Crece la precarización laboral

8 de cada 10 nuevos empleos en la Argentina son informales

Según un informe de la OIT, el 82% de los empleos generados desde el inicio de la pandemia pertenecen al sector informal. Con la reactivación económica post - cuarentena, ha crecido el trabajo precarizado en la Argentina. Y es una tendencia que podría profundizarse. 



La OIT publicó en los últimos días un informe sobre empleo e informalidad en América Latina desde el inicio de la pandemia. El mismo contempla los nuevos puestos de trabajo aparecidos entre el segundo trimestre del 2020 (abril – junio) y el inicio del 2021. Parte de esos trabajos informales responde a la reapertura económica tras el relajamiento de la pandemia. Esto posibilitó que muchos sectores que habían quedado parados (los trabajadores de comercio en general, los changarines, los cuentapropistas) vuelvan a trabajar.

Pero también se observa una tendencia a la aparición de nuevos puestos de trabajo de menor calidad: sin relación de dependencia, sin protección social de ningún tipo y peor pagos. Y esta «nueva informalidad» está pasando a ocupar un porcentaje mayor sobre el total de la población laboralmente activa. Esto último es lo más preocupante.

Recuperación económica y precarización del trabajo

Según la OIT, la preponderancia del sector informal sobre el formal entre los nuevos puestos de trabajo responde a la mayor presión que la cuarentena ejerció sobre dicho sector. Sucede que las restricciones sanitarias obligaron, en muchos casos, a un cese total de las actividades informales. El comercio minorista, los cuentapropistas, los changarines y los comerciantes callejeros son un ejemplo de esto.

Los puestos de trabajo formales, por otro lado, habrían salido mejor parados. En muchos casos, el cese de tareas presenciales no significó la pérdida de dichos puestos sino su pase a modalidad virtual (con un enorme crecimiento del home office) o la reducción de las jornadas presenciales y la rotación de empleados.

Sin embargo, aunque la protección haya sido mayor en los empleos formales, queda claro que la pérdida de trabajos en blanco ha existido. Basta ver las cifras de desocupación del INDEC: del 10.4% en el primer trimestre del 2020, se pasó a un 11,7% en el tercero. La «subocupación demandante» (aquellos trabajadores que no tienen trabajo suficiente) pasó de 8,2% al 10,3% en el mismo período.

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Entre el cuarto trimestre del 2020 y el primero del 2021, las estadísticas reflejan una recuperación relativa de la tasa de empleo, llegando a niveles similares a los pre-pandemia. 10.2% de desocupación y 8,7% de subocupados demandantes para inicios de este año.

Pero números similares pueden representar relaciones laborales distintas. La tasa de ocupación de 2021 es similar a la pre-pandemia, pero los puestos de trabajo contenidos dentro de ese número no son los mismos. Se estima que durante la cuarentena se perdieron alrededor de 185.000 puestos de trabajo formales. Estos trabajadores formales despedidos han ido a parar a nuevos empleos, pero informales. Basta pensar en el boom de nuevas formas de precarización como el reparto por aplicación. Se ha operado, entonces, un traspaso relativo de trabajadores del sector formal al informal.

Pero hay otro factor a tener en cuenta. No sólo existe un predominio del sector informal en los nuevos trabajos, sino también a una tendencia de mayor precarización en los nuevos empleos formales. ¿Qué significa esto? Que los trabajadores que ingresaron a un puesto de trabajo en blanco durante la cuarentena o post – cuarentena no lo hacen en las mismas condiciones que antes de la pandemia. Un ejemplo de esto son los contratos por agencia y las tercerizadas, que toman trabajadores a priori «formales» pero en condiciones de trabajo propias del trabajo informal: con salarios de hambre y contratos a 3 meses, 1 mes o hasta 15 días.

No alcanza con ver «la foto» del mercado laboral, hay que unir la película entera. Con el inicio de la cuarentena, alrededor de 3,7 millones de trabajadores quedaron desocupados en la Argentina. Cuando comenzó la reapertura, los empresarios tenían largas filas de trabajadores desocupados esperando en la puerta de sus empresas para conseguir un trabajo. Y cuando se viene de la desocupación lisa y llana, y encima hay otros miles de aspirantes al mismo puesto, se es más proclive a aceptar trabajos peor pagos y con menos derechos.

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Este es el problema de fondo que explica la preponderancia brutal del sector informal sobre el formal en los nuevos puestos de trabajo. Es que, bajo el capitalismo, el mercado laboral no se regula como un mecanismo automático: con el agrandamiento del «ejército de reserva» de desocupados, los capitalistas argentinos vieron una oportunidad para hacer negocios.

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