Marcelo Yunes
Intelectual marxista del Nuevo MAS


Las consideraciones políticas más generales sobre el resultado electoral se tratan en otra nota de esta edición; aquí nos detendremos más bien en un análisis de la votación en cuanto a las proporciones numéricas del caudal obtenido por cada fuerza, en comparación con las últimas PASO y elecciones anteriores.

 

El “descuento” de Macri

Ya muchos han señalado que lo primera diferencia que resalta respecto de las PASO es el repunte de Macri, que incluso descorazonó un poco a muchos kirchneristas y les dejó un cierto sabor amargo, ya que esperaban una ventaja similar o aún mayor a la de agosto y, cuando termine el escrutinio definitivo, quedará alrededor de los 9 puntos (49-40, aproximadamente). Si bien esta diferencia es muy clara e indiscutible, no es ni de cerca la verdadera paliza de las PASO.

La diferencia final no sólo hace más presentable y digna la derrota de Macri, algo que ya de por sí tiene su impacto político. Esa diferencia más moderada también modifica la composición de ambas cámaras del Congreso, donde las proyecciones indican que Fernández tendrá un ajustado quórum propio en el Senado, pero en Diputados los dos bloques más grandes serán casi iguales, de unos 120 diputados cada uno. Si bien es probable que el nuevo oficialismo logre el apoyo de partidos provinciales para conseguir la aprobación de leyes, se trata sin duda de una relación mucho más equilibrada de lo que esperaba el kirchnerismo.

Ahora bien, esa remontada parcial de Cambiemos no se debió a que la fórmula Fernández-Fernández perdiera votos en números absolutos, sino a que Macri mejoró sus números en prácticamente todos los distritos. Mientras que el FDT en lo esencial repitió el porcentaje de las PASO, Macri subió más de 10 puntos en distritos como Córdoba, Santa Fe y Mendoza, y más de 8 en CABA, Entre Ríos y Tucumán. Ese caudal le permitió acortar distancias y ganar cuatro distritos (Santa Fe, Entre Ríos, San Luis y Mendoza) donde había perdido en agosto.

Queda por dilucidar, justamente, cómo fue que Macri consiguió esa mejora, que fue particularmente visible en los grandes centros urbanos, contra lo que había sucedido en las PASO y en las elecciones provinciales de este año, en las que el macrismo salió derrotado en casi todas las capitales y ciudades importantes.

Aquí se combinan elementos de “técnica electoral” pura con otros más políticos. Por un lado, es verdad que el macrismo decidió dejar de lado la ingeniería electoral duranbarbista de los algoritmos y los avisos en las redes sociales y volver a los actos de masas al estilo de la “vieja política”. La campaña de las “30 ciudades” y las marchas del “sí se puede” apuntaron a galvanizar la base electoral del macrismo, consolidando el 33% de las PASO y recuperando votos de macristas desencantados que le habían dado la espalda en agosto. De esa manera, Macri redujo de cuatro a dos millones de votos la diferencia con los Fernández. El origen numérico de esos votos queda bastante claro cuando comparamos el cuadro de votos en las PASO con la elección de octubre:

 

Como se ve, aunque los Fernández subieron un poco el número total de votos (unos 250.000), Macri seguramente capturó una porción mayoritaria tanto de los nuevos votantes (casi 800.000) como de los que dejaron de votar en blanco (casi medio millón más). Si a eso agregamos que los votos perdidos por las opciones más de derecha, cerca de 400.000, habrán ido en su casi totalidad a Macri, y que algo similar habrá sucedido con el medio millón de votos que perdió Lavagna, se completan los números de la mejoría electoral de Macri.

