Turingia

Alemania: Decenas de miles salen a la calle contra la extrema derecha

El pasado sábado 15 de febrero, 18 mil personas se concentraron en la ciudad de Erfurt (Estado de Turingia) para rechazar la conformación de un gobierno de coalición entre demócrata – cristianos, liberales y la derecha neo fascista. En un país marcado históricamente por el genocidio nazi, el escándalo y la movilización desatados generó la renuncia inmediata del Jefe de Estado recién electo.

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Agustín S.


Foto: JENS SCHLUETER / AFP

Turingia es un Estado del este alemán, que fue parte de la RDA (la Alemania no capitalista de la posguerra). En la actualidad, está marcado por peores condiciones de vida para las masas trabajadoras que en la parte occidental del país (el salario medio anual es varios miles de euros menor que el salario medio de todo Alemania). Además, Turingia tiene una tasa de natalidad muy baja (incluso comparado con los números de Alemania y Europa en general); gran parte de su población (especialmente la que reside fuera de las ciudades principales), que vivió la Alemania estalinista y la caída del muro de Berlín, expresa el agotamiento de las esperanzas que despertó la caída del Muro, la reunificación y la gestión de los partidos tradicionales de la democracia burguesa (los demócratas cristianos, la socialdemocracia y sus derivados).

Es en este escenario que entra el AfD (Alternativa por Alemania), un partido de ultra-derecha nacionalista, marcadamente xenófobo con simpatizantes neonazis[1]. Sus consignas electorales son la salida del euro, el rechazo a los “salvatajes financieros” sobre países periféricos y el rechazo a los refugiados que llegan a Alemania desde Medio Oriente (especialmente de países en guerra como Siria).

Foto: JENS SCHLUETER / AFP

El AfD es parte del fenómeno de gobiernos y partidos populistas reaccionarios que aparecieron en Europa y otros puntos del mundo con muchos matices entre ellos del tipo Trump, Bolsonaro en Brasil, Le Pen en Francia, Vox en España o el Vlaams Belang de Bélgica. Lo más significativo, quizá, es que el AfD no atrajo el voto sólo de la clase media reaccionaria sino de sectores de trabajadores. En  2017, cuando los derechistas entraron al Parlamento[2], uno de sus referentes anunció que asumiría para representar “a los jubilados y trabajadores pobres”[3].

En las últimas elecciones, el AfD obtuvo el 23% de los votos en Turingia, quedando por encima de los socialdemócratas (SPD), los liberales y los demócrata-cristianos (el partido de Merkel, que encabeza el gobierno federal). Quedó sólo por debajo de Die Linke[4] (“La Izquierda”), que encabezó el gobierno de Turingia los últimos 5 años en coalición con los socialdemócratas y el Partido Verde (ecologistas de centro-izquierda) y obtuvo el 31%. Sin embargo, aún siendo la primera fuerza, Die Linke necesitaba formar coalición para gobernar y tanto el SPD como los verdes salieron muy debilitados de la elección. Los demócrata – cristianos (CDU, el partido de Merkel) se negaron a acordar con la izquierda y le dieron sus escaños a los liberales (FDP) que sumados a los del AfD definieron la elección: la coalición ultraderecha + centroderecha se impuso por 45 votos a 44.

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En Alemania, un país en el que la memoria colectiva sigue marcada por el genocidio nazi, las repercusiones no podían hacerse esperar[5]. La conformación de un gobierno de coalición con la derecha xenófoba y racista constituyó un escándalo: no sólo lo rechazó la gente de a pie, sino que incluso el establishment político burgués tuvo que salir a rechazar esta coalición. La mismísima Angela Merkel, canciller alemana y figura pública del CDU (que fue parte de la coalición con el AfD), repudió públicamente la participación de su partido, al igual que la dirección central de los liberales (FDP), que pidió una rendición de cuentas a Thomas Kemmerich por aceptar los escaños del AfD para ser electo y lo obligó a renunciar a su cargo.

