literatura

A 25 años de la muerte de Juan Carlos Onetti

El pasado 30 de mayo se cumplieron 25 años de la muerte del gran escritor uruguayo Juan Carlos Onetti, hecho acaecido en la ciudad de Madrid. Había nacido en Montevideo en 1904, hijo de un funcionario de aduanas, sintió prontamente la inclinación por la lectura y la escritura y trató (como él decía) “de despuntar el vicio” componiendo cuentos y artículos periodísticos que pocas veces vieron la luz en su adolescencia.

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Guillermo Pessoa


“(…) muestra lo que es, por eso tiene el aspecto de un revolucionario. Pero no es un revolucionario, ni quiere serlo. No apunta al blanco, quimérico para él, de reconstruir la sociedad. Quiere solamente arrancar el prestigio que rodea a todo lo que le espanta y atormenta. Pero ha resultado ser un revolucionario de la novela. Tal es en general, la condición del movimiento en el arte: el choque de tendencias contradictorias.”(1)

 

En 1930, con apenas veintiún años, se casó con su prima, María Amalia Onetti. En marzo del mismo año la pareja viajó a Buenos Aires, su nueva residencia. Continuó ejerciendo diferentes oficios y escribiendo cuentos y artículos que por fin  fueron publicados en diversos medios de Buenos Aires y Montevideo hasta 1939, en el que tienen lugar dos hechos importantes: publica su primera novela, El pozo en Editorial Signo ​(escrita, según testimonio del autor, en una tarde durante un fin de semana en el que se quedó sin tabaco) y es nombrado secretario de redacción del semanario Marcha, para el que escribirá columnas bajo los seudónimos deGrucho Marx y Periquito el Aguador. Allí romperá lanzas contra cierta intelectualidad charrúa en torno a la existencia (o no) de una literatura nacional y deja entrever sus preferencias literarias en donde fundamentalmente Arlt y Faulkner oficiarán de guías en la búsqueda de un estilo propio y depurado.

 

En 1950 logra que le publiquen  La vida breve, una novela central en su obra. En ella, y mediante un complejo juego de planos metaficcionales, crea la ciudad de Santa María, en la que, a partir de entonces, situaría la mayoría de sus novelas y cuentos. Aquí la influencia del autor norteamericano anteriormente citado se deja ver explícitamente, aunque en Onetti ésta nunca se rebaja a mera copia.

A fines de 1955 regresó a Montevideo y comenzó a trabajar en el diario Acción; contrajo matrimonio por cuarta vez con la joven argentina de ascendencia alemana Dorothea Muhr (Dolly), a quien había conocido en 1945 y que será su compañera definitiva. La dictadura encubierta uruguaya de Bordaberry en 1974 lo detiene y encierra en un hospital psiquiátrico, de donde logró salir al cabo de tres meses gracias a la intervención del poeta español Félix Grande, entonces director de Cuadernos Hispanoamericanos, quien recogió firmas para lograr su liberación. Una vez lograda ésta, es entonces cuando recala en la capital española. Allí en 1981 le es otorgado el Premio Cervantes, la mayor distinción literaria en el mundo de habla hispana.

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Onetti, como otros grandes artistas (la catarsis de la que hablaba Aristóteles), escribe ante el profundo desprecio que le genera la sociedad capitalista y su fetichismo. Sus personajes luchan contra la hipocresía ambiente y muestran a ésta en su más cruda versión. Contradictoriamente, ninguno de ellos visualiza una alternativa político social para con ese estado de cosas. Quizás como pontifica Diaz Grey, el médico protagonista de más de una de sus novelas: “al narrar, al crear otra realidadcomo (imaginaria) superación del mundo real, había convertido en victoria por lo menos una de las derrotas cotidianas”. Los “héroes” de Onetti, como los de Arlt, son derrotados una y otra vez en la vida de todos los días y por eso destilan un agrio pesimismo.

Ricardo Piglia, que conoció y estudió como pocos la literatura onettiana, observabael paralelo que ésta tenía con la obra de Louis FernandCeline, escritor francés de principios del siglo pasado que, asqueado políticamente del mundo burgués (incluso llegó a “coquetear” con posturas semi fascistas), lo expresaba cruda y magníficamente en sus novelas. El uruguayo no llegó a tanto en cuanto a acercarse al fascismo, por el contrario tuvo propensión a la izquierda en sentido muy genérico, pero estuvo lejos de adoptar posturas políticas revolucionarias (2). Trotsky tenía en gran estima la obra del autor galo y lo que señaló en relación a éste le cabe perfectamente al rioplatense:

“Celine entró en la gran literatura como otros entran en su propia casa (…) Obra dictada más por el espanto ante la vida y el hastío que ella ocasiona que por la rebelión. Una rebelión activa va unida a la esperanza. En el libro de Celine no hay esperanza (…) Celine comprueba que la actual estructura social es tan mala como cualquier otra, pasada o futura. En general, está descontento de los hombres y sus actos.”

No sabemos si Onetti lo sabía, pero cuando admiraba vivamente a los escritores realistas del siglo XIX como Balzac, coincidía en dicha admiración con Marx y Engels y hasta por las mismas razones. Decía el uruguayo:

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“El escritor está sometido a su compromiso esencial con la condición humana: sólo que yo creo que el mensaje se tiene adentro, y sale. Ahí está Balzac, por ejemplo, pintando una sociedad entera y quizás jamás se propuso hacerlo: lo hizo, simplemente. El medio influye sobre el escritor sin que el escritor pueda siquiera darse cuenta de ello; cada cual lleva el medio dentro de sí.”

Pese a las contradicciones apuntadas, tenemos en la obra de Onetti otro   peldañomás al que pueden asirse los presentes y futuros novelistas que luchan por revolucionar el arte mientras pelean también por revolucionar la sociedad y el mundo en un sentido socialista. De allí nuestro recuerdo y (creemos) merecida difusión.

Algunas novelas y nouvelles de Onetti:

 

Paras sus cuentos, ver la edición completa editada por Alfaguara en 1995.

 

Notas:

1:León Trotsky: Celine y Poincaré en “Literatura y Revolución” Antídoto 2004

2:Con un lenguaje cáustico, ante escritores realmente menores pero que alardeaban de un compromiso social que (decían) sus ficciones reflejaban, Onetti apostrofaba: “La literatura jamás debe ser ‘comprometida’. Simplemente debe ser buena literatura. Que no me guste que exista la pobreza es un problema aparte. El que quiera enviar un mensaje, que vaya a una mensajería”. Onetti. “Réquiem para Faulkner”

 

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