Sofi Awqay

«Allí se encuentra la fuente primera de la imaginación creadora.¡Formemos pues un nuevo gremio de artesanos sin las pretensiones que querían erigir una arrogante barrera entre artesanos y artistas! Deseemos, proyectemos, creemos todos juntos la nueva estructura del futuro, en que todo constituirá un solo conjunto, arquitectura, plástica, pintura y que un día se elevará hacia el cielo de las manos de millones de artífices como símbolo cristalino de una nueva fe.»
Manifiesto Bauhaus, Walter Gropius, abril de 1919.

 

La escuela que formó a los artistas y diseñadores que transformaron sus disciplinas en la modernidad, con el afán de transformar la vida cotidiana. La escuela que innovó en metodología didáctica y construyó hogares a trabajadores. La escuela que logró que el diseño sea reconocido como profesión y que enfrentó al fascismo cumple 100 años de su fundación. Se hace importante el estudio y análisis de la revolución que supuso en el arte, la educación y el diseño.

Manifiesto Bauhaus

Construir otro futuro

Tras la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial, en 1919, los artistas de la República de Weimar publicaron manifiestos y panfletos discutiendo la necesidad de que Alemania y el mundo entero fueran reconstruídos por una nueva generación de artistas. Cuestionando no sólo el sentido de la guerra imperialista, sino la sociedad burguesa, plantearon la importancia de que cambiasen las estructuras de la sociedad, y de poner en marcha herramientas concretas y métodos que permitieran revolucionar la vida cotidiana, la vivienda y la convivencia de la clase trabajadora y los sectores populares: los verdaderos damnificados de la guerra.

Así, es inaugurada el 1ro de abril por el arquitecto Walter Gropius la primera escuela de diseño y arte del siglo XX, conocida oficialmente como la Staatliches Bauhaus (“Casa de la Construcción Estatal”).

Con la metodología de “aprender trabajando”, los estudiantes se formaban en las distintas áreas para descubrir sus preferencias y orientarse para su posterior formación. Unían todas las disciplinas con clases de teatro, danza, escultura, pintura, escenografía y fotografía, entre otras, para despertar en los jóvenes ideas propias y potencializar su creatividad. Una enseñanza basada en talleres nunca antes implementada en institutos y universidades.

Su objetivo de base fue superar la división entre el artesano y el artista, el arte y la producción industrial, y eliminar las diferencias sociales a través del trabajo creativo: “Artistas y artesanos deben trabajar para la construcción del futuro”. En este sentido, se considera a la Bauhaus heredera de la Vjutemás, la escuela que en 1920 fundaran los constructivistas y productivistas rusos, tras la revolución de octubre.

En sus primeros años, la enseñanza consistía en un curso de unos meses, dedicado a prácticas de taller. Los estudiantes utilizaban materiales baratos y/o reciclados, tales como el metal, el vidrio, la madera o textiles, empleando formas y colores básicos que permitieron un costo de producción bajo y un precio acorde al las necesidades y posibilidades para la clase obrera. En un momento en que la economía del país sufría los embates de las posguerra, los objetos de uso cotidiano debían ser rediseñados para fabricarse de forma rápida y económica, con el objetivo de que el buen diseño fuera accesible para todos.

La Bauhaus logró, entre otras cosas, que por primera vez el diseño industrial y el diseño gráfico fueran considerados como profesiones, ya que se terminaron estableciendo los fundamentos académicos tales como los conocemos en la actualidad.

En 1923 las autoridades locales exigieron que la escuela haga una muestra publica: querían saber qué se hacía con el dinero que se les destinaba a la Bauhaus. Asi que se acordó una exposición, que tuvo un carácter doble. Por un lado, mostró los resultados, en Weimar, de los primeros años de la escuela, y atrajo la atención nacional e internacional. Al mismo tiempo, la exposición también reveló la transición de la Bauhaus inicial, expresionista, a la Bauhaus posterior, constructivista.

Lo más importante de la exposición fue una casa edificada en el parque de Weimar. Dicha casa había sido construida con elementos prefabricados y amoblada con los piezas que habían sido realizadas en los talleres de la escuela. La “casa am Horn” daba forma al sueño de un mundo mejor, con todas las comodidades modernas. A la vez, era ecológica, experimental y económica para que cualquier trabajador pudiera acceder a ella. Expresaba, entonces, la idea de cambiar la forma de vida de las y los trabajadores, al tiempo que también pretendía transformar al ser humano y la sociedad.

Las mujeres de la Bauhaus

La escuela fue una de las primeras en abrir sus puertas al género femenino; de hecho, en el año de su fundación, fueron más mujeres matriculadas que hombres. La escuela consiguió que las mujeres representasen un 50% de los alumnos en los primeros años y, aunque es verdad que se apreciaba mucho más el “talento” masculino, y que a las chicas casi siempre se las mandaban por defecto a talleres como tejidos y escultura, allí había más oportunidades para ellas que en otros sitios, en los cuales no se permitía que mujeres estudien la misma carrera que los hombres.

