Movimiento obrero

21 días de la inmensa huelga de Aceiteros

Paro total en las fábricas del complejo oleaginoso y los puertos por donde se exporta la producción de cereales, soja y sus derivados.

Héctor
Dirigente de la lucha ferroviaria contra la privatización en los 90'. Dirigente del Nuevo MAS.


Huelga Aceiteros Dreyfus
Una delegación de la Corriente sindical 18 de Diciembre en las puertas de la fábrica Dreyfus, junto a los trabajadores en huelga. Rosario.

El conflicto entre los monstruos agroexportadores agrupados en la CIARA (Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina) y el CEC (Centro Exportador de Cereales), por un lado, y los trabajadores aceiteros agrupados en la Federación Aceitera, el SOEA de San Lorenzo y los recibidores de granos de URGARA, por el otro, se encuentra al rojo vivo sin solución a la vista.

Esta gran lucha se ha transformado en un caso testigo no solo para las patronales sino también para todo el movimiento obrero. Detrás de la intransigencia patronal se esconde de hecho la exigencia al gobierno de que acepten el plan propuesto por el recientemente creado Consejo Agroindustrial Argentino, donde plantean claramente que se bajen más las retenciones e impuestos y la implementación de una reforma laboral.

Esta exigencia es una verdadera provocación. Es completamente intragable que este sector que viene embolsando desde hace años millonarias ganancias en dólares, acrecentadas con múltiples maniobras fraudulentas como quedó demostrado en el vaciamiento de la empresa Vicentín, ahora se niegue a reconocer los reclamos de los trabajadores que han trabajado durante todo este año de pandemia.

Las patronales declaran que con el paro “se pierden 100 millones de dólares por día”. Frente a esto la Federación Aceitera y URGARA responden que el problema no es económico porque con esa cantidad se cubre el aumento de todo 1 año para todos los trabajadores. La pelea de fondo es que estos pulpos que monopolizan la exportación pretenden un disciplinamiento de las filas obreras, para que dejen de lado la gran conquista que significó haber logrado después de grandes luchas la implementación del salario mínimo vital y móvil que cubra todas las necesidades de las familias obreras. Por ese motivo es un caso testigo, los empresarios quieren imponer salarios a la baja y que el convenio aceitero deje de ser un punto de referencia para las paritarias generales.

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A esta altura llama la atención la tibieza (sino la complacencia) que está teniendo el gobierno nacional. A pesar de que la paralización de las exportaciones resiente el ingreso de divisas, tan necesarias para afrontar la crisis económica, el gobierno ha dejado hacer a las patronales lo que quieren. Si está claro que las empresas pueden pagar el aumento, el gobierno de Fernández y su Ministro de Trabajo Moroni tienen que laudar a favor de los reclamos obreros y obligar a la patronal a pagar.

El gobierno de Fernández está arrugando como en el caso Vicentín. En lugar de ejercer su autoridad decretando la intervención de esta actividad estratégica por las divisas que produce, ha optado por ceder quedando al desnudo su posicionamiento más cerca de los intereses patronales y cada día más lejos de los reclamos de los trabajadores, que comienzan a desilusionarse con el gobierno que votaron.

En este año de pandemia, los trabajadores han puesto el cuerpo sosteniendo las actividades esenciales en particular la salud y las exportaciones. Resulta que los mismos de siempre, las patronales, el gobierno y la burocracia sindical pretenden que los de abajo paguemos los platos rotos de la crisis económica.

Es por eso que no llama la atención la actitud de los dirigentes de la CGT y otros sectores sindicales que no han movido un solo dedo para apoyar esta gran lucha. De lejos el conflicto de los aceiteros es la huelga más importante de todo este año, y a pesar de eso han mirado para otro lado. Está claro que para ellos es más peligroso que esta lucha se gane, porque sería un gran ejemplo a seguir para el resto de los trabajadores, hartos de los dirigentes sindicales que los traicionan todos los días entregando conquistas y salarios para seguir viviendo de arriba sin trabajar a costa del sudor de los afiliados.

Ayer estuve junto a una delegación de la Corriente Sindical 18 de Diciembre en la entrada de la empresa Dreyfus cerca de Rosario. Al llegar impacta una inmensa playa de estacionamiento para 1.300 camiones completamente vacía. Bajo los árboles esquivando el sol nos encontramos con cientos de aceiteros cumpliendo el “turno de huelga”, muchos tienen gorras color naranja que identifican al Sindicato Aceitero de Rosario integrante de la poderosa Federación Aceitera. Charlamos con delegados y trabajadores que nos cuentan que están más firmes que nunca, que se sienten fuertes porque han logrado la unidad con los aceiteros de San Lorenzo y los recibidores de granos de URGARA. Recuerdan orgullosos que en Dreyfus comenzó la lucha por un futuro mejor, cuando eliminaron las contratistas y la tercerización afiliando todos a aceiteros, cuando ganaron el sindicato y luego echaron a la burocracia de la Federación, cuando lograron la conquista del salario mínimo vital y móvil y en especial recuerdan los 25 días de paro del 2015 que dejaron experiencias y enseñanzas para “aguantar”.

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Nos cuentan que pasaron la Nochebuena en el piquete junto a la familia y que están decididos a recibir el Año Nuevo luchando. Hoy martes hay una audiencia en el Ministerio de Trabajo en Buenos Aires, esperan que se solucione el conflicto, pero advierten que si la patronal no afloja siguen el paro hasta conseguir sus reclamos, simplemente porque son los obreros los que tienen que decir cuánto hay que ganar. Es emocionante escuchar la convicción con la que hablan, reflejo de una conciencia y una práctica obrera construida desde abajo. Comimos unos choris con gaseosa y luego grabamos unos reportajes, para el final les volvimos a expresar nuestra solidaridad y quedamos a su disposición para apoyar todas las medidas de lucha que decidan en asamblea en la eventualidad que siga la huelga. Intercambiamos saludos y emprendimos el regreso, durante el viaje rondaban pensamientos por mi cabeza ¡qué grande es la lucha obrera!

 

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