La marea verde obtiene un triunfo

#13J – Pibas con aguante

A 2 años del #13, publicamos esta crónica del día que la marea verde arrancó media sanción a la Cámara de Diputados por el derecho al aborto Legal, seguro y gratuito.

Amancay Amadé González

Corría el año 2018. Desde el amanecer del miércoles 13 de Junio hasta pasado el mediodía del 14 las pibas se reunieron en los alrededores del Congreso. Soportaron de 24 a 30 horas entre bombos, frazadas y fogones, para estar en vela de lo que sucedía puertas adentro del recinto.

Amanece en Plaza de los Dos Congresos y junto con el sol se levantan gazebos y carpas. El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en un intento de prevención de incidentes entre los bandos colocó vallas dividiendo la plaza en dos. En ambos lados de las vallas pelean contra el viento para que todo quede en su lugar. Pero de un lado, sobre Avenida Rivadavia, las vallas son cercadas por banderas de organizaciones de mujeres y partidos de izquierda. Algunas comienzan a media mañana a golpear parches y agitar los brazos mientras corean ‘los curas a laburar, a laburar, por el aborto legal vamos a luchar’. La marea verde empezaba a subir y el silencio empieza a desaparecer.

Noelia milita hace tres años, desde entonces participa en los talleres de estrategia por la despenalización del aborto de los Encuentros Nacionales de Mujeres. Este año se encuentra en vísperas de la sesión histórica en la Cámara de Diputados en una Asamblea en la Facultad de Psicología de la Universidad de La Plata. En el edificio de enfrente los estudiantes ya habían decidido tomar la Facultad de Humanidades en exigencia de un asueto para poder participar de la vigilia en el Congreso. En Bellas Artes pasaba lo mismo, y más tarde se sumaría Trabajo Social. Para algunas la vigilia ya había comenzado el martes 12.

La adrenalina se respira paso a paso, minuto a minuto. Cerca del mediodía junto con la sesión en el recinto comienzan a llenarse las calles aledañas a las Avenidas Callao y Rivadavia. Grupos de amigas, madres e hijas de todas las edades. Cámaras de televisión. Cámaras de fotos. Digitales y analógicas. Vendedores de comida y pañuelos. Stands de agrupaciones llenas de distintos materiales feministas. Y bombos, muchos bombos y redoblantes, cada vez más, algunas llevan el propio y se suman a la batucada que más le gusta.

Anita trabaja en oficinas estatales. Llega directo del trabajo al encuentro con sus amigas. Algunas no llegan porque a estas horas de la tarde la ola verde está en su mejor momento. Ana participa de los pañuelazos desde el comienzo y también de cada movilización en contra de la violencia. Lleva en su mochila las provisiones que consideró necesarias para soportar el frío de junio al aire libre. Mantas, buzos, vino y whisky. Por fin había llegado el momento que muchas venían esperando hace muchos años y prefería estar cerca de la pantalla, viendo lo que pasaba en la Cámara Baja, aunque a dos cuadras sobre Peron la Campaña había montado un escenario de fiesta.

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El tren Roca hacía 10 viajes que salía lleno a Plaza Constitución. “Lleva mucho peso” dice la encargada de seguridad, “nunca vi algo así”. El viaje es interrumpido por tercera vez y va muy lento. Noelia viaja con sus compañeras y compañeros que la acompañaron en la toma y se suman otros que hacía mucho no se acercaban pero que hoy no podían faltar. Están todas las caras. Las dirigentes, las de hace mucho, las de hace poco y las que conoció ayer. Todas cantando “si no hay aborto legal, ¡qué quilombo que se va a armar!”. Incluso las caras nuevas y desconocidas.

El pañuelo verde unifica y convierte a todas esas personas en una. Todos los transportes que pasan dejan una estela verde. El subte colmado, pasa uno, pasan dos. Al tercero ya no se puede esperar más y hay que subir como sea. Para donde gires la cabeza es verde. Y todo ese verde se mueve en la misma dirección. Sube, baja, recorre, va y viene. Pero al llegar a la Plaza no se va a ningún lado. Media hora se tarda en llegar desde el Obelisco a Rivadavia y Callao. Son muchas. Somos muchas. Por fin.

“¡Ahora que estamos juntas! ¡Ahora que sí nos ven!” arenga Jimena Barón a la multitud frente al escenario. Es de noche y las pibas se siguen bancando el frío. Estando juntas y en multitud el frío pasa desapercibido. A dos cuadras del Congreso las calles están colmadas, a tres también y así hasta Corrientes. Ir al baño de La Americana puede ser una aventura que lleve más de media hora… para llegar. Otros quince minutos para entrar al baño. La cola y los baños hoy son sin división binaria, la fila es una y se usa el que toca.

No hubo silencio en más de 24 horas. Muchas batucadas frenan cerca de la medianoche para sentarse en el suelo y estar atentas a la pantalla. Fogones improvisados y mantas que cubren varias personas, en la calle y en la vereda. Hoy todo es compartido, a esta pelea se llegó así. Algunas no quieren dormir y no encuentran otra manera de soportar el frío. Cantar y seguir haciendo sonar los bombos es la manera que combina ambas cosas, y que demuestra las ganas de que esa ley salga aprobada.

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Mientras tanto al otro lado de la valla no llegan a ocupar la esquina. Viviana Canosa le hace una ecografía a una embarazada avanzada y se escucha el latido de un corazón. Religiosos agreden a chicas que pasan con el pañuelo verde “¡Asesinas de bebés!”. El ambiente es diferente. No hay cuerpos que cubran del frío. A pesar de todo, tiran fuegos artificiales por la medianoche. En la multitud algunas agachan la cabeza, pero no se detienen. Parece que los votos en contra son más. Pero todavía no está resuelto, queda toda la noche por delante.

Las pibas viajaron desde La Plata, desde todo el conurbano, desde el interior de la provincia y de otras provincias también. Son tantas que algunas vallas se sacan. Hay avalanchas. Desmayos. El frío atraviesa la ropa y el cansancio se siente en los hombros. Pero las ganas de poder decidir el propio destino sin correr peligro de vida o cárcel es más fuerte. Se la bancan. Se bancan todas. Las distintas violencias que sufren a diario hoy les dan las fuerzas necesarias para seguir.

Amanece nuevamente en la Plaza de los Dos Congresos. Cae el rocío y muchas se van, otras se despiertan y siguen en pie. Una batucada está sonando desde el día anterior. “¿Qué les pasa a estas pibas?” preguntan. “¡Aborto legal en el hospital! O vamos a quemar la Catedral”, siguen cantando. Eso les pasa. Quieren que salga la ley.

El sol está arriba y a la batucada le cuesta callarse, pero frena. Es el momento de la votación. No vuela una mosca. Dedos cruzados, miradas ansiosas. Silencio. “¡Ciento treinta y un afirmativos!” Las cámaras se desesperan por captar estos momentos. Se encienden bengalas y las batucadas empiezan a sonar de nuevo. La marea hace olas. Salta. Grita. Se abraza. Llora. Llora sin parar. Las pibas ganaron media sanción en la calle. Ahora van por la otra mitad.

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