Dólar

«Ajustar o devaluar», la falsa dicotomía

El dólar paralelo alcanzó ayer los 190 pesos, más de un 143% por encima del oficial, el “solidario” ronda los 138 pesos. El gobierno puede hacer un ajuste clásico o devaluar, que es otra manera de ajustar.



La brecha entre el dólar oficial y el paralelo presiona fuertemente hacia una devaluación. El gobierno, azotado por la tempestad, no ha tomado medidas estrictas de control de precios por lo que se remarcan los aumentos en las góndolas. Los trabajadores son los más perjudicados: ven cómo su salario se reduce por la inflación, y tienen mil y una trabas para acceder al «dólar ahorro», única forma de preservar algo de dinero para las vacaciones.

«Tenemos una brecha muy elevada pero se da en situación que no se condice con la economía real y el frente externo» dice el Ministro de Economía. En síntesis, quiere vender una imagen de normalidad porque supuestamente la crisis cambiaria no se estaría reflejando en la «economía real». Pero el tráfico de divisas es parte del aceite del mecanismo total de los intercambios, en muchos sentidos es en sí mismo parte de la «economía real». El planteo de Guzmán es falso. Trata de cubrirse con esa frase en que seguiría habiendo superávit comercial… los hechos son que se ha reducido drásticamente en el último mes. Si es cierto que en lo acumulado en todo el año el superávit es mayor al del año pasado, pero sobre la base de una reducción drástica de las exportaciones. El superávit comercial en sí mismo no son buenas noticias.

El comercio exterior está ahora fuertemente condicionado por la crisis del dólar. Mientras los exportadores están sub-liquidando divisas (declarando menos que sus ingresos reales), los importadores están sobre-liquidando (haciendo exactamente lo opuesto): así, presionan hacia la devaluación del peso condicionando los montos del superávit comercial.

Según declaró el ministro de economía, Martín Guzmán, evalúan medidas para absorber pesos desde nación para aliviar la presión sobre el tipo de cambio. Es decir: vender barato las reservas del Central. Pero aquí entra el problema de la «espalda». Desde el ejecutivo nacional afirman que están pasando por un grave problema de déficit fiscal que «tiene que ver con una situación extraordinaria como la pandemia”. Es decir: el parate de la economía redujo fuertemente la recaudación fiscal, e implicó masiva impresión extraordinaria de moneda local. Esto, sumado al problema estructural de la Argentina de falta de divisas, ha precipitado la corrida cambiaria que hoy amenaza con pulverizar el poder adquisitivo de los trabajadores. Sin embargo, también sacan pecho con el superávit comercial (en realidad producido más por la caída de las importaciones que por otra cosa) y declarando los 41 mil millones de dólares que aún cuentan como reservas del BCRA (de los cuales una pequeña parte es de libre disponibilidad).

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El gobierno busca «tentar» a los especuladores para que, en lugar de apostar a la corrida y la quiebra del BCRA, apuesten por la compra de bonos que prometen jugosas ganancias a futuro a altas tasas de interés. Bonos que no se pueden liquidar por un tiempo, pero por los cuales el gobierno se compromete a pagar contante y sonante, así tenga que vender el país.

Los mecanismos ensayados para contener la corrida, subasta de bonos en dólares, dólar futuro, cepo a los ahorristas, etc… sólo pueden ser dilaciones del problema en tanto no se tomen medidas estrictas que vayan en el sentido de afectar la ganancia capitalista, impidiendo que ganen a costa del hambre de millones. Verdaderas medidas estrictas de control monetario, tributario y del capital argentino, como la estatización de la banca y el monopolio del comercio exterior.

El gobierno anunció que enviará al Congreso un proyecto de reforma tributaria (todavía sin fecha), y anunció además que en breve se lanzará un “programa fiscal plurianual” de tres años acordado con el FMI, que será tratado en el parlamento e incluye una reducción del déficit fiscal. Es decir: se esperan un «buen» acuerdo con el FMI, que le de tiempo al estado argentino para empezar a devolver dólares, a cambio de comenzar ya mismo con un ajuste clásico.

Pese a la presión, el ejecutivo no quiere mostrar que le tambalea el timón. El ministro de economía afirmó que no van a devaluar: “Vamos a continuar con el ritmo de depreciación del peso contra el dólar que venimos manteniendo, de la mano de la inflación, mientras buscamos en forma gradual y en la velocidad que se puede ir reduciendo la inflación”.

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Pero en esta carrera, las sumas y restas siempre terminan beneficiando a los especuladores y grandes capitalistas que tienen el volumen de dinero suficiente para correr al peso de ida y vuelta, la infraestructura para aprovechar los recovecos más convenientes en la compra de divisas, y la complicidad de los medios y una parte importantísima del arco político.

El gobierno se mueve entonces entre dos opciones: ajuste clásico o ajuste devaluatorio. Quiere apostar por el primero para sostener el ajuste de manera controlada, sin desbordes; pero esta opción va a un ritmo diferente al que esperan los grandes capitalistas, que harían ya mismo inmensas fortunas de darse una devaluación brusca.

 

 

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