de la intervención política revolucionaria de las bases obreras (que se posicionaban de manera explícita por el traspaso del poder a sus propios organismos de clase). Todos esos elementos estuvieron ausentes en el Mayo Francés.

7)            Por esa razón, el proceso del ‘68 llegó a un límite objetivo que fue imposible superar. Todo lo que no avanza retrocede. Si no se puede resolver el problema del poder, las cosas deben volver tarde o temprano a la normalidad. Sin avanzar hacia el doble poder o la insurrección, la huelga general debía necesariamente terminar, ya sea con más o menos triunfos parciales, con más o menos conquistas políticas.

Particularmente, la forma en que el PC y la CGT manejaron las cosas, garantizaron que las conquistas fueran mínimas con relación al enorme poder del movimiento. Una dirección un poco menos conservadora probablemente podría haber logrado conquistas mayores, inclusive fuera del terreno de la revolución, si tan solo hubiera estado menos comprometida con la restauración del orden. Pero el PC y la CGT sólo querían acabar con la “pesadilla” lo antes posible, porque le tenían tanto miedo al desborde como el propio gobierno y los capitalistas.

8)            ¿Cuál es el significado político de las elecciones parlamentarias realizadas a fines de junio del ‘68, en las que ganó nuevamente el partido de De Gaulle poniendo fin al Mayo Francés?

Esta es la pregunta más delicada y difícil de responder, porque tiene muchas aristas.

En primer lugar, refleja que esa tendencia radicalizada, embrionariamente anti-capitalista y socialista que se expresó en la huelga, las ocupaciones y las barricadas, no tenía una clara alternativa electoral propia. Las organizaciones más a la izquierda del movimiento habían sido prohibidas por el régimen el 12 de junio, dos semanas antes de las elecciones. De esta manera, no había una representación político-electoral que pudiera expresar en las urnas ese movimiento en todo el potencial que realmente tuvo. En esas condiciones, la vanguardia radicalizada de Mayo tuvo que votar a partidos no revolucionarios o no votar en absoluto, inclusive en algunos casos votar al propio PC reaccionario, por falta de mejores alternativas.

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En segundo lugar, refleja que el amplio movimiento de Mayo no era homogéneo, que tenía sectores más conscientes y de izquierda, y sectores más atrasados, que políticamente no habían sido conquistados para posiciones socialistas (en algunos casos, ni siquiera genéricamente progresistas), esos sectores llegaron a votar al propio partido de De Gaulle o a otros por el estilo.

En tercer lugar, refleja que el padrón electoral es siempre mucho más grande que cualquier movimiento callejero: en las elecciones generales votan también todos los sectores que se mantuvieron al margen del movimiento, sea porque estaban en contra de aquel, por falta de interés o hasta por lejanía geográfica. Estos sectores conforman una retaguardia conservadora de millones de personas, que en ciertas condiciones puede contrapesar con el número inclusive a la más radicalizada de las vanguardias. Solo una revolución político-social profunda puede arrastrar a esos sectores despolitizados y conservadores hacia posiciones más a la izquierda. Y esto es precisamente lo que no llegó a ocurrir en el ‘68, el límite que no se pudo cruzar.

9)            La resultante es que en las elecciones de junio se impuso finalmente la sumatoria de los elementos más conservadores. Así, a un movimiento enorme y poderoso en las calles le sucedió una derrota política relativa (no absoluta ya que no hubo un aplastamiento físico, no se impuso un régimen fascista como ocurre habitualmente en las revoluciones fallidas), que se tradujo en una oleada de desmoralización. Las conquistas que se consiguieron fueron -en términos relativos- muy pequeñas, no estuvieron ni remotamente a la altura de las dimensiones del proceso. La salida de De Gaulle de la presidencia el año siguiente posee en ese marco un carácter contradictorio: desde cierto punto de vista podría leerse como una conquista parcial del Mayo del ‘68, pero al ser reemplazado por otro miembro de su propio partido, globalmente no significó un retroceso del régimen político represivo y autoritario, de las relaciones de fuerzas existentes. Solo se introdujeron paulatinamente algunos cambios parciales y limitados, en paralelo a un proceso más general de cambio en la cultura y la mentalidad.

Pero para que ocurriera un cambio más significativo en esas relaciones de fuerzas (sobre el terreno electoral) tendría que pasar todavía más de una década, hasta el triunfo del socialdemócrata Mitterrand en 1981 en un frente del que participaba también el PC. Sin embargo, esto ocurría ya en otro contexto internacional, y ya cuando el movimiento propiamente francés se había apaciguado, por lo que el ciclo más profundo del ‘68 había concluido -o por lo menos, salido de la escena inmediata. Mitterrand no fue “el 68 al gobierno”, sino el “giro a la austeridad”, un encadenamiento con la cadena internacional del thatcherismo-reaganismo.

10)         La mayor parte de las corrientes trotskistas hacen el balance de que el gran límite del Mayo Francés fue la “ausencia de una dirección revolucionaria”. Esto en trazos extremadamente gruesos es correcto, pero puesto en esos términos es superficial, inclusive hasta metafísico-idealista. Porque una “dirección revolucionaria” no es simplemente un ingrediente que se le “suma” por arriba a una receta de la lucha de clases para obtener una revolución triunfante, como si fuera una especie de alquimia.

Lo que algunas corrientes denominan “dirección revolucionaria” es en realidad un elemento integral del propio desarrollo de la politización de la clase trabajadora, de su construcción de representaciones políticas, de su proceso de organización, de la maduración de su conciencia. La “dirección revolucionaria” es en realidad la cristalización de una vanguardia política socialista revolucionaria de la clase trabajadora, y su construcción es un largo proceso, una larga acumulación durante un largo periodo, que incluye diversos vaivenes de la situación política, de la lucha de clases, de periodos de alzas y bajas.

Incluye no sólo la intervención en las huelgas y los conflictos, también una política de construcción electoral, de intervención en los medios de comunicación, de maduración de cuadros políticos y político-organizativos, de figuras públicas, de dirigentes y constructores. Implica el desarrollo de una densa red organizativa, que abarque las principales fábricas y centros de trabajo, las universidades, los territorios de mayor centralidad política. Implica la elaboración de un bajage teórico, político, discursivo, la formación y educación política de toda una camada de militantes y simpatizantes, la conquista de influencia sobre amplias masas a través de la conquista de posiciones en las organizaciones sindicales, y su entrenamiento a partir de la experiencia en los pequeños y grandes hechos de la vida política y gremial cotidiana.

El Mayo francés demuestra que la construcción de esa herramienta política es ineludible si se quiere transformar profundamente la realidad, y que sin ella ninguna cantidad de esfuerzo espontáneo del movimiento obrero y la juventud, ninguna cantidad de radicalización en los métodos puede ser suficiente por sí sola.

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