Distintas figuras y analistas dijeron que se trataba de la “ruptura de un tabú”, lo cual cobra sentido si se tiene en cuenta que en Alemania (así como en otros países de Europa) los partidos tradicionales venían realizando la táctica conocida como “cordón sanitario”, que consistía en excluir a las formaciones ultraderechistas de cualquier coalición de gobierno y, en menor medida, de ciertos espacios mediáticos. Era una medida destinada a dar cierto matiz democrático a los partidos burgueses mayoritarios al no tratar a la derecha xenófoba como un partido “normal”[6].

Sin embargo, esta ruptura con el “tabú” de la extrema derecha expresa algo más que un mero error político. El cambio de táctica de los partidos burgueses centristas es un resultado del progresivo corrimiento a derecha que viene verificándose entre amplias franjas sociales alemanas. Si se le dan nuevos aires al AfD y este es más “tolerado” por la burguesía es porque el AfD viene ganando un espacio político (como atestiguan los resultados electorales) sirviéndose del desgaste de los partidos “de centro” que administraron las políticas de austeridad de los últimos años, a partir de la crisis de 2007-2008.

En el caso de esta última elección, una novedad es el desgaste del Partido Verde, una formación relativamente nueva y que venía ganando espacio entre la juventud en las últimas elecciones, especialmente alrededor del problema del ecologismo. Es visible cómo la derecha xenófoba avanzó rapidamente sobre el terreno dejado por la centro-izquierda.

Sin embargo, la aparición de la movilización masiva del pasado 15 de febrero, que reunió a alrededor de 18000 manifestantes bajo las consignas “No al pacto con los fascistas” y “No hay lugar para nazis”, con participación de sindicatos, organizaciones políticas y sociales entra las que estuvo la ecologista “Fridays for future”, pateó el tablero de la situación.

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Al mismo tiempo, la marcha en Erfurt coincidió con el 75 aniversario de la liberación de Auschwitz y de los bombardeos a la ciudad de Dresde. Con motivo de la fecha, se organizó una movilización neo-nazi en Dresde que contó  con cerca de 1000 manifestantes en “homenaje” a los supuestos “mártires” del bombardeo, en un intento de revisitar la historia de la Segunda Guerra y victimizar a las tropas nazis, pero que fue contestada con una contramarcha de alrededor de 2000 personas.

El contrapunto del avance electoral derechista y la marcha neonazi, por un lado, y las marchas antifascistas, por el otro, dan cuenta de que, por más que haya un creciente corrimiento a la derechas en importantes sectores para la sociedad, el recuerdo histórico del genocidio nazi y la experiencia del fascismo sigue presente en la memoria de la sociedad alemana, y que no alcanza con votos o acuerdos entre las camarillas políticas para eliminar el balance del nazismo de la consciencia de amplias masas. Las movilizaciones masivas en respuesta a la extrema derecha parecen anticipar que su ascenso no se dará sin la debida respuesta.

 

[1] Para ilustrar el carácter xenófobo y reaccionario del AfD alcanza mencionar que varios de sus referentes hicieron declaraciones de corte antisemita en los medios alemanes y que uno de sus dirigentes, Björn Höcke, es mantenido bajo vigilancia del servicio de inteligencia interna alemán.

[2] Es de notar que esta fue la primera que un partido de extrema derecha obtuvo representación en el Parlamento desde la Segunda Guerra Mundial.

[3]https://elpais.com/internacional/2017/09/30/actualidad/1506753185_943020.html?rel=listapoyo&rel=listapoyo

[4] Se trata de un partido descendientede del vejo Partido Socialista que gobernaba la RDA, que agrupa distintas tendencias (desde estalinistas a keynesianos y socialistas libertarios); se presenta como “socialista democrático”, en principio aparece como la fuerza más a la izquierda (obviamente con un encuadre reformista) dentro del arco político de Turingia y de Alemania en general.

[5] En Alemania existen, por ejemplo, penas económicas y políticas para las figuras públicas que realizan declaraciones negacionistas del genocidio nazi.

[6] Este “cordón sanitario” ya venía resquebrajándose en otros países, como Bélgica, donde hace algunos meses el propio rey Felipe le dio estatus de normalidad a la derecha racista al reunirse con el grupo nacionalista Vlaams Belang para discutir pasos a seguir para estabilizar el gobierno.

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