El lunes la Corte Suprema finalmente ha emitido el fallo contra “el proceso”. Los acusados han sido condenados a un total de 100 años de prisión. Oriol Junqueras, 13 años. Raül Romeva, Jordi Turull y Dolors Bassa, 12 años. Carme Forcadell, 11 años y medio. Joaquim Forn y Josep Rull, 10 años y seis meses. Jordi Sànchez y Jordi Cuixart, 9 años. Carles Mundó, Santi Vila y Meritxell Borràs fueron condenados a un año y ocho meses y no irán a prisión.

La sentencia sobre el derecho de autodeterminación de Cataluña ha finalizado con una sentencia –que aunque se esperaba fuera así– es un verdadero escándalo y una barbaridad.

A primera hora de la mañana se dio a conocer el fallo y la respuesta en la calle no se hizo esperar. Miles de personas  cortaron las arterias principales de Barcelona, ​​como la Avenida Diagonal, La Meridiana, Vía Laietana, mientras que también cortan carreteras en otras partes del territorio como Girona, Valls o Mataró. En Barcelona a las 12h, diferentes columnas estudiantiles de varios colegios y universidades se han reunido en Plaça Catalunya.

La brutal sentencia del juicio no solo condena el derecho a decidir del pueblo catalán, sino que envía una advertencia a toda la clase trabajadora del Estado. El fallo nuevamente deja en claro que el régimen 78 no permitirá bajo ninguna circunstancia que se rompa ninguno de sus pilares, como la unidad del reino de España y la monarquía. Y nuevamente, como el 1-O, pondrá en marcha la maquinaria que necesita para detenerlo.

La rebelión cobra formas con rasgos similares a Hong Kong. Se forman grandes organizaciones que impulsan la iniciativa desde abajo, paralizando el poder represivo del Estado español.

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A partir de la sentencia se fueron sucediendo una movilización tras otra todos los días. El lunes se ocupó el aeropuerto, el martes hubo movilización, el miércoles se lanzó una masiva huelga estudiantil repleta de jóvenes. Todas las convocatorias han culminado con provocaciones represivas policiales que culminan con enfrentamientos en los que la policía no suele ganar.

El miércoles se dieron las concentraciones con papel higiénico (también masivas) porque «hay mucha mierda que limpiar», en referencia a las autoridades madrileñas y su política represiva.

 

La sucesión de movilizaciones a lo largo de la semana culmina en una huelga general hoy.

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