300 curas abusadores y más de 1000 víctimas en EEUU

La Iglesia Católica está en crisis: que se pudra



Por Belén McClellan

Una investigación judicial en EEUU reveló que 300 curas del estado de Pensilvania violaron y abusaron a más de mil niños y niñas. Estos monstruos pederastas actuaron durante más de 70 años apañados y encubiertos por las cúpulas eclesiásticas. Este nuevo escándalo horroroso que protagoniza la Iglesia Católica revela, una vez más, su crisis y el carácter perverso de una institución rancia que atrasa y abona a la descomposición social.

 

La doctrina eclesiástica: apañar y premiar a los pedófilos

Las denuncias, que constan en los documentos de las diócesis, fueron negadas o barridas bajo la alfombra y los abusadores encubiertos por el aparato eclesiástico, una y otra vez. Donald Wuerl, actualmente cardenal en Washington, ha suspendido silenciosamente a algunos de los pederastas, que fueron trasladados de parroquia en parroquia durante décadas. Luego de haber sometido y violado a cantidad de menores de edad, muchos de los abusadores han muerto sin ser juzgados, o sus crímenes han prescrito, gracias al accionar de los miembros más poderosos del Clero.

 

La investigación, sustentada también en decenas de declaraciones de víctimas, devela que el abuso sistemático era perpetrado mediante un verdadero tráfico de niños ya vulnerados, que eran “marcados” con cruces de oro, para que todos los integrantes de esta red de pederastas pudieran disponer de sus cuerpos cuando, como y donde quisieran.  

Monseñores y obispos, además de encubrir, propiciaron ascensos a los implicados. No hay un ápice de humanidad en estos autodenominados “enviados de dios”, a la hora de arruinar la vida y la subjetividad de miles de niños y niñas. Por eso no sorprende que escándalos de este tipo salten a la luz en todos los puntos cardinales del globo. El público conocimiento de estos hechos de violencia, empezó a darse en la segunda mitad del siglo XX, y con el alza del movimiento de mujeres a nivel mundial, se profundizó a lo largo de este siglo XXI.

Sin ir más lejos, hace sólo tres meses fuimos testigos del estallido en Chile tras la pelea de las víctimas de abuso del ex párroco del Bosque, Karadima. Allí también hay sobradas muestras del encubrimiento de una práctica que es moneda corriente en la Iglesia católica y que, gracias a la valentía de las víctimas, comienza a dejar de ser impune. 

Una doble moral que apesta

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“En otro caso, un sacerdote violó a una niña; la embarazó y organizó que abortara. Un obispo escribió su sentir en una carta: “Este es un momento muy difícil en tu vida y me doy cuenta de lo mal que te sientes. Yo también comparto tu pesar”. Sin embargo, esa carta no iba dirigida a la menor violada, sino al religioso que la violó.”

No tienen ningún poder divino, casi podríamos decir que siquiera tienen humanidad: no les importa la vida de nadie, sólo les importa perpetuar el poder de una institución profundamente oscura y putrefacta, para salvarla de la crisis. El poder clerical pretende disponer sobre los cuerpos de mujeres, niños y niñas, apañando  abusos y violaciones, mientras encara una cruzada contra el derecho a decidir de las mujeres. Tras la crisis antes mencionada en la Iglesia chilena, el papa Francisco intentó poner en pie una serie de “medidas” para dar respuesta a los infinitos casos de pedofilia que se suceden en el interior de la Iglesia Católica, tales como la “Comisión contra la Pederastía”. Sin embargo, quedó claro que la jugada de Bergoglio fue un manotazo de ahogado para intentar escaparle a la crisis de una institución que se funda sobre esta doble moral: que quiere “hacer como que combate” la pedofilia para legitimarse en la guerra santa contra otros tantos derechos como el aborto legal en el hospital o la libertad sexual. Ni en Argentina, ni en Estados Unidis, ni en Chile, ni en ningún lado salvan ni una, ni dos, ni cuatro vidas. Se dedican a pregonar, con una doble moral icónica, el «amor» y la «paz», mientras con la otra mano tratan niños y niñas para ser abusados.

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En hora buena, el alza mundial del movimiento de mujeres comienza a poner un coto a tanta  hipocresía. Porque además de amparar pederastas, la Iglesia Católica es famosa por haber apoyado todas las dictaduras militares que asesinaron generaciones enteras que soñaban con una humanidad diferente, más libre; porque además de abusar y vejar la vida de miles y miles y miles de menores de edad en todo el mundo, los curas impiden la educación sexual laica y científica para que todxs podamos ejercer una sexualidad sana y libre; porque además de ser lo más conservador que albergan nuestras sociedades, los curas y la iglesia reciben sumas millonarias de los diversos Estados capitalistas.

Esta investigación con impacto mundial no hace más que reafirmar la necesidad de que separemos la Iglesia del Estado. Es la única forma de terminar con la impunidad, de que todas las investigaciones y denuncias no queden en meros escándalos amarillistas. Es momento de que las nuevas generaciones pongamos en jaque hasta el final esta institución vetusta en el camino de terminar con todo tipo de opresión y explotación.

Fuentes para este artículo

https://www.nytimes.com/es/2018/08/15/pensilvania-abuso-sexual-sacerdotes/

http://www.elmundo.es/internacional/2018/08/14/5b7334fde5fdea8f748b4659.html

https://www.elnortedecastilla.es/sociedad/gigantesca-investigacion-acusa-pedofilia-trescientos-curas-eeuu-20180815091713-ntrc.htmlhttp:/

lasrojas.com.ar/crisis-en-la-iglesia-catolica-chilena/

 

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