polémica

Al fondo y a la derecha

Grabois quiere un gobierno de “unidad nacional” que solo puede ser contra los de abajo



“Entran: Massa, Pichetto, Urtubey… Si viene Vidal y dicen ‘yo me voy del macrismo y quiero ir con ustedes’, ¡que venga! ¿Viene Larreta? ¡Venga Larreta! El problema acá se llama Mauricio Macri”

Juan Grabois, dirigente de la CTEP

 

A nadie se le escapa que el “llamado a la unidad” de Grabois dirigido incluso a Larreta y Vidal fue un exabrupto para defender la “unidad amplia” que supuestamente sería necesaria para “derrotar a Macri”. El problema de este recurso al “mal menor” no puede esconder que “lo que quiso decir”, en contraposición a “lo que efectivamente dijo”, es igualmente grave. Se trata (incluso sin Larreta o Vidal) de una posición reaccionaria de los “dirigentes sociales” que sólo puede devenir, en caso de triunfar, en un gobierno de unidad nacional de los de arriba cuyo contenido inevitable es ser un gobierno contra los de abajo.

Su llamado reduce al absurdo todos los problemas políticos. Hay un sistema de poder entero que se sostiene en partidos, parlamentos, municipios, jueces, policías y, por supuesto, el gobierno a cargo, que es responsable primero del ajuste y la cada vez más grave crisis social que atraviesa el país. Grabois reduce todos los problemas al absurdo, enfocando todo en un solo individuo: Mauricio Macri.

Por supuesto que él, en tanto cabeza del poder ejecutivo, tiene un peso importante. Pero él mismo no sería gran cosa sin el aparato del Estado (que, a no olvidar, incluye a los peronistas en muchas provincias) y a todo el sistema político y de partidos patronales que son, en definitiva, los que mueven la “rueda” de la política. La política, según Grabois, no se referiría a intereses sociales y de clases, sino a una mera cuestión de “nombres”: en este caso, un solo nombre y nada más.

“Sacando a Macri todo lo demás quedaría resuelto” parece afirmar Grabois, reduciendo al absurdo la cuestión como acabamos de señalar.

Si sólo se deja afuera a este y se llama a todo el resto, el planteo subliminal entonces es que, frente a la crisis, habría que conformar un gobierno de unidad nacional de los de arriba sólo que alrededor de otro eje: ¡propuesta conservadora y reaccionaria si las hay!

El llamado a la “unidad nacional” siempre ha servido como una justificación conservadora de lo existente en medio de una crisis, tal cual la que vive hoy el país que no se sabe si en el 2020 no caerá en un nuevo default. La idea clásica es que se junten todos los partidos y políticos patronales para evitar la debacle; en este caso es legitimar una política ultra conservadora, dejando afuera a Macri y nadie más.

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El supuesto aquí es que la “nación” como tal, no estaría desgarrada por intereses opuestos: entre ajustados y ajustadores, entre despedidos y especuladores, entre reaccionarios y luchadores. Habría venido alguien de afuera, caído en la presidencia de no se sabe dónde para arruinar las cosas. La solución pasaría por realinear a todas las fuerzas políticas (el peronismo en particular) para cerrar la “grieta”, grieta que sería responsabilidad de un solo individuo. Entonces, como de unir a la “indivisible” nación se trata, no debería haber problema alguno en organizar un gobierno con reaccionarios y ajustadores de todo pelaje.

No esperamos, ni hubiéramos esperado jamás, una política de independencia de clase en estos personajes, en este caso de Grabois que funge como representante del Papa en los movimientos sociales. Pero aquí no sólo no hay independencia política de los trabajadores. Se perdió todo rastro de “progresismo” por intermedio de un planteo escandaloso por lo reaccionario y servil del real politik: una política del mal menor llevada hasta el absurdo ¡¿Picheto, Urtubey, Massa, Vidal y Larreta, un mal menor?!

Las declaraciones de Grabois son parte del giro a la derecha del propio kirchnerismo, que está dispuesto a mostrar los mejores modales posibles a la clase capitalista para demostrar que no son peligrosos y que son ellos lo que podrían cerrar la famosa grieta y conformar un gobierno de verdadera unidad nacional.

Y para construir ese Frankestein político, más real y a la vez menos interesante que el personaje literario, Grabois exige que quienes quieran oponerse a Macri a cualquier precio bajen cualquier reivindicación que pueda asustar a los Urtubey y a los Pichetto… ¡que son todas!

En un sentido similar se manifestó Cristina Kirchner cuando meses atrás sostuvo que en su fuerza política “hay pañuelos celestes y pañuelos verdes”, una propuesta escandalosa que incluso va más allá del justo reclamo por el derecho al aborto. Es, precisamente, lo que venimos señalando: postularse para ser ellos los que garanticen la “unidad nacional” (patronal) ante el fracaso del gobierno de Macri.

Grabois y los suyos se imaginan a sí mismos empujando hacia adelante a CFK, a los Pichetto y a los Urtubey incluso a Larreta y Vidal. Suponemos que para el agrado del Papa Francisco, que seguramente verá con muy buenos ojos esta propuesta.

 

El oportunismo centroizquierdista no tiene fin

“El concepto de ‘mal menor’ o de ‘menos peor’ es de los más relativos. Un mal es siempre menor que uno subsiguiente mayor y un peligro es siempre menor que uno subsiguiente posiblemente mayor. Todo mal resulta menor en comparación con otro que se anuncia mayor y así hasta el infinito. La fórmula del mal menor, del menos peor, no es sino la forma que asume el proceso de adaptación a un movimiento históricamente regresivo, movimiento cuyo desarrollo es guiado por una fuerza audazmente eficaz, mientras que las fuerzas antagónicas (o mejor, los jefes de las mismas) están decididas a capitular progresivamente por pequeñas etapas y no de un solo golpe.” Antonio Gramsci

 

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Detrás de Grabois están, entre otras, las fuerzas políticas (mayormente agrupadas en la CTEP) de centroizquierda que fueron cambiando de denominación al ritmo de sus sucesivas capitulaciones: son la ex “izquierda independiente”, la ex “izquierda popular”, la ex “izquierda” a secas. Son “ex” muchas cosas.

Para muchos de sus honestos militantes, que cada vez estén más cerca de un acuerdo electoral con personajes tan poco progresistas como los pejotistas provinciales, resultará sorpresivo. A nadie debería sorprender de todas formas esta degeneración política viniendo de alguien del riñón del “Papa progresista”, tan “progresista” como él. Llegaron a convencer incluso a muchos activistas y luchadores que el rol de la Iglesia estaría cambiando por su cabeza. Esto era (y es) tan realista como esperar cambiar al Partido Republicano yanqui poniendo a un antiimperialista en su directorio, al FMI con un presidente socialista y al Ku Klux Klan con un líder negro.

El posibilismo reformista queda una vez más en evidencia. Como la construcción de una alternativa independiente de los trabajadores y el pueblo estaría fuera de toda perspectiva realista, como las instituciones del poder capitalista serían inmutables, habría que hacer “lo que se puede”… Su lógica es la descripta por Gramsci en la cita de más arriba: primero festejemos el “progresismo” K, luego no tenemos más posibilidad que votar a Scioli, después hay que hacer todo (literalmente todo) lo posible por la “unidad”, no ya de la (ex) izquierda sino del peronismo, que los deglutió casi sin notarlo: es decir, la lógica del mal menor llevada al infinito tal cual la denunciaba el gran marxista italiano.

El “realismo” de alcanzar el gobierno a través de sus viejos partidos patronales, figuras e instituciones es obrar casi conscientemente como su marioneta; es no aspirar a un proyecto independiente propio de los de abajo. Se pierde así todo rastro de existencia propia, las sombras de la ex “izquierda popular” se confunden con la del rancio peronismo hasta no dejar rastro de las viejas veleidades. Hay un poema en portugués que dice: “La tristeza no tiene fin, la felicidad sí”. Parafraseando esos versos, podemos decir: “las capitulaciones centroizquierdistas no tienen fin, la centroizquierda sí”.

 

 

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