Tejedoras de la Bauhaus

Con la Primera Guerra Mundial, mientras los hombres eran obligados a combatir, las mujeres salieron de casa y accedieron a espacios que hasta entonces solo habían sido reservados para los hombres. Por su parte, la Constitución de Weimar de 1919 había dado pasos gigantes en materia de derechos para las mujeres, reconociendo el voto femenino y el derecho a estudiar en cualquier centro educativo.

Así, aparecieron artistas importantes como Marianne Brandt, la primera mujer admitida en el programa de metalistería de la Bauhaus, cuyos diseños hasta el día de hoy se siguen comercializando; un ejemplo de ésto es la famosa lámpara de mesa que en la actualidad se encuentra en muchas casas y oficinas. Marianne tuvo que batallar en un mundo de hombres. Ser admitida en el taller de metal le costó que la obligaran a hacer todas las tareas repetitivas y tediosas. Al final, hasta su profesor, el escultor László Moholy-Nagy, tuvo que rendirse para reconocer que tenía ante sus ojos a quien la sustituiría años más tarde.

Otras mujeres ganaron su espacio en la Bauhaus, como Lucia Moholy (fotografa), Anni Albers (diseñadora textil); o Alma Buscher, quien comenzó en el taller textil, pero pronto se dio cuenta de que no era lo suyo y dio el salto al taller de carpintería, donde enseguida destacó con sus diseños modernos de marionetas y juguetes para niños, que se siguen fabricando hasta el dia de hoy. Alma fue también quien fabricó los muebles para la casa am Horn.

Estas artistas ejemplificaron un nuevo tipo de mujer contemporánea, una que fue rebelde, independiente e infinitamente creativa: la contracara de la ama de casa que el patriarcado capitalista de posguerra construyó.

La lucha contra el fascismo

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La ola de cambio social que la Revolución Rusa de 1917 inspiró en la Alemania de posguerra ingresó a la Bauhaus, al sumar a docentes como Vasili Kandinsky (1866-1944), quien enseñó a sus alumnos cómo encarar un arte libre, y su teorización y práxis sobre las escalas de color y la composición.

Ante una crisis económica, política y social aguda, dentro de la Bauhaus también se respiraban aires revolucionarios. La mayoría de sus docentes adherían al Partido Comunista y los estudiantes organizados participaban de pequeñas revueltas y acciones callejeras. En su claustro convivían judíos, rusos, suizos, húngaros y, por supuesto, alemanes, lo que la convertía en un ejemplo de cosmopolitismo y pluriculturalidad. Pero en una sociedad cada vez más polarizada, donde comenzaba a ascender partidos conservadores, sus miembros comenzaron a sufrir persecución política, mientras que movilizaciones reaccionarias marchaban contra la escuela.

Ante el ascenso de los partidos conservadores (como el Partido Nazi) y los recortes de fondos, Gropius se vio obligado a renunciar a la dirección y exiliarse a Chicago, Estados Unidos. En 1924 la escuela debió cerrar sus puertas en Weimar, para trasladarse a la ciudad de Dessau, donde de la mano de la nueva dirección del arquitecto comunista suizo Hans Meyer, comenzaron a introducirse el constructivismo ruso del El Lisditzky y el neoplasticismo (movimiento artístico iniciado en Holanda con el ideal de llegar a la esencia del arte eliminando lo superfluo).

Dessau era una ciudad obrera e industrial, repleta de fábricas de la industria química y de la metalurgia, lo que la hacía una de las ciudades más ricas. Y ahora que había dinero para un edificio escolar, antes de exiliarse, Gropius diseñó la nueva escuela, inaugurando un edificio pensado especialmente para dicho fin, construído en hormigón armado, metal y con grandes ventanales de vidrio, paradigma de la arquitectura moderna: un edificio lleno de luz y con contacto con el mundo exterior. Los talleres, las oficinas, el comedor, el teatro y las oficinas de los estudiantes, todo estaba bajo un mismo techo, un mismo edificio.  Ese mismo año comenzaron oficialmente las clases en Dessau.

A partir de ese entonces, los talleres de la Bauhaus estaban diseñados para la industria y la producción en masa, y lo artesanal fue reemplazado por lo industrial. La vida moderna exigía métodos y materiales nuevos. Los muebles ya no estaban inspirados en el diseño ornamental y voluminoso del pasado, sino en elementos industriales y de maquinaria. La fotografía no fue explorada como forma de arte, sino también como un medio de comunicación visual. Se experimentaba con el fotomontaje, es decir, impresión sobrepuesta.

Bajo la dirección de Hannes Meyer, la Bauhaus comienza a trabajar en el diseño y construcción de viviendas populares, edificios y escuelas. Puso énfasis en las necesidades de los obreros para que la escuela diseñara muebles baratos y de calidad, objetos domésticos, lámparas, textiles, etc. El cambio más grande fue la creación de un Departamento de Arquitectura donde los estudiantes colaboraron con la planificación y el diseño de un barrio de trabajadores. El barrio, destinado a solucionar la crisis de vivienda, consistía en departamentos de un costo accesible de comprar o alquilar. Financiado por las autoridades estatales, el barrio fue uno de los primeros en su género.

El ascenso de Mayer como director hizo que la escuela girara cada vez mas a la izquierda. Esto se debió a que en 1929, en medio de la crisis, Alemania pasaba por una gran polarización política. En 1939 Hannes Meyer fue llamado para dar cuenta de la creciente politización de la Bauhaus y acabó siendo destituido por la ciudad de Dessau, acusado de alentar y promover actividades comunistas entre su alumnado (de hecho, lo hacía). Ludwig Mies van der Rohe fue nombrado, entonces, nuevo director de la Bauhaus. Éste priorizó cursos de estudio más centrados en la arquitectura; en particular, sobre la conexión entre la tecnología de la construcción y las cuestiones estéticas. Las actividades del taller se redujeron. Van der Rohe buscó preservar a la Bauhaus de todos los conflictos políticos y expulsó a los estudiantes de orientación comunista.

Tras el ascenso de Hitler al poder, en 1933, terminó el financiamiento estatal a la escuela. Los nazis tomaron el control del municipio y cerraron todo aquello que consideraban cuna de ideas comunistas, cosmopolitas y judías. A pesar de los intentos de Van der Rohe, la Bauhaus se había forjado una merecida reputación de resistencia contra el nazismo.

Cualquier tipo de arte moderno, radical y transgresivo era censurado, porque el nazismo estaba profundamente asociado a lo rústico, solido y de madera antigua. A pesar de ésto, los artículos de la Bauhaus siguieron comercializándose durante toda la década del 30 en Alemania. Lo que quiere decir que el problema no eran estos objetos: el problema eran los docentes y estudiantes y su gran compromiso por cambiar la sociedad.

Tropas de asalto se apoderaron de la Bauhaus de Dessau, rompiendo y destruyendo todo lo que encontraban a su paso, tirando archivos y mobiliario por las ventanas. Y otro tipo de escuela se apoderó del edificio: una escuela para formar funcionarios del Partido Nazi.

La Bauhaus se trasladó a Berlín, a una antigua fábrica de teléfonos en Siemensstrasse, distrito de Steglitz. Van der Rohe intentó, entonces, garantizar los derechos del nombre Bauhaus pero fracasó, y acabó llamándose Escuela privada Ludwig Mies van der Rohe. Con el fascismo invadiendo toda Alemania, la Gestapo entró en la nueva Bauhaus, llevándose detenidos a 32 estudiantes. La escuela fue cerrada.

Más de medio centenar de estudiantes y profesores de la Bauhaus fueron víctimas del nazismo: asesinados, encarcelados o enviados a campos de concentración por el III Reich. En el campo de exterminio de Auschwitz, perdieron la vida creadores asociados a la filosofía de Gropius como la húngara Otti Berger, la austriaca Friedl Dikcer-Brandeis o la alemana Lotte Mentzel, todas de origen judío y militantes comunistas.

No pudieron destruir a la Bauhaus

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La escuela cerró sus puertas, pero su legado aún perdura. Muchos de los estudiantes y docentes como Walter Gropius se exiliaron y contribuyeron a la difusión de las ideas de la institución en todo el mundo. Muchos de ellos huyeron a Estados Unidos, donde Gropius ya estaba trabajando en nuevos proyectos arquitectónicos, llenando Chicago con sus rascacielos de vidrio y hormigón.

En 1937, Moholy-Nagy, uno de los maestros exiliados, fundó la Nueva Bauhaus en Chicago: el Instituto de Diseño de Chicago, donde estudiantes de la antigua Bauhaus volvieron a inscribirse y convertirse en maestros. Continuaron diseñando y construyendo la vida moderna tal cual la conocemos hoy. Hoy en día, prácticamente muchos principios que desarrollaron estas instituciones se siguen implementando, aunque regidos por la lógica productiva del capitalismo. Si bien muchos productos actuales imitan los diseños de esta emblemática escuela, las condiciones en las que se produce, el objetivo, muchos materiales y la calidad de los productos no son los mismo. Si se produjera como la Bauhaus enseñó, no nos encontraríamos ante un colapso climático o no habría gente sin techo. El único límite de esta escuela fue el capitalismo.

Hoy se hacen indispensable artistas y arquitectos que piensen al arte como una herramienta a mejorar la condición de vida de las y los trabajadores y ponerla a su disposición, como también así una​ escuela, una universidad que piense una educación en pos de orientar y potenciar la creatividad de los estudiantes y despertar en los jóvenes ideas propias.

La Bauhaus estaba comprometida con la transformación de la vida moderna, representaba una visión del mundo diametralmente opuesta al nacionalsocialismo y a las ideas burguesas de producción. La Bauhaus era cosmopolita y vanguardista. La Bauhaus vivió para construir la modernidad.

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