Pero ésta es la explicación aritmética, no política, de la recuperación de Macri. Los motivos políticos hay que encontrarlos, sin ninguna duda, en la increíble pasividad del kirchnerismo, cuya única estrategia electoral entre las PASO y octubre fue, sencillamente, no hacer nada. No hacer olas, evitar declaraciones “piantavotos”, congelar la foto de las PASO: tal fue toda la ciencia del kirchnerismo. Que le pudo salir todavía más caro: en la lucha electoral, como en la guerra, si uno no avanza sobre las posiciones conquistadas y se queda quieto, permitiendo que el adversario avance, corre el riesgo de perder lo obtenido. Pero para el kirchnerismo, en septiembre-octubre como en el resto del mandato de Macri, siempre está primero la institucionalidad. ¿Denunciar el desastre social macrista, dejar al desnudo el carácter antipopular y criminal de su política económica, llamar a la movilización en defensa del salario, el trabajo y los derechos populares? Nada de eso –que por otra parte habría liquidado toda aspiración macrista de levantar electoralmente– sucedió. En eso, como desde 2015, cuando toda la política del kirchnerismo era apostar a las elecciones y no a enfrentar al gobierno con la movilización, hubo total continuidad. La gran consigna de Alberto entre las dos elecciones fue “no salgan a la calle”. Así como desde diciembre de 2015 la política de Cristina fue “hay 2019”, después de las PASO la política de Alberto fue “hay 27 de octubre”. De esa manera, durante dos meses y medio le “perdonaron la vida” al macrismo y le cedieron toda la iniciativa política, electoral y de movilización de su base. Que semejante pasividad sólo le haya costado al kirchnerismo reducir su ventaja a la mitad es una medida del nivel de deterioro de un gobierno que estaba para el nocaut.

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Cerramos esta parte señalando que, aunque formalmente fuera una primera vuelta, la elección, por su nivel de polarización, fue un semi ballottage. La polarización fue muy contundente: entre las dos fórmulas más votadas se llevaron casi el 90% de los votos. Esto dejó reducido a Lavagna, tercera fuerza, a un casi testimonial 6% (antes, un 8%), y a las demás fuerzas, que retrocedieron a apenas por encima del 2% (FIT), menos del 2% (NOS) y menos del 1,5% (Espert). Las fuerzas más de derecha quedaron totalmente desdibujadas y tragadas por la polarización.

 

FIT: una política y un balance aún más flojos que la elección

El FIT, lejos de crecer y beneficiarse del caudal de las fuerzas de izquierda que, como el Nuevo MAS, no superaron el 1,5% en las PASO, no pudo siquiera retener el nivel de votos de las PASO. Cayó de los 720.000 votos de agosto a unos 570.000 votos a nivel nacional, sin cosechar un solo cargo parlamentario nacional. Si bien le caben las generales de la ley de la polarización, que era muy difícil de resistir e tanto fenómeno objetivo, la política del FIT y centralmente del PTS no ayudó en nada. Al contrario, su campaña muy electoralista y oportunista, centrada casi exclusivamente en lograr el ingreso de Bregman al Congreso, desdibujó el perfil del FIT e implica una oportunidad política totalmente desaprovechada de ubicarse como el polo de resistencia a las futuras y muy próximas políticas que implementarán los Fernández, que estarán muy lejos de lo que esperan sus votantes.

El desproporcionado corte de boleta en Capital para la candidatura de Bregman, más del doble –119.000 a 58.000– respecto de la presidencial, algo que no se verificó ni de cerca en otros distritos, confirma que la campaña en CABA fue prácticamente parlamentaria. Algo que es completamente oportunista en una elección que no sólo era presidencial sino que, por su carácter de bisagra de cambio de gobierno, representaba una gran posibilidad de poner sobre la mesa el perfil y las ideas de la izquierda revolucionaria en el marco de una tremenda crisis donde todo el país discute los problemas generales. Que en ese contexto la política del FIT  -que, insistimos, fue esencialmente la del PTS, ya que el PO en ningún momento cuestionó seriamente esa orientación y se limitó a seguirlo– se haya centrado en “meter a Bregman” es un verdadero despropósito electoralista. Que, para colmo, no tuvo éxito.

Hay que decir que esta orientación no fue una sorpresa. Una vez resuelto en las PASO el escenario electoral, lamentablemente, hay que decir que la propia prensa burguesa reflejaba lo que sería la política del PTS-FIT con mucha más fidelidad que las declaraciones, manifiestos y spots para la tribuna. Veamos cómo sintetizaba ese cambio de orientación del FIT un diario de derecha, ya la noche misma de las PASO: “Más allá de las especulaciones y las negociaciones frustradas, los referentes del FIT-U ya tienen en claro que el foco de su campaña de aquí a octubre es lograr bancas de izquierda en el Congreso. Hasta ahora, el foco estaba puesto en la idea de un voto como ‘mensaje’ contra el FMI y los candidatos de la polarización. Si se confirma una tendencia clara en favor del Frente de Todos, la idea fuerza será apelar al corte de boleta para que los diputados de izquierda pongan un límite al kirchnerismo en el Congreso” (Perfil, 11-8-19).

Este impecable y clarísimo resumen desmiente todo discurso “rojo” que se pretenda improvisar luego del fiasco de octubre. “Hasta ahora”, es decir, hasta las PASO, el “foco” era razonablemente político, la denuncia al FMI y los candidatos capitalistas. Pero con la chapa puesta en el sentido de una elección casi definida a favor del kirchnerismo… ¡adiós todo resabio de política marxista, bienvenido el poroterismo parlamentario más rastrero y la “idea fuerza de apelar al corte de boleta”!

La mejor prueba de que ésta fue la verdadera orientación de campaña –y de que su factótum fue el PTS– la da el hecho de que ni siquiera buscaron garantizar la apuesta más factible, la de asegurar al menos un diputado por provincia de Buenos Aires. Pero claro, allí la cabeza de lista era Pitrola, del PO, por lo que el PTS concentró todos los cañones en la más difícil –pero más redituable para su lógica de aparato– elección porteña. ¡Y vaya que llevó hasta el final la “idea fuerza del corte de boleta”! Puede que nos falten datos, pero no sencillamente no recordamos, desde 1983, una elección de la izquierda donde haya habido tanta diferencia (2 a 1) entre la elección a diputados y la elección a presidente. Tal es la medida del oportunismo –para colmo, en vano– de la campaña del PTS.

A todo esto, ¿qué balance hizo el PTS de su campaña? No era de esperar tanta honestidad intelectual y política como para que admitiera que toda la estrategia de campaña fue equivocada y que la cosecha de porotos fue cero, pero suponíamos al menos un poco de criterio. Vana esperanza: el balance es puro autobombo, cero autocrítica y disparates.

Lo más destacado en La Izquierda Diario sobre el resultado electoral es una nota firmada por Ruth Werner y Federico Puy, por otra parte nada ambiciosa y más bien periodística, deja como saldo dos definiciones, y las dos son absurdas. La primera es el título mismo: “Myriam Bregman y una histórica elección del FIT Unidad a Diputados”. Enseguida veremos sobre qué bases se habla de una elección nada menos que “histórica”, pero nos apresuramos a aclarar que, aunque así aparece en la búsqueda (1), cuando se entra en el link resulta que el nuevo título es el mucho más cauto (y realista) “Myriam Bregman y una importante elección del FIT Unidad a Diputados”.

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La otra rimbombante definición es “estamos ante la mejor elección de la izquierda en la Ciudad en décadas. En 2011 y en el rubro a diputados nacionales se obtuvo el 5,59%, en 2013 el 5,64 %, en 2015 el 5,48 % y en 2017 el 5,79%. En esta elección Bregman sacó un 6,13%”. Todo es un dislate aquí. Por empezar, como lo indican los números citados, lejos de ser una votación excepcional, se trató de una elección absolutamente en línea con todas las anteriores del FIT desde 2011. La dispersión es mínima: 5,48% para la peor votación y 6,13% para la mejor, una diferencia de un 0,65%. Es cierto que el porcentaje de 2019 fue el mejor, pero por una diferencia tan pequeña que es una desproporción resaltarlo como si hubiera sido un salto espectacular. Por ejemplo, la diferencia con la elección de octubre de 2017 fue de menos de 10.000 votos. Por otro lado, tanto énfasis en la elección a diputados en CABA oculta convenientemente que fue la peor elección a presidente en CABA del FIT desde que existe. Raro, ¿no?, jactarse del mejor número a diputados sin decir que fue el peor número a presidente.(2) ¿Desde cuándo se hacen así los balances, PTS?

Ni hablar de la disparatada afirmación de la “mejor elección en décadas”. Aportemos precisión a la vaguedad del PTS: fue la mejor elección de esta década, sólo a diputados y sólo en CABA. Si el PTS quiere una elección verdaderamente “histórica” para diputados en CABA, “la mejor en décadas”, aquí la tiene. Es la de 2001, hace menos de dos décadas:

 

Votos                   Porcentaje

AyL (Zamora)            135.361                      10,1%

Izquierda Unida            94.460                      7,1 %

PO-MAS                       24.077                      1,8%

PTS                               15.954                      1,2%

TOTAL                      269.862                      20,2%

 

Más de dos veces y media la cantidad de votos de 2019, más del triple de porcentaje y una cosecha de tres diputados por la Capital (dos de AyL y uno de IU), contra cero en 2019. Y con los mismos partidos, salvo el PC, entonces integrante de IU. Al FIT-PTS le falta bastante para hacer historia…

 

Prepararse para el choque de expectativas y realidad

La victoria de los Fernández, aun con su margen claro, al ser mucho menos abultada que las PASO (y que lo que vaticinaban los bocas de urna, que volvieron a fallar), no le da en absoluto “carta blanca” al nuevo gobierno electo. Que, probablemente, use como argumento lo relativamente estrecho de la victoria para redoblar su apuesta a la concertación y al “acuerdo nacional”, con una orientación probablemente aún más conservadora que lo que se venía vislumbrando. De hecho, eso es lo que se viene verificando en las primeras señales y declaraciones de todos los referentes del Frente de Todos. Ya sabían de la herencia envenenada que les deja el macrismo, sobre todo en materia de deuda externa e interna, que requerirán medidas mucho más duras (en cualquier sentido) que las hipercautelosas propuestas que deslizó Alberto Fernández. A eso se le agrega que su caudal político de inicio, en razón del resultado de octubre, es menor de lo imaginado tanto en nivel de legitimidad general (no es lo mismo ganar con el 48% que con el 54%) como en la aritmética parlamentaria.

De modo que, pasado el momento de satisfacción por el fin del ciclo macrista, los trabajadores y sectores populares que depositaron, mayoritariamente, su voto en el Frente de Todos seguramente no tendrán muchas oportunidades de ver recompensada su confianza con medidas “progresistas”. Lo que les espera es, como demuestra ya la política de “barbas en remojo” para la militancia advirtiéndole de las “dificultades” y la hondura de la crisis que deberá atravesar el gobierno desde su mismo inicio, un choque con esas expectativas que, más pronto que tarde, pondrá a prueba la confianza que las masas hoy depositan en una alternativa 100 por ciento capitalista.

 

Notas

  1. http://www.laizquierdadiario.com/Myriam-Bregman-historica-eleccion-del-FIT-Unidad-a-Diputados
  2. Sumándose a la ola PTS del dislate, el propio candidato presidencial, Nicolás Del Caño, no tuvo mejor idea que celebrar que “hemos hecho una elección muy importante en la categoría de diputados, con más de 800.000 votos”. Un enfoque optimista digno de libros de autoayuda, pero no de cualquier marxista serio, que debería verse obligado a agregar inmediatamente que en una elección presidencial lo que más importa es esa votación. Y en ese rubro, las cifras no son ni “históricas” ni “muy importantes” sino, sencillamente, bastante magras: menos de 600.000 votos, mejorando apenas la primera (y más modesta) elección del FIT de 2011, y muy por debajo de la de 2015, que fue precisamente de 800.000 votos a presidente.
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