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Equipo de redacción del portal IzquierdaWeb.

Los números son alarmantes: indican que casi 15 millones de personas (el equivalente a todo el Área Metropolitana de Buenos Aires) no llegan a los ingresos mínimos para tener una vida “digna”. 3 millones de habitantes no llegan a tener, ni siquiera, una alimentación que cubra las necesidades energéticas.

Estos números no deben sorprendernos: son el resultado de las políticas de ajuste que lleva adelante Cambiemos, y son una radiografía de la profunda crisis social que se está viviendo. Si bien aún estamos lejos del récord del 55% del 2002, ningún analista se atreve a decir que el sendero que transita el gobierno no esté abonando un aumento cada vez más acelerado de la pobreza, mientras los empresarios fugan capitales al exterior sin ningún escollo.

Aun así, estos números no reflejan la profundidad de esta crisis. La realidad es que más de la mitad de los hogares del país tienen deficiencias y cerca del 40% tienen dos o más, es decir, que si midiéramos la pobreza según las NBI (necesidades básicas insatisfechas), estaríamos hablando de un número mucho mayor al presentado por el INDEC. Sin meternos en los aspectos metodológicos de la cuestión, detengámonos por un momento en la pata puramente económica de la pobreza.

La Canasta Básica Alimentaria (CBA, que mide la indigencia) está establecida en más de cinco mil pesos por adulto equivalente (una dieta básica de 2000 a 2500 kcal/día); mientras que la Canasta Básica Total (CBT: suma a la CBA servicios y otros consumos, estableciendo la línea de la pobreza) fue fijada para un grupo familiar de cuatro miembros en 33 mil pesos. Parece que para el INDEC no importa si vivís en la calle, en una casa propia, prestada, o si pagás los suntuosos alquileres que cada vez se vuelven más caros.

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Veamos los salarios. El Salario Mínimo Vital y Móvil acordado a principios de este mes fue de $16875. Pagar un alquiler o trasladarse, ya sea en servicio público o en un vehículo privado, ya son objetos de lujo que para el pobre no pueden existir; ni siquiera para aquellos que están considerados por encima de la línea de la pobreza, por ejemplo, los docentes y los estatales. Y ni hablemos si hay una familia que alimentar, no hay dos sueldos que alcancen.

El 10% más rico del país percibe ingresos 25 veces más altos que el 10% más pobre. Los de arriba se la llevan en pala, y la fugan al exterior, y los de abajo quedamos mirando y esperando alguna migaja. Las políticas de planes sociales o de trabajo han ayudado a mitigar (mirando con buenos ojos) el problema, pero no lo combaten de ninguna forma.

Pasemos a los gastos contemplados. Para empezar, no nos olvidemos que este año hubo nuevos tarifazos en transporte, energía y su derivación al aumento indiscriminado de los precios, todo esto agravado por la fuerte devaluación que llevo al dólar a más de $50.

Para contemplar la Canasta Básica Total, se hace un recuento de varios precios de alimentos que harían las veces de una “dieta sana mínima”, por así decirlo, en Capital Federal y el Gran Buenos Aires; a esto le sumamos los servicios “básicos” (luz, agua y gas). ¿Y la educación? ¿Y la salud? ¿Y los gastos de vivienda? Bien gracias.

Hay otro problema, de índole geográfico: las grandes distancias entre los centros de provisión y de consumo en la Argentina hacen que haya una variedad de precios muy fuerte entre las diferentes regiones y que no se pueda establecer (aunque así se haga) una CBA o una CBT para todo el país.

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Volviendo a los servicios no contemplados, nos gustaría centrarnos en el tema vivienda. Por ejemplo, en CABA los alquileres pueden variar mucho según la necesidad de ambientes que haya (1 y 3, respectivamente) pero están muy por encima de los números de los ingresos de los pobres. Es decir que, si una persona quiere vivir sola, ganando el SMVM no estaría por debajo de la línea de la pobreza, pero tampoco podría afrontar todos los gastos de forma independiente. En criollo: alguien que no puede pagarse un monoambiente no es considerado “pobre”.

Por esto se ve que, incluso desde el punto de vista puramente estadístico, hablar de un 35% de pobreza es pintar de celeste una nube de tormenta. Los sueldos son cada vez más pisoteados por el gobierno y los empresarios, con la complicidad de las burocracias sindicales de todos los colores (CGT, CTAs) y la oposición patronal. Los despidos se ponen a la orden del día cuando los números “no cierran”. Lo que no cierra es el cuento de que cada día vamos a estar un poco mejor.

La clase trabajadora tiene que tomar las riendas de la crisis que tiene el gobierno de Macri para enfrentar el ajuste, los tarifazos y los despidos. Un país cada vez más polarizado en el nivel socioeconómico debe encontrar su respuesta en una polarización política, donde los trabajadores, las mujeres y la juventud salgan a pelear en unidad para derrotar al macrismo. Esta es la única salida posible